¡Proletarios de todos los países,
uníos!
¡ENARBOLAR
LAS ROJAS BANDERAS DEL MATERIALISMO
¡DESECHAR
LAS NEGRAS BANDERAS DEL IDEALISMO Y LA
METAFISICA!
En
nuestra lucha por la culminación de la reconstitución del Partido hemos de
lidiar con todas aquellas corrientes ideológicas que se manifiestan entre las
filas de nuestra clase.
El
eje y el motor del desenvolvimiento de la sociedad actual es la lucha de
clases. En el desarrollo de esta lucha de clases, cada clase se guía por su
propia ideología, y ésta a su vez manifiesta diversas tendencias o
corrientes. Así, no podemos considerar que en el proletariado se evidencie
una única ideología como algo integral e indivisible; entre nuestra clase
combatiente se revelan hoy en nuestro país tres diferentes corrientes, el
marxismo-leninismo-maoísmo, el revisionismo y el anarquismo. Si bien para los
marxistas-leninistas-maoístas el enemigo principal a combatir entre las filas
del proletariado es el revisionismo, no podemos obviar la crítica y
demarcación con las posiciones anarquistas que se expresan, fundamentalmente,
en la vieja Europa y que debido a la acción de los agentes de la burguesía
en nuestras filas, adquieren relativo impulso en momentos de crisis, como
quedó demostrado en las movilizaciones estudiantiles y obreras de mayo del 68
en Europa -Francia principalmente- y a mediados de los 70, en el proceso de la
reestructuración del Estado capitalista en nuestro país. Máxime hoy, en que
las coincidencias del anarquismo con el revisionismo en la difusión del
economicismo y del viejo sindicalismo entre el proletariado son sintomáticas.
Las
posiciones de Proudhon, Spencer, Bakunin..., de quienes deriva el anarquismo,
jugaron un papel de suma importancia en los primeros pasos de nuestra clase en
nuestro país en el siglo pasado. Con la fundación del Partido se desmarcó
finalmente con estas posiciones, pero aún adolecemos de una crítica
elaborada marxista-leninista-maoísta, y las doctrinas anarquistas, como parte
de la escoria acumulada por el proletariado en su largo caminar de luchas,
continúan siendo consideradas hoy por algunos sectores de las masas en
nuestro país como teoría revolucionaria, aglutinando grupos desencantados
del revisionismo, desviándolos hacía alternativas utópicas ajenas a los
intereses de las masas, un antimilitarismo vacío de contenido de clase y una
búsqueda de alternativas individuales imposibles de lograr y que coinciden
con la feroz difusión del individualismo burgués.
Desde
el siglo pasado, hay quienes consideran que el marxismo y el anarquismo parten
de los mismos principios, que sus únicas diferencias y discrepancias son
únicamente controversias tácticas y es imposible contraponer estas dos
corrientes del proletariado.
Para
nuestro Partido, esto es un grabe error. Nosotros consideramos, y los hechos
han demostrado, que el anarquismo es un auténtico, encarnizado y real enemigo
del marxismo y, a su vez, del proletariado mismo. Por lo tanto, hay que
sostener una auténtica lucha contra estos enemigos. Siendo necesario examinar
y rebatir las posiciones ideológicas y políticas del anarquismo desde el
principio hasta el fin y sopesarlas concienzudamente.
El
marxismo y el anarquismo han sostenido una feroz lucha en las filas del
proletariado. Los segundos, han tratado de presentarse ante los ojos del
proletariado como una doctrina auténticamente proletaria y revolucionaria. El
examen y la contraposición del anarquismo y del marxismo, en sus principios
fundamentales, nos demostrarán la falsedad revolucionaria de los anarquistas.
A su vez, hay quienes no consideran a los anarquistas peligrosos para el
proletariado, al no contar éstos hoy con una competente influencia entre las
masas. Para los marxistas-leninistas-maoístas no sirve esta consideración,
la cuestión no está en quién cuenta con mayor o menor influencia entre las
masas; lo fundamental está en la esencia de los principios y objetivos, de
una u otra concepción. Si los principios de los anarquistas expresasen la
verdad, tarde o temprano tendrían a las masas tras de sí. Pero de no ser
así, su concepción se evaporará como una gota de agua en el desierto. Ahora
bien, esto hay que demostrarlo manteniendo una dura y constante lucha de
principios, de la misma forma que combatimos a la burguesía y al
revisionismo, analizando quién es el enemigo principal en cada momento y
circunstancia y criticando sus posiciones parte por parte.
Los
anarquistas se dicen abanderados de los principios revolucionarios del
proletariado. Parten de que el principio de emancipación de las clases
oprimidas es la individualidad y que, por lo tanto, mientras no se emancipe al
individuo es imposible la emancipación de las masas y del proletariado. Su
consigna es en consecuencia: "Todo
para la individualidad".
Para
los marxistas-leninistas-maoístas, por el contrario, el objetivo angular de
la lucha de clases es la emancipación de las masas. Lo que significa que, en
tanto no se emancipen las masas no hay emancipación posible de la
individualidad. Nuestra consigna es: Todo
para las masas.
Esto
demuestra que, marxistas y anarquistas, partimos de dos concepciones distintas
y, por lo tanto, diametralmente contrapuestas, y no sólo hay diferencias
tácticas entre marxistas y anarquistas. El objetivo del presente ensayo, al
celebrar el 74 aniversario de la fundación del Partido y preparar la
celebración de los 75 años de nuestra existencia, no es ponernos a analizar
históricamente el desarrollo del anarquismo en el Estado Español sino,
partiendo de los orígenes de una y otra corriente, enfrentar los principios
ideológicos y políticos fundamentales opuestos entre sí del marxismo y del
anarquismo y poner al desnudo sus virtudes y defectos.
En
cuanto a la concepción del mundo, comenzaremos con una descripción básica
del marxismo en sus principios ideológicos, contraponiéndolos con las
posiciones anarquistas sobre el marxismo. Posteriormente, criticaremos
propiamente las posiciones de los anarquistas. Hablaremos de la dialéctica,
las posiciones de los anarquistas y nuestra crítica a estos adoradores del
idealismo y la metafísica.
En
lo económico, demostraremos que los anarquistas, como propagandistas e
impulsores de las pequeñas comunas, en esencia de la pequeña propiedad
individual, no son revolucionarios y nada tienen que ver con los objetivos y
metas del proletariado.
En
cuanto a su pretensión de "ser los
únicos y auténticos socialistas", demostraremos también que los
anarquistas, al negar la dictadura del proletariado, rehusan el camino hacia
la construcción de una sociedad sin clases en el comunismo.
I.-
El Anarquismo y el Materialismo Dialéctico.
El
marxismo no es sólo la teoría de la revolución proletaria, es una
concepción cabal del mundo, un sistema filosófico, del que se desprende hoy
en su desarrollo el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo.
Este sistema filosófico es el materialismo dialéctico.
El
Presidente Mao, desarrollando magistralmente el marxismo, ha elevado a una
tercera etapa y principal, lo medular de la dialéctica, estableciendo la ley
de la contradicción como única ley fundamental. ¿Por qué se denomina este
sistema filosófico materialismo dialéctico? Porque su método es dialéctico
y la teoría es materialista.
¿Qué
es el método dialéctico? La vida social, el mundo, todo se encuentra en
constante e incesante movimiento y desarrollo en zigzagues. No se puede
considerar la sociedad y el mundo como algo estático e inmutable, éstos
nunca se detienen, se hallan en eterno movimiento, en un constante proceso de
destrucción y construcción. Es por ello que en el universo, en el mundo, en
la vida, siempre existe lo nuevo y lo viejo, lo que crece y lo que muere, lo
revolucionario y lo contrarrevolucionario. El método dialéctico nos señala
que hemos de considerar las cosas y la vida precisamente así, tal y como son
en la realidad.
Decimos
que todo se encuentra en constante e incesante movimiento. Por consiguiente,
hemos de examinar la sociedad, el mundo, la vida, etc., en su constante
movimiento y preguntarnos: ¿hacia dónde van la sociedad, el mundo, etc.?
Constantemente en el mundo, en todo se manifiesta un constante cuadro de
destrucción y creación; en consecuencia, hemos de examinar la sociedad en su
destrucción y creación y preguntarnos ¿qué es lo que se destruye y qué es
lo que se construye incesantemente? Aquello que nace y crece día a día es
invencible, detener su movimiento de avance es imposible.
¿Quién
puede detener la incesante rueda de la historia? ¡Nadie! ¿Quién puede
detener el avance incesante del marxismo? ¡Nadie es capaz de ponerle freno!
Podemos, por un instante, llegar a actuar como liquidadores, incluso
convertirnos en revisionistas, pero nuestras acciones en un sentido u otro
darán nuevas armas al marxismo para continuar su incesante y arrollador
avance.
Por
poner un ejemplo. Vemos como día a día la burguesía no pasa de afirmar y
adjetivar, no es capaz de debatir con la poderosa ideología del proletariado:
el marxismo-leninismo-maoísmo, las mentes pensantes de la burguesía, en su
concepción idealista y metafísica, actúan como el avestruz, esconden la
cabeza en la arena para no ver y negar, aquello que no quieren ver, que no es
noticia en sus propios medios de comunicación no existe.
Las
nuevas lumbreras burguesas que propugnan las supuestas grandezas del
imperialismo, se nos presentan como lo que son: efímeras.
Fukuyama
se apagó al igual que una caldera sin carbón. Pretendió negar el incesante
desarrollo de la historia y manifestó el fin de las ideologías,
principalmente la del proletariado y, obviamente, exceptuando la de la
burguesía, basándose en el triunfo del imperialismo USA y su “Nuevo
Orden” sobre el socialimperialismo Ruso. ¿En qué han quedado sus
teorías? ¿Acaso no asistimos a un creciente deterioro de los estados
imperialistas, más acentuado en nuestro país? Tomemos como ejemplo al
proletariado y al Partido Comunista. El primero surge en nuestro país como
clase a primeros del siglo pasado y ha ido creciendo y batallando
constantemente hasta dotarse de Partido. Fundado el Partido, los oportunistas
adoradores del parlamentarismo truncaron su camino hacia la toma del Poder
durante un tiempo. Pero, tras más de 70 años de dominio revisionista y
reiterados fracasos por retomar el correcto camino, un puñado de auténticos
comunistas iniciamos la reconstitución hace más de siete años e,
indudablemente, por débil que podamos aparentar ser hoy, no obstante estamos
condenados a vencer y triunfar sobre la burguesía.
¿Por
qué? Porque el proletariado crece y el Partido se desarrolla constantemente.
Todo aquello que en el mundo crece, se fortalece y camina hacía adelante,
está á condenado a triunfar. Contrariamente, aquello que como la
burguesía envejece y camina hacía la tumba, inevitablemente ha de sufrir la
derrota, por muy invencible que hoy se manifieste con su apariencia de fuerza
todopoderosa. ¿Acaso no fueron derrotados los poderosos ejércitos fascistas
de Alemania e Italia, los yanquis en Vietnam, Líbano, Somalia, etc. y los
rusos en Afganistán? ¿No fueron derrotados una vez los viejos y caducos
estados reaccionarios en Rusia y China y no lo volverán a ser de nuevo los
regímenes reaccionarios burgueses reinstaurados?
¿Acaso
no fueron un puñado de firmes y definidos comunistas los que iniciaron la
guerra popular en Perú y no están derrotado el viejo estado reaccionario,
pese a los reveses causados por la ofensiva contrarrevolucionaria?
La
burguesía y el imperialismo pierden constantemente terreno y retroceden
frente al proletariado y los pueblos oprimidos del mundo. Como clase se
debilita, envejece y se convierte en una carga para la sociedad. Carentes de
argumentos están volviendo al pasado para rebatir la dialéctica materialista
y el marxismo; tratan de ampararse en lo más recalcitrante y reaccionario de
sus teóricos del pasado, incapaces de enfrentar lo nuevo que se desenvuelve
en constante movimiento de forma impetuosa.
Como
nos señala el Presidente Gonzalo sobre las elucubraciones burguesas de hoy:
"...todo
este movimiento no es más que echar pus a una sangre enferma; por tanto, la
burguesía, la reacción en general, no tienen sangre oxigenada para animar su
podrido cuerpo sino solamente pus para envenenarse más."
De
aquí es precisamente de donde surge la tesis dialéctica de que todo lo que
realmente existe, es decir, todo lo que crece y se desarrolla, es racional, y
todo aquello que se descompone, es irracional y, en consecuencia, no
podrá á evitar su derrota.
Los
capituladores y revisionistas nos dicen que en nuestra sociedad es imposible
una revolución y que cualquier transformación social ha de venir por la
"rectificación" de la
democracia y que ha de contar con "la
clase media", al ser mayoría ésta y no existir una gran generalidad
que viva pobre y hambrienta, en la más absoluta miseria.
Nosotros
les replicamos: ciertamente, el remanente económico arrancado de la opresión
y explotación de los pueblos y naciones oprimidos por el Estado Imperialista
Español, ha permitido a la dictadura burguesa establecer un cierto "Estado
de bienestar", y crear una capa "colchón"
que amortigüe las contradicciones sociales de la lucha de clases existente;
pero, esta "clase media"
no es revolucionaria, no ha manifestado ninguna iniciativa en la lucha por
transformaciones revolucionarias. Como clase no crece, contrariamente, con el
desarrollo de la crisis actual está siendo eliminada y la proletarización de
la sociedad se manifiesta como la única constante. La pequeña burguesía del
campo y la ciudad , pese a la radicalización mostrada en algunas zonas del
Estado durante más de 30 años, una parte aspira, únicamente, a integrarse
en el aparato de Estado; mientras que la gran mayoría está siendo
proletarizada y nunca ha manifestado, sin la ayuda del proletariado, la más
mínima iniciativa en la lucha revolucionaria.
Nadie,
con dos dedos de frente, podrá afirmar que los más pobres, por muchos que
lleguen a ser, pueden encargarse de la emancipación de las clases oprimidas.
La cuestión no está en saber que clase es la mayoría o que clase es más
pobre, sino en saber qué clase crece y qué otra se descompone, qué clase
puede encarnar los principios revolucionarios y es realmente revolucionaria y
qué clase o clases no lo son. El proletariado es la única clase que crece y
se fortalece sin cesar, quien impulsa hacía adelante la sociedad y es capaz
de agrupar en torno a su impulso revolucionario a las fuerzas revolucionarias.
Por lo tanto, hemos de reconocer al proletariado consciente y a su Partido
dirigente, como la única fuerza capaz y dirigente de la sociedad
contemporánea, organizar sus filas, hacer de sus aspiraciones avanzadas
nuestras propias aspiraciones, y servirle de todo corazón y con desinterés
absoluto.
Los
marxistas-leninistas-maoístas consideramos la vida y la sociedad de una forma
dialéctica. Contrariamente, los revisionistas y anarquistas, razonan de un
modo metafísico, pretenden presentarnos la sociedad estancada en un punto.
Hoy, el esfuerzo principal de unos se dirige ha tratar de convencernos de que
el imperialismo puede renegar de su condición, pretenden convencer a la clase
dominante para que no elimine el llamado "estado de bienestar". Así es como tratan de crear falsas
esperanzas de reformas entre el proletariado; los otros plantean únicamente
una lucha por pequeñas reformas, nos llaman a mendigar a la burguesía y
amparándose en un radicalismo verbal y vacío, plantean encauzar la lucha
hacía desviaciones irrealizables en el marco de la dictadura burguesa, como
que se rebaje el salario de funcionarios y ministros al nivel del salario
mínimo.
Pero
hemos de tener en cuenta que hay movimiento y movimiento. Hay movimiento entre
las filas del proletariado hacia la reconstitución del Partido; también
existe el movimiento del proletariado dirigido hacia las pequeñas cosas. Lo
que evidencia, partiendo del método dialéctico, que el movimiento proletario
en su concreción, reviste distintas formas: una revolucionaria y otra
evolutiva.
La
concepción metafísica imagina la realidad como algo estático, concibe los
cambios como mínimos e impulsados por fuerzas externas. Esto le sirve a los
reaccionarios para tratar de inculcar entre el proletariado el conformismo, la
adaptación a las cosas que, según plantean, siempre fueron, son y serán
iguales, por los siglos de los siglos.
La
concepción materialista dialéctica del mundo, sostiene que la causa del
desarrollo es interna, generada por las contradicciones existentes en su seno.
Sostenemos que los cambios en la naturaleza y la sociedad se producen a acusa
de las contradicciones internas y los cambios en la sociedad por las
contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción,
entre las clases explotadas y los explotadores, entre lo viejo y lo nuevo. El
movimiento es revolucionario cuando todos los elementos de una contradicción
antagónica se unen, se integran en una sola idea y se precipitan contra el
campo enemigo en una batalla a muerte, para destruir el viejo y caduco orden e
introducir cambios cualitativos, dando un salto que establece una nueva
armonía sobre las cenizas de lo viejo.
El
movimiento, es evolutivo cuando las fuerzas revolucionarias continúan
espontáneamente su labor diaria, introduciendo en el viejo orden pequeñas
modificaciones, modificaciones cuantitativas. Así es como piensan los
anarquistas.
La
acumulación de las contradicciones, la evolución, prepara la revolución y
alistan el terreno para ella, y la revolución corona la acumulación de las
contradicciones y contribuye a continuar su obra.
¿Cómo
ven los anarquistas el método dialéctico? Los anarquistas, demostrando su
carencia de análisis, por un lado lo desechan con falsos argumentos, por el
otro actúan como el rumor de la corriente. Al igual que los oportunistas y
otros liquidadores, a falta de otras formas científicas se han acostumbrados
a actuar de la manera como en su gran aria:
"La calumnia"; don Basilio, el maestro músico del
"Barbero de Sevilla",
de Rossini, describe gráficamente el crecer de los susurros malvados, quienes
con un riego apropiado, los convierten en calumnias realmente grandes e
injuriosas.
Es
de sobra conocido que el fundador del método dialéctico fue Hegel. El gran
mérito de Marx está en haber depurado y mejorado. Dicho método fue,
posteriormente, desarrollado por el Presidente Mao Tsetung.
Los
anarquistas saben que Hegel era conservador. Pues bien, partiendo de este
hecho innegable y haciendo coro a Kropotkin, estos kropotkianos ignorantes e
inútiles, envisten, con toda su saña posible, contra Hegel como partidario
de la restauración, diciendo que "Hegel
es un filósofo de la restauración ....., que él ensalza el
constitucionalismo burocrático en su forma absoluta, que la idea general de
su filosofía de la Historia está subordinada y sirve a la dirección
filosófica de la época de la restauración" (V. Cherkesishvili).
