¡Proletarios de todos los países, uníos!

 ¡ENARBOLAR LAS ROJAS BANDERAS DEL MATERIALISMO DIALECTICO!

¡DESECHAR LAS NEGRAS BANDERAS DEL IDEALISMO Y LA METAFISICA!

 En nuestra lucha por la culminación de la reconstitución del Partido hemos de lidiar con todas aquellas corrientes ideológicas que se manifiestan entre las filas de nuestra clase.

El eje y el motor del desenvolvimiento de la sociedad actual es la lucha de clases. En el desarrollo de esta lucha de clases, cada clase se guía por su propia ideología, y ésta a su vez manifiesta diversas tendencias o corrientes. Así, no podemos considerar que en el proletariado se evidencie una única ideología como algo integral e indivisible; entre nuestra clase combatiente se revelan hoy en nuestro país tres diferentes corrientes, el marxismo-leninismo-maoísmo, el revisionismo y el anarquismo. Si bien para los marxistas-leninistas-maoístas el enemigo principal a combatir entre las filas del proletariado es el revisionismo, no podemos obviar la crítica y demarcación con las posiciones anarquistas que se expresan, fundamentalmente, en la vieja Europa y que debido a la acción de los agentes de la burguesía en nuestras filas, adquieren relativo impulso en momentos de crisis, como quedó demostrado en las movilizaciones estudiantiles y obreras de mayo del 68 en Europa -Francia principalmente- y a mediados de los 70, en el proceso de la reestructuración del Estado capitalista en nuestro país. Máxime hoy, en que las coincidencias del anarquismo con el revisionismo en la difusión del economicismo y del viejo sindicalismo entre el proletariado son sintomáticas.

Las posiciones de Proudhon, Spencer, Bakunin..., de quienes deriva el anarquismo, jugaron un papel de suma importancia en los primeros pasos de nuestra clase en nuestro país en el siglo pasado. Con la fundación del Partido se desmarcó finalmente con estas posiciones, pero aún adolecemos de una crítica elaborada marxista-leninista-maoísta, y las doctrinas anarquistas, como parte de la escoria acumulada por el proletariado en su largo caminar de luchas, continúan siendo consideradas hoy por algunos sectores de las masas en nuestro país como teoría revolucionaria, aglutinando grupos desencantados del revisionismo, desviándolos hacía alternativas utópicas ajenas a los intereses de las masas, un antimilitarismo vacío de contenido de clase y una búsqueda de alternativas individuales imposibles de lograr y que coinciden con la feroz difusión del individualismo burgués.

Desde el siglo pasado, hay quienes consideran que el marxismo y el anarquismo parten de los mismos principios, que sus únicas diferencias y discrepancias son únicamente controversias tácticas y es imposible contraponer estas dos corrientes del proletariado.

Para nuestro Partido, esto es un grabe error. Nosotros consideramos, y los hechos han demostrado, que el anarquismo es un auténtico, encarnizado y real enemigo del marxismo y, a su vez, del proletariado mismo. Por lo tanto, hay que sostener una auténtica lucha contra estos enemigos. Siendo necesario examinar y rebatir las posiciones ideológicas y políticas del anarquismo desde el principio hasta el fin y sopesarlas concienzudamente.

El marxismo y el anarquismo han sostenido una feroz lucha en las filas del proletariado. Los segundos, han tratado de presentarse ante los ojos del proletariado como una doctrina auténticamente proletaria y revolucionaria. El examen y la contraposición del anarquismo y del marxismo, en sus principios fundamentales, nos demostrarán la falsedad revolucionaria de los anarquistas. A su vez, hay quienes no consideran a los anarquistas peligrosos para el proletariado, al no contar éstos hoy con una competente influencia entre las masas. Para los marxistas-leninistas-maoístas no sirve esta consideración, la cuestión no está en quién cuenta con mayor o menor influencia entre las masas; lo fundamental está en la esencia de los principios y objetivos, de una u otra concepción. Si los principios de los anarquistas expresasen la verdad, tarde o temprano tendrían a las masas tras de sí. Pero de no ser así, su concepción se evaporará como una gota de agua en el desierto. Ahora bien, esto hay que demostrarlo manteniendo una dura y constante lucha de principios, de la misma forma que combatimos a la burguesía y al revisionismo, analizando quién es el enemigo principal en cada momento y circunstancia y criticando sus posiciones parte por parte.

Los anarquistas se dicen abanderados de los principios revolucionarios del proletariado. Parten de que el principio de emancipación de las clases oprimidas es la individualidad y que, por lo tanto, mientras no se emancipe al individuo es imposible la emancipación de las masas y del proletariado. Su consigna es en consecuencia: "Todo para la individualidad".

Para los marxistas-leninistas-maoístas, por el contrario, el objetivo angular de la lucha de clases es la emancipación de las masas. Lo que significa que, en tanto no se emancipen las masas no hay emancipación posible de la individualidad. Nuestra consigna es: Todo para las masas.

Esto demuestra que, marxistas y anarquistas, partimos de dos concepciones distintas y, por lo tanto, diametralmente contrapuestas, y no sólo hay diferencias tácticas entre marxistas y anarquistas. El objetivo del presente ensayo, al celebrar el 74 aniversario de la fundación del Partido y preparar la celebración de los 75 años de nuestra existencia, no es ponernos a analizar históricamente el desarrollo del anarquismo en el Estado Español sino, partiendo de los orígenes de una y otra corriente, enfrentar los principios ideológicos y políticos fundamentales opuestos entre sí del marxismo y del anarquismo y poner al desnudo sus virtudes y defectos.

En cuanto a la concepción del mundo, comenzaremos con una descripción básica del marxismo en sus principios ideológicos, contraponiéndolos con las posiciones anarquistas sobre el marxismo. Posteriormente, criticaremos propiamente las posiciones de los anarquistas. Hablaremos de la dialéctica, las posiciones de los anarquistas y nuestra crítica a estos adoradores del idealismo y la metafísica.

En lo económico, demostraremos que los anarquistas, como propagandistas e impulsores de las pequeñas comunas, en esencia de la pequeña propiedad individual, no son revolucionarios y nada tienen que ver con los objetivos y metas del proletariado.

En cuanto a su pretensión de "ser los únicos y auténticos socialistas", demostraremos también que los anarquistas, al negar la dictadura del proletariado, rehusan el camino hacia la construcción de una sociedad sin clases en el comunismo.

 

I.- El Anarquismo y el Materialismo Dialéctico.

El marxismo no es sólo la teoría de la revolución proletaria, es una concepción cabal del mundo, un sistema filosófico, del que se desprende hoy en su desarrollo el marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente el maoísmo. Este sistema filosófico es el materialismo dialéctico.

El Presidente Mao, desarrollando magistralmente el marxismo, ha elevado a una tercera etapa y principal, lo medular de la dialéctica, estableciendo la ley de la contradicción como única ley fundamental. ¿Por qué se denomina este sistema filosófico materialismo dialéctico? Porque su método es dialéctico y la teoría es materialista.

¿Qué es el método dialéctico? La vida social, el mundo, todo se encuentra en constante e incesante movimiento y desarrollo en zigzagues. No se puede considerar la sociedad y el mundo como algo estático e inmutable, éstos nunca se detienen, se hallan en eterno movimiento, en un constante proceso de destrucción y construcción. Es por ello que en el universo, en el mundo, en la vida, siempre existe lo nuevo y lo viejo, lo que crece y lo que muere, lo revolucionario y lo contrarrevolucionario. El método dialéctico nos señala que hemos de considerar las cosas y la vida precisamente así, tal y como son en la realidad.

Decimos que todo se encuentra en constante e incesante movimiento. Por consiguiente, hemos de examinar la sociedad, el mundo, la vida, etc., en su constante movimiento y preguntarnos: ¿hacia dónde van la sociedad, el mundo, etc.? Constantemente en el mundo, en todo se manifiesta un constante cuadro de destrucción y creación; en consecuencia, hemos de examinar la sociedad en su destrucción y creación y preguntarnos ¿qué es lo que se destruye y qué es lo que se construye incesantemente? Aquello que nace y crece día a día es invencible, detener su movimiento de avance es imposible.

¿Quién puede detener la incesante rueda de la historia? ¡Nadie! ¿Quién puede detener el avance incesante del marxismo? ¡Nadie es capaz de ponerle freno! Podemos, por un instante, llegar a actuar como liquidadores, incluso convertirnos en revisionistas, pero nuestras acciones en un sentido u otro darán nuevas armas al marxismo para continuar su incesante y arrollador avance.

Por poner un ejemplo. Vemos como día a día la burguesía no pasa de afirmar y adjetivar, no es capaz de debatir con la poderosa ideología del proletariado: el marxismo-leninismo-maoísmo, las mentes pensantes de la burguesía, en su concepción idealista y metafísica, actúan como el avestruz, esconden la cabeza en la arena para no ver y negar, aquello que no quieren ver, que no es noticia en sus propios medios de comunicación no existe.

Las nuevas lumbreras burguesas que propugnan las supuestas grandezas del imperialismo, se nos presentan como lo que son: efímeras.

Fukuyama se apagó al igual que una caldera sin carbón. Pretendió negar el incesante desarrollo de la historia y manifestó el fin de las ideologías, principalmente la del proletariado y, obviamente, exceptuando la de la burguesía, basándose en el triunfo del imperialismo USA y su “Nuevo Orden” sobre el socialimperialismo Ruso. ¿En qué han quedado sus teorías? ¿Acaso no asistimos a un creciente deterioro de los estados imperialistas, más acentuado en nuestro país? Tomemos como ejemplo al proletariado y al Partido Comunista. El primero surge en nuestro país como clase a primeros del siglo pasado y ha ido creciendo y batallando constantemente hasta dotarse de Partido. Fundado el Partido, los oportunistas adoradores del parlamentarismo truncaron su camino hacia la toma del Poder durante un tiempo. Pero, tras más de 70 años de dominio revisionista y reiterados fracasos por retomar el correcto camino, un puñado de auténticos comunistas iniciamos la reconstitución hace más de siete años e, indudablemente, por débil que podamos aparentar ser hoy, no obstante estamos condenados a vencer y triunfar sobre la burguesía.

¿Por qué? Porque el proletariado crece y el Partido se desarrolla constantemente. Todo aquello que en el mundo crece, se fortalece y camina hacía adelante, está á condenado a triunfar. Contrariamente, aquello que como la burguesía envejece y camina hacía la tumba, inevitablemente ha de sufrir la derrota, por muy invencible que hoy se manifieste con su apariencia de fuerza todopoderosa. ¿Acaso no fueron derrotados los poderosos ejércitos fascistas de Alemania e Italia, los yanquis en Vietnam, Líbano, Somalia, etc. y los rusos en Afganistán? ¿No fueron derrotados una vez los viejos y caducos estados reaccionarios en Rusia y China y no lo volverán a ser de nuevo los regímenes reaccionarios burgueses reinstaurados?

¿Acaso no fueron un puñado de firmes y definidos comunistas los que iniciaron la guerra popular en Perú y no están derrotado el viejo estado reaccionario, pese a los reveses causados por la ofensiva contrarrevolucionaria?

La burguesía y el imperialismo pierden constantemente terreno y retroceden frente al proletariado y los pueblos oprimidos del mundo. Como clase se debilita, envejece y se convierte en una carga para la sociedad. Carentes de argumentos están volviendo al pasado para rebatir la dialéctica materialista y el marxismo; tratan de ampararse en lo más recalcitrante y reaccionario de sus teóricos del pasado, incapaces de enfrentar lo nuevo que se desenvuelve en constante movimiento de forma impetuosa.

Como nos señala el Presidente Gonzalo sobre las elucubraciones burguesas de hoy:

"...todo este movimiento no es más que echar pus a una sangre enferma; por tanto, la burguesía, la reacción en general, no tienen sangre oxigenada para animar su podrido cuerpo sino solamente pus para envenenarse más."

De aquí es precisamente de donde surge la tesis dialéctica de que todo lo que realmente existe, es decir, todo lo que crece y se desarrolla, es racional, y todo aquello que se descompone, es irracional y, en consecuencia, no podrá á evitar su derrota.

Los capituladores y revisionistas nos dicen que en nuestra sociedad es imposible una revolución y que cualquier transformación social ha de venir por la "rectificación" de la democracia y que ha de contar con "la clase media", al ser mayoría ésta y no existir una gran generalidad que viva pobre y hambrienta, en la más absoluta miseria.

Nosotros les replicamos: ciertamente, el remanente económico arrancado de la opresión y explotación de los pueblos y naciones oprimidos por el Estado Imperialista Español, ha permitido a la dictadura burguesa establecer un cierto "Estado de bienestar", y crear una capa "colchón" que amortigüe las contradicciones sociales de la lucha de clases existente; pero, esta "clase media" no es revolucionaria, no ha manifestado ninguna iniciativa en la lucha por transformaciones revolucionarias. Como clase no crece, contrariamente, con el desarrollo de la crisis actual está siendo eliminada y la proletarización de la sociedad se manifiesta como la única constante. La pequeña burguesía del campo y la ciudad , pese a la radicalización mostrada en algunas zonas del Estado durante más de 30 años, una parte aspira, únicamente, a integrarse en el aparato de Estado; mientras que la gran mayoría está siendo proletarizada y nunca ha manifestado, sin la ayuda del proletariado, la más mínima iniciativa en la lucha revolucionaria.

Nadie, con dos dedos de frente, podrá afirmar que los más pobres, por muchos que lleguen a ser, pueden encargarse de la emancipación de las clases oprimidas. La cuestión no está en saber que clase es la mayoría o que clase es más pobre, sino en saber qué clase crece y qué otra se descompone, qué clase puede encarnar los principios revolucionarios y es realmente revolucionaria y qué clase o clases no lo son. El proletariado es la única clase que crece y se fortalece sin cesar, quien impulsa hacía adelante la sociedad y es capaz de agrupar en torno a su impulso revolucionario a las fuerzas revolucionarias. Por lo tanto, hemos de reconocer al proletariado consciente y a su Partido dirigente, como la única fuerza capaz y dirigente de la sociedad contemporánea, organizar sus filas, hacer de sus aspiraciones avanzadas nuestras propias aspiraciones, y servirle de todo corazón y con desinterés absoluto.

Los marxistas-leninistas-maoístas consideramos la vida y la sociedad de una forma dialéctica. Contrariamente, los revisionistas y anarquistas, razonan de un modo metafísico, pretenden presentarnos la sociedad estancada en un punto. Hoy, el esfuerzo principal de unos se dirige ha tratar de convencernos de que el imperialismo puede renegar de su condición, pretenden convencer a la clase dominante para que no elimine el llamado "estado de bienestar". Así es como tratan de crear falsas esperanzas de reformas entre el proletariado; los otros plantean únicamente una lucha por pequeñas reformas, nos llaman a mendigar a la burguesía y amparándose en un radicalismo verbal y vacío, plantean encauzar la lucha hacía desviaciones irrealizables en el marco de la dictadura burguesa, como que se rebaje el salario de funcionarios y ministros al nivel del salario mínimo.

Pero hemos de tener en cuenta que hay movimiento y movimiento. Hay movimiento entre las filas del proletariado hacia la reconstitución del Partido; también existe el movimiento del proletariado dirigido hacia las pequeñas cosas. Lo que evidencia, partiendo del método dialéctico, que el movimiento proletario en su concreción, reviste distintas formas: una revolucionaria y otra evolutiva.

La concepción metafísica imagina la realidad como algo estático, concibe los cambios como mínimos e impulsados por fuerzas externas. Esto le sirve a los reaccionarios para tratar de inculcar entre el proletariado el conformismo, la adaptación a las cosas que, según plantean, siempre fueron, son y serán iguales, por los siglos de los siglos.

La concepción materialista dialéctica del mundo, sostiene que la causa del desarrollo es interna, generada por las contradicciones existentes en su seno. Sostenemos que los cambios en la naturaleza y la sociedad se producen a acusa de las contradicciones internas y los cambios en la sociedad por las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre las clases explotadas y los explotadores, entre lo viejo y lo nuevo. El movimiento es revolucionario cuando todos los elementos de una contradicción antagónica se unen, se integran en una sola idea y se precipitan contra el campo enemigo en una batalla a muerte, para destruir el viejo y caduco orden e introducir cambios cualitativos, dando un salto que establece una nueva armonía sobre las cenizas de lo viejo.

El movimiento, es evolutivo cuando las fuerzas revolucionarias continúan espontáneamente su labor diaria, introduciendo en el viejo orden pequeñas modificaciones, modificaciones cuantitativas. Así es como piensan los anarquistas.

La acumulación de las contradicciones, la evolución, prepara la revolución y alistan el terreno para ella, y la revolución corona la acumulación de las contradicciones y contribuye a continuar su obra.

¿Cómo ven los anarquistas el método dialéctico? Los anarquistas, demostrando su carencia de análisis, por un lado lo desechan con falsos argumentos, por el otro actúan como el rumor de la corriente. Al igual que los oportunistas y otros liquidadores, a falta de otras formas científicas se han acostumbrados a actuar de la manera como en su gran aria: "La calumnia"; don Basilio, el maestro músico del  "Barbero de Sevilla", de Rossini, describe gráficamente el crecer de los susurros malvados, quienes con un riego apropiado, los convierten en calumnias realmente grandes e injuriosas.

Es de sobra conocido que el fundador del método dialéctico fue Hegel. El gran mérito de Marx está en haber depurado y mejorado. Dicho método fue, posteriormente, desarrollado por el Presidente Mao Tsetung.

Los anarquistas saben que Hegel era conservador. Pues bien, partiendo de este hecho innegable y haciendo coro a Kropotkin, estos kropotkianos ignorantes e inútiles, envisten, con toda su saña posible, contra Hegel como partidario de la restauración, diciendo que "Hegel es un filósofo de la restauración ....., que él ensalza el constitucionalismo burocrático en su forma absoluta, que la idea general de su filosofía de la Historia está subordinada y sirve a la dirección filosófica de la época de la restauración" (V. Cherkesishvili).

Nosotros, los marxistas, no discutimos esto, muy al contrario, estamos de acuerdo en que Hegel no era revolucionario. Pero hemos de decirles a estos desmemoriados, que Marx y Engels, antes que nadie demostraron en su "Crítica de la crítica crítica", que las concepciones históricas de Hegel se hallan en total contradicción con el poder soberano de la clase obrera y el pueblo. Pese a esto, los anarquistas tratan de demostrar que Hegel era partidario de la restauración para dar a entender que, en el reaccionario Hegel, el método no puede dejar de ser así mismo reaccionario, aborrecible y anticientífico. Este es el camino fundamental que los anarquistas han elegido para refutar el método dialéctico.

Como todos los dogmáticos e idealistas, son incapaces de reconocer el hecho de que hombres como Hegel, Pascal, Leibnitz, Meyer, Helmholtz, Lamark o Darwin, no hayan sido revolucionarios, no es razón para descartar sus aportaciones a la filosofía, las matemáticas, la física o la biología. ¿Qué es lo que demuestran con esto? Obviamente, su propia ignorancia.