Nosotros,
los marxistas, no discutimos esto, muy al contrario, estamos de acuerdo en que
Hegel no era revolucionario. Pero hemos de decirles a estos desmemoriados, que
Marx y Engels, antes que nadie demostraron en su "Crítica de la crítica crítica", que las concepciones
históricas de Hegel se hallan en total contradicción con el poder soberano
de la clase obrera y el pueblo. Pese a esto, los anarquistas tratan de
demostrar que Hegel era partidario de la restauración para dar a entender
que, en el reaccionario Hegel, el método no puede dejar de ser así mismo
reaccionario, aborrecible y anticientífico. Este es el camino fundamental que
los anarquistas han elegido para refutar el método dialéctico.
Como
todos los dogmáticos e idealistas, son incapaces de reconocer el hecho de que
hombres como Hegel, Pascal, Leibnitz, Meyer, Helmholtz, Lamark o Darwin, no
hayan sido revolucionarios, no es razón para descartar sus aportaciones a la
filosofía, las matemáticas, la física o la biología. ¿Qué es lo que
demuestran con esto? Obviamente, su propia ignorancia.
Según
opinan los anarquistas, "la
dialéctica es metafísica" y su mayor empeño es pretender "emancipar a la ciencia de la metafísica, y a la filosofía de la
teología". Por esta razón rechazan el método dialéctico. ("Ciencia
y anarquismo" de Kropotkin).
¿Qué
les parece? Como suele decirse, para librarte de tus pecados, descarga tus
propias culpas en cabeza ajena. ¿Cómo se puede hacer tan burda acusación,
cuando precisamente la dialéctica ha alcanzado su madurez y conquistado su
gloria, en lucha contra la metafísica?
Pero,
en su opinión ¡Resulta que la dialéctica es metafísica! ¡Habrase visto!
En
el mundo no hay nada eterno, todo es transitorio y mutable, cambian los usos y
costumbres, la naturaleza, los conceptos de justicia, la propia verdad. Así
lo considera la dialéctica. Por esta razón, la dialéctica considera todo de
un modo crítico, niega la verdad establecida para siempre y, en consecuencia,
niega, así mismo, las abstractas "tesis
dogmáticas fijas que, una vez encontradas, sólo hay que aprenderse de
memoria", como afirma Engelsœ en: "Ludwig
Feuerbach".
La
metafísica afirma todo lo contrario. Para ella el mundo es algo eterno e
inmutable. Para ella en el mundo todo está predeterminado de una vez para
siempre, atado y bien atado, por alguien o por algo. Por esa razón, los
adoradores de la metafísica siempre tienen en la boca frases hechas como la
"justicia eterna" y la
"verdad inmutable".
Proudhon
afirmaba que en el mundo existe la justicia inmutable, determinada de una vez
para siempre, que debe ser colocada como base de la futura sociedad. Entonces,
¿para qué luchar por la revolución y la transformación de la sociedad
actual si hemos de dejar esas verdades y justicias inmutables de que nos
habla? ¿Para qué luchar por la transformación social, si tarde o temprano,
esas cuestiones de que nos habla Proudhon se impondrán por sí mismas? Por
estas razones, a Proudhon y a
todos sus seguidores, como los anarquistas, se les ha considerado siempre
idealistas y metafísicos.
Marx
luchó contra Proudhon con ayuda de la dialéctica y demostró que, en el
mundo, todo cambia y, por lo tanto, también ha de cambiar el concepto de
"justicia". En
consecuencia, la "justicia
inmutable" no es otra cosa que un delirio metafísico. Y aún los
anarquistas osan afirmar: ¡"La
dialéctica de Marx es metafísica"!
La
metafísica reconoce diferentes nebulosas dogmáticas, como por ejemplo, lo
"incognoscible" y la
"cosa en sí",
transformándose en una teología carente de contenido. ¿Acaso lo "incognoscible" y la "cosa
en sí", no es lo que los teólogos y creyentes, llaman dios?
¡Encima se las dan de ateos!
En
oposición a Proudhon y Spencer, Engels luchó contra estos dogmas con ayuda
de la dialéctica. Contrariamente, los anarquistas nos dicen que Proudhon y
Spencer son sabios, y Marx y Engels, metafísicos.
Sin
lugar a dudas, el sistema filosófico de Hegel, al apoyarse en la idea
inmutable, no es otra cosa que metafísica en su totalidad. Pero, no hay que
dudarlo, el método dialéctico de Hegel, que rechaza toda idea inmutable, es
científico y revolucionario en su totalidad.
Los
anarquistas, sin lugar a dudas, confunden el sistema filosófico de Hegel con
su método dialéctico. Pero, lo que ocultan es que por estas razones Marx
criticó demoledoramente el sistema metafísico de Hegel y, al mismo tiempo,
ensalzó su método dialéctico, señalando que "no
se deja asustar por nada y es crítico y revolucionario por esencia".
Engels ve una gran diferencia entre el método de Hegel y su sistema
señalando en "Ludwig Feuerbach":
"Quien hiciese hincapié en el
sistema de Hegel, podía ser bastante conservador en ambos terrenos; quien
considerase como primordial el método dialéctico, podía figurar, tanto en
el aspecto religioso como en el aspecto político, en extrema oposición".
El
anarquismo no ve esta diferencia clave y pregonan de manera irreflexiva que
"la dialéctica es metafísica".
Continuando con su irreflexión, los anarquistas dicen que el método
dialéctico es "un alambicado
conjunto de artimañas", “un
método de sofismas", "un
salto mortal de la lógica", "con
la ayuda del cual se demuestran, con
idéntica facilidad, tanto la verdad como la mentira". Así, según
la opinión del anarquismo, el método dialéctico demuestra invariablemente
la verdad y la mentira.
En
apariencia puede parecernos que la acusación de los anarquistas no carece de
fundamento. Engels lo aclara para quienes siguen el método metafísico de la
siguiente forma: "...Para él, una
de dos: sí, sí, no, no, y lo demás sobra. Para él, una cosa existe o no
existe: un objeto no puede ser al mismo tiempo lo que es y otro distinto. Lo
positivo y lo negativo se excluyen recíprocamente en absoluto..." (Anti-Dúhring).
¿Cómo? Nos objetan acalorados los seguidores de la anarquía. ¿Acaso es
posible que un mismo objeto sea al propio tiempo bueno y malo? ¿Pero si eso
es no es otra cosa que un "sofisma",
un "juego de palabras";
pero si eso significaría que "queréis
demostrar con idéntica facilidad la verdad y la mentira".....
Sin
embargo analicemos la cuestión más profundamente. En el Perú, el Partido
Comunista del Perú, hoy desarrolla la revolución democrática. ¿Podemos
afirmar que la revolución democrática es buena en todos los sentidos o que
es mala en todos los sentidos? Afirmar lo uno o lo otro sería caer en un
error de peso. ¿Por qué razón? La revolución democrática es buena en el
aspecto en que destruye las relaciones feudales que subsisten en el campo;
pero, contrariamente, es mala por cuanto fortalece el orden burgués. Por esta
razón decimos que la revolución democrática es buena en la medida en que
destruye el feudalismo y luchamos por ella, pero en la medida en que fortalece
el orden burgués, aunque sin burguesía, es mala y luchamos contra ella para
desarrollar la revolución socialista y avanzar al comunismo. Resulta así que
la revolución democrática es, al propio tiempo, "buena"
y "mala"; "sí"
y "no". Lo mismo podemos decir de la lucha reivindicativa por la
reducción de jornada y la defensa del poder adquisitivo. Es "buena"
en la medida en que une y fortalece a la clase obrera y "mala",
en la medida en que esta lucha en sí refuerza el sistema del trabajo
asalariado. Pero los anarquistas no han comprendido esto, y una idea
totalmente comprensible y clara, les parece un "sofisma"
nebuloso. Obviamente, los anarquistas están en su derecho de advertir y
comprender o no estos hechos, pueden incluso no advertir el agua en el mar.
Mas, ¿qué tiene que ver esto con el método dialéctico?
A
diferencia de los anarquistas que no miran la vida, no sienten su
palpitación; los marxistas y el método dialéctico, vemos con ojos bien
abiertos la vida y afirmamos que, puesto que la vida cambia y se encuentra en
constante movimiento, todo fenómeno vital cuenta con dos tendencias, una
positiva y otra negativa, de las cuales hemos de defender e impulsar lo
positivo y rechazar lo negativo. Es mas, en opinión de los anarquistas, y
respecto al debate seguido el siglo pasado sobre la evolución, y pretendiendo
rechazar el materialismo dialéctico, decían: "El
desarrollo dialéctico es un desarrollo catastrófico, mediante el cual al
principio se destruye totalmente el pasado, y después, completamente aparte,
se afirma el futuro... Los cataclismos de Cuvier eran engendrados por causas
desconocidas, pero las catástrofes de Marx y Engels son engendradas por la
dialéctica". Y: "El
marxismo se apoya en el darvinismo y mantiene ante éste una actitud no
crítica".
Veamos
esto. Cuvier negaba la evolución darvinista, reconocía solamente los
cataclismos, y el cataclismo es una explosión inesperada, "engendrada por causas desconocidas". Los anarquistas afirmaban
que los marxistas "siguen a Cuvier"
y, por lo tanto, "rechazan el
darvinismo". Darwin negaba los cataclismos de Cuvier y reconocía la
evolución gradual. De esta forma los anarquistas afirmaban que "el
marxismo se apoya en el darvinismo y mantiene ante á‚áste una actitud no
crítica". Lo que es decir, los marxistas negamos los cataclismos de
Cuvier. En una palabra, los anarquistas en este tema acusan a los marxistas de
seguir a Cuvier, y al mismo tiempo nos echan en cara que seguimos a Darwin y
no a Cuvier. Así son los anarquistas. Como comúnmente se dice: "Donde
dije digo, digo Diego."
Veamos
como Marx plantea el problema. "En
un grado determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de
la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción
existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las
relaciones de propiedad... Entonces se abre una época de revolución social".
Y sigue diciendo: "ninguna
formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas
productivas que caven dentro de ella..." (Contribución
a la crítica de la Economía Política).
Aplicando
esta tesis de Marx a la vida social, resultará que entre las fuerzas
productivas, que tienen un carácter social, y la forma de apropiación, que
tiene un carácter privado, existe una contradicción antagónica, que ha de
culminar con la revolución y la destrucción de este sistema caduco de
explotación del hombre por el hombre. Para los
marxistas-leninistas-maoístas, la revolución no es engendrada por las
"causas desconocidas" que planteaba Cuvier, sino por causas sociales
completamente determinadas y vitales, llamadas desarrollo de las fuerzas
productivas. La revolución sólo se lleva a efecto cuando las fuerzas
productivas existentes impiden el desarrollo de nuevas formas, cuando el
estancamiento de las fuerzas productivas generan un alto grado de opresión y
explotación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, y
no de manera inesperada como pensaba y plantaba Cuvier. De esta forma se
evidencia que no hay nada en común entre los cataclismos de Cuvier y el
método dialéctico del marxismo. De esta misma manera, no se puede afirmar
tampoco que "el marxismo... mantiene ante el darvinismo una actitud no crítica".
Cualquiera
que sea capaz de comprender las cosas, sin abrigar intenciones oscuras, verá
que el Darvinismo rechaza no sólo los cataclismos de Cuvier, sino también el
desarrollo comprendido dialécticamente, que lleva implícita la revolución,
mientras que desde la posición del método dialéctico la evolución y la
revolución, los cambios cuantitativos y cualitativos son dos formas
necesarias de uno y el mismo movimiento.
Para
finalizar. Los anarquistas reprochan a los marxistas el que "la
dialéctica... no permite la posibilidad ni de salir o escaparse de sí, ni de
saltar por encima de sí mismo". Esto, es una gran verdad, tienen
toda la razón cuando nos hacen esta crítica y por una vez no hay que
quitársela. La dialéctica materialista no permite esa posibilidad. ¿Por
qué razón? Porque "escapase de
sí y saltar por encima de sí mismo", es lo que hacen las cabras
montesas; pero el método dialéctico ha sido desarrollado por y para los
hombres, no para las cabras.
Estas
son el general las opiniones de los más destacados ideólogos de los
anarquistas, sobre el más alto desarrollo filosófico de la humanidad. Siendo
magnánimos, es evidente que el anarquismo no ha querido comprender el método
dialéctico de Marx y Engels, porque su concepción del mundo así se lo
impide, porque constituyen la avanzadilla del individualismo burgués en las
filas de la clase. Han inventado su propia dialéctica y es precisamente
contra ella contra la que luchan. A los marxistas-leninistas-maoístas pues,
no nos queda más que sonreírnos ante tan bajo espectáculo, puesto que no se
puede menos que reír, cuando vemos cómo hay hombres que luchan contra su
propia fantasía, eliminan sus propios inventos y, al mismo tiempo, son
capaces de asegurar que están luchando por derrotar al imperialismo cuando
predican su más caduco individualismo. Cuando vemos como, por poner un
reciente ejemplo, se convierten en más nacionalistas que la propia burguesía
ante el conflicto de Seat; como predican el viejo y trasnochado sindicalismo y
coinciden con los revisionistas en el mismo tipo de programa por pequeñas
reformas, e incluso a veces, inalcanzables metas para desviar a la clase de
sus objetivos auténticamente revolucionarios.
II.
La Teoría Materialista.
Los
marxistas sostenemos que "no es la
conciencia del hombre la que determina el ser, sino, por el contrario, el ser
social es el que determina la conciencia". No tener una clara
posición sobre este punto, sostener lo contrario, nos haría caer en el
idealismo y la metafísica.
En
el punto anterior hemos examinado el método dialéctico. Ahora bien, ¿qué
es la teoría materialista?.
En
el mundo, todo cambia y se desarrolla, pero ¿cómo se produce ese cambio y en
qué manera se desarrolla? Conocemos, por ejemplo, que la tierra en un tiempo
era una masa de fuego incandescente; posteriormente se fue enfriando y fueron
apareciendo las primeras formas de vida, las bacterias y las primeras
cédulas, a las que siguieron las agrupaciones de cédulas como los vegetales
y los animales; al desarrollo del mundo animal le siguió una determinada
variedad, digámoslo así, de monos y, posteriormente a todo esto, siguió la
aparición del hombre como expresión más avanzada de la evolución
dialéctica de la inteligencia. En términos generales y simples para los no
entendidos, este ha sido el desarrollo de la naturaleza.
Conocemos
también que la vida social no quedó fija en un punto. Existió un tiempo, en
la historia de la humanidad, en que los hombres vivieron sobre la base del
comunismo primitivo o la sociedad de la gens. En esa época se alimentaban y
vestían de la caza y vivían errantes por los bosques. Le siguió una época
en que el comunismo primitivo fue sustituido por las diversas formas de
sociedades matriarcales, cambiando sus hábitos y costumbres y satisfaciendo
sus necesidades por medio de la agricultura primitiva, principalmente. El
matriarcado fue sustituido por la sociedad patriarcal y la sociedad conseguía
su sustento, principalmente, de la ganadería. Posteriormente el patriarcado
fue sustituido por la sociedad esclavista, y los hombres obtenían su sustento
de una agricultura más desarrollada que la anterior. Al régimen esclavista
en sus tres fases de desarrollo; el esclavismo fue sustituido por el
feudalismo y se desarrolló en las etapas correspondientes de la sociedad
feudal; el feudalismo fue aplastado, mayoritariamente, a sangre y fuego por la
burguesía, y tras todo este proceso, continuaron las dos fases por las que ha
pasado el régimen burgués hasta alcanzar el imperialismo o su fase superior
y última, en la que se desenvuelve en lenta agonía, pero inexorable muerte.
Este es en líneas generales el desarrollo de la vida social de la humanidad.
Básicamente
nadie pone en duda hoy el desarrollo de este planteamiento; las discrepancias
surgen en cómo se produjo esta maduración. La respuesta que diferencia a los
materialistas de los idealistas es: ¿fue la conciencia la que originó el
desarrollo la de naturaleza y de la sociedad, o, contrariamente, fue el
desarrollo de la naturaleza y de la sociedad el que originó el desarrollo de
la conciencia?
Las
divergentes, pero a la vez convergentes, corrientes idealistas dicen que la
naturaleza y la vida social fueron precedidas por la idea universal (dios); que más tarde fue la base del
desenvolvimiento de la misma, de tal forma que el desarrollo de los fenómenos
de la naturaleza y de la vida social, es la forma exterior, la expresión
simple del desenvolvimiento de la idea universal.
Las
diversas corrientes de los dualistas, por el contrario, dicen que desde el
principio existen en el mundo dos fuerzas que se niegan mutuamente: la idea y
la materia, la conciencia y el ser, y que, en consonancia con esto, los
fenómenos de dividen en dos series, ideal la una y material la otra, que
ambas se niegan mutuamente y luchan entre sí, de forma que los fenómenos
naturales y de la sociedad son
fruto de una lucha constante de los fenómenos ideales y materiales.
La
teoría materialista rechaza con rotundidad tanto el idealismo como el
dualismo. Nos plantea que en el mundo existen fenómenos ideales y materiales,
lo cual no quiere decir que se nieguen entre sí. Al contrario, el aspecto
ideal y el aspecto material, son dos formas diferentes de una y la misma
naturaleza o sociedad, no se les puede imaginar el uno sin el otro, existen
juntos, se desarrollan juntos. Es decir, uno se divide en dos.
El
denominado dualismo resulta carente de toda consistencia. La naturaleza,
única e indivisible, expresada en dos formas distintas, en una unidad de
contrarios: en la material y la ideal; la vida social única e indivisible,
como una unidad de contrarios: el material y el ideal. Es así como hemos de
considerar el desarrollo de la naturaleza y la vida social. Tal es el monismo
de la teoría materialista, que, por supuesto, niega también el idealismo.
Por otra parte; es también falsa la concepción según la cual, el aspecto
ideal, y en general la conciencia, precede en su desarrollo al
desenvolvimiento del aspecto material.
Los
marxistas sostenemos que el conocimiento tiene su base en la práctica social
y parte de tres únicas fuentes: la lucha por la producción, la lucha de
clases y la experimentación científica.
Cuando
aún no existían los seres vivos sobre la faz de la tierra, ya existía la
denominada naturaleza exterior, "no
viva". El primer ser vivo no tenía la capacidad de la conciencia,
contaba solamente con la propiedad de la irritabilidad y los primeros
gérmenes de la sensación. Posteriormente, se fue desarrollando en los
primeros animales la capacidad de la sensación, pasando a desarrollarse en el
hombre, en base al trabajo, la conciencia en consonancia con el desarrollo de
la estructura de su organismo y el sistema nervioso.