Según opinan los anarquistas, "la dialéctica es metafísica" y su mayor empeño es pretender "emancipar a la ciencia de la metafísica, y a la filosofía de la teología". Por esta razón rechazan el método dialéctico. ("Ciencia y anarquismo" de Kropotkin).

¿Qué les parece? Como suele decirse, para librarte de tus pecados, descarga tus propias culpas en cabeza ajena. ¿Cómo se puede hacer tan burda acusación, cuando precisamente la dialéctica ha alcanzado su madurez y conquistado su gloria, en lucha contra la metafísica?

Pero, en su opinión ¡Resulta que la dialéctica es metafísica! ¡Habrase visto!

En el mundo no hay nada eterno, todo es transitorio y mutable, cambian los usos y costumbres, la naturaleza, los conceptos de justicia, la propia verdad. Así lo considera la dialéctica. Por esta razón, la dialéctica considera todo de un modo crítico, niega la verdad establecida para siempre y, en consecuencia, niega, así mismo, las abstractas "tesis dogmáticas fijas que, una vez encontradas, sólo hay que aprenderse de memoria", como afirma Engelsœ en: "Ludwig Feuerbach".

La metafísica afirma todo lo contrario. Para ella el mundo es algo eterno e inmutable. Para ella en el mundo todo está predeterminado de una vez para siempre, atado y bien atado, por alguien o por algo. Por esa razón, los adoradores de la metafísica siempre tienen en la boca frases hechas como la "justicia eterna" y la "verdad inmutable".

Proudhon afirmaba que en el mundo existe la justicia inmutable, determinada de una vez para siempre, que debe ser colocada como base de la futura sociedad. Entonces, ¿para qué luchar por la revolución y la transformación de la sociedad actual si hemos de dejar esas verdades y justicias inmutables de que nos habla? ¿Para qué luchar por la transformación social, si tarde o temprano, esas cuestiones de que nos habla Proudhon se impondrán por sí mismas? Por estas razones,  a Proudhon y a todos sus seguidores, como los anarquistas, se les ha considerado siempre idealistas y metafísicos.

Marx luchó contra Proudhon con ayuda de la dialéctica y demostró que, en el mundo, todo cambia y, por lo tanto, también ha de cambiar el concepto de "justicia". En consecuencia, la "justicia inmutable" no es otra cosa que un delirio metafísico. Y aún los anarquistas osan afirmar: ¡"La dialéctica de Marx es metafísica"!

La metafísica reconoce diferentes nebulosas dogmáticas, como por ejemplo, lo "incognoscible" y la "cosa en sí", transformándose en una teología carente de contenido. ¿Acaso lo "incognoscible" y la "cosa en sí", no es lo que los teólogos y creyentes, llaman dios? ¡Encima se las dan de ateos!

En oposición a Proudhon y Spencer, Engels luchó contra estos dogmas con ayuda de la dialéctica. Contrariamente, los anarquistas nos dicen que Proudhon y Spencer son sabios, y Marx y Engels, metafísicos.

Sin lugar a dudas, el sistema filosófico de Hegel, al apoyarse en la idea inmutable, no es otra cosa que metafísica en su totalidad. Pero, no hay que dudarlo, el método dialéctico de Hegel, que rechaza toda idea inmutable, es científico y revolucionario en su totalidad.

Los anarquistas, sin lugar a dudas, confunden el sistema filosófico de Hegel con su método dialéctico. Pero, lo que ocultan es que por estas razones Marx criticó demoledoramente el sistema metafísico de Hegel y, al mismo tiempo, ensalzó su método dialéctico, señalando que "no se deja asustar por nada y es crítico y revolucionario por esencia". Engels ve una gran diferencia entre el método de Hegel y su sistema señalando en "Ludwig Feuerbach": "Quien hiciese hincapié en el sistema de Hegel, podía ser bastante conservador en ambos terrenos; quien considerase como primordial el método dialéctico, podía figurar, tanto en el aspecto religioso como en el aspecto político, en extrema oposición".

El anarquismo no ve esta diferencia clave y pregonan de manera irreflexiva que "la dialéctica es metafísica". Continuando con su irreflexión, los anarquistas dicen que el método dialéctico es "un alambicado conjunto de artimañas", “un método de sofismas", "un salto mortal de la lógica", "con la ayuda del cual se demuestran, con idéntica facilidad, tanto la verdad como la mentira". Así, según la opinión del anarquismo, el método dialéctico demuestra invariablemente la verdad y la mentira.

En apariencia puede parecernos que la acusación de los anarquistas no carece de fundamento. Engels lo aclara para quienes siguen el método metafísico de la siguiente forma: "...Para él, una de dos: sí, sí, no, no, y lo demás sobra. Para él, una cosa existe o no existe: un objeto no puede ser al mismo tiempo lo que es y otro distinto. Lo positivo y lo negativo se excluyen recíprocamente en absoluto..." (Anti-Dúhring). ¿Cómo? Nos objetan acalorados los seguidores de la anarquía. ¿Acaso es posible que un mismo objeto sea al propio tiempo bueno y malo? ¿Pero si eso es no es otra cosa que un "sofisma", un "juego de palabras"; pero si eso significaría que "queréis demostrar con idéntica facilidad la verdad y la mentira".....

Sin embargo analicemos la cuestión más profundamente. En el Perú, el Partido Comunista del Perú, hoy desarrolla la revolución democrática. ¿Podemos afirmar que la revolución democrática es buena en todos los sentidos o que es mala en todos los sentidos? Afirmar lo uno o lo otro sería caer en un error de peso. ¿Por qué razón? La revolución democrática es buena en el aspecto en que destruye las relaciones feudales que subsisten en el campo; pero, contrariamente, es mala por cuanto fortalece el orden burgués. Por esta razón decimos que la revolución democrática es buena en la medida en que destruye el feudalismo y luchamos por ella, pero en la medida en que fortalece el orden burgués, aunque sin burguesía, es mala y luchamos contra ella para desarrollar la revolución socialista y avanzar al comunismo. Resulta así que la revolución democrática es, al propio tiempo, "buena" y "mala"; "" y "no". Lo mismo podemos decir de la lucha reivindicativa por la reducción de jornada y la defensa del poder adquisitivo. Es "buena" en la medida en que une y fortalece a la clase obrera y "mala", en la medida en que esta lucha en sí refuerza el sistema del trabajo asalariado. Pero los anarquistas no han comprendido esto, y una idea totalmente comprensible y clara, les parece un "sofisma" nebuloso. Obviamente, los anarquistas están en su derecho de advertir y comprender o no estos hechos, pueden incluso no advertir el agua en el mar. Mas, ¿qué tiene que ver esto con el método dialéctico?

A diferencia de los anarquistas que no miran la vida, no sienten su palpitación; los marxistas y el método dialéctico, vemos con ojos bien abiertos la vida y afirmamos que, puesto que la vida cambia y se encuentra en constante movimiento, todo fenómeno vital cuenta con dos tendencias, una positiva y otra negativa, de las cuales hemos de defender e impulsar lo positivo y rechazar lo negativo. Es mas, en opinión de los anarquistas, y respecto al debate seguido el siglo pasado sobre la evolución, y pretendiendo rechazar el materialismo dialéctico, decían: "El desarrollo dialéctico es un desarrollo catastrófico, mediante el cual al principio se destruye totalmente el pasado, y después, completamente aparte, se afirma el futuro... Los cataclismos de Cuvier eran engendrados por causas desconocidas, pero las catástrofes de Marx y Engels son engendradas por la dialéctica". Y: "El marxismo se apoya en el darvinismo y mantiene ante éste una actitud no crítica".

Veamos esto. Cuvier negaba la evolución darvinista, reconocía solamente los cataclismos, y el cataclismo es una explosión inesperada, "engendrada por causas desconocidas". Los anarquistas afirmaban que los marxistas "siguen a Cuvier" y, por lo tanto, "rechazan el darvinismo". Darwin negaba los cataclismos de Cuvier y reconocía la evolución gradual. De esta forma los anarquistas afirmaban que "el marxismo se apoya en el darvinismo y mantiene ante á‚áste una actitud no crítica". Lo que es decir, los marxistas negamos los cataclismos de Cuvier. En una palabra, los anarquistas en este tema acusan a los marxistas de seguir a Cuvier, y al mismo tiempo nos echan en cara que seguimos a Darwin y no a Cuvier. Así son los anarquistas. Como comúnmente se dice: "Donde dije digo, digo Diego."

Veamos como Marx plantea el problema. "En un grado determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad... Entonces se abre una época de revolución social". Y sigue diciendo: "ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caven dentro de ella..." (Contribución a la crítica de la Economía Política).

Aplicando esta tesis de Marx a la vida social, resultará que entre las fuerzas productivas, que tienen un carácter social, y la forma de apropiación, que tiene un carácter privado, existe una contradicción antagónica, que ha de culminar con la revolución y la destrucción de este sistema caduco de explotación del hombre por el hombre. Para los marxistas-leninistas-maoístas, la revolución no es engendrada por las "causas desconocidas" que planteaba Cuvier, sino por causas sociales completamente determinadas y vitales, llamadas desarrollo de las fuerzas productivas. La revolución sólo se lleva a efecto cuando las fuerzas productivas existentes impiden el desarrollo de nuevas formas, cuando el estancamiento de las fuerzas productivas generan un alto grado de opresión y explotación del imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático, y no de manera inesperada como pensaba y plantaba Cuvier. De esta forma se evidencia que no hay nada en común entre los cataclismos de Cuvier y el método dialéctico del marxismo. De esta misma manera, no se puede afirmar tampoco que "el marxismo... mantiene ante el darvinismo una actitud no crítica".