Si
los primeros australopitecus no hubiesen desarrollado la estructura de la
rodilla, que les permitió erguirse y utilizar sus manos, tampoco sus
evoluciones posteriores hubiesen podido servirse adecuadamente de sus pulmones
y cuerdas vocales y, por lo tanto, no hubiese podido desarrollar y servirse
adecuadamente del lenguaje. Si no se hubiese desarrollado en un momento dado
la estructura de la rodilla, en los seres que nos precedieron en nuestra
cadena evolutiva, a nuestra especie, éstos se habrían visto en la
obligación de mirar siempre al suelo y extraer de él sus impresiones; no
habrían contado con las posibilidades de mirar hacia arriba y a su entorno;
por lo tanto, no habrían tenido la posibilidad de proporcionar a su
cerebro más impresiones que las que poseen el resto de los animales
cuadrúpedos. Si no se hubiese desarrollado la rodilla, no se hubiesen podido
liberar las manos y con ellas generar el trabajo y, por consiguiente, no
habríamos desarrollado el cerebro. En definitiva, si no se hubiesen producido
todos estos fenómenos, todo esto habría impedido de forma rotunda el
desarrollo de la conciencia humana.
¿Acaso
existe algún otro animal con estructura distinta al hombre dotado de
conciencia? Resulta que para el desarrollo de la conciencia es imprescindible
esta u otra estructura del organismo y el desarrollo de su sistema nervioso.
Como resultado de ese análisis, es obvio que al desarrollo del aspecto ideal,
al desarrollo de la conciencia, le precede el desenvolvimiento del aspecto
material, el desarrollo de las condiciones exteriores: en primer lugar cambian
las condiciones exteriores, primeramente cambia el aspecto material, y luego
cambia, de manera correspondiente, el aspecto ideal. De esta forma, la
historia del desarrollo de la naturaleza socava de raíz el idealismo.
Cabe
decir también lo mismo de la historia del desarrollo de la sociedad humana.
La historia nos muestra que, si en las diferentes épocas los hombres han
estado influenciados de diferentes ideas y deseos, ha sido a consecuencia de
que, en diferentes épocas, han luchado de manera distinta con la naturaleza
para satisfacer sus necesidades. Y, en relación a esta lucha, ha cristalizado
de forma diferente sus relaciones económicas.
Existió
una época en que los hombres luchaban en común contra la naturaleza, sobre
la base de los principios del comunismo primitivo; su propiedad era asimismo
común o comunista, y por esta razón no distinguían lo “mío” y lo “tuyo”, y
su conciencia era comunista. Posteriormente, llegó un tiempo en que comenzó
a introducirse en la producción la distinción entre lo “mío” y lo “tuyo”;
entonces comenzó a tomar la propiedad un carácter privado, individual, y por
esta razón la conciencia de los hombres comenzó a ser imbuida del
sentimiento de la propiedad privada.
Llega
la época actual, en que la producción reviste de nuevo un carácter social,
y por lo tanto, necesariamente pronto la propiedad revestirá un carácter
social, por esta razón también la conciencia de los hombres paulatinamente
se empapa de socialismo, pese a la feroz difusión del individualismo por
parte de la burguesía.
Veamos
un ejemplo sencillo. Figurémonos un campesino que poseyó tierras en los
años cincuenta, pero no pudo competir con el desarrollismo de estos años y
la creciente demanda de mano de obra para las fábricas; vendió sus tierras y
se puso a trabajar de obrero el una de ellas. Entró en la fábrica, o incluso
se fue a la emigración a cualquier país de Europa. Pero en su cabeza no
dominaba la idea de convertirse en obrero asalariado, sino que su fin fue el
de acumular el dinero suficiente que le permitiese independizarse en otro
sector de la producción. Como se ve, este campesino, al comenzar a vender su
fuerza de trabajo para un patrón, en una fábrica, pasa de ser un pequeño
burgués del campo a ser un trabajador obligado a ofrecer su fuerza de
trabajo. Su situación es ya proletaria, pero su conciencia continúa siendo
profundamente la de un pequeño burgués del campo. Dicho de otra forma, la
situación pequeño burguesa de este campesino ha desaparecido, mas su
conciencia pequeño burguesa todavía no ha desaparecido, se encuentra
retrasada respecto a su situación real.
De
esto se desprende que, también aquí, en la vida social, primeramente cambian
las condiciones externas, en primer lugar cambia la situación de los hombres,
y posteriormente cambia de modo correspondiente su conciencia.
Pero
continuemos con nuestro campesino. En un principio, se propuso juntar dinero
para después abrir un negocio que le permitiese continuar con su
independencia anterior. De su trabajo deduce, que cada día es más difícil
acumular ese dinero que lo independizará, que las promesas escuchadas, sobre
un mar de oportunidades para todos, no son más que un espejismo, ya que su
salario apenas le da para mal vivir. Además, observa que tampoco la idea de
la apertura de un negocio particular es ya tan sugestiva, que los alquileres
aumentan, que hay que pagar impuestos cada vez mayores, aguantar a los
clientes y otras preocupaciones que atormentan la vida de un pequeño
propietario constantemente. Por el contrario, ve que un obrero
está relativamente más libre de tales zozobras, no le inquietan los
problemas que a él no le dejan vivir; ve que el obrero, por la mañana llega
a la fábrica, sale y se va con su familia y, a fin de mes, cobra su paga.
Esto hace que por primera vez se le vayan cortando las alas a este pequeño
burgués, esto hace que por primera vez aparezcan en su conciencia
aspiraciones proletarias. Con el tiempo, y ante las ofensivas de los patrones,
el campesino proletarizado ve que la paga no le llega para lo más
indispensable, que no se le garantiza el trabajo y que es necesario un aumento
de salario y la consecución de medidas que le garanticen continuar ganándose
la vida. Observa que sus compañeros hablan de la unidad de los obreros, de
sindicatos y huelgas. Esto hace que este campesino adquiera la conciencia de
que, para mejorar su situación, es necesario luchar contra los patronos y no
abrir un negocio propio. Se integra en el movimiento obrero. Así alcanza el
paso definitivo: a través de la lucha, va adhiriéndose a las ideas
comunistas.
Así
pues, al cambio de situación material del campesino le ha seguido, al fin de
cuentas, el cambio de su conciencia. Primeramente cambio su situación
material, y después, pasado cierto tiempo, cambió de manera correspondiente
su conciencia. Esto mismo ocurre con las clases y la sociedad en su conjunto.
En la vida social cambian también, primeramente, las condiciones exteriores,
cambian, en primer lugar, las condiciones materiales y, posteriormente, en
concordancia con esto, cambian, asimismo, las maneras de pensar de los
hombres, sus usos y costumbres, su concepción del mundo. Por esta razón
hemos encabezado este capítulo con la frase de Marx: “No
es la conciencia del hombre la que determina el ser, sino, por el contrario,
el ser social es el que determina su conciencia”.
Como
nos señala el camarada Stalin: “Si al
aspecto material, a las condiciones exteriores, al ser y a otros fenómenos
semejantes los llamamos contenido, entonces al aspecto ideal, a la conciencia
y a los otros fenómenos semejantes los podemos llamar forma.” Ligado a
ésto ha surgido la tesis materialista de que, en el proceso del desarrollo,
el contenido precede a la forma, la forma se retrasa con respecto al
contenido.
Para
los marxistas, tal y como estableciera C. Marx, el desarrollo económico es la
base material de la vida social, su contenido, y el desarrollo ideológico y
político, es la forma ideológica de ese contenido, su superestructura; de
esta forma C. Marx hace la siguiente conclusión: “Al cambiar la base económica, más o menos rápidamente se revoluciona
toda la enorme superestructura erigida sobre ella”. Naturalmente, esto
no significa de manera alguna que, en opinión de C. Marx, sea posible el
contenido sin la forma, como se lo imaginan los anarquistas. El contenido sin
la forma es imposible, mas lo importante es que esta forma o la otra, debido
al retraso con respecto a su contenido, nunca se corresponde plenamente a este
contenido y, en consecuencia, el nuevo contenido se ve “obligado”
temporalmente a revestir la vieja forma, lo que es causa de conflicto entre
ambos. Actualmente, por ejemplo, al contenido social de la producción, no
corresponde la forma de apropiación de los productos de la susodicha
producción, la forma que tiene un carácter privado y, precisamente, es sobre
este marco sobre el que se produce el “conflicto”
social contemporáneo: La lucha de clases. Por otro lado, la idea de que la
conciencia es la forma del ser, no quiere decir de manera alguna que la
conciencia sea, por su naturaleza, la materia misma. Así es como pensaban los
materialistas vulgares como Báchner y Moleschott, cuyas teorías se
encuentran en total contradicción con el materialismo marxista y a los que en
su día Engels puso justamente en ridículo, en su “Ludwin Feuerbach”.
En
posición del materialismo marxista, la conciencia y el ser, la idea y la
materia, son dos formas distintas de un mismo fenómeno que se denomina, en
términos generales, naturaleza o sociedad. En consecuencia, no se niegan
mutuamente, y al mismo tiempo no representan tampoco uno y el mismo fenómeno.
Esto no se haya de modo alguno en contradicción con la idea de que exista
conflicto entre la forma y el contenido. Se trata de que existe conflicto, no
entre el contenido y la forma en general, sino entre la vieja forma y el nuevo
contenido, que busca una nueva forma y tiende hacía ella. Es decir, se trata
de que en el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, a lo que se produce
en nuestra cabeza, le precede el correspondiente cambio material, o lo que es
lo mismo, aquello que se genera o produce fuera de nosotros. A uno u otro
cambio material, tarde o temprano le sigue, inevitablemente, el
correspondiente cambio ideal. Tal vez se nos dirá que esto sea justo en
cuanto a la historia de la naturaleza y la sociedad. Mas, ¿de qué manera se
generan en nuestra cabeza, en el momento presente, las distintas
representaciones e ideas? ¿Existen realmente las condiciones externas, o
sólo existen nuestras representaciones sobre estas condiciones exteriores?
Y
si existen las condiciones externas ¿en qué medida es posible percibirlas y
conocerlas? Así la teoría materialista marxista no dice que nuestras
representaciones, nuestro “yo”,
exista debido a que existen las condiciones externas que despiertan
impresiones en nuestro ”yo”.
Quienes afirmen que únicamente existen nuestras representaciones, se verá
obligado a negar toda representación exterior y, en consecuencia,
negará la existencia de los demás hombres, admitirá únicamente, la
existencia de su “yo”, lo que es
una auténtica perogullada que entra en total contradicción con todas las
bases del conocimiento y la ciencia.
Anteriormente,
a la existencia del hombre, existían las condiciones externas y existirán
después de nosotros; quién niegue esto no será otra cosa que un estúpido o
un tonto; además, cuanto más frecuente actúen sobre nosotros y nuestra
conciencia, más fácilmente será percibirlas y conocerlas.
En
cuanto a cómo se engendran en nuestra cabeza, hemos de entender que aquí se
repite, en forma abreviada, lo que pasa en la historia de la naturaleza y la
sociedad. También en este caso, el objeto que se haya fuera de nosotros
precede a nuestra representación sobre este objeto, también nuestra
representación, la forma, se retrasa respecto al objeto, con respecto a su
contenido. Si miramos un árbol y lo vemos, eso quiere decir únicamente
que ya antes de que en nuestras cabezas naciese la representación del
á árbol, dicho árbol existía, independientemente a las ideas de
nuestras propias cabezas.
Otro
aspecto esencial que nos plante el marxismo, en contraposición al idealismo y
la metafísica es: ¿de dónde vienen las ideas correctas? Como hemos
señalado, estas provienen de la práctica social, de las tres clases de
práctica social que se manifiestan: lucha por la producción, lucha de clases
y experimentación científica. Y, es la esencia social de la gente la que
determina sus pensamientos.
Ciertamente,
en la práctica social nos enfrentamos con diversos fenómenos de la realidad
que se reflejan en nuestros cerebros por medio de nuestros órganos
sensitivos. Al principio, nuestro conocimiento no es más que sensitivo.
Posteriormente, este conocimiento sensitivo se convertirá en racional, en
ideas. Mas, sobre dichas ideas no podemos afirmar que sean correctas, que
reflejen correctamente las leyes de la realidad objetiva. En general, aquellas
ideas que den un buen resultado en la práctica social, se irán imponiendo
como las correctas. Pero, hemos de tener en cuenta que, para que estas ideas
correctas triunfen, es necesario que exista la correcta correlación de
fuerzas que determine su imposición sobre otras viejas e incorrectas ideas.
El hecho de que algunas ideas puedan padecer algún fracaso, no es sinónimo
de que sean incorrectas; muy al contrario, estos fracasos temporales son
requeridos, a veces, para reajustar las imperfecciones de que pudieran estar
impregnadas las ideas correctas. Sólo se puede llegar a alcanzar un
conocimiento después de reiterados procesos que conducen de la materia a la
idea y de la consciencia a la materia; o lo que es lo mismo, de la práctica
al conocimiento y del conocimiento a la práctica. Teniendo en cuenta,
además, lo que el Presidente Gonzalo nos plantea sobre las ideas nuevas que
nos encontramos el camino, cuando nos dice: cuando la materia plasma el hecho, es uno sólo el que
ve ese hecho nuevo, siendo la tarea de éste el hacérselo ver a otros, y esos
otros a otros muchos......
Este
es el resumen del proceso del conocimiento. El único fin de la clase obrera,
en su conocimiento del mundo, es transformarlo. Así, resumidamente, esta es
la teoría materialista dialéctica del marxismo-leninismo-maoísmo. Esto
manifestará que no es difícil comprender la importancia que tiene la teoría
materialista para todas las actividades del hombre. Si, en primer lugar,
cambian las condiciones económicas y, posteriormente, en correspondencia con
éstas, cambia la conciencia de los hombres, está claro que la
fundamentación de este o el otro ideal debemos buscarla, no en el cerebro de
los hombres, no en su fantasía, sino en el desarrollo de sus condiciones
económicas. Tan sólo el ideal creado sobre la base del estudio de las
condiciones económicas es bueno y aceptable. Todos aquellos ideales
desarrollados, que no han tenido en cuenta las condiciones económicas, que no
se apoyan en el desarrollo de éstas, son inservibles e inaceptables. Esta es
la primera conclusión práctica del marxismo-leninismo-maoísmo,
principalmente, maoísmo.
Si
la conciencia de los hombres, sus usos y costumbres están determinados por
las condiciones externas a sus cabezas; si la impropiedad de las formas
jurídicas y políticas, se basan en el contenido económico, está claro que
debemos contribuir a la reorganización radical de las relaciones económicas
con el fin de que cambien de raíz los usos y costumbres de la clase y las
masas populares y su régimen político.
C.
Marx es categórico al respecto, cuando nos plantea que: “No hace falta un gran ingenio para advertir la conexión que existe
entre la doctrina del materialismo... y el socialismo. Si el hombre extrae
todos sus conocimientos, sensaciones, etc., del mundo sensible..., hay que
organizar, por tanto, el mundo que nos rodea de forma que el hombre perciba en
él lo auténticamente humano y se habitúe a ello, de forma que se conciba a
sí mismo como ser humano... Si el hombre no es libre en el sentido
materialista, es decir, si es libre, no a consecuencia de la facultad negativa
de evitar esto o lo otro, sino a consecuencia de la facultad de manifestar su
verdadera individualidad, no se debe castigar los delitos del individuo, sino
destruir las fuentes antisociales del delito... Si el carácter del hombre es
formado por las circunstancias, hay que hacer, por tanto, que las
circunstancias sean humanas”. Esta es la segunda conclusión práctica
de la teoría materialista dialéctica.
¿Cómo
ven los anarquistas la teoría materialista dialéctica marxista? Los
anarquistas saben que el método dialéctico tiene su origen en Hegel y que la
teoría materialista lo tiene en Feuerbach. Pues bien, ellos tratan de
utilizar las diferencias entre Hegel y Feuerbach, para denigrar y rechazar el
materialismo dialéctico.
Con
relación al método dialéctico de Hegel, han quedado demostradas las
artimañas de los anarquistas, y que no demuestran más que la ignorancia de
la que están investidos. Esto mismo cabe decir en cuanto a sus ataques a
Feuerbach y la teoría materialista.
Sus
“sagaces” ideólogos nos dicen
que Feuerbach era panteísta, que divinizó al hombre, que según la opinión
de éste, el hombre es lo que come, etc., de dónde Marx dedujo que, según
ellos, lo principal y primario es la situación económica. No pondremos en
duda el panteísmo de Feuerbach, su divinización del hombre y de otros
errores suyos por el estilo. Aquello que ocultan, y que ya de por sí hecha
por tierra sus críticas, es que Marx y Engels fueron los primeros en
desenmascarar los errores de Feuerbach. Y, a pesar de ello, los anarquistas
pretenden continuar fustigando sobre los errores descubiertos. ¿Por qué
razones? Continuando la sus ataques contra Feuerbach, por un lado, pretenden
salpicar de pasada a Marx y Engels y, por el otro, enredar hasta el infinito a
fin de impedir todo desarrollo.
Si
examinamos la teoría materialista de Feuerbach sin apasionamiento, estamos
seguros de que, al lado de sus ideas erróneas, seguro que encontraremos ideas
justas, al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia con muchos sabios.
Pero los anarquistas continúan, no obstante, queriendo desenmascarar a
Feuerbach. ¿No nos recuerda esta actitud a la de ciertos radicales de pro,
que aún pretenden continuar con sus polémicas con la UL, después de haber
sido sancionadas, por el Partido, las diferencias y culminada ruptura con
estos oportunistas enfrentados y derrotados, hace ocho años?
Una
vez más declaramos que, con tales artimañas, no demostrarán otra cosa que
ignorancia y un derroche inútil de energías y no podrán detener el curso de
la historia, tratando de enfrascarnos en discusiones interminables.
Como
hemos visto anteriormente. Es interesante ver como los anarquistas se dedican
a criticar la teoría materialista de oídas, sin trabar con ella el menor
conocimiento. En consecuencia, vemos que el resultado no es otro que una
continuación reiterada de contradicciones y desmentidos entre sí, lo que
obviamente sitúa a estos críticos del marxismo en una situación ridícula.
Por
ejemplo, resulta que Marx y Engels odiaban el materialismo monista, que el
materialismo de éstos era vulgar y no monista. Así, dicen esto y cosas por
el estilo: “La gran ciencia de los
naturalistas con su sistema de la evolución, con el transformismo y el
materialismo monista, al que con tanta fuerza odia Engels... eludía la
dialéctica”. Resulta que el aterialismo de las Ciencias Naturales que
aprueban algunos anarquistas y que Engels odiaba, era un materialismo monista
y, en consecuencia, merece aprobación; por el contrario, el materialismo de
Marx y Engels que no es monista, no merece ser reconocido. ¿No es lo mismo
que defienden algunos sectores de la iglesia hoy? Otros anarquistas afirman
que el materialismo de Marx y Engels, es monista, y por ello merece ser
rechazado, argumentando: “La
concepción histórica de Marx es un atavismo de Hegel. El materialismo
monista del objetivismo absoluto en general y el monismo económico de Marx en
particular son imposibles en la naturaleza y erróneos en la teoría... El
materialismo monista es dualismo mal encubierto y un compromiso entre la
metafísica y la ciencia....”. De aquí resulta que el materialismo
monista es inaceptable, que Marx y Engels lo asumen, y ellos mismos son
materialistas monistas. En consecuencia, es necesario rechazar el materialismo
monista.