Cualquiera que sea capaz de comprender las cosas, sin abrigar intenciones oscuras, verá que el Darvinismo rechaza no sólo los cataclismos de Cuvier, sino también el desarrollo comprendido dialécticamente, que lleva implícita la revolución, mientras que desde la posición del método dialéctico la evolución y la revolución, los cambios cuantitativos y cualitativos son dos formas necesarias de uno y el mismo movimiento.

Para finalizar. Los anarquistas reprochan a los marxistas el que "la dialéctica... no permite la posibilidad ni de salir o escaparse de sí, ni de saltar por encima de sí mismo". Esto, es una gran verdad, tienen toda la razón cuando nos hacen esta crítica y por una vez no hay que quitársela. La dialéctica materialista no permite esa posibilidad. ¿Por qué razón? Porque "escapase de sí y saltar por encima de sí mismo", es lo que hacen las cabras montesas; pero el método dialéctico ha sido desarrollado por y para los hombres, no para las cabras.

Estas son el general las opiniones de los más destacados ideólogos de los anarquistas, sobre el más alto desarrollo filosófico de la humanidad. Siendo magnánimos, es evidente que el anarquismo no ha querido comprender el método dialéctico de Marx y Engels, porque su concepción del mundo así se lo impide, porque constituyen la avanzadilla del individualismo burgués en las filas de la clase. Han inventado su propia dialéctica y es precisamente contra ella contra la que luchan. A los marxistas-leninistas-maoístas pues, no nos queda más que sonreírnos ante tan bajo espectáculo, puesto que no se puede menos que reír, cuando vemos cómo hay hombres que luchan contra su propia fantasía, eliminan sus propios inventos y, al mismo tiempo, son capaces de asegurar que están luchando por derrotar al imperialismo cuando predican su más caduco individualismo. Cuando vemos como, por poner un reciente ejemplo, se convierten en más nacionalistas que la propia burguesía ante el conflicto de Seat; como predican el viejo y trasnochado sindicalismo y coinciden con los revisionistas en el mismo tipo de programa por pequeñas reformas, e incluso a veces, inalcanzables metas para desviar a la clase de sus objetivos auténticamente revolucionarios.

 

II. La Teoría Materialista.

Los marxistas sostenemos que "no es la conciencia del hombre la que determina el ser, sino, por el contrario, el ser social es el que determina la conciencia". No tener una clara posición sobre este punto, sostener lo contrario, nos haría caer en el idealismo y la metafísica.

En el punto anterior hemos examinado el método dialéctico. Ahora bien, ¿qué es la teoría materialista?.

En el mundo, todo cambia y se desarrolla, pero ¿cómo se produce ese cambio y en qué manera se desarrolla? Conocemos, por ejemplo, que la tierra en un tiempo era una masa de fuego incandescente; posteriormente se fue enfriando y fueron apareciendo las primeras formas de vida, las bacterias y las primeras cédulas, a las que siguieron las agrupaciones de cédulas como los vegetales y los animales; al desarrollo del mundo animal le siguió una determinada variedad, digámoslo así, de monos y, posteriormente a todo esto, siguió la aparición del hombre como expresión más avanzada de la evolución dialéctica de la inteligencia. En términos generales y simples para los no entendidos, este ha sido el desarrollo de la naturaleza.

Conocemos también que la vida social no quedó fija en un punto. Existió un tiempo, en la historia de la humanidad, en que los hombres vivieron sobre la base del comunismo primitivo o la sociedad de la gens. En esa época se alimentaban y vestían de la caza y vivían errantes por los bosques. Le siguió una época en que el comunismo primitivo fue sustituido por las diversas formas de sociedades matriarcales, cambiando sus hábitos y costumbres y satisfaciendo sus necesidades por medio de la agricultura primitiva, principalmente. El matriarcado fue sustituido por la sociedad patriarcal y la sociedad conseguía su sustento, principalmente, de la ganadería. Posteriormente el patriarcado fue sustituido por la sociedad esclavista, y los hombres obtenían su sustento de una agricultura más desarrollada que la anterior. Al régimen esclavista en sus tres fases de desarrollo; el esclavismo fue sustituido por el feudalismo y se desarrolló en las etapas correspondientes de la sociedad feudal; el feudalismo fue aplastado, mayoritariamente, a sangre y fuego por la burguesía, y tras todo este proceso, continuaron las dos fases por las que ha pasado el régimen burgués hasta alcanzar el imperialismo o su fase superior y última, en la que se desenvuelve en lenta agonía, pero inexorable muerte. Este es en líneas generales el desarrollo de la vida social de la humanidad.

Básicamente nadie pone en duda hoy el desarrollo de este planteamiento; las discrepancias surgen en cómo se produjo esta maduración. La respuesta que diferencia a los materialistas de los idealistas es: ¿fue la conciencia la que originó el desarrollo la de naturaleza y de la sociedad, o, contrariamente, fue el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad el que originó el desarrollo de la conciencia?

Las divergentes, pero a la vez convergentes, corrientes idealistas dicen que la naturaleza y la vida social fueron precedidas por la idea universal (dios); que más tarde fue la base del desenvolvimiento de la misma, de tal forma que el desarrollo de los fenómenos de la naturaleza y de la vida social, es la forma exterior, la expresión simple del desenvolvimiento de la idea universal.

Las diversas corrientes de los dualistas, por el contrario, dicen que desde el principio existen en el mundo dos fuerzas que se niegan mutuamente: la idea y la materia, la conciencia y el ser, y que, en consonancia con esto, los fenómenos de dividen en dos series, ideal la una y material la otra, que ambas se niegan mutuamente y luchan entre sí, de forma que los fenómenos naturales  y de la sociedad son fruto de una lucha constante de los fenómenos ideales y materiales.

La teoría materialista rechaza con rotundidad tanto el idealismo como el dualismo. Nos plantea que en el mundo existen fenómenos ideales y materiales, lo cual no quiere decir que se nieguen entre sí. Al contrario, el aspecto ideal y el aspecto material, son dos formas diferentes de una y la misma naturaleza o sociedad, no se les puede imaginar el uno sin el otro, existen juntos, se desarrollan juntos. Es decir, uno se divide en dos.

El denominado dualismo resulta carente de toda consistencia. La naturaleza, única e indivisible, expresada en dos formas distintas, en una unidad de contrarios: en la material y la ideal; la vida social única e indivisible, como una unidad de contrarios: el material y el ideal. Es así como hemos de considerar el desarrollo de la naturaleza y la vida social. Tal es el monismo de la teoría materialista, que, por supuesto, niega también el idealismo. Por otra parte; es también falsa la concepción según la cual, el aspecto ideal, y en general la conciencia, precede en su desarrollo al desenvolvimiento del aspecto material.

Los marxistas sostenemos que el conocimiento tiene su base en la práctica social y parte de tres únicas fuentes: la lucha por la producción, la lucha de clases y la experimentación científica.

Cuando aún no existían los seres vivos sobre la faz de la tierra, ya existía la denominada naturaleza exterior, "no viva". El primer ser vivo no tenía la capacidad de la conciencia, contaba solamente con la propiedad de la irritabilidad y los primeros gérmenes de la sensación. Posteriormente, se fue desarrollando en los primeros animales la capacidad de la sensación, pasando a desarrollarse en el hombre, en base al trabajo, la conciencia en consonancia con el desarrollo de la estructura de su organismo y el sistema nervioso.

Si los primeros australopitecus no hubiesen desarrollado la estructura de la rodilla, que les permitió erguirse y utilizar sus manos, tampoco sus evoluciones posteriores hubiesen podido servirse adecuadamente de sus pulmones y cuerdas vocales y, por lo tanto, no hubiese podido desarrollar y servirse adecuadamente del lenguaje. Si no se hubiese desarrollado en un momento dado la estructura de la rodilla, en los seres que nos precedieron en nuestra cadena evolutiva, a nuestra especie, éstos se habrían visto en la obligación de mirar siempre al suelo y extraer de él sus impresiones; no habrían contado con las posibilidades de mirar hacia arriba y a su entorno;  por lo tanto, no habrían tenido la posibilidad de proporcionar a su cerebro más impresiones que las que poseen el resto de los animales cuadrúpedos. Si no se hubiese desarrollado la rodilla, no se hubiesen podido liberar las manos y con ellas generar el trabajo y, por consiguiente, no habríamos desarrollado el cerebro. En definitiva, si no se hubiesen producido todos estos fenómenos, todo esto habría impedido de forma rotunda el desarrollo de la conciencia humana.

¿Acaso existe algún otro animal con estructura distinta al hombre dotado de conciencia? Resulta que para el desarrollo de la conciencia es imprescindible esta u otra estructura del organismo y el desarrollo de su sistema nervioso. Como resultado de ese análisis, es obvio que al desarrollo del aspecto ideal, al desarrollo de la conciencia, le precede el desenvolvimiento del aspecto material, el desarrollo de las condiciones exteriores: en primer lugar cambian las condiciones exteriores, primeramente cambia el aspecto material, y luego cambia, de manera correspondiente, el aspecto ideal. De esta forma, la historia del desarrollo de la naturaleza socava de raíz el idealismo.