Unos
dicen una cosa y otros dicen otra, ¿quién dice la verdad? Unos u otros. Ni
ellos mismos se ponen de acuerdo entre sí sobre los méritos o defectos del
marxismo. En su ignorancia no han llegado a saber aún si el marxismo es
monista o no, no han dilucidado aún que es más aceptable: si el materialismo
vulgar o el monista, y tratan de aturdidos con sus altisonantes voces y
fanfarronería, reiterando en sus improperios contra el marxismo. Tal es su
concepción. Los anarquistas han de seguir adelante también rebatiendo, uno
tras otro, sus propias opiniones. No menos ridículo, es el hecho de que los
más “eminentes” anarquistas, a pesar de su “eminencia”, jamás se pusieron al día en cuanto al conocimiento
de las diferentes direcciones de la ciencia. En consecuencia, jamás
comprendieron que, en la ciencia, existen diferentes variedades de
materialismo y que entre ellas se dan grandes diferencias. Hay, por ejemplo:
materialismo vulgar, que niega la importancia del aspecto ideal y su
influencia sobre el aspecto material; pero hay también materialismo monista
que examina científicamente la relación entre el aspecto ideal y el
material, como la teoría materialista del marxismo.
Mas,
los anarquistas confunden estas distintas variedades del materialismo, no ven
siquiera las claras diferencias existentes entre ellas y se atreven a decir,
por el contrario, con gran aplomo, que han revitalizado la ciencia.
P.
Kropotkin, en sus trabajos filosóficos, declara que el anarquismo comunista
se apoya en la “filosofía
materialista Moderna”. Sin embargo no dice ni aclara en qué “filosofía materialista” se apoya el anarquismo comunista: el
materialismo vulgar, el materialismo monista o en cualquier otra. A nuestro
modo de ver, no nos muestra más que su total ignorancia, su incomprensión de
la diferencia entre unas y otras, y una total confusión entre las diferentes
corrientes materialistas. El
significado de esto no es “hacer
renacer la ciencia”, como presuntuosamente afirma, sino demostrar una
total grosería.
Ciertos
críticos anarquistas han oído decir en alguna parte, que el materialismo de
Marx es “la teoría del estómago";
y nos dicen: “En opinión de Feuerbach,
el hombre es lo que come. Esta fórmula ejerció un influjo mágico sobre Marx
y Engels, a consecuencia de lo cual Marx sacó la conclusión de que lo
principal y primario es la situación económica, las relaciones de
producción...”. Como consecuencia de este comentario, ciertos
anarquistas se atreven a aleccionarnos filosóficamente señalando: “Decir
que el único medio para este fin - para la vida social - es la comida y la
producción económica, sería un error... Si la ideología se determinase
principalmente, a la manera monista, por la comida y por la situación
económica, ciertos glotones serían unos genios”. Henos aquí lo fácil
que es refutar el materialismo del marxismo.
Con
sólo escuchar a cualquier comadre sus murmuraciones callejeras dichas con
aplomo, basta para merecer enseguida el título de crítico del marxismo.
Pero, dígannos, críticos del marxismo, ¿cuándo Marx dijo que “la comida determina la ideología”; por qué no citan una sola
frase de Marx cuando hacen tales afirmaciones?. Ciertamente, Marx dijo que la
situación económica de los hombres determina su conciencia, su ideología;
mas, ¿cuándo ha dicho que la comida y la situación económica sean una
misma cosa? ¿Es qué son tan ignorantes que no saben distinguir un fenómeno
fisiológico de otro sociológico? No saber distinguir estos dos fenómenos
por un colegial, es comprensible y perdonable; pero, que quienes se demandan
revolucionarios y “renovadores de la
ciencia” repitan con total desahogo los errores de un colegial es
imperdonable. ¿Cómo puede determinar la comida la ideología social?. Si al
menos fuesen capaces de reflexionar un poco, comprenderían que la comida, la
forma de comer, no cambia los hombres de las sociedades pasadas comían,
masticaban y digerían los alimentos como ahora, pero la ideología cambia
constantemente.
¿Puede
concebirse que, lo que no cambia, determine lo que cambia continuamente? En
opinión de los anarquistas, el materialismo de Marx “no es otra cosa que paralelismo...”. También dicen que “el
materialismo monista es un dualismo mal encubierto y un compromiso entre la
metafísica y la ciencia...”, “Marx
cae en el dualismo porque representa las relaciones de producción como lo
material, y las aspiraciones humanas y la voluntad como una ilusión y una
utopía, que no tiene importancia, aunque existe.”
En
primer lugar, el materialismo monista de Marx nada tiene que ver con el necio
paralelismo. Desde el punto de vista del materialismo, el aspecto material, el
contenido, precede necesariamente al aspecto ideal, a la forma.
Contrariamente, el paralelismo rechaza este punto de vista y declara que ni el
aspecto material ni el ideal preceden el uno al otro, sino que ambos se
desarrollan juntos, paralelamente.
En
segundo lugar, aunque “Marx haya
presentado las relaciones de producción como lo material y las aspiraciones
humanas y la voluntad como una ilusión y una utopía que no tiene importancia”,
¿esto significa que Marx sea dualista? Los dualistas conceden igual
importancia al aspecto ideal y al material, como dos principios opuestos. Mas
si Marx, según las propias palabras de los anarquistas, sitúa por encima el
aspecto material y, contrariamente, no da importancia al aspecto ideal como
una “utopá¡áa” que es; ¿entonces, de dónde sacan estos “críticos”
el dualismo de Marx?
En
tercer lugar, ¿dónde puede estar la conexión entre el monismo materialista,
cuando éste parte del principio de la materia y el ser como una unidad de
contrarios, mientras que el dualismo parte de los principios, lo material y lo
ideal que, según el dualismo, se niegan entre sí?
En
cuarto lugar, ¿cuándo Marx “ha
representado las aspiraciones humanas y la voluntad como una utopía y una
ilusión”?. Ciertamente, Marx nos dice que “las
aspiraciones humanas y la voluntad” por el desarrollo económico, y
cuando las aspiraciones de ciertos hombres de oficina no correspondían a la
situación económica, las llamaba utópicas. Mas, ¿significa esto que, en su
opinión, las aspiraciones humanas en general sean utópicas? Esto denota que,
o no han leído u olvidan a sabiendas las palabras de Marx:
“La humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede
alcanzar”. Lo que significa, que la humanidad no persigue fines
utópicos. Es obvio que los anarquistas, una vez más, o no comprenden la
materia de la que se proponen hablar o desfiguran intencionadamente los
hechos.
En
quinto lugar, ¿de dónde han sacado que, en opinión del marxismo, las
aspiraciones humanas no tienen importancia? ¿Acaso en cualquier folleto
marxista, leninista, maoísta, o mejor dicho para entendernos hoy:
marxista-leninista-maoísta, no se habla claramente, sin tópicos ni utopías,
de la importancia de las aspiraciones humanas y la voluntad? ¿Por qué
entonces, si no se tienen en cuenta las aspiraciones y la voluntad de las
masas, hacemos propaganda, entregamos nuestras vidas a las masas con
desinterés absoluto y las tratamos de educar en la auténtica concepción
proletaria emanada de siglos de lucha y conocimiento? Ciertamente, en opinión
de Marx, la “voluntad y las
aspiraciones” de los hombres se extraen de su contenido económico;
pero, ¿acaso esto significa que las mismas no ejercen ninguna influencia en
el desarrollo de las relaciones económicas? ¿Es tan difícil para los
anarquistas comprender una idea tan sencilla? ¡No! No es difícil, su
problema es que se empeñan en hacerlo.
Para
finalizar este capítulo, lo haremos comentado otra de las acusaciones
ridículas del anarquismo hacia el marxismo. Nos dicen: “No se puede representar la forma sin el contenido...”, por lo cual no
se puede decir que “forma sigue al contenido (se retrasa con respecto al
contenido. K.); el uno y la otra “coexisten”... En caso contrario, el
monismo es un absurdo”.
Una
vez más se enredan como el gato con el ovillo. Es bien cierto que el
contenido es inconcebible sin la forma. Mas es cierto también que la forma
existente no corresponde nunca plenamente al contenido existente: la primera
se retrasa con respecto al segundo, el nuevo contenido, hasta cierto punto,
está siempre envuelto en una vieja forma y, a consecuencia de esto, la vieja
forma y el nuevo contenido, siempre se hayan en conflicto. Es sobre esta base
que se producen las revoluciones, y en esto se expresa precisamente el
espíritu revolucionario del materialismo dialéctico. Pero los anarquistas no
han comprendido esto. Es más fácil para ellos dedicarse a sus continuas e
interminables discusiones sobre el sexo de los ángeles.
Quienes
hayan asistido a una de sus reuniones comprenderán inmediatamente lo que
decimos. Obviamente, es más fácil discutir sobre esto o lo otro, sin orden
ni concierto, donde cada cual puede dar una opinión, donde lo fundamental es
que esta opinión difiera de las demás - independientemente de su grado de
Subjetivismo - y sea tan aceptable como las otras, que dedicarse a estudiar
metódicamente, comprender, criticar lo erróneo y transformar por medio de la
lucha las posiciones incorrectas.
Estas
son las opiniones del anarquismo sobre el marxismo, que si se analizan en su
esencia, están más cerca de las opiniones de los ideólogos del
imperialismo, que de posturas mínimamente revolucionarias.
III.
El Socialismo Científico.
En
los anteriores dos puntos hemos conocido la teoría marxista, hemos mostrado
su método, conocemos su teoría y la hemos contrastado con las posiciones
anarquistas.
¿Qué
conclusiones prácticas debemos sacar de esto? ¿Qué conexión existe entre
el materialismo dialéctico y el socialismo científico?
El
método dialéctico afirma que sólo puede avanzar hasta el fin de la
eliminación del yugo de la esclavitud, aquella clase que se desarrolla, que
crece día a día, que va siempre adelante y lucha por un futuro mejor. Y como
vemos, la única clase que crece indeclinablemente, avanza siempre adelante y
lucha por el futuro, es el proletariado. En consecuencia, nosotros debemos
servir al proletariado y centrar en él las esperanzas revolucionarias de la
humanidad. Esta es la primera conclusión práctica del marxismo. Pero hay
distintos modos de servir al proletariado. ¿Acaso no hablan de “servir” al proletariado los socialdemócratas del PSOE y los
revisionistas de IU, cuando nos exhortan a olvidarnos del marxismo?
¿No dicen “servir” al proletariado los anarquistas cuando nos proponen un “socialismo”
comunal desperdigado, carente de una amplia base industrial?
Los
hechos históricos han demostrado que los únicos que auténticamente servimos
al proletariado, somos los hoy marxistas-leninistas-maoístas (anteriormente
marxistas reafirmados en sus plenas ideas revolucionarias,
marxistas-leninistas, posteriormente, asumiendo las etapas de desarrollo de
nuestra ideología), pues le llamamos y organizamos para avanzar hacía la
dictadura del proletariado, que se apoya en la amplia base de las masas.
¿Cómo
hemos de proceder realmente hoy nosotros para que nuestra labor redunde en
beneficio del proletariado y de qué modo debemos servirle? La teoría
materialista afirma que este o el otro ideal pueden servir al proletariado
siempre y cuando, dicho ideal no entre en contradicción con el desarrollo que
demandan las fuerzas productivas, en el caso en que se corresponda plenamente
a las exigencias de este desarrollo.
El
capitalismo nos muestra como el desarrollo industrial adquiere un carácter
social y como éste carácter social niega categóricamente la propiedad
capitalista existente; por lo tanto, nuestra tarea principal ha de ser la de
enfocar nuestras acciones, basadas en los principios del
marxismo-leninismo-maoísmo, a organizar, impulsar y culminar, el
derrocamiento de la propiedad capitalista y a la instauración de la propiedad
socialista. Esto significa además que, todas aquellas doctrinas que nos
exhortan a olvidarnos del marxismo y a no derrotar el capitalismo, que generan
daños para el proletariado y entran en contradicción radical con las
exigencias del desarrollo económico, político y social, han de ser
combatidas y rechazadas.
El
desarrollo de la economía capitalista nos muestra además, que la producción
moderna se amplía cada día más, derriba las barreras de los límites entre
el campo y las ciudades y abarca todo el territorio de los Estados y del
mundo. Esto significa que las propuestas anarquistas que pretenden encerar el
futuro en el estrecho marco de las comunas individualizadas y aisladas, se
contradicen con la poderosa ampliación de la producción. Esta doctrina
acareará irreparables daños al proletariado y las masas. Luchar por una
amplia vida comunista, con entrega total y desinterés absoluto, como objetivo
principal, es cómo debemos servir los comunistas al proletariado. Esta es una
conclusión práctica de la doctrina de Marx.
Es
incuestionable que el socialismo científico es una deducción práctica del
materialismo dialéctico. Mas, ¿qué es el socialismo científico o
socialismo proletario?
El
régimen predominante hoy en el mundo es el capitalista, en su estadio
superior y último: el imperialismo. Esto significa que el mundo está
dividido en tres campos opuestos y en constante agudización de sus
contradicciones, el campo de un pequeño número de países capitalistas
imperialistas, el campo constituido por los pueblos y naciones del mundo
oprimidos por el imperialismo y el campo de la mayoría proletaria.
Los
pueblos y naciones del mundo oprimidos por el imperialismo, con una economía
constreñida por éste, que empobrece día a día a la mayoría del pueblo,
una pobreza tal que dañaría las retinas de los más hipócritas humanistas
vendidos y arropados bajo la “abundancia
capitalista”. El proletariado trabaja noche y día, cada vez en peores
condiciones y con menos posibilidades hoy de vivir de su trabajo, pero sin
embargo, continua siendo pobre y explotado. Los capitalistas no trabajan, pero
sin embargo se enriquecen constantemente. Esta situación ocurre no porque,
como dicen algunos, a los pueblos oprimidos del mundo y a los proletarios les
falte inteligencia y los capitalistas sean unos hombres geniales, sino porque
los imperialistas se apropian, con la tutela de sus bayonetas, de los frutos
del trabajo de los pueblos oprimidos y del proletariado, porque los
capitalistas explotan a unos y otros.
¿Por
qué se apropian los capitalistas precisamente de las riquezas y los frutos de
las naciones y los pueblos del mundo y del trabajo de los proletarios, y no
los propios pueblos y naciones y los proletarios? ¿Por qué los capitalistas
explotan a los pueblos y naciones del mundo y a los proletarios, y no estos a
los capitalistas? Porque el régimen capitalista tiene como principio de su
existencia la producción mercantil.
En
esta sociedad y este mundo dominados por el imperialismo, todo tiene el
aspecto de mercancía, reinan por doquier los principios de la máxima
ganancia y de la compraventa. En esta sociedad se pueden comprar no sólo los
artículos de consumo, no sólo los productos alimenticios, sino también el
control de pueblos y naciones, el hambre de las masas, la fuerza de trabajo de
los hombres, su sangre, su conciencia, etc. Los imperialistas saben y
establecen como principio social todo esto y compran a las clases dirigentes
reaccionarias de los pueblos y naciones oprimidos, compran la fuerza de
trabajo de los obreros, la alquilan. Esto significa que los imperialistas se
hacen dueños del destino de los pueblos y naciones oprimidos, significa que
se hacen dueños de la fuerza de trabajo de los obreros por ellos comprada.
Los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo y los obreros, pierden
todo derecho sobre sus riquezas y su fuerza de trabajo que se ven obligados a
vender. Es decir, las riquezas de los pueblos y naciones oprimidos por el
imperialismo, lo que se elabora con esa fuerza de trabajo, no pertenecen ya ni
a los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo, ni a los obreros, sino
que pertenece a los capitalistas y va a parar a sus únicos bolsillos. A los
pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo y a los proletarios,
únicamente les queda recibir tan sólo las migajas, de las que se apropian
las castas dirigentes, a los primeros, y el salario a los segundos, que tal
vez será insuficiente para satisfacer las mínimas necesidades ineludibles.
Dicho en pocas palabras: los imperialistas controlan a los pueblos y naciones
oprimidos del mundo, compran la fuerza de trabajo de los obreros y,
precisamente por eso, los capitalistas apoyados en la fuerza de sus
ejércitos, recogen los frutos de las riquezas y del trabajo, precisamente por
eso, los capitalistas explotan a los pueblos y naciones oprimidos y al
proletariado, y no ocurre lo contrario.
Mas,
¿por qué precisamente son los capitalistas los que compran la fuerza de
trabajo de los obreros? ¿Por qué los proletarios son alquilados por los
capitalistas, y no los capitalistas por los proletarios? Porque la base sobre
la que se sustenta el régimen capitalista es la propiedad privada de los
medios de producción. Porque las fábricas y talleres, las tierras y sus
entrañas, los bosques, las vías de comunicación, las máquinas y otros
medios de producción, son propiedad privada de un pequeño puñado de
capitalistas. Porque los obreros se hayan privados de todo esto. Esta es la
razón por la cual los capitalistas alquilan a los obreros, a fin de poner en
marcha las fábricas y los talleres, de sacar la riqueza de la tierra y sus
entrañas, de lo contrario, sus máquinas, sus propiedades y medios de
producción no aportarían ninguna riqueza. Estas son las razones por las
cuales los obreros venden su fuerza de trabajo a los capitalistas al
encontrarse desposeídos de todo medio de producción; de lo contrario, se
morirían de hambre. Esta es la cruda realidad del carácter general de la
sociedad capitalista. De suyo se comprende, que la economía capitalista se
haya totalmente fraccionada, no es algo compacto y organizado, está en todas
partes fraccionada en empresas privadas de los diferentes capitalistas.
Es
evidente también, que el único fin de esta producción fraccionada no es la
satisfacción de las necesidades de la población, sino la producción de
mercancías para su venta, a fin de aumentar las riquezas de los capitalistas.
Mas como cada capitalista centra su única aspiración en aumentar sus
ganancias, cada uno de ellos trata de producir la mayor cantidad posible de
productos, trayendo como consecuencia la saturación de los mercadas, los
precios de las mercancías bajan y se producen las periódicas crisis
generales o parciales, a las que nos tiene acostumbrado el sistema
capitalista. De esta forma se deduce que las crisis, el paro, las
intermitencias de la producción, etc., son el resultado directo de la falta
de organización de la producción capitalista contemporánea. A pesar de las
medidas y normas que a veces tratan de imponer, no para regularizar la
producción sino para paliar en lo posible el hundimiento de los mercados por
los efectos de las crisis, la economía capitalista no puede sustraerse de sus leyes y carácter: Máxima
ganancia con el mínimo coste y anarquía total en la producción. Y, si este
régimen social de explotación y opresión, carente de organización, no ha
sido aún destruido, si resiste a los ataques de los pueblos oprimidos del
mundo y del proletariado, eso se explica porque lo defiende un Estado
capitalista, un gobierno, un ejército, una concepción del mundo dominante,
etc.
Lo
expuesto sintéticamente, es la base de la sociedad capitalista en su estadio
superior y último. No cabe duda que la futura sociedad ha de ser edificada
sobre las ruinas de la actual, preñada aún de lo viejo, pero con una base
totalmente distinta a la actual. La futura sociedad será á la sociedad
socialista, como paso previo al comunismo. Esto significa que, ante todo, se
establecerán las bases que nos permitirán eliminar las clases sociales. No
habrá ni capitalistas ni proletarios, ni opresores ni oprimidos y, por lo
tanto, tampoco habrá explotación. En la futura sociedad habrá únicamente
trabajadores que producirán en función de sus propias necesidades comunes y
colectivamente.
La
sociedad futura será comunista. Lo que significa que en ella, a la par que el
trabajo asalariado, será destruida toda forma de producción mercantil y la
compraventa, por lo que en ella no habrá lugar para los compradores y
vendedores de la fuerza de trabajo, para los empresarios y asalariados: en
ella habrá únicamente trabajadores libres.
La
sociedad futura es la comunista. Esto significa que en ella, a la par que el
trabajo asalariado, será destruida toda propiedad privada sobre los
instrumentos de producción, no habrá ni pobres ni ricos, en ella habrá
solamente trabajadores que poseerán colectivamente toda la tierra y sus
entrañas, todos los bosques, todas las fábricas y talleres, todas las
comunicaciones y medios, etc.
De
todo lo expuesto se desprende que, el fin principal de la futura producción
es la satisfacción directa de las necesidades de la sociedad y no la
producción de mercancías para la venta en aras del aumento de las ganancias
de los capitalistas. En ella no habrá á lugar para la lucha por la
ganancia, etc.
Obviamente,
es evidente que la futura producción será una producción planificada,
organizada de un modo socialista, altamente desarrollada, que tendrá en
cuenta las necesidades de las masas y producirá exactamente aquello que sea
primordial y necesario para la sociedad. Los excedentes, servirán para
mejorar las condiciones de las masas, contribuir al desarrollo de la ciencia y
la cultura y no para engordar las arcas de una minoría de capitalistas y
burócratas.
En
la futura sociedad no habrá cabida para dispersión de la producción, ni
para la concurrencia, ni para las crisis, ni para el paro forzoso, el bien
común se sustentará en el trabajo como deber y el desarrollo del progreso y
el conocimiento humanos como metas comunes a la eliminación de las clases
sociales.
Donde
no hay clases, donde no hay ni ricos ni pobres, tampoco existirá la necesidad
del Estado, ni del Poder político, que oprime a los desposeídos y defiende y
garantiza los intereses de los ricos. Por consiguiente, en la sociedad
comunista futura no existirá la necesidad del poder político.
Por
esta razón, Marx nos dice: “La clase
obrera, en el curso de su desarrollo, colocará en el lugar de la vieja
sociedad burguesa una asociación que excluya las clases y sus antagonismos;
no habrá ya poder político propiamente dicho...”
Por
si quedara alguna duda al respecto, Engels, reafirmando lo señalado por Marx,
en su gran ensayo “Origen de la familia, de la propiedad privada y del
Estado”, nos dice: “Por tanto, el
Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron
sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al
llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada
necesariamente a la división de la sociedad en clases, el Estado se hizo...
necesario.” “Ahora nos acercamos
con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia
de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en
un obstá áculo directo para la producción. Las clases desaparecerán
de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de
las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando
de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual
de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le
ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de
bronce”.
Al
mismo tiempo, de suyo se comprende que para llevar los asuntos comunes,
además de los Consejos locales, en los que han de concentrarse los diferentes
datos, la sociedad comunista necesitará de un Consejo central de
estadística, que habrá de reunir los datos sobre las necesidades de toda la
sociedad y someter a discusión, en consonancia con ello, las diferentes
tareas entre los trabajadores.
Serán
también necesarias conferencias y, en particular, congresos, cuyas decisiones
han de ser de absoluto cumplimiento hasta el congreso siguiente para aquellos
que queden en minoría.
Es
evidente que para que el trabajo sea libre y camaraderil, ha de conllevar una
satisfacción igualmente camaraderil y completa, de todas las necesidades en
la futura sociedad. Esto significa que a cada miembro de la sociedad se le
habrá de exigir tanto trabajo como aquél pueda dar y ésta a su vez conceder
a cada uno tanto como necesite. ¡De cada uno, según su capacidad; a cada
uno, según sus necesidades! Esta será la base sobre la cual ha de ser creada
la futura sociedad comunista.
Se
comprende también que, tras la destrucción de la vieja sociedad y el viejo
estado; la nueva sociedad se iniciará con la pervivencia de aspectos de lo
viejo en aquellos elementos que aún no están habituados al trabajo, que las
fuerzas productivas no estarán en muchas partes suficientemente desarrolladas
y que persistirá durante un tiempo una aguda lucha entre lo viejo y lo nuevo,
entre la restauración y la contrarrestauración, por lo que la aplicación
del principio comunista deberá pasar por diferentes etapas intermedias que
permitan cambiar la concepción del mundo y desarrollar lo suficiente las
fuerzas productivas. Así mismo, hemos de tener en cuenta el desarrollo
desigual de la revolución proletaria mundial y que al comunismo entraremos
todos o ninguno. Pero es evidente también que, cuando la futura sociedad
entre en su cauce, cuando las supervivencias del capitalismo hayan sido
extirpadas de raíz, el único principio de la sociedad será el principio
comunista.
Al
respecto Marx, en su obra “Crítica
del programa de Gotha”, nos señala: “en
la fase superior de la sociedad comunista (es decir, socialista), cuando
desaparezca la subordinación esclavizadora del individuo bajo la división
del trabajo, y desaparezca, a la par de esto, el contraste entre el trabajo
intelectual y manual; cuando el trabajo no sea ya solamente un medio de vida,
sino que se convierta en una necesidad primordial de vida; cuando juntamente
con el desarrollo de los individuos en todos los aspectos crezcan también las
fuerzas productivas, ...... sólo entonces se podrá superar por completo el
estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá inscribir en su
bandera: “De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus
necesidades”.
Este
es, en líneas generales, el esquema de la futura sociedad comunista. Todo
esto está muy bien, nos dirán todos aquellos influenciados y dominados por
el escepticismo burgués, tan difundido en los últimos tiempos y,
fundamentalmente, a causa de la restauración capitalista en los otrora
países socialistas.
Pero,
¿es concebible la realización del socialismo y del comunismo? ¿Puede el
hombre extirpar de sí sus “bárbaras
costumbres”?. Si cada uno ha de recibir según sus necesidades, ¿se
puede suponer que el desarrollo de las fuerzas productivas será el suficiente
para ello?
La
futura sociedad comunista presupone unas fuerzas productivas lo
suficientemente desarrolladas y un cambio profundo y radical en la concepción
del mundo de la humanidad. Para lograr este profundo y radical cambio, el
Presidente Mao y la experiencia de la construcción del socialismo, nos han
dotado de las armas fundamentales, de la Gran Revolución Cultural Proletaria,
donde los objetivos tácticos fundamentales son, conjurar la restauración
capitalista y el desarrollo de la producción, manteniendo, desarrollando y
elevando la dictadura del proletariado; pero, y esto es lo sumamente
importante, su objetivo estratégico es la transformación de la concepción
del mundo.
A
medida que avanzamos, irremediablemente, hacía el hundimiento definitivo del
capitalismo, no podemos dejar de que el desarrollo de las modernas fuerzas
productivas y de los pueblos y naciones, se hayan obstaculizados por la
propiedad capitalista, pero si se tiene en cuenta que en la futura sociedad no
existirá dicha propiedad, resulta claro de por sí, que las fuerzas
productivas de multiplicarán. ¿Acaso se puede dudar de esto tras las
experiencias de la construcción socialista antes de la restauración
capitalista en la otrora URSS y China? No hay que olvidar tampoco la
circunstancia de que, en la futura sociedad, millones de parados y de
parásitos hallarán ocupación y engrosarán las filas de los trabajadores,
lo que impulsará el desarrollo de las fuerzas productivas.
En
lo referente a los “bárbaros
sentimientos” dominantes hoy en la humanidad, no son eternos. ¿Acaso no
hubo un tiempo en que no formaba parte de los sentimientos de los hombres, no
era reconocida, la propiedad privada?; posteriormente ¿no llegó la época de
la propiedad individualista, en que la propiedad privada se adueñó de la
humanidad y no ha llegado otra época en que aparece la producción
socialista? ¿Qué tendrá de extraño que en los sentimientos de la humanidad
penetren las ideas y concepción comunistas? ¿Acaso no es el ser el que
determina la conciencia de los hombres?
Mas,
se preguntarán, ¿dónde están las pruebas de la inevitabilidad de la
implantación del comunismo, si hemos visto cómo ha fracaso esta
construcción en los países socialistas? ¿Es inevitable que, tras el
desarrollo del capitalismo contemporáneo, sigan el socialismo y el comunismo?
¿Quién no nos dice que el comunismo no sea un mas que sueño irrealizable?
¿Dónde están las pruebas, no sólo de fe de los desheredados de la tierra,
sino científicas de ello?
Sintéticamente
y para quienes sean capaces de reconocer hechos científicos, quienes logren
desprenderse de su ignorancia y estupidez interesadas, les diremos que la
historia está sujeta a leyes, que dichas leyes nos demuestran que la forma de
propiedad se halla en dependencia directa de la forma de producción; como
consecuencia de esto, al cambio de la forma de producción le sigue el cambio
inevitable, tarde o temprano, de la forma de propiedad. ¡Nadie puede negar
científicamente las leyes que rigen la historia!
Existió
una época en que la propiedad tenía un carácter comunista, en que los
bosques y campos por los que vagaban los hombres primitivos, pertenecían a
todos, y no a personas aisladas. ¿Por qué existía entonces la propiedad
comunista? Porque la producción era comunista, el trabajo era común y no
podían prescindir unos hombres de otros. Llegó otra época, en que la
propiedad tomó un carácter individualista – privado -, en que todo lo que
era necesario al hombre (naturalmente, excepto el aire, el sol, etc.) estaba
reconocido como propiedad privada. ¿Por qué razón se produjo este cambio?
Porque la producción paso a ser individualista, cada cual comenzó a trabajar
para sí, aislándose en su propio rincón. Por último, llegó otra época,
la época de la gran producción capitalista, en que centenares y miles de
obreros se reúnen bajo un mismo techo, en una misma fábrica, y están
ocupados en un trabajo en común. ¿A qué no se ve hoy el viejo trabajo
individual, en el que cada uno trabaja para sí? El trabajo asalariado ha roto
con el viejo trabajo individual. A pesar de que la tendencia actual en las
relaciones laborales traten de individualizar cada vez más al obrero y le
hagan sentirse un trabajador individual, autónomo, cada obrero y todos los
obreros de una fábrica, se hayan ligados por el trabajo, y no solamente con
los propios compañeros de trabajo, sino también con los obreros de otros
talleres que componen el conjunto de la fábrica. Basta con que se paralice un
taller, para que los obreros de toda la fábrica se vean afectados y se queden
sin faena, basta con que se paralice un sector concreto para que el resto de
los trabajadores y toda la sociedad se vean afectados.
Como
se ve y los hechos cotidianos demuestran, en proceso de la producción el
trabajo ya ha tomado un carácter social, ha adquirido un matiz socialista.
Esto, reiteramos, no ocurre sólo con las diferentes fábricas sino además
con diferentes fábricas y ramas entre sí. Podemos comprobar cómo por el
cierre o reestructuración de fábricas, en los últimos años, se han visto
afectados todos los sectores de una comarca y provincias enteras del Estado,
más en un país como el nuestro en que el sector de los servicios es
fundamental. Podemos ver que basta con que se paralice por una huelga una
fábrica, para que el resto de los obreros de otros sectores se vean
afectados. ¿Acaso si se paralizasen los transportes no se verían afectados
todos los sectores de la producción? En el propio seno de las denominadas
democracias, de los países más adelantados, se han llegado a militarizar, en
los últimos años, los aeropuertos a causa de la huelga de pilotos,
controladores o del personal del aeropuerto.
Es
evidente que el proceso de producción ha tomado un carácter social,
colectivo. De aquí se deduce que, al carácter social de la producción no le
corresponde el carácter privado de la apropiación, que el trabajo colectivo
debe, inevitablemente, llevar a la propiedad colectiva, resulta claro de por
sí, que el régimen socialista seguirá al capitalista y que al socialismo le
seguirá el comunismo, con la misma inevitabilidad con que al día sigue la
noche y a la tempestad la calma.
Así
nos fundamentan las leyes de la historia la inevitabilidad de la destrucción
del capitalismo, la construcción del socialismo y, tras sucesivas
revoluciones culturales proletarias, la meta final e ineludible del comunismo,
al que entraremos todos o ninguno. Todo ello en un proceso de zigzagues, de
avances y retrocesos, de victorias y derrotas, exigiéndonos también su cuota
de sangre y sacrificios, como todo proceso histórico así lo ha demandado.
La
historia nos dice también que, la clase o grupo social que desempeña el
papel principal en la producción social y que tiene en sus manos las
principales funciones de la producción, con el tiempo debe, inevitablemente,
convertirse en dueño de esta producción.
En
el tiempo en que dominó la época del matriarcado, las mujeres eran
consideradas dueñas de la producción, en la agricultura primitiva las
mujeres jugaban el papel principal en la producción, ellas cumplían las
principales funciones, mientras que los hombres erraban por los bosques y
praderas, dedicados a la caza. Llegó un tiempo, la época del patriarcado, en
que en la producción pasó a ser dominante el hombre. ¿Qué es lo que
produjo tal cambio? Fue la economía ganadera, en que los instrumentos de
producción eran la lanza, el lazo, el arco y la flecha, y en esto era
principal el papel del hombre.
Con
el tiempo, nos acercamos a otro momento, la época de la gran producción
capitalista, en que los obreros, independientemente del sexo, juegan el papel
principal en la producción, en que todas las funciones de la producción
pasan a sus manos, en que sin su intercesión la producción no puede existir,
en que los capitalistas no son necesarios para la producción, sino que al
contrario, hoy impiden el desarrollo de la producción. ¿Cuál es el
significado de esto? Que o bien ha de ser destruida toda la vida social, o
bien el proletariado, tarde o temprano, inevitablemente, debe hacerse dueño
de los medios de producción, en su único propietario, en su propietario
socialista y que la división de sexos, el machismo imperante actualmente han
de ser barridos. Las crisis capitalistas, cada día más cortas en tiempo, son
el instrumento de la regeneración de dicha economía; pero lo más importante
es, al mismo tiempo, el canto agónico de dicha economía y plantea a la
sociedad, sin lugar a dudas, la disyuntiva entre los dos caminos que hoy se
manifiestan: el camino capitalista, o el camino hacía el socialismo. Estas
crisis hacen del todo evidente esta conclusión, ponen al descubierto el
parasitismo del capitalismo, su incapacidad para resolver los problemas que
hemos de enfrentar para la perspectiva de la humanidad y la inevitabilidad del
triunfo del proletariado.
El
socialismo científico se fundamenta y edifica, no sobre fundamentos de “justicia”
abstracta, o amor al proletariado, se fundamenta sobre las sólidas raíces
científicas, anteriormente señaladas. Engels nos dice: “Si
tuviésemos más garantía en cuanto a la revolución que se avecina y que ha
de transformar el régimen actual de distribución de los productos del
trabajo... que la conciencia de que este régimen de distribución es injusto
y de que, tarde o temprano, la justicia acabará por triunfar, ya podíamos
sentarnos a esperar tranquilamente...”. Lo más importante en esta
cuestión reside en que “el
surgimiento del modo de producción capitalista contemporáneo, de las fuerzas
productivas y del sistema de distribución de bienes materiales creados por
él, entraron en flagrante contradicción con este mismo modo de producción,
además, en tal grado, que hace necesario una revolución en el modo de
producción y distribución. En este hecho material tangible...y no en las
ideas de este o aquel pensador de gabinete, sobre lo justo o lo injusto,
descansa la seguridad en la victoria del socialismo contemporáneo”.
Esto no significa, que una vez que el capitalismo se descomponga, el comunismo
pueda implantarse en cualquier momento, cuando lo queramos. De esta forma
sólo piensan los anarquistas y otros ideólogos pequeño burgueses.
El
ideal comunista no lo es de todas las clases. Es únicamente el ideal del
proletariado, y en su realización no están interesadas todas las clases,
sino tan sólo el proletariado. Lo que implica que el proletariado ha de ser
la única clase dirigente, guiada por su vanguardia organizada, en la
realización del comunismo. La destrucción de la vieja forma de producción,
la concentración de la producción y la proletarización de la sociedad.
Estas son las condiciones necesarias para la realización del socialismo y, en
su desarrollo, el comunismo. Pero esto por sí solo no es aún suficiente. La
mayoría de la sociedad puede estar ya proletarizada, pero el socialismo, no
obstante, puede no ser realizado aún. Para que esto sea posible, el
proletariado ha de forjar su conciencia de clase, su unidad, tomar el Poder
con la guerra popular, pues sólo desde el poder y con el control de la
sociedad por el Partido de la clase y la dictadura del proletariado, será
posible desarrollar la revolución de nueva democracia en los países
coloniales o semi-coloniales, iniciar la revolución socialista en los países
capitalistas y, a través de revoluciones culturales proletarias, desarrollar
la construcción del socialismo hasta el comunismo.
Por
estas razones, el programa de los marxistas-leninistas-maoístas en las
condiciones actuales se divide en dos partes: para las revoluciones de nueva
democracia, programa mínimo, que tiene como fin el desarrollar la revolución
de nueva democracia para abrir el camino al socialismo y programa máximo que
se propone como fin el desarrollo del socialismo hasta el comunismo. Para los
países capitalistas, programa máximo, que tiene como fin el desarrollo del
socialismo hasta el comunismo.
Pero,
¿cómo debe actuar el proletariado, qué camino debe seguir para realizar
conscientemente su programa, derrocar al capitalismo y construir el socialismo
hasta el comunismo?
La
respuesta a estas cuestiones es clara: el proletariado no podrá lograr el
socialismo y el comunismo, mediante la conciliación con la burguesía.