Cabe decir también lo mismo de la historia del desarrollo de la sociedad humana. La historia nos muestra que, si en las diferentes épocas los hombres han estado influenciados de diferentes ideas y deseos, ha sido a consecuencia de que, en diferentes épocas, han luchado de manera distinta con la naturaleza para satisfacer sus necesidades. Y, en relación a esta lucha, ha cristalizado de forma diferente sus relaciones económicas.

Existió una época en que los hombres luchaban en común contra la naturaleza, sobre la base de los principios del comunismo primitivo; su propiedad era asimismo común o comunista, y por esta razón no distinguían lo “mío” y lo “tuyo”, y su conciencia era comunista. Posteriormente, llegó un tiempo en que comenzó a introducirse en la producción la distinción entre lo “mío” y lo “tuyo”; entonces comenzó a tomar la propiedad un carácter privado, individual, y por esta razón la conciencia de los hombres comenzó a ser imbuida del sentimiento de la propiedad privada.

Llega la época actual, en que la producción reviste de nuevo un carácter social, y por lo tanto, necesariamente pronto la propiedad revestirá un carácter social, por esta razón también la conciencia de los hombres paulatinamente se empapa de socialismo, pese a la feroz difusión del individualismo por parte de la burguesía.

Veamos un ejemplo sencillo. Figurémonos un campesino que poseyó tierras en los años cincuenta, pero no pudo competir con el desarrollismo de estos años y la creciente demanda de mano de obra para las fábricas; vendió sus tierras y se puso a trabajar de obrero el una de ellas. Entró en la fábrica, o incluso se fue a la emigración a cualquier país de Europa. Pero en su cabeza no dominaba la idea de convertirse en obrero asalariado, sino que su fin fue el de acumular el dinero suficiente que le permitiese independizarse en otro sector de la producción. Como se ve, este campesino, al comenzar a vender su fuerza de trabajo para un patrón, en una fábrica, pasa de ser un pequeño burgués del campo a ser un trabajador obligado a ofrecer su fuerza de trabajo. Su situación es ya proletaria, pero su conciencia continúa siendo profundamente la de un pequeño burgués del campo. Dicho de otra forma, la situación pequeño burguesa de este campesino ha desaparecido, mas su conciencia pequeño burguesa todavía no ha desaparecido, se encuentra retrasada respecto a su situación real.

De esto se desprende que, también aquí, en la vida social, primeramente cambian las condiciones externas, en primer lugar cambia la situación de los hombres, y posteriormente cambia de modo correspondiente su conciencia.

Pero continuemos con nuestro campesino. En un principio, se propuso juntar dinero para después abrir un negocio que le permitiese continuar con su independencia anterior. De su trabajo deduce, que cada día es más difícil acumular ese dinero que lo independizará, que las promesas escuchadas, sobre un mar de oportunidades para todos, no son más que un espejismo, ya que su salario apenas le da para mal vivir. Además, observa que tampoco la idea de la apertura de un negocio particular es ya tan sugestiva, que los alquileres aumentan, que hay que pagar impuestos cada vez mayores, aguantar a los clientes y otras preocupaciones que atormentan la vida de un pequeño propietario constantemente. Por el contrario, ve que un obrero está relativamente más libre de tales zozobras, no le inquietan los problemas que a él no le dejan vivir; ve que el obrero, por la mañana llega a la fábrica, sale y se va con su familia y, a fin de mes, cobra su paga. Esto hace que por primera vez se le vayan cortando las alas a este pequeño burgués, esto hace que por primera vez aparezcan en su conciencia aspiraciones proletarias. Con el tiempo, y ante las ofensivas de los patrones, el campesino proletarizado ve que la paga no le llega para lo más indispensable, que no se le garantiza el trabajo y que es necesario un aumento de salario y la consecución de medidas que le garanticen continuar ganándose la vida. Observa que sus compañeros hablan de la unidad de los obreros, de sindicatos y huelgas. Esto hace que este campesino adquiera la conciencia de que, para mejorar su situación, es necesario luchar contra los patronos y no abrir un negocio propio. Se integra en el movimiento obrero. Así alcanza el paso definitivo: a través de la lucha, va adhiriéndose a las ideas comunistas.

Así pues, al cambio de situación material del campesino le ha seguido, al fin de cuentas, el cambio de su conciencia. Primeramente cambio su situación material, y después, pasado cierto tiempo, cambió de manera correspondiente su conciencia. Esto mismo ocurre con las clases y la sociedad en su conjunto. En la vida social cambian también, primeramente, las condiciones exteriores, cambian, en primer lugar, las condiciones materiales y, posteriormente, en concordancia con esto, cambian, asimismo, las maneras de pensar de los hombres, sus usos y costumbres, su concepción del mundo. Por esta razón hemos encabezado este capítulo con la frase de Marx: “No es la conciencia del hombre la que determina el ser, sino, por el contrario, el ser social es el que determina su conciencia”.

Como nos señala el camarada Stalin: “Si al aspecto material, a las condiciones exteriores, al ser y a otros fenómenos semejantes los llamamos contenido, entonces al aspecto ideal, a la conciencia y a los otros fenómenos semejantes los podemos llamar forma.” Ligado a ésto ha surgido la tesis materialista de que, en el proceso del desarrollo, el contenido precede a la forma, la forma se retrasa con respecto al contenido.

Para los marxistas, tal y como estableciera C. Marx, el desarrollo económico es la base material de la vida social, su contenido, y el desarrollo ideológico y político, es la forma ideológica de ese contenido, su superestructura; de esta forma C. Marx hace la siguiente conclusión: “Al cambiar la base económica, más o menos rápidamente se revoluciona toda la enorme superestructura erigida sobre ella”. Naturalmente, esto no significa de manera alguna que, en opinión de C. Marx, sea posible el contenido sin la forma, como se lo imaginan los anarquistas. El contenido sin la forma es imposible, mas lo importante es que esta forma o la otra, debido al retraso con respecto a su contenido, nunca se corresponde plenamente a este contenido y, en consecuencia, el nuevo contenido se ve “obligado” temporalmente a revestir la vieja forma, lo que es causa de conflicto entre ambos. Actualmente, por ejemplo, al contenido social de la producción, no corresponde la forma de apropiación de los productos de la susodicha producción, la forma que tiene un carácter privado y, precisamente, es sobre este marco sobre el que se produce el “conflicto” social contemporáneo: La lucha de clases. Por otro lado, la idea de que la conciencia es la forma del ser, no quiere decir de manera alguna que la conciencia sea, por su naturaleza, la materia misma. Así es como pensaban los materialistas vulgares como Báchner y Moleschott, cuyas teorías se encuentran en total contradicción con el materialismo marxista y a los que en
su día Engels puso justamente en ridículo, en su “Ludwin Feuerbach”.

En posición del materialismo marxista, la conciencia y el ser, la idea y la materia, son dos formas distintas de un mismo fenómeno que se denomina, en términos generales, naturaleza o sociedad. En consecuencia, no se niegan mutuamente, y al mismo tiempo no representan tampoco uno y el mismo fenómeno. Esto no se haya de modo alguno en contradicción con la idea de que exista conflicto entre la forma y el contenido. Se trata de que existe conflicto, no entre el contenido y la forma en general, sino entre la vieja forma y el nuevo contenido, que busca una nueva forma y tiende hacía ella. Es decir, se trata de que en el desarrollo de la naturaleza y de la sociedad, a lo que se produce en nuestra cabeza, le precede el correspondiente cambio material, o lo que es lo mismo, aquello que se genera o produce fuera de nosotros. A uno u otro cambio material, tarde o temprano le sigue, inevitablemente, el correspondiente cambio ideal. Tal vez se nos dirá que esto sea justo en cuanto a la historia de la naturaleza y la sociedad. Mas, ¿de qué manera se generan en nuestra cabeza, en el momento presente, las distintas representaciones e ideas? ¿Existen realmente las condiciones externas, o sólo existen nuestras representaciones sobre estas condiciones exteriores?

Y si existen las condiciones externas ¿en qué medida es posible percibirlas y conocerlas? Así la teoría materialista marxista no dice que nuestras representaciones, nuestro “yo”, exista debido a que existen las condiciones externas que despiertan impresiones en nuestro ”yo”. Quienes afirmen que únicamente existen nuestras representaciones, se verá obligado a negar toda representación exterior y, en consecuencia, negará  la existencia de los demás hombres, admitirá únicamente, la existencia de su “yo”, lo que es una auténtica perogullada que entra en total contradicción con todas las bases del conocimiento y la ciencia.

Anteriormente, a la existencia del hombre, existían las condiciones externas y existirán después de nosotros; quién niegue esto no será otra cosa que un estúpido o un tonto; además, cuanto más frecuente actúen sobre nosotros y nuestra conciencia, más fácilmente será percibirlas y conocerlas.

En cuanto a cómo se engendran en nuestra cabeza, hemos de entender que aquí se repite, en forma abreviada, lo que pasa en la historia de la naturaleza y la sociedad. También en este caso, el objeto que se haya fuera de nosotros precede a nuestra representación sobre este objeto, también nuestra representación, la forma, se retrasa respecto al objeto, con respecto a su contenido. Si miramos un árbol y lo vemos, eso quiere decir únicamente que ya antes de que en nuestras cabezas naciese la representación del á árbol, dicho árbol existía, independientemente a las ideas de nuestras propias cabezas.

Otro aspecto esencial que nos plante el marxismo, en contraposición al idealismo y la metafísica es: ¿de dónde vienen las ideas correctas? Como hemos señalado, estas provienen de la práctica social, de las tres clases de práctica social que se manifiestan: lucha por la producción, lucha de clases y experimentación científica. Y, es la esencia social de la gente la que determina sus pensamientos.

Ciertamente, en la práctica social nos enfrentamos con diversos fenómenos de la realidad que se reflejan en nuestros cerebros por medio de nuestros órganos sensitivos. Al principio, nuestro conocimiento no es más que sensitivo. Posteriormente, este conocimiento sensitivo se convertirá en racional, en ideas. Mas, sobre dichas ideas no podemos afirmar que sean correctas, que reflejen correctamente las leyes de la realidad objetiva. En general, aquellas ideas que den un buen resultado en la práctica social, se irán imponiendo como las correctas. Pero, hemos de tener en cuenta que, para que estas ideas correctas triunfen, es necesario que exista la correcta correlación de fuerzas que determine su imposición sobre otras viejas e incorrectas ideas. El hecho de que algunas ideas puedan padecer algún fracaso, no es sinónimo de que sean incorrectas; muy al contrario, estos fracasos temporales son requeridos, a veces, para reajustar las imperfecciones de que pudieran estar impregnadas las ideas correctas. Sólo se puede llegar a alcanzar un conocimiento después de reiterados procesos que conducen de la materia a la idea y de la consciencia a la materia; o lo que es lo mismo, de la práctica al conocimiento y del conocimiento a la práctica. Teniendo en cuenta, además, lo que el Presidente Gonzalo nos plantea sobre las ideas nuevas que nos encontramos el camino, cuando nos dice: cuando la materia plasma el hecho, es uno sólo el que ve ese hecho nuevo, siendo la tarea de éste el hacérselo ver a otros, y esos otros a otros muchos......

Este es el resumen del proceso del conocimiento. El único fin de la clase obrera, en su conocimiento del mundo, es transformarlo. Así, resumidamente, esta es la teoría materialista dialéctica del marxismo-leninismo-maoísmo. Esto manifestará que no es difícil comprender la importancia que tiene la teoría materialista para todas las actividades del hombre. Si, en primer lugar, cambian las condiciones económicas y, posteriormente, en correspondencia con éstas, cambia la conciencia de los hombres, está claro que la fundamentación de este o el otro ideal debemos buscarla, no en el cerebro de los hombres, no en su fantasía, sino en el desarrollo de sus condiciones económicas. Tan sólo el ideal creado sobre la base del estudio de las condiciones económicas es bueno y aceptable. Todos aquellos ideales desarrollados, que no han tenido en cuenta las condiciones económicas, que no se apoyan en el desarrollo de éstas, son inservibles e inaceptables. Esta es la primera conclusión práctica del marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente, maoísmo.

Si la conciencia de los hombres, sus usos y costumbres están determinados por las condiciones externas a sus cabezas; si la impropiedad de las formas jurídicas y políticas, se basan en el contenido económico, está claro que debemos contribuir a la reorganización radical de las relaciones económicas con el fin de que cambien de raíz los usos y costumbres de la clase y las masas populares y su régimen político.

C. Marx es categórico al respecto, cuando nos plantea que: “No hace falta un gran ingenio para advertir la conexión que existe entre la doctrina del materialismo... y el socialismo. Si el hombre extrae todos sus conocimientos, sensaciones, etc., del mundo sensible..., hay que organizar, por tanto, el mundo que nos rodea de forma que el hombre perciba en él lo auténticamente humano y se habitúe a ello, de forma que se conciba a sí mismo como ser humano... Si el hombre no es libre en el sentido materialista, es decir, si es libre, no a consecuencia de la facultad negativa de evitar esto o lo otro, sino a consecuencia de la facultad de manifestar su verdadera individualidad, no se debe castigar los delitos del individuo, sino destruir las fuentes antisociales del delito... Si el carácter del hombre es formado por las circunstancias, hay que hacer, por tanto, que las circunstancias sean humanas”. Esta es la segunda conclusión práctica de la teoría materialista dialéctica.

¿Cómo ven los anarquistas la teoría materialista dialéctica marxista? Los anarquistas saben que el método dialéctico tiene su origen en Hegel y que la teoría materialista lo tiene en Feuerbach. Pues bien, ellos tratan de utilizar las diferencias entre Hegel y Feuerbach, para denigrar y rechazar el materialismo dialéctico.

Con relación al método dialéctico de Hegel, han quedado demostradas las artimañas de los anarquistas, y que no demuestran más que la ignorancia de la que están investidos. Esto mismo cabe decir en cuanto a sus ataques a Feuerbach y la teoría materialista.

Sus “sagaces” ideólogos nos dicen que Feuerbach era panteísta, que divinizó al hombre, que según la opinión de éste, el hombre es lo que come, etc., de dónde Marx dedujo que, según ellos, lo principal y primario es la situación económica. No pondremos en duda el panteísmo de Feuerbach, su divinización del hombre y de otros errores suyos por el estilo. Aquello que ocultan, y que ya de por sí hecha por tierra sus críticas, es que Marx y Engels fueron los primeros en desenmascarar los errores de Feuerbach. Y, a pesar de ello, los anarquistas pretenden continuar fustigando sobre los errores descubiertos. ¿Por qué razones? Continuando la sus ataques contra Feuerbach, por un lado, pretenden salpicar de pasada a Marx y Engels y, por el otro, enredar hasta el infinito a fin de impedir todo desarrollo.

Si examinamos la teoría materialista de Feuerbach sin apasionamiento, estamos seguros de que, al lado de sus ideas erróneas, seguro que encontraremos ideas justas, al igual que ha ocurrido a lo largo de la historia con muchos sabios. Pero los anarquistas continúan, no obstante, queriendo desenmascarar a Feuerbach. ¿No nos recuerda esta actitud a la de ciertos radicales de pro, que aún pretenden continuar con sus polémicas con la UL, después de haber sido sancionadas, por el Partido, las diferencias y culminada ruptura con estos oportunistas enfrentados y derrotados, hace ocho años?

Una vez más declaramos que, con tales artimañas, no demostrarán otra cosa que ignorancia y un derroche inútil de energías y no podrán detener el curso de la historia, tratando de enfrascarnos en discusiones interminables.

Como hemos visto anteriormente. Es interesante ver como los anarquistas se dedican a criticar la teoría materialista de oídas, sin trabar con ella el menor conocimiento. En consecuencia, vemos que el resultado no es otro que una continuación reiterada de contradicciones y desmentidos entre sí, lo que obviamente sitúa a estos críticos del marxismo en una situación ridícula.

Por ejemplo, resulta que Marx y Engels odiaban el materialismo monista, que el materialismo de éstos era vulgar y no monista. Así, dicen esto y cosas por el estilo: “La gran ciencia de los naturalistas con su sistema de la evolución, con el transformismo y el materialismo monista, al que con tanta fuerza odia Engels... eludía la dialéctica”. Resulta que el aterialismo de las Ciencias Naturales que aprueban algunos anarquistas y que Engels odiaba, era un materialismo monista y, en consecuencia, merece aprobación; por el contrario, el materialismo de Marx y Engels que no es monista, no merece ser reconocido. ¿No es lo mismo que defienden algunos sectores de la iglesia hoy? Otros anarquistas afirman que el materialismo de Marx y Engels, es monista, y por ello merece ser rechazado, argumentando: “La concepción histórica de Marx es un atavismo de Hegel. El materialismo monista del objetivismo absoluto en general y el monismo económico de Marx en particular son imposibles en la naturaleza y erróneos en la teoría... El materialismo monista es dualismo mal encubierto y un compromiso entre la metafísica y la ciencia....”. De aquí resulta que el materialismo monista es inaceptable, que Marx y Engels lo asumen, y ellos mismos son materialistas monistas. En consecuencia, es necesario rechazar el materialismo monista.

Unos dicen una cosa y otros dicen otra, ¿quién dice la verdad? Unos u otros. Ni ellos mismos se ponen de acuerdo entre sí sobre los méritos o defectos del marxismo. En su ignorancia no han llegado a saber aún si el marxismo es monista o no, no han dilucidado aún que es más aceptable: si el materialismo vulgar o el monista, y tratan de aturdidos con sus altisonantes voces y fanfarronería, reiterando en sus improperios contra el marxismo. Tal es su concepción. Los anarquistas han de seguir adelante también rebatiendo, uno tras otro, sus propias opiniones. No menos ridículo, es el hecho de que los más “eminentes” anarquistas, a pesar de su “eminencia”, jamás se pusieron al día en cuanto al conocimiento de las diferentes direcciones de la ciencia. En consecuencia, jamás comprendieron que, en la ciencia, existen diferentes variedades de materialismo y que entre ellas se dan grandes diferencias. Hay, por ejemplo: materialismo vulgar, que niega la importancia del aspecto ideal y su influencia sobre el aspecto material; pero hay también materialismo monista que examina científicamente la relación entre el aspecto ideal y el material, como la teoría materialista del marxismo.

Mas, los anarquistas confunden estas distintas variedades del materialismo, no ven siquiera las claras diferencias existentes entre ellas y se atreven a decir, por el contrario, con gran aplomo, que han revitalizado la ciencia.

P. Kropotkin, en sus trabajos filosóficos, declara que el anarquismo comunista se apoya en la “filosofía materialista Moderna”. Sin embargo no dice ni aclara en qué “filosofía materialista” se apoya el anarquismo comunista: el materialismo vulgar, el materialismo monista o en cualquier otra. A nuestro modo de ver, no nos muestra más que su total ignorancia, su incomprensión de la diferencia entre unas y otras, y una total confusión entre las diferentes corrientes  materialistas. El significado de esto no es “hacer renacer la ciencia”, como presuntuosamente afirma, sino demostrar una total grosería.

Ciertos críticos anarquistas han oído decir en alguna parte, que el materialismo de Marx es “la teoría del estómago"; y nos dicen: “En opinión de Feuerbach, el hombre es lo que come. Esta fórmula ejerció un influjo mágico sobre Marx y Engels, a consecuencia de lo cual Marx sacó la conclusión de que lo principal y primario es la situación económica, las relaciones de producción...”. Como consecuencia de este comentario, ciertos anarquistas se atreven a aleccionarnos filosóficamente señalando: “Decir que el único medio para este fin - para la vida social - es la comida y la producción económica, sería un error... Si la ideología se determinase principalmente, a la manera monista, por la comida y por la situación económica, ciertos glotones serían unos genios”. Henos aquí lo fácil que es refutar el materialismo del marxismo.

Con sólo escuchar a cualquier comadre sus murmuraciones callejeras dichas con aplomo, basta para merecer enseguida el título de crítico del marxismo. Pero, dígannos, críticos del marxismo, ¿cuándo Marx dijo que “la comida determina la ideología”; por qué no citan una sola frase de Marx cuando hacen tales afirmaciones?. Ciertamente, Marx dijo que la situación económica de los hombres determina su conciencia, su ideología; mas, ¿cuándo ha dicho que la comida y la situación económica sean una misma cosa? ¿Es qué son tan ignorantes que no saben distinguir un fenómeno fisiológico de otro sociológico? No saber distinguir estos dos fenómenos por un colegial, es comprensible y perdonable; pero, que quienes se demandan revolucionarios y “renovadores de la ciencia” repitan con total desahogo los errores de un colegial es imperdonable. ¿Cómo puede determinar la comida la ideología social?. Si al menos fuesen capaces de reflexionar un poco, comprenderían que la comida, la forma de comer, no cambia los hombres de las sociedades pasadas comían, masticaban y digerían los alimentos como ahora, pero la ideología cambia constantemente.

¿Puede concebirse que, lo que no cambia, determine lo que cambia continuamente? En opinión de los anarquistas, el materialismo de Marx “no es otra cosa que paralelismo...”. También dicen que “el materialismo monista es un dualismo mal encubierto y un compromiso entre la metafísica y la ciencia...”, “Marx cae en el dualismo porque representa las relaciones de producción como lo material, y las aspiraciones humanas y la voluntad como una ilusión y una utopía, que no tiene importancia, aunque existe

En primer lugar, el materialismo monista de Marx nada tiene que ver con el necio paralelismo. Desde el punto de vista del materialismo, el aspecto material, el contenido, precede necesariamente al aspecto ideal, a la forma. Contrariamente, el paralelismo rechaza este punto de vista y declara que ni el aspecto material ni el ideal preceden el uno al otro, sino que ambos se desarrollan juntos, paralelamente.

En segundo lugar, aunque “Marx haya presentado las relaciones de producción como lo material y las aspiraciones humanas y la voluntad como una ilusión y una utopía que no tiene importancia”, ¿esto significa que Marx sea dualista? Los dualistas conceden igual importancia al aspecto ideal y al material, como dos principios opuestos. Mas si Marx, según las propias palabras de los anarquistas, sitúa por encima el aspecto material y, contrariamente, no da importancia al aspecto ideal como una “utopá¡áa” que es; ¿entonces, de dónde sacan estos “críticos” el dualismo de Marx?

En tercer lugar, ¿dónde puede estar la conexión entre el monismo materialista, cuando éste parte del principio de la materia y el ser como una unidad de contrarios, mientras que el dualismo parte de los principios, lo material y lo ideal que, según el dualismo, se niegan entre sí?

En cuarto lugar, ¿cuándo Marx “ha representado las aspiraciones humanas y la voluntad como una utopía y una ilusión”?. Ciertamente, Marx nos dice que “las aspiraciones humanas y la voluntad” por el desarrollo económico, y cuando las aspiraciones de ciertos hombres de oficina no correspondían a la situación económica, las llamaba utópicas. Mas, ¿significa esto que, en su opinión, las aspiraciones humanas en general sean utópicas? Esto denota que, o no han leído u olvidan a sabiendas las palabras de Marx: “La humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar”. Lo que significa, que la humanidad no persigue fines utópicos. Es obvio que los anarquistas, una vez más, o no comprenden la materia de la que se proponen hablar o desfiguran intencionadamente los hechos.

En quinto lugar, ¿de dónde han sacado que, en opinión del marxismo, las aspiraciones humanas no tienen importancia? ¿Acaso en cualquier folleto marxista, leninista, maoísta, o mejor dicho para entendernos hoy: marxista-leninista-maoísta, no se habla claramente, sin tópicos ni utopías, de la importancia de las aspiraciones humanas y la voluntad? ¿Por qué entonces, si no se tienen en cuenta las aspiraciones y la voluntad de las masas, hacemos propaganda, entregamos nuestras vidas a las masas con desinterés absoluto y las tratamos de educar en la auténtica concepción proletaria emanada de siglos de lucha y conocimiento? Ciertamente, en opinión de Marx, la “voluntad y las aspiraciones” de los hombres se extraen de su contenido económico; pero, ¿acaso esto significa que las mismas no ejercen ninguna influencia en el desarrollo de las relaciones económicas? ¿Es tan difícil para los anarquistas comprender una idea tan sencilla? ¡No! No es difícil, su problema es que se empeñan en hacerlo.

Para finalizar este capítulo, lo haremos comentado otra de las acusaciones ridículas del anarquismo hacia el marxismo. Nos dicen: “No se puede representar la forma sin el contenido...”, por lo cual no se puede decir que “forma sigue al contenido (se retrasa con respecto al contenido. K.); el uno y la otra “coexisten”... En caso contrario, el monismo es un absurdo”.

Una vez más se enredan como el gato con el ovillo. Es bien cierto que el contenido es inconcebible sin la forma. Mas es cierto también que la forma existente no corresponde nunca plenamente al contenido existente: la primera se retrasa con respecto al segundo, el nuevo contenido, hasta cierto punto, está siempre envuelto en una vieja forma y, a consecuencia de esto, la vieja forma y el nuevo contenido, siempre se hayan en conflicto. Es sobre esta base que se producen las revoluciones, y en esto se expresa precisamente el espíritu revolucionario del materialismo dialéctico. Pero los anarquistas no han comprendido esto. Es más fácil para ellos dedicarse a sus continuas e interminables discusiones sobre el sexo de los ángeles.

Quienes hayan asistido a una de sus reuniones comprenderán inmediatamente lo que decimos. Obviamente, es más fácil discutir sobre esto o lo otro, sin orden ni concierto, donde cada cual puede dar una opinión, donde lo fundamental es que esta opinión difiera de las demás - independientemente de su grado de Subjetivismo - y sea tan aceptable como las otras, que dedicarse a estudiar metódicamente, comprender, criticar lo erróneo y transformar por medio de la lucha las posiciones incorrectas.

Estas son las opiniones del anarquismo sobre el marxismo, que si se analizan en su esencia, están más cerca de las opiniones de los ideólogos del imperialismo, que de posturas mínimamente revolucionarias.

 

III. El Socialismo Científico.

En los anteriores dos puntos hemos conocido la teoría marxista, hemos mostrado su método, conocemos su teoría y la hemos contrastado con las posiciones anarquistas.

¿Qué conclusiones prácticas debemos sacar de esto? ¿Qué conexión existe entre el materialismo dialéctico y el socialismo científico?

El método dialéctico afirma que sólo puede avanzar hasta el fin de la eliminación del yugo de la esclavitud, aquella clase que se desarrolla, que crece día a día, que va siempre adelante y lucha por un futuro mejor. Y como vemos, la única clase que crece indeclinablemente, avanza siempre adelante y lucha por el futuro, es el proletariado. En consecuencia, nosotros debemos servir al proletariado y centrar en él las esperanzas revolucionarias de la humanidad. Esta es la primera conclusión práctica del marxismo. Pero hay distintos modos de servir al proletariado. ¿Acaso no hablan de “servir” al proletariado los socialdemócratas del PSOE y los revisionistas de IU, cuando nos exhortan a olvidarnos del marxismo?  ¿No dicen “servir” al proletariado los anarquistas cuando nos proponen un “socialismo” comunal desperdigado, carente de una amplia base industrial?

Los hechos históricos han demostrado que los únicos que auténticamente servimos al proletariado, somos los hoy marxistas-leninistas-maoístas (anteriormente marxistas reafirmados en sus plenas ideas revolucionarias, marxistas-leninistas, posteriormente, asumiendo las etapas de desarrollo de nuestra ideología), pues le llamamos y organizamos para avanzar hacía la dictadura del proletariado, que se apoya en la amplia base de las masas.

¿Cómo hemos de proceder realmente hoy nosotros para que nuestra labor redunde en beneficio del proletariado y de qué modo debemos servirle? La teoría materialista afirma que este o el otro ideal pueden servir al proletariado siempre y cuando, dicho ideal no entre en contradicción con el desarrollo que demandan las fuerzas productivas, en el caso en que se corresponda plenamente a las exigencias de este desarrollo.

El capitalismo nos muestra como el desarrollo industrial adquiere un carácter social y como éste carácter social niega categóricamente la propiedad capitalista existente; por lo tanto, nuestra tarea principal ha de ser la de enfocar nuestras acciones, basadas en los principios del marxismo-leninismo-maoísmo, a organizar, impulsar y culminar, el derrocamiento de la propiedad capitalista y a la instauración de la propiedad socialista. Esto significa además que, todas aquellas doctrinas que nos exhortan a olvidarnos del marxismo y a no derrotar el capitalismo, que generan daños para el proletariado y entran en contradicción radical con las exigencias del desarrollo económico, político y social, han de ser combatidas y rechazadas.