Irremediablemente ha de tomar el camino de la lucha, y esta lucha ha de ser
lucha de clases, guerra de todo el proletariado y sus aliados naturales contra
la burguesía. Pero la lucha de clases tiene formas muy diversas. Lucha de
clases es por ejemplo, la huelga, sea ésta parcial o general. Lucha de clases
es, indudablemente, el sabotaje y el boicot. Lucha de clases son, también las
manifestaciones, las demostraciones, la participación en las elecciones -
donde se den las condiciones como medio, no como fin. Todas estas son formas
distintas de la lucha de clases. No vamos a esclarecer aquí cuál de las
distintas formas de lucha tienen mayor importancia para el proletariado en su
lucha de clases; anotemos tan sólo que, en su debido tiempo y lugar, cada una
de ellas es absolutamente necesaria para la clase obrera como medio
indispensable para el necesario desarrollo de su conciencia y de su
organización. Y la conciencia y la organización, son tan imprescindibles
para el proletariado como el aire para los seres vivos. Pero hemos de señalar
que, todas estas distintas formas de lucha son únicamente, medios
preparatorios, ninguna de estas distintas formas de lucha por separado
representa un medio decisivo para que el proletariado pueda demoler el
capitalismo. Es inconcebible que el proletariado pueda derrotar al capitalismo
solamente con su participación en las elecciones - si se dan las condiciones
para que se utilice este medio; el parlamento puede suponer, en un momento
dado, la preparación de algunas condiciones para el derrocamiento del
capitalismo.
¿Cuál
es pues el medio decisivo con el cual el proletariado derrocará el régimen
capitalista? Este medio es la revolución socialista, el levantamiento armado
de las fuerzas revolucionarias del proletariado contra el poder reaccionario
del capitalismo, con su Partido constituido en heroico combatiente e iniciador
de la grandiosa gesta emancipadora de clase: la Guerra Popular.
Las
huelgas, el boicot, el parlamentarismo, la manifestación, la demostración,
la agitación, la propaganda, la organización, etc., todas estas formas de
lucha son buenas como medios que preparan y organizan a la clase obrera y el
resto de las masas populares. Pero ni uno sólo de estos medios es decisivo
para destruir las causas originarias de la desigualdad existente. Es necesario
que todos esos medios se concentren en un medio principal y decisivo, la clase
obrera necesita ponerse en pie y librar el ataque decisivo contra la
burguesía, para destruir el capitalismo hasta sus cimientos. Precisamente
este medio principal y decisivo, la forma más alta de la lucha de clases, es
la guerra popular. Guerra popular a librar en revoluciones de nueva
democracia, socialistas y revoluciones culturales proletarias, hasta alcanzar
la paz perdurable en el comunismo.
Pero,
no se puede esperar la revolución, la guerra popular, como un golpe
inesperado, decisivo y de poca duración, sino una lucha prolongada de las
masas proletarias, que asestan derrotas a la burguesía, asumen sus
inevitables propios fracasos y le arrebatan sus posiciones al viejo orden. Y
como la victoria del proletariado será al mismo tiempo el dominio sobre la
burguesía vencida, como durante el choque de las clases antagónicas la
derrota de una clase significa el dominio de la otra, la fase inicial de la
revolución socialista será el dominio político del proletariado sobre la
burguesía: La dictadura del proletariado, la conquista del Poder por el
proletariado, ejercida a través de sus consejos de obreros, con su Partido al
frente. He aquí por dónde ha de comenzar la revolución socialista. Esto
quiere decir que mientras la burguesía no esté completamente vencida, el
proletariado debe ineludiblemente tener a su disposición una fuerza militar,
debe indefectiblemente disponer de su propia “Guardia
Roja Proletaria” y milicia armada, con ayuda de la cual rechace los
ataques contrarrevolucionarios de la burguesía agonizante.
La
dictadura omnímoda del proletariado sobre la burguesía es imprescindible,
pues, para que con su ayuda el proletariado pueda expropiar a la burguesía la
tierra, los bosques, las fábricas, las máquinas, los ferrocarriles, el
capital, etc. Tal es el medio principal y decisivo con cuya ayuda el
proletariado derrocará el régimen capitalista. De este principio general se
derivan, precisamente, todas las demás concepciones tácticas. Las huelgas,
el boicot, las manifestaciones, etc., tienen importancia tan sólo en tanto en
cuanto contribuyen a la organización del proletariado, al fortalecimiento y
ampliación de su organización para llevar a cabo la revolución. Tienen
importancia, en cuanto sirven al desarrollo de la forma principal de lucha y
de organización: la guerra popular. Así pues, para la realización del
socialismo en nuestro país y en función de las condiciones objetivas de la
lucha de clases aquí, es necesaria la revolución socialista por el camino de
la guerra popular, y la revolución socialista ha de comenzar por la dictadura
del proletariado, es decir, el proletariado debe tomar en sus manos el Poder,
para con su ayuda expropiar a la burguesía. Pero para todo esto son
necesarias la organización del proletariado, la cohesión del proletariado,
su unificación, la creación de fuertes organizaciones de masas y su
crecimiento incesante; pero lo principal hoy es la reconstitución del
Partido, pues el elemento imprescindible que genera y encauza lo anterior.
¿Qué
formas han de adoptar las organizaciones del proletariado? Las organizaciones
más extendidas y de masas son los sindicatos. El objetivo de los sindicatos
es la lucha, principalmente contra el capital, por el mejoramiento y
mantenimiento de la situación de los obreros en el marco del capitalismo. Los
sindicatos son necesarios de forma indiscutible para el proletariado como
medios que organizan a las masas proletarias. Naturalmente los
marxistas-leninistas-maoístas hemos de asirnos a estas formas de
organización, consolidarlas y fortalecerlas en tanto y cuanto lo permitan las
condiciones políticas.
Pero
los sindicatos por sí solos no pueden satisfacer las necesidades de
organización del proletariado en lucha. Esto es debido a que los sindicatos
no pueden rebasar los marcos del capitalismo, pues su objetivo es el
mejoramiento de la situación de los obreros, en el marco del capitalismo, por
cuanto los obreros anhelan liberarse por completo de la esclavitud
capitalista, anhelan romper esos mismos marcos, y no sólo moverse en los
marcos del capitalismo. En consecuencia, hace falta además una organización
que reúna en su torno a los elementos conscientes de los obreros de todas las
profesiones, convierta al proletariado en una clase consciente y se proponga
como su principal objetivo derrocar el orden capitalista, preparar e iniciar
la guerra popular y conjurar los intentos de restauración capitalista. Tal
organización es el Partido Comunista. Este Partido ha de ser un partido de
clase, totalmente independiente de los demás partidos, dotado con concepción
propia, con doctrina propia, con objetivos propios, con meta común a la del
proletariado internacional; hasta en su composición orgánica ha de ser
mayoría proletaria, pues no puede ocurrir, como pasaba en la URSS, en 1950,
que la mayoría del Partido eran funcionarios y la clase representaba tan
sólo una minoría. Este Partido ha de ser un partido revolucionario, saber
cómo tomar el Poder y mantenerlo, y eso porque la emancipación de la clase
obrera sólo es posible por la vía revolucionaria, por la violencia
revolucionaria; todo esto desarrollado en dura lucha de dos líneas. Este
partido ha de ser un partido ante todo internacionalista, no puede quedar
restringido a los estrechos marcos nacionales, y eso porque la emancipación
de los obreros no es un problema nacional, sino un problema social, que tiene
idéntica importancia para el proletariado de todos los pueblos y naciones. De
ahí resulta que, cuanto más estrechamente están unidos los proletarios de
las diversas naciones y pueblos, cuanto más radicalmente sean demolidas las
barreras nacionales levantadas entre ellos, tanto más fuerte ha de ser el
partido proletario, tanto más fácil será la organización del proletariado
en una única clase indivisible.
Las
puertas del Partido proletario han de estar abiertas a cada proletario
consciente que demuestre su condición comunista en teoría y en práctica. Es
necesario que este partido aplique en sus organizaciones el centralismo
democrático como principio de organización en oposición al fraccionamiento
federalista. El Partido ha de tomar como ejemplo de organización al
ejército, con disciplina propia, con una única voluntad y flexibilidad.
Así, el Partido, como forma de organización genuina del proletariado, es la
forma más alta que puede tomar la organización proletaria, el ejército ha
de ser su forma principal de organización y el frente como su tercer
instrumento para la toma del Poder por medio de la violencia revolucionaria.
La
nueva época, y más la futura nueva gran ola de la revolución proletaria
mundial, plantea que las organizaciones sean clandestinas, puesto que, el paso
a las acciones revolucionarias significará la disolución de las
organizaciones legales por los aparatos represivos del Estado burgués. Es
necesario que para la construcción de dichas organizaciones clandestinas, el
proletariado se deshaga, pase por encima de los líderes oportunistas y
liquidadores, que hoy dominan en las organizaciones de clase, aislando y,
finalmente, destruyendo sus organizaciones revisionistas instrumentos de la
burguesía en nuestras filas. No olvidar jamas este principio, que su
negación nos delatará hoy al revisionismo: ¡El Partido ha de ser construido
en torno al fusil, y desarrollar interrelacionadamente los tres instrumentos
de la revolución: Partido, ejército y frente!. Así pues, el Partido
proletario ha de ser un partido militarizado y la construcción concéntrica
de los tres instrumentos, se debe afrontar desde el inicio de la
reconstitución, en lucha contra el revisionismo. La militarización de los
partidos comunistas, es base política que tiene contenido estratégico; es el
conjunto de transformaciones, cambios y reajustes, que necesita para iniciar y
dirigir la guerra popular como forma principal de lucha y organización, que
genere el nuevo Estado. Esta militarización es clave para desarrollar la
revolución de nueva democracia, la socialista y las culturales proletarias
necesarias.
Como
síntesis de lo expuesto (más ampliamente desarrollado en Bandera Roja nº
12) deducimos que, el Partido proletario ha de construirse sobre la base
ideológica del marxismo-leninismo-maoísmo, construir simultáneamente lo
organizativo en el fragor de la lucha de clases, la lucha de dos líneas y el
batallar sin tregua contra el revisionismo, con una dirección única y una
jefatura, todo ello enmarcado en función de la lucha armada para la conquista
del Poder.
¿Cuáles
han de ser las relaciones mutuas entre el Partido, por un lado y las
organizaciones de masas por otro? ¿Deben ser independientes unas de otras, no
estar ligadas al Partido? Las organizaciones económicas y reivindicativas, si
no están en estrecha relación, ligadas y adheridas al Partido, reducen sus
objetivos, olvidan los intereses generales de la clase obrera e infieren un
gran daño al proletariado, además niegan la necesidad incuestionable del
Partido, su carácter de clase y la dirección del sector más resuelto de la
clase. Por estas razones, es necesario que las organizaciones económicas y de
masas estén sujetas al Partido, asuman su plena dirección ideológica y
política. Sólo bajo estas condiciones, las organizaciones de masas se
convertirán en auténticos instrumentos al servicio de la clase, en escuelas
populares de la clase que organicen, en una lucha consciente y consecuente, al
proletariado.
Estos
son, en líneas generales, los rasgos característicos del socialismo
científico. ¿Cómo consideran los anarquistas el socialismo científico?
Ante todo es necesario saber que el socialismo científico no es hoy
simplemente una doctrina filosófica, es la doctrina que las masas proletarias
y populares, han hecho suya en lucha, su bandera. Las masas proletarias y
populares de los pueblos oprimidos del mundo y la clase obrera, la veneran.
Por lo tanto, Marx, Engels, Lenin, Stalin, el Presidente Mao, el Presidente
Gonzalo y el Pte. Víctor en nuestro país, no son simplemente los fundadores
y sustentadores de una “escuela”
filosófica cualquiera, son los jefes reconocidos vivos del movimiento obrero
vivo que crece y se fortalece depurándose de sus lacras cada día. Quien
luche contra esta doctrina, quien quiera “echarla
por tierra”, debe tener en cuesta esto para no estrellarse estérilmente
en una guerra desigual. Esto lo saben bien los anarquistas. Por eso en la
lucha contra el marxismo-leninismo-maísmo recurren a su arma acostumbrada.
Este procedimiento consiste en acusarnos de “plagio
literario”.
Pero,
antes de continuar deberíamos preguntarnos ¿poseen los anarquistas un nuevo
estudio de la producción capitalista? ¿Han refutado El
Capital? ¡No, de ninguna manera! O quizás, armados de “nuevos hechos” y de un método “inductivo”,
¿ refutan “científicamente” el
“evangelio” del comunismo: el
“Manifiesto Comunista”? ¡No!
Acusan
a Marx y Engels de haber plagiado el Manifiesto Comunista. Resulta, según
los anarquistas, que Marx y Engels, por ejemplo, no tienen nada de su propia
cosecha, que el socialismo científico es una invención, y todo esto porque
dicen que el Manifiesto Comunista ha sido “usurpado”
desde el comienzo hasta el fin, del “Manifiesto
de Víctor Considérant”. Esto resultará muy cómico para quien haya
tenido la precaución, antes de ponerse eructar tonterías de este tipo, de
leer e informarse un poco.
Han
reiterado tanto, estos “Basilios”,
esta cantinela de “comadres”,
que merece la pena analizarla y aclararla de una vez por todas. Los más
considerados anarquistas, de los que se dedican a esparcir estiércol por
doquier, dicen: “Toda la parte
teórica del Manifiesto Comunista, a saber, los capítulos primero y
segundo... están tomados de V. Considérant. Por consiguiente, el Manifiesto
de Marx y Engels [esta biblia de la democracia revolucionaria legal] no
representa más que una torpe perífrasis del Manifiesto de V. Considérant.
Marx y Engels no sólo se apropiaron del contenido del Manifiesto de
Considérant, sino que... tomaron hasta algunos títulos”. “Se
puede afirmar resueltamente que su [de Marx y Engels] principal obra [el
Manifiesto Comunista] es un simple robo [plagio], un robo desvergonzado, pero
lo copiaron no, palabra, por palabra como hacen los ladrones corrientes, sino
que robaron sólo las ideas y las teorías...”.
Así,
resulta que el socialismo científico con sus fundamentos “ha sido robado” del Manifiesto de Considérant. ¿Existen
fundamentos para tal afirmación? ¿Quién es V. Considérant? ¿Quién es C.
Marx? V. Considéran, falleció en 1893, era un discípulo del utopista
Fourier y continuó siéndolo de forma incorregible, que consideraba que la
salvación de Francia estaba en la conciliación de todas las clases sociales.
Carlos Marx, falleció en 1883, era materialista, enemigo de los utopistas, y
veía la garantía de la emancipación de la humanidad en el desarrollo de las
fuerzas productivas y en la lucha de clases.
¿Qué
hay de común entre ambos? La base del socialismo científico es la teoría
materialista de Marx y Engels. Partiendo de este punto de vista, el desarrollo
de la vida social es determinado plenamente por el desarrollo de las fuerzas
productivas. Si el régimen burgués siguió al feudalismo, la causa de esto
fue el desarrollo de las fuerzas productivas que hizo inevitable el
surguimiento, ascenso y triunfo de la burguesía. Si al régimen burgués ha
de seguir de manera inevitable el socialismo, es debido al desarrollo de las
fuerzas productivas. De ahí emana la necesidad histórica de la destrucción
del capitalismo y de la instauración del comunismo. De ahí emana también la
tesis marxista que dice que debemos buscar nuestros ideales en la historia del
desarrollo de las fuerzas productivas y no en las cabezas de los hombres. Esta
es la base teórica del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.
¿Dice
algo semejante el “Manifiesto democrá ático” de Considérant?
¿Sostiene Considéran un punto de vista materialista? Ningún anarquista
puede afirmar (salvo que pretenda mentir como un vil bellaco) que el “Manifiesto democrático” y el propio Considérant, confirmen
una condición materialista. Muy al contrario, Considérant es conocido en la
historia del socialismo como un idealista utópico. Estos peregrinos críticos
anarquistas, se dedican a decir vaciedades, a expandir su propia porquería
con una manguera para tratar de enlodarlo todo, y ni tan siquiera son capaces
de distinguir entre idealismo y materialismo. La base del materialismo
científico es la doctrina sobre la lucha inconciliable de clases. La lucha de
clases del proletariado es el arma por medio de la cual éste conquistará el
poder y destruirá a la burguesía para instaurar el comunismo. Tal es la base
táctica del socialismo científico expuesta por Marx y Engels en el
Manifiesto Comunista. ¿Se dice algo semejante en el “Manifiesto
democrático” de Considérant?
¿Reconoce
Considérant la lucha de clases como la mejor arma en manos del proletariado?
En el “Manifiesto democrático”
de Considérant no se dice ninguna palabra sobre esto, él se refiere
solamente a la lucha de clases como un hecho lamentable. Es más, a este
respecto el “Manifiesto democrático”
de Considérant, dice: “El capital, el
trabajo y los talentos: he aquí los tres elementos fundamentales de la
producción, las tres fuentes de la riqueza, las tres ruedas del mecanismo
industrial... Las tres clases que los representan, tienen “intereses comunes”;
su misión consiste en “obligar a las máquinas a trabajar para los
capitalistas y para el pueblo...” Ante ellos... se alza el grandioso
objetivo de unir a todas las clases mediante la unidad de la nación..”.
¡Todas
las clases, uníos! He aquí el principio básico y consigna que proclama V.
Considérant en su “Manifiesto democrático”. ¿Qué hay de común entre
esta táctica de conciliación de clases y la táctica de lucha inconciliable
de clases de Marx y Engels? ¿En qué se parece el llamamiento resuelto
¡Proletarios de todos los países, uníos contra todas las clases
antiproletarias!? Naturalmente, no hay nada en común. Es más, el “Manifiesto
democrático” de Considéran ¿no nos suena al más crudo y puro
fascismo?
Por
si los anteriores argumentos no les sirven a estos calumniadores, hay otra
circunstancia a tener en cuentas. V. Considérant vivió hasta 1893; en 1843
publicó su “Manifiesto democrático”.
Marx y Engels escribieron, a fines de 1847, el Manifiesto Comunista. Desde
entonces el Manifiesto Comunista se ha reeditado, y continúa haciéndose
repetidas veces en todas las lenguas. Es sabido que Marx y Engels hicieron
época con el Manifiesto Comunista. A pesar de eso, ni Considérant ni sus
amigos, declararon nunca que Marx y Engels habían robado el “socialismo”
del “Manifiesto” de Considérant. ¿Qué induce entonces a estos
arribistas, perdón, a estos sabios anarquistas, a decir tantas tonterías?
¿Por casualidad conocen mejor que nadie el Manifiesto de Considérant? O tal
vez ¿Presuponen que Considérant
y sus partidarios no leyeron el Manifiesto Comunista?
Pero
digamos ¡Basta! ¡Basta! Porque nos encontramos ante el colmo de la estupidez
en su grado más superlativo. Pasemos al fondo de la crítica, a su esencia.
Los anarquistas, de siempre han sido atacados de un mal, una enfermedad
incurable: adolecen de criticar a los partidos de sus adversarios, pero ni tan
siquiera se molestan en conocer las posiciones de estos partidos. Hemos visto
como, los anarquistas, han procedido así al “criticar”
el materialismo dialéctico. Así actúan también cuando critican el
socialismo científico.
Veamos
el siguiente hecho. Es sabido que entre los marxistas-leninistas-maoístas y
los revisionistas y socialdemócratas existen divergencias de principio.
¿Quién no conoce que los segundos niegan el marxismo, la teoría
materialista
dialéctica, su método dialéctico, su programa, la lucha de clases, etc.,
mientras que los auténticos comunistas se basan enteramente en el marxismo?
Para quienes hayan oído, aunque sea vagamente, de la polémica entre ambos,
es obvio la existencia de diferencias de principio. Pues bien, para los
anarquistas, estas diferencias no existen, meten en un mismo saco a
revisionistas, socialdemócratas y comunistas, dicen que todos son marxistas.
Es
un hecho incuestionable, que los anarquistas siempre se han prodigado en sus
ataques a los grandes jefes reconocidos por millones de obreros y masas del
mundo. Arreciando y siendo a veces sus críticas más encarnizadas que las de
los propios reaccionarios e imperialistas, dicen de Lenin que con él se
frustró el poder de los soviets. Arremeten contra Pte. Mao, señalando que
era un nacionalista. Calumnian al Pte. Gonzalo con las mismas armas que están
utilizando el imperialismo y el revisionismo. A esto se reduce el conocimiento
que estos adoradores del idealismo y la metafísica, tienen de los principios
del comunismo y de los grandes jefes del proletariado combatiente.
Después
de todo esto resulta claro, de por sí, hasta qué punto es fundada su “crítica
científica” sobre el marxismo. La principal crítica y acusación de
los anarquistas consiste en que éstos no reconocen a los comunistas como
auténticos “socialistas” y nos
dicen: “vosotros no sois socialistas, vosotros sois enemigos del socialismo”.
Al respecto escribe Kropotkin: “Nosotros
llegamos a otras conclusiones que la mayoría de los economistas... de la
escuela socialdemócrata... Nosotros... llegamos hasta el comunismo
libertario, mientras que la mayoría de los socialistas llega hasta el
capitalismo de Estado y el colectivismo”. Ahora bien, ¿en qué consiste
el “capitalismo de Estado” y el “colectivismo”
de los socialdemócratas, según lo entiende Kropotkin? Continua diciendo: “Los
socialistas alemanes dicen que todas las riquezas acumuladas deben ser
concentradas en manos del Estado, que las pondrá a disposición de las
asociaciones obreras, organizará la producción y el cambio y velará por la
vida y el trabajo de la sociedad”. Continúa más adelante: “En
sus proyectos... los colectivistas cometen... un doble error. Quieren destruir
el régimen capitalista, y a la vez conservan dos instituciones que
constituyen el fundamento de este régimen: el gobierno representativo y el
trabajo asalariado... El colectivismo, como es sabido... conserva... el
trabajo asalariado. Lo único que ocurre es que... el gobierno
representativo... pasa a reemplazar al patrono... se reservan el derecho de
utilizar en interés de todos la plusvalía obtenida de la producción.
Además, en este sistema se establece diferencia... entre el trabajo del
obrero y el trabajo de una persona instruida: el trabajo del peón, a juicio
del colectivista, es un trabajo simple, mientras que el artesano, el
ingeniero, el hombre de ciencia, etc., se ocupan de lo que Marx llama trabajo
complejo, y tienen derecho a un salario superior... Así, pues, los obreros
recibirán los productos que les son necesarios, no según sus necesidades,
sino según los servicios proporcionalmente prestados a la sociedad”.
Esta
es la primera acusación de los anarquistas contra los comunistas. Así, de
sus razonamientos se desprende que:
I.
En
opinión de los comunistas, el comunismo es imposible sin gobierno, que en
calidad de dueño principal ha de contratar a los obreros y ha de tener
indefectiblemente “ministros..., policías, confidentes”.
II.
En
el comunismo, en opinión de los comunistas, no será destruida la división
en trabajo “bruto” y “fino”, en ella se rechazará el principio: “a
cada uno según sus necesidades”, y será reconocido otro principio: “a
cada uno, según sus méritos”.
Basándose
en estos puntos, levantan su la acusación contra los comunistas. ¿Tiene
algún fundamento esta acusación? La visión de los anarquistas no es más
que una visión poco meditada y una calumnia hecha con toda la mala fe de que
son capaces estos adoradores del idealismo y la metafísica. Es la visión de
quienes carecen argumentos para la crítica y hacen la lectura deseada a su
imagen de aquello con lo que desean criticar.
Veamos
los siguientes hechos. En el año 1846, Marx dice en “Miseria de la
filosofía”: “La clase obrera,
en el curso de su desarrollo, colocará en el lugar de la vieja sociedad
burguesa una asociación que excluya las clases y su antagonismo; no habrá ya
poder político propiamente dicho...”. Un año después expresaban el
mismo pensamiento Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. En 1877, Engels
manifestaba en el “Anti-Dühring”:
“El primer acto en que el Estado se
manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de
posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par
su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad
del Estado en las relaciones sociales se hará poco a poco superflua en campo
tras otro de la vida social y se extinguirá por sí misma...”. Siete
años después, en su escrito sobre el “Origen
la familia, de la propiedad privada y del Estado” nos dice: “Por
tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las
arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado... Al llegar a
una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada
necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo
que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso
veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas
clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un
obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo
tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases
desaparecerá á inevitablemente el Estado. La sociedad, organizando de
un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de
productores, enviará toda máquina del Estado al lugar que entonces le ha de
corresponder: al museo de las antigüedades, junto a la rueca y al hacha de
bronce”.
Como
se ve, en la posición de los comunistas, en el comunismo no habrá lugar para
el denominado Estado, para el Poder político con sus ministros, policías,
ejército, etc. La última fase de la denominada existencia del Estado será
el período de la revolución socialista, desde el momento en que el
proletariado conquiste el Poder y desarrolle su dictadura omnímoda sobre la
burguesía, sobre la base de los consejos obreros, el mar armado de masas
concretado en la milicia armada y el desenvolvimiento de cuantas revoluciones
culturales proletarias y guerra popular necesarios para la destrucción
definitiva de la burguesía y todos sus resquicios. Pero, en cuanto sea
destruida la burguesía, cuando sean destruidas las clases, cuando se
consolide el socialismo en el mundo, no habrá ninguna traba que impida la
entrada de todos o ninguno al comunismo. Entonces no habrá ningún Poder
político, y el llamado Estado será relegado a los dominios de la historia.
En consecuencia, la acusación de los anarquistas al respecto es una calumnia
carente de todo fundamento.
En
cuanto a la segunda acusación de los anarquistas, Marx dice claramente lo
siguiente: “En la fase superior de la
sociedad comunista (es decir, socialista), después de que desaparezca la
subordinación del hombre a la división del trabajo, subordinación que
esclaviza a aquél; cuando desaparezca, a la par de esto, es contraste entre
el trabajo intelectual y manual, cuando el trabajo... se convierta en una
necesidad primordial de la vida; cuando, juntamente con el desarrollo de los
individuos en todos los aspectos, crezcan también las fuerzas productivas...,
sólo entonces se podrá superar por completo el estrecho horizonte del
derecho burgués, y la sociedad podrá á inscribir en su bandera: ‘de
dada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades’”.
Como vemos la exposición de Marx sobre la futura sociedad comunista es clara
y categórica. ¿Qué habrán querido ver los anarquistas?
Los comunistas siempre hemos entendido que la fase superior del
socialismo (es decir en las puertas del comunismo), es un régimen en el que
la división del trabajo “bruto”
y “fino”, y la contradicción entre el trabajo intelectual y manual
serán eliminadas totalmente, el trabajo será nivelado y en la sociedad
reinará completamente el principio comunista: de cada uno según, su
capacidad; a cada uno, según sus necesidades; y que en dicha sociedad no
habrá lugar para el trabajo asalariado. En cualquier escrito de los grandes
maestros y guías del proletariado, se podrá ver con luz clara y precisa, que
las acusaciones de los anarquistas son una total falsedad. Pero, ¿por qué
hacen tales acusaciones del todo falsas los anarquistas¿ La respuesta a estos
interrogantes sólo podemos encontrarla en el hecho de que ni tan siquiera se
han leído los principios establecidos por Marx y, únicamente se dedican a
criticar como “Basilios”, o bien
conocen los principios que nos guían, pero no les queda otra salida que
dedicarse a mentir y falsear descaradamente.
La
segunda crítica y acusación de los anarquistas, estriba en que niegan el
carácter revolucionario de los comunistas. Nos dicen que nosotros no somos
revolucionarios, que negamos la revolución violenta, que queremos implantar
el socialismo sólo mediante elecciones. ¿Pueden sostenerse tales
acusaciones? Basta con ser capaces de dar un vistazo a la historia, en los
últimos 80 años, para no soltar una estruendosa carcajada ante tan estúpida
acusación.
¿Acaso
se conquistó el Poder el Rusia por medios pacíficos y papeletas electorales?
¿Qué nos dicen de China? ¿Qué de los más de diecinueve años de guerra
popular en el Perú y la posteriormente iniciada en Nepal? En la etapa
superior y última de la ideología del proletariado, y como continuación de
lo establecido en el Manifiesto Comunista, el Presidente Mao nos sintetiza
estableciendo e principio incuestionable para todo aquel que se precie de ser
comunista: “El
Poder nace del cañón del fusil”.
¿Qué
dicen al respecto los anarquistas? “A
los Socialdemócratas (léase comunistas)...,
les gusta declarar sobre el tema de la ‘revolución’, de la ‘lucha
revolucionaria’, de la ‘lucha con las armas en la mano’... Pero si,
llevados de la ingenuidad, les pedís armas, os entregarán solemnemente una
papeleta para depositar el voto en la urna electoral... que la única táctica
conveniente, adecuada a los revolucionarios, es el parlamentarismo pacífico y
legal con el juramento de fidelidad al capitalismo, al Poder establecido y a
todo el régimen burgués vigente”.
Nada
más lejos de la realidad. La historia y los hechos, han demostrado
fehacientemente la falsedad de estas calumnias sobre los comunistas. ¿Dónde
han llevado al movimiento obrero la bomba y la acción individual, prédica
constante de los anarquistas? A ninguna parte. Los hechos históricos han
demostrado que dicha táctica sólo sirve a quiénes tratan de desviar al
proletariado del justo y correcto camino de la guerra popular, enfrentando
lucha armada contra lucha armada. Los que sólo ven la bomba y la acción
individual aislada de la lucha de clases, como única acción revolucionaria,
solo buscan el desgaste de la clase y, a la larga, son los que tratan de
encaminarnos hacia acciones legales o ilegales sin salida, que el estado
imperialista puede asumir como males menores.
Desde
luego, nosotros los comunistas, siempre hemos dejado claro, de palabra y obra,
que nos forjamos y bregamos por organiza al proletariado en la perspectiva de
la guerra popular y el Poder para el Partido y la clase obrera. Este es el
único modo en que se puede servir a la clase. Pero parece ser, que la
testarudez de los hechos no les basta a los anarquistas.
Al
igual que Marx y Engels, seguimos reafirmándonos en los principios por ellos
establecidos: “Los comunistas
consideran indigno ocultar sus conceptos y propósitos. Proclaman abiertamente
que sus objetivos no pueden ser alcanzados sino por el derrumbamiento violento
de todo orden social vigente. ¡Qué las clases dirigentes tiemblen ante la
Revolución comunista! Los proletarios no tienen nada que perder en ella más
que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!”
En
1850, ante la inminencia de un nuevo alzamiento en Alemania, Marx decía a sus
camaradas alemanes: “Las armas y
municiones no deben ser entregadas bajo ningún pretexto..., los obreros
deben... organizarse en Guardia proletaria independiente, con sus propios
jefes y su propio Estado mayor central...”. Esto “...deben tenerlo en cuenta durante la insurrección inminente y
después”. En los años 1851-52, decían: “...Una vez comenzada la
insurrección, es necesario actuar con la mayor decisión y pasar a la
ofensiva. La defensiva es la muerte de toda insurrección armada... Es
necesario sorprender desprevenido al adversario mientras sus fuerzas están
aún dispersas; es necesario conseguir cada día nuevos éxitos, aunque sean
pequeños... es necesario obligar al enemigo a retroceder, antes de que pueda
reunir sus fuerzas contra ti; en suma, actúa según las palabras de Danton,
el más grande maestro de táctica revolucionaria que conoce la historia: ‘De
l´audace, de l´audace, encore de laudace´”
A
la vista están los principios que nos guían. Entonces ¿qué tienen que ver
las acusaciones que nos hacen con estos? Para los comunistas, no se trata
únicamente de solicitar el voto a los obreros, sino todo lo contrario. Pero,
lo que si hemos de reconocer es que, en las circunstancias históricas en que
los Partidos comunistas han solicitado el voto a los obreros, esto no ha sido
un fin en si mismo, sino que los auténticos comunistas siempre han utilizado
las elecciones como instrumento para organizar a la clase obrera en la
perspectiva de la toma violenta del Poder y la destrucción del Estado
burgués; siempre han utilizado el escaño parlamentario como un instrumento
más para atacar y destruir el propio Parlamento burgués desde dentro, nunca
para hacer política fiscalizadora. Esta, y no otra, ha sido la correcta
acción de los comunistas con el voto y las elecciones burguesas.
Para
finalizar, recordemos un poco la historia y veamos lo que Marx y decía sobre
los acontecimientos de la Comuna de París, cuando ésta renunció, tras el
total control de París, a atacar el nido de víboras contrarrevolucionarias
de Versalles: “¡Qué flexibilidad,
qué iniciativa histórica y qué capacidad de sacrificio tienen estos
parisinos! ¡Después de seis meses de hambre.... se sublevan estando bajo la
amenaza directa de las bayonetas prusianas! La historia no conoce todavía
otro ejemplo de heroísmo semejante. Si son vencidos, la culpa no será más
que de su ‘magnanimidad’. Se debía haber emprendido inmediatamente la
ofensiva contra Versalles, en cuanto Vinoy y tras él la parte reaccionaria de
la Guardia Nacional de París abandonaron el campo. Se dejó pasar el momento
oportuno por escrúpulos de conciencia. No quisieron comenzar la guerra civil,
¡cómo si el monstruoso engendro de Thiers no la hubiera iniciado ya con su
tentativa de desarmar a París!”
¿Encierran
acaso las palabras de Marx algún llamado, en esas circunstancias, a los
parisinos a las elecciones y al parlamentarismo? Obviamente, todo lo
contrario. Por lo que claramente podemos ver, Marx nunca estuvo conforme con
la actitud pasiva de los parisinos y su magnanimidad ante el nido de la
contrarrevolución de Versalles. De esta forma es como pensaban y actuaban
Marx y Engels. Así es como seguimos pensando y actuando los comunistas hoy.
Contrariamente, los anarquistas continúan pregonando, una y otra vez, sus
calumnias contra Marx y Engels, cuando dicen: “¡A
Marx y Engels y a sus secuaces sólo les interesan las papeletas electorales:
no reconocen las acciones revolucionarias violentas!”.
Como
estamos viendo, las acusaciones de los anarquistas carecen de total
fundamento, y lo que realmente manifiestan es una total ignorancia y una
desmesurada pasión por la calumnia, hacia los comunistas. Pero, aún hay
quienes nos dirán que el anarquismo de hoy no es el mismo que el del siglo
pasado, que han evolucionado y sacado lecciones históricas. A estos les
respondemos, trasladándonos en el tiempo, que es totalmente falsa tal
evolución, que careciendo de un correcto método de análisis y perspectivas,
no han comprendido nada del desarrollo y experiencias del movimiento obrero y
continúan constituyendo un freno para el correcto desarrollo del movimiento
revolucionario, necesario de la clase obrera.
Veamos,
sino, a la luz de los hechos y ante la reciente “Huelga General del 27 de enero”, las posiciones y alternativas de
los anarquistas y comparémoslas con las posiciones y alternativas del Partido
Comunista de España.
Sumándose
a la convocatoria de los oportunistas, quienes una vez más se disponían a
cabalgar por encima de los intereses de la clase y utilizarla para sus propios
fines, los anarquistas decían: “Los
Cenetistas consideramos que hay frenar el actual ataque al que nos somete el
capitalismo y su gobierno defensor. Pero sacando experiencias de las
anteriores movilizaciones, proponemos a todos los trabajadores y ciudadanos la
realización de una Huelga General, esto es, una acción que acabe cuando se
consigna hacer retroceder a los explotadores en sus ansias opresoras: el
despido libre, el empleo precario, la congelación salarial, el aumento de los
productos de primera necesidad.”
“Contra
ello la C.N.T. propone: las 30 h. semanales sin reducción de salario; el
pleno empleo para todos; la economía no competitiva; la congelación de los
precios; la ocupación por parte de los trabajadores de aquellas empresas que
cierren; la retirada de subvenciones a iglesias, partidos y sindicatos;
aplicar el salario mínimo a políticos, militares y altos cargos." ...
"Es necesario crear un movimiento social radical pero contra aquello que
nos empobrecen: los banqueros y las multinacionales. Así pues, la Huelga
General SI pero sin servicios mínimos,...”. Digamos ya basta y defendamos
nuestra dignidad.”
¿No
eran los anarquistas quienes acusaban a los comunistas de pretender
únicamente llegar hasta el capitalismo
de estado y el colectivismo, mientras que ellos pretenden alcanzar lo que
denominan Comunismo Libertario? Sin
ánimo de ser malintencionados, podemos deducir que su Programa recoge la
esencia de lo que será la sociedad por la que ellos aspiran. Ante lo cual nos
preguntamos: ¿No han acusado permanentemente los anarquistas a los marxistas
de renunciar a los objetivos revolucionarios en aras de conservar la esencia
del estado burgués? ¿No era Kropotkin quien acusaba a los comunistas de no
atacar la esencia de la base económica sobre la que se sustenta la sociedad
burguesa: el trabajo asalariado? ¿Dónde ha quedado su oposición
revolucionaria al Estado cuando, para nada, recogen en su programa la
destrucción de éste? Plantear la aplicación de salario mínimo a “políticos,
militares y altos cargos”, sin atacar la esencia del estado, ¿no es
entrar a fiscalizar, que no cuestionar, el estado burgués?.
Si estas las máximas de su programa, en lo que respecta al Estado y
sus pilares, no hay más que compararlas con las citas, que hemos sacado de
los principios establecidos por C. Marx, para ver claramente dónde están los
principios revolucionarios de la clase y dónde la palabrería vacía de todo
contenido de clase revolucionario. En momentos históricos pasados han hablado
de la necesidad de un movimiento revolucionario; hoy, a lo sumo, su propuesta
de necesidad para la clase obrera no va más allá de un “movimiento social radical y solidario”. Cuando tenían que
enfrentarse, como agentes de la burguesía en las filas de la clase, con el
auténtico movimiento revolucionario de la clase obrera impulsado por su
Partido Comunista se llenaban la boca de palabras altisonantes sobre la
revolución; hoy que el movimiento obrero se encuentra viviendo un momento de
repliegue político general les asusta hablar claramente de revolución. En el
pasado hablaban de clase obrera, clase trabajadora, hoy dicen que no hay clase
obrera y hablan de “movimiento social”, ¿de qué parte de la sociedad?