El desarrollo de la economía capitalista nos muestra además, que la producción moderna se amplía cada día más, derriba las barreras de los límites entre el campo y las ciudades y abarca todo el territorio de los Estados y del mundo. Esto significa que las propuestas anarquistas que pretenden encerar el futuro en el estrecho marco de las comunas individualizadas y aisladas, se contradicen con la poderosa ampliación de la producción. Esta doctrina acareará irreparables daños al proletariado y las masas. Luchar por una amplia vida comunista, con entrega total y desinterés absoluto, como objetivo principal, es cómo debemos servir los comunistas al proletariado. Esta es una conclusión práctica de la doctrina de Marx.

Es incuestionable que el socialismo científico es una deducción práctica del materialismo dialéctico. Mas, ¿qué es el socialismo científico o socialismo proletario?

El régimen predominante hoy en el mundo es el capitalista, en su estadio superior y último: el imperialismo. Esto significa que el mundo está dividido en tres campos opuestos y en constante agudización de sus contradicciones, el campo de un pequeño número de países capitalistas imperialistas, el campo constituido por los pueblos y naciones del mundo oprimidos por el imperialismo y el campo de la mayoría proletaria.

Los pueblos y naciones del mundo oprimidos por el imperialismo, con una economía constreñida por éste, que empobrece día a día a la mayoría del pueblo, una pobreza tal que dañaría las retinas de los más hipócritas humanistas vendidos y arropados bajo la “abundancia capitalista”. El proletariado trabaja noche y día, cada vez en peores condiciones y con menos posibilidades hoy de vivir de su trabajo, pero sin embargo, continua siendo pobre y explotado. Los capitalistas no trabajan, pero sin embargo se enriquecen constantemente. Esta situación ocurre no porque, como dicen algunos, a los pueblos oprimidos del mundo y a los proletarios les falte inteligencia y los capitalistas sean unos hombres geniales, sino porque los imperialistas se apropian, con la tutela de sus bayonetas, de los frutos del trabajo de los pueblos oprimidos y del proletariado, porque los capitalistas explotan a unos y otros.

¿Por qué se apropian los capitalistas precisamente de las riquezas y los frutos de las naciones y los pueblos del mundo y del trabajo de los proletarios, y no los propios pueblos y naciones y los proletarios? ¿Por qué los capitalistas explotan a los pueblos y naciones del mundo y a los proletarios, y no estos a los capitalistas? Porque el régimen capitalista tiene como principio de su existencia la producción mercantil.

En esta sociedad y este mundo dominados por el imperialismo, todo tiene el aspecto de mercancía, reinan por doquier los principios de la máxima ganancia y de la compraventa. En esta sociedad se pueden comprar no sólo los artículos de consumo, no sólo los productos alimenticios, sino también el control de pueblos y naciones, el hambre de las masas, la fuerza de trabajo de los hombres, su sangre, su conciencia, etc. Los imperialistas saben y establecen como principio social todo esto y compran a las clases dirigentes reaccionarias de los pueblos y naciones oprimidos, compran la fuerza de trabajo de los obreros, la alquilan. Esto significa que los imperialistas se hacen dueños del destino de los pueblos y naciones oprimidos, significa que se hacen dueños de la fuerza de trabajo de los obreros por ellos comprada. Los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo y los obreros, pierden todo derecho sobre sus riquezas y su fuerza de trabajo que se ven obligados a vender. Es decir, las riquezas de los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo, lo que se elabora con esa fuerza de trabajo, no pertenecen ya ni a los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo, ni a los obreros, sino que pertenece a los capitalistas y va a parar a sus únicos bolsillos. A los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo y a los proletarios, únicamente les queda recibir tan sólo las migajas, de las que se apropian las castas dirigentes, a los primeros, y el salario a los segundos, que tal vez será insuficiente para satisfacer las mínimas necesidades ineludibles. Dicho en pocas palabras: los imperialistas controlan a los pueblos y naciones oprimidos del mundo, compran la fuerza de trabajo de los obreros y, precisamente por eso, los capitalistas apoyados en la fuerza de sus ejércitos, recogen los frutos de las riquezas y del trabajo, precisamente por eso, los capitalistas explotan a los pueblos y naciones oprimidos y al proletariado, y no ocurre lo contrario.

Mas, ¿por qué precisamente son los capitalistas los que compran la fuerza de trabajo de los obreros? ¿Por qué los proletarios son alquilados por los capitalistas, y no los capitalistas por los proletarios? Porque la base sobre la que se sustenta el régimen capitalista es la propiedad privada de los medios de producción. Porque las fábricas y talleres, las tierras y sus entrañas, los bosques, las vías de comunicación, las máquinas y otros medios de producción, son propiedad privada de un pequeño puñado de capitalistas. Porque los obreros se hayan privados de todo esto. Esta es la razón por la cual los capitalistas alquilan a los obreros, a fin de poner en marcha las fábricas y los talleres, de sacar la riqueza de la tierra y sus entrañas, de lo contrario, sus máquinas, sus propiedades y medios de producción no aportarían ninguna riqueza. Estas son las razones por las cuales los obreros venden su fuerza de trabajo a los capitalistas al encontrarse desposeídos de todo medio de producción; de lo contrario, se morirían de hambre. Esta es la cruda realidad del carácter general de la sociedad capitalista. De suyo se comprende, que la economía capitalista se haya totalmente fraccionada, no es algo compacto y organizado, está en todas partes fraccionada en empresas privadas de los diferentes capitalistas.

Es evidente también, que el único fin de esta producción fraccionada no es la satisfacción de las necesidades de la población, sino la producción de mercancías para su venta, a fin de aumentar las riquezas de los capitalistas. Mas como cada capitalista centra su única aspiración en aumentar sus ganancias, cada uno de ellos trata de producir la mayor cantidad posible de productos, trayendo como consecuencia la saturación de los mercadas, los precios de las mercancías bajan y se producen las periódicas crisis generales o parciales, a las que nos tiene acostumbrado el sistema capitalista. De esta forma se deduce que las crisis, el paro, las intermitencias de la producción, etc., son el resultado directo de la falta de organización de la producción capitalista contemporánea. A pesar de las medidas y normas que a veces tratan de imponer, no para regularizar la producción sino para paliar en lo posible el hundimiento de los mercados por los efectos de las crisis, la economía capitalista  no puede sustraerse de sus leyes y carácter: Máxima ganancia con el mínimo coste y anarquía total en la producción. Y, si este régimen social de explotación y opresión, carente de organización, no ha sido aún destruido, si resiste a los ataques de los pueblos oprimidos del mundo y del proletariado, eso se explica porque lo defiende un Estado capitalista, un gobierno, un ejército, una concepción del mundo dominante, etc.

Lo expuesto sintéticamente, es la base de la sociedad capitalista en su estadio superior y último. No cabe duda que la futura sociedad ha de ser edificada sobre las ruinas de la actual, preñada aún de lo viejo, pero con una base totalmente distinta a la actual. La futura sociedad será á la sociedad socialista, como paso previo al comunismo. Esto significa que, ante todo, se establecerán las bases que nos permitirán eliminar las clases sociales. No habrá ni capitalistas ni proletarios, ni opresores ni oprimidos y, por lo tanto, tampoco habrá explotación. En la futura sociedad habrá únicamente trabajadores que producirán en función de sus propias necesidades comunes y colectivamente.

La sociedad futura será comunista. Lo que significa que en ella, a la par que el trabajo asalariado, será destruida toda forma de producción mercantil y la compraventa, por lo que en ella no habrá lugar para los compradores y vendedores de la fuerza de trabajo, para los empresarios y asalariados: en ella habrá únicamente trabajadores libres.

La sociedad futura es la comunista. Esto significa que en ella, a la par que el trabajo asalariado, será destruida toda propiedad privada sobre los instrumentos de producción, no habrá ni pobres ni ricos, en ella habrá solamente trabajadores que poseerán colectivamente toda la tierra y sus entrañas, todos los bosques, todas las fábricas y talleres, todas las comunicaciones y medios, etc.

De todo lo expuesto se desprende que, el fin principal de la futura producción es la satisfacción directa de las necesidades de la sociedad y no la producción de mercancías para la venta en aras del aumento de las ganancias de los capitalistas. En ella no habrá á lugar para la lucha por la ganancia, etc.

Obviamente, es evidente que la futura producción será una producción planificada, organizada de un modo socialista, altamente desarrollada, que tendrá en cuenta las necesidades de las masas y producirá exactamente aquello que sea primordial y necesario para la sociedad. Los excedentes, servirán para mejorar las condiciones de las masas, contribuir al desarrollo de la ciencia y la cultura y no para engordar las arcas de una minoría de capitalistas y burócratas.

En la futura sociedad no habrá cabida para dispersión de la producción, ni para la concurrencia, ni para las crisis, ni para el paro forzoso, el bien común se sustentará en el trabajo como deber y el desarrollo del progreso y el conocimiento humanos como metas comunes a la eliminación de las clases sociales.

Donde no hay clases, donde no hay ni ricos ni pobres, tampoco existirá la necesidad del Estado, ni del Poder político, que oprime a los desposeídos y defiende y garantiza los intereses de los ricos. Por consiguiente, en la sociedad comunista futura no existirá la necesidad del poder político.

Por esta razón, Marx nos dice: “La clase