¿Han dejado de existir las clases y la lucha de clases en la sociedad? Si no
es así, ¿por qué no referirse entonces a la clase obrera como clase
auténticamente revolucionaria y a su aliado el campesinado? Y, ¿cuál es la
receta milagrosa para lograr el programa que plantean hoy los anarquistas?
Según ellos vasta con desarrollar una “Huelga
General” para así derrotar a la burguesía y a su estado. ¿Es que no
ha demostrado hasta la saciedad el desarrollo de las experiencias del
movimiento obrero, que la huelga general no es más que un instrumento para la
defensa de lo logrado, la concienciación y organización de la clase obrera
en la perspectiva de metas más altas? Es más, en el hipotético caso de que
la “Huelga General” recogiese en
su programa la destrucción del Estado, ¿en qué cabeza podría hoy caber
así se lograría esta meta?
Los
hechos y la historia han demostrado que sólo con una teoría revolucionaria
se pueden alcanzar metas revolucionarias, y los anarquistas carecen de la
necesaria teoría revolucionaria; la experiencia del movimiento obrero a
demostrado patentemente que únicamente con las armas se conquistan y
defienden los derechos. La “Huelga
General”, como método de lucha del proletariado, no es más uno de los
múltiples instrumentos para derrocar a la burguesía, a lo sumo podría
obligar al Estado a cambiar un Gobierno dejando intactas las instituciones del
mismo.
La
historia ha demostrado que el proletariado ha de forjarse y organizarse en
función de preparar, iniciar o desarrollar la guerra popular, y todo
movimiento y lucha que desarrolle ha de servir a esta forma superior de lucha
desarrollada por el proletariado en su largo caminar: la violencia
revolucionaria, como partera de la historia, concretada en guerra popular bajo
la guía y dirección de su Partido Comunista. No basta con decir: “¡A
por ellos!”; para que el movimiento obrero sea consciente, tome su
destino en sus propias manos y responda al unísono, como un sólo puño de
acero, es necesario educarlo y organizarlo, haciéndole comprender la razón
de su opresión, explotación y misión histórica, y armando sus mentes y
manos, sin espirar a ningún tipo de recompensa. Sólo así estaremos
cumpliendo con las necesidades de la clase y sus metas revolucionarias y esto
es algo que no tiene objeto hoy para los anarquistas; para los cuales en el
movimiento obrero lo fundamental, hoy y mañana, es “hacer
retroceder a los explotadores en sus ansias opresoras”. Aquí terminan
sus aspiraciones revolucionarias.
Podríamos
extendernos más en el análisis y crítica de sus posiciones; pero, ¿acaso
su programa no es una sarta de medidas económicas, sin contenidos políticos
claves y que únicamente aspiran a mendigar unas reformas a la clase
dominante? ¿No es un programa cargado del más desechable economicismo
reformista y del viejo y caduco sindicalismo?
Los
hechos de aquí nos demuestran que, para estos oportunistas enmascarados, lo
fundamental hoy es recuperar su patrimonio sindical expropiado por el Estado
tras la guerra civil; como el resto de los sindicatos cabalgan por encima de
los intereses de las masas obreras; al igual que el resto de los vendeobreros
anteponen sus propios intereses a los de las masas trabajadoras, ¿acaso no
encabezaban la mayoría de sus manifestaciones del día 27 con pancartas
alusivas a esta cuestión? De palabra dicen estar contra el Estado y sus
instituciones, pero en los hechos demuestran que, al igual que el resto de los
sindicatos, los sindicatos anarquistas se alimentan de los presupuestos
generales del Estado a través de las subvenciones.
Veamos
ahora lo que en las mismas fechas decía el Partido: “Una vez más, los revisionistas viejos y nuevos, los
adoradores del viejo y caduco sindicalismo, del economicismo..., desde
anarquistas a socialdemócratas, organizaciones corporativas, etc., protestan
con sus bocas pequeñas ante las medidas de choque económico emprendidas por
el gobierno y convocan a nuestra clase a una jornada de huelga general.
¿Puede ser la solución a los males que padece nuestra clase esta ‘huelga
general’? No, de ninguna manera. Este no es el camino que ha de emprender la
clase obrera en nuestro país, este camino sólo puede llevar a empeorar más
aún su situación.”
“Los
sindicatos; por más que traten de enmascararse bajo algunas justas y
correctas reivindicaciones de nuestra clase, el único anhelo de
sindicalistas, revisionistas y demás adoradores del economicismo, no es otro
que un nuevo ‘pacto social’. En lo inmediato el ‘pacto’ servirá para
negar la lucha de clases, hacer prevalecer el economicismo y el sindicalismo
en el seno del movimiento obrero, servir al mantenimiento del poder y la
dominación de la gran burguesía y el Estado imperialista, apuntalar el
desarrollo del Estado corporativo del gran capital y ayudarle a paliar y salir
de la crisis para que al mismo tiempo los vendeobreros puedan mantener sus
privilegios”.
“En
perspectiva apuntan desarmar a la clase obrera ante la ofensiva
contrarrevolucionaria general del imperialismo contra sus intereses y
objetivos y sabotear la necesidad de la autoorganización de ésta para la
revolución proletaria. ¡Estas son las razones fundamentales de la huelga
general convocada y no otras!”
“La esencia y carácter del Estado y de los capituladores, sus fines y
objetivos, no cambian. Cómo el lobo, estos oportunistas pueden enmascararse
bajo pieles de cordero; pero, siempre sus consignas apuntarán a salvaguardar
la mano de quienes les alimentan y, por lo tanto, a aumentar las ganancias de
la gran burguesía a costa del empobrecimiento y explotación del proletariado
y las demás masas populares.”
“Para
los marxistas-leninistas-maoístas es necesario criticar y repudiar la línea
revisionista y contrarrevolucionaria de anarquistas, revisionistas y
vendeobreros en general, para asegurar que el movimiento obrero avance
victorioso por la senda de la línea revolucionaria proletaria marcada por su
Partido.”
“Los
miopes, ignorantes, otros oportunistas y liquidadores de menor monta, nos
dirán que estamos anclados en el pasado; mas, en el seno del movimiento
obrero siempre ha existido un punto focal en la lucha entre la línea
proletaria y la línea revisionista y capituladora. Así, las lecciones
históricas nos demuestran que los revisionistas y reformistas en general han
sostenido siempre y tratado de encauzar las luchas obreras y populares hacía
el objetivo de librar una lucha económica legal, para mendigar un plato de
lentejas a la clase dominante y negar la necesidad de exigencias políticas,
de esta forma la gran burguesía puede sostener su dictadura y ellos sus
privilegios. Como viles oportunistas niegan la lucha de clases y, por lo
tanto, la necesidad de la lucha por el Poder.”
“Los
marxistas sostenemos que la cuestión fundamental para el proletariado es la
revolución y, en consecuencia: el Poder. Desde la aparición de las clases y
la lucha de clases en la historia, todas las luchas revolucionarias del mundo
tienen como objetivo tomar el Poder y consolidarlo y, por lo tanto, la tarea
central y la forma más alta de la lucha proletaria ha de ser la toma del
Poder por medio de la lucha armada, de la guerra popular.”
“¡No
hay otra solución! Reiterando en las enseñanzas históricas, estas han
demostrado feacientemente que: ¡Unicamente con la violencia revolucionaria se
conquistan y defienden los derechos!”
“Ciertamente,
las demás formas de lucha, como la organización de las masas obreras y la
lucha de las mismas, son importantes y absolutamente necesarias, no pudiendo
ser dejadas de lado nunca, pero teniendo siempre presente que el objetivo de
todas las luchas en defensa de los intereses inmediatos de las masas ha de ser
el de servir a la conquista del Poder y los objetivos finales del
proletariado. La lucha económica y por los intereses inmediatos de las masas
populares, en todo momento y lugar, ha de combinarse y elevarse al nivel de
las luchas políticas para servir al inicio de la guerra revolucionaria,
coordinarse con la toma del Poder por medio de la fuerza de las armas y servir
a su mantenimiento.”
“Recordemos
que también es absolutamente cierto que mientras el movimiento obrero se
mantenga alejado y divorciado de la lucha política, ni tan siquiera podrá
mantener sus conquistas económicas.”
“Hoy,
las tareas pendientes del proletariado en nuestro país no son otras que
eliminación de las dos montañas a las que se enfrenta: la dictadura burguesa
y el corporativismo creciente de la sociedad capitalista bajo la hegemonía
del capital financiero.”
“La
actual situación de deterioro y aumento de la explotación y opresión,
demandan más que nunca a nuestra clase y su Partido Comunista enarbolar la
consigna: ¡La rebelión se justifica!”
“En consecuencia, las tareas
centrales de los comunistas y del proletariado, han de ser las de culminar la
reconstitución del Partido para encaminarnos hacía la toma del Poder por la
senda luminosa de la guerra popular. ¡No cabe ni hay elección! Unicamente
manteniéndonos firmes en el rumbo marcado por Presidente Gonzalo y Presidente
Víctor en la declaración y acuerdos del Partido Comunista del Perú y el
Partido Comunista de España, tendremos la garantía de culminar
brillantemente nuestras tareas y compromisos al servicio del proletariado.
¿Podemos aspirar atarea más brillante?”
“Camaradas,
clase combatiente. ¡Desterremos toda colaboración con el oportunismo y la
burguesía! ¡Tomemos en nuestras manos nuestro propio destino de clase!
¡Organicemos cada lucha, cada movilización, en la perspectiva del Poder!”
Las
posiciones planteadas por el Partido son precisas y acertadas, muestran una
clara diferencia con las posiciones economicistas y reformistas planteadas por
los anarquistas hoy. Una vez más, quedan demostradas las falsas acusaciones
de los anarquistas, sus calumnias se quedan al descubierto comparando sus
posiciones con las del Partido. Esta es la suerte de su segunda acusación
sobre el marxismo y los marxistas.
Las
posiciones de unos y otros, a la vista están para quienes quieran verlas. Por
si esto fuera poco: los hechos históricos han dejado claras pruebas sobre
unos y otros.
La
tercera acusación que hacen los anarquistas, se basa en la negación del
carácter popular de los comunistas, pretenden presentarnos como burócratas y
dicen que nuestra defensa de la dictadura del proletariado, es la muerte de la
revolución, y en la medida en que nos manifestamos por esta dictadura
omnímoda del proletariado sobre la burguesía, lo hacemos también a favor de
una dictadura a secas. De hecho, dicen, estamos por implantar no una dictadura
del proletariado, sino una dictadura del Partido sobre el proletariado.
Veamos
lo que dice el señor Kropotkin al respecto: “Nosotros
los anarquistas, hemos pronunciado el veredicto definitivo sobre la
dictadura... Sabemos que toda dictadura, por honestos que sean sus
propósitos, conduce a la muerte de la revolución. Sabemos... que la idea de
la dictadura no es otra cosa que un producto pernicioso de fetichismo del
gobierno, que... siempre ha aspirado a eternizar la esclavitud.”
No
es cuestión de que examinemos aquí el concepto erróneo de Kropotkin, según
el cual toda revolución conduce a la muerte de la revolución. Si el señor
Kropotkin hubiese vivido lo suficiente para conocer el desarrollo de la
revolución y las experiencias de la dictadura del proletariado, hubiese
podido deducir su importancia cardinal para la revolución, al ver como los
revisionistas soviéticos, la primera medida que tomaron, tras hacerse con el
control del Estado, fue la de eliminar dicha dictadura, suprimir tal
condición del Estado de los soviéts, convirtiéndolo en un estado
burocrático con la tarea de reimplantar el poder de la burguesía y su
dictadura sobre el proletariado y las masas populares.
Lo
mismo ocurrió en China, Albania y los demás
países del Este, tras la restauración capitalista que eliminó la
revolución y su desarrollo.
Pero,
lo que nos interesa ahora no es analizar las experiencias históricas de la
dictadura del proletariado, sino referirnos a los puntos de partida de las
diferencias entre marxistas y anarquistas y a la esencia misma de la “acusación”
que en este punto, nos hacen los anarquistas.
Carlos
Marx y Federico Engels, nos dicen que para la implantación del socialismo el
proletariado debe conquistar la dictadura política, con el fin de rechazar,
mediante esta dictadura, los ataques contrarrevolucionarios de la burguesía y
arrebatarle los medios de producción; que dicha dictadura no ha de ser la
dictadura de unas cuantas personas sino la dictadura del proletariado como
clase.
El
Manifiesto Comunista señala claramente: “El
proletariado se valdrá á de su dominación política para ir arrancando
gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los
instrumentos de producción en manos... del proletariado organizado como clase
dominante...”. Es decir, la dictadura del proletariado será la
dictadura de toda la clase del proletariado sobre la burguesía y no la
dominación de unas cuantas personas sobre el proletariado. ¿Acaso la
experiencia histórica no ha demostrado este hecho? ¿No se ha sustentado la
dictadura del proletariado en los soviéts en Rusia y en sus denominaciones
equivalentes en los demás países socialistas, mientras la dictadura del
proletariado se mantuvo? ¿No se sustenta hoy la dictadura del proletariado,
especificada a las condiciones concretas de la lucha de clases y del
desarrollo del Nuevo Estado en el Perú, en los comités populares? Y, ¿no se
sustentará la futura dictadura del proletariado en nuestro país, tras la
toma del poder por la clase alzada en armas bajo la dirección de su Partido,
en los consejos obreros?
Lo
decimos bien claro, para que se entienda y no haya quienes se llamen a
engaños futuros. Reconstituimos el Partido para tomar el Poder, para el
Partido y la clase, y no para actuar de la misma manera que lo han venido
haciendo los revisionitas, cuyo fin no ha sido avanzar en la construcción del
socialismo en la perspectiva del comunismo, sino hacer retroceder la dictadura
del proletariado y el socialismo, hasta la reinstauración del capitalismo.
Pero, quizás las aspiraciones del revisionismo sean un deseo subjetivo de los
anarquistas no confesado. Cuantos quieran conocer y comprender lo que es
realmente la dictadura del proletariado y su significado, no tienen otra cosa
que hacer que analizar mirar a la Comuna de París, Revolución Rusa, la
Revolución China y la Gran Revolución Cultural Proletaria, y a la nueva
revolución creciente del Perú. Si resulta que la Comuna de París, la
Revolución Rusa, la Revolución China y la Gran Revolución Cultural
Proletaria, y la Revolución Peruana, fueron realmente y es la dictadura de
unas cuantas personas sobre el proletariado, entonces seremos los primeros que
digamos: ¡Abajo la dictadura del proletariado! Pero si vemos que la Comuna de
París y el resto de las revoluciones llevadas a cabo por el proletariado con
su Partido al frente fueron y es la dictadura del proletariado sobre la
burguesía y todos aquellos que se oponen al largo camino emprendido hacia el
comunismo por las legiones de hierro del proletariado, entonces, desde luego,
que nadie lo dude, no nos queda más que reírnos de todos aquellos
calumniadores, como los anarquistas, a quienes, en su lucha contra el
marxismo-leninismo-maoísmo, no les queda otra salida que inventar calumnias
para rebatir nuestra justa y correcta posición.
No
se puede hablar alegremente de dictadura a secas puesto que, mientras
subsistan las clases sociales, se expresará un tipo de dictadura u otro,
dependiendo a qué clase sirva. Por lo tanto, es claro y ciertamente, hay dos
clases de dictadura. Existen las dictaduras de una minoría, de un pequeño
grupo, dirigida contra el pueblo. Al frente de ese tipo de dictadura figura,
generalmente, una camarilla que adopta decisiones secretas y ata a la mayoría
del pueblo con una soga por el cuello. Los marxistas-leninistas-maoístas
somos los enemigos más encarnizados de tal tipo de dictadura y luchamos con
todas nuestras fuerzas contra ella. Muy al contrario de como hacen los
anarquistas quienes, para atacar el marxismo, se balen de los mismos
argumentos que utilizan el imperialismo, la reacción y el reaccionario
fascista y vendepatria de Fujimori, señalando la heroica revolución que
dirige el Partido Comunista del Perú como “terrorismo”,
llorando los muertos de la reacción –como hacen con los traidores a los
intereses del pueblo y soplones ejecutada justamente por el EGP, alegrándose
de los efímeros éxitos de los reaccionarios frente a la magnitud tomada por
la guerra popular- como hicieron tras la detención de nuestro querido Pte.
Gonzalo y vociferando y propagando, al igual que hace la reacción, la falacia
de la “rendición” del más grande comunista viviente: El Presidente
Gonzalo.
Hay
otro tipo de dictadura por la que los comunistas luchamos: la dictadura de la
mayoría proletaria, la dictadura de las masas en armas, dirigida contra la
burguesía, contra la minoría, la dictadura sustentada en los Consejos
Obreros. En tal dictadura las masas se hayan a la cabeza, aquí no hay lugar
ni para una camarilla ni para las decisiones secretas, en la dictadura del
proletariado todo se hace a la luz del día, en el trabajo, en la calle, etc.;
y eso es así porque es la dictadura de las masas, una dictadura dirigida
contra toda clase de opresores. Es nuestra dictadura porque ella significa el
comienzo de la revolución socialista, que nos permitirá , con cuantas
revoluciones Culturales Proletarias sean necesarias, avanzar hacía el
comunismo.
Los
anarquistas han confundido estos dos tipos de dictadura, que se niegan
mutuamente, cayendo en una situación ridícula al luchar contra sus propias
fantasías; combaten contra molinos de viento al igual que hiciera el
personaje de la obra de Cervantes, Don Quijote. Los anarquistas dicen luchar
contra el marxismo y la dictadura del proletariado. Mas, en realidad luchan
contra el proletariado y sus propios fantasmas. Enfermos de ignorancia,
pretender detener con calumnias la conformación, bajo la guía correcta y
dirección del Presidente Víctor, del Partido Comunista en proceso de
culminación de su reconstitución, de las futuras legiones de hierro y fuego
que aplastarán a la burguesía y a todos los reaccionarios en nuestro país,
uniéndose a la gran marea roja que eliminará el viejo y caduco imperialismo
e iniciará el rumbo hacía la construcción de la sociedad de la paz
perdurable, de la eterna armonía, sin explotados ni explotadores: El
Comunismo.
Tal
es la suerte de la tercera “acusación”
de los anarquistas sobre el marxismo.
Comité Permanente del
Comité Central
Partido Comunista de
España
15 de Abril de 1994
(Publicado en Bandera
Roja, en abril de 1994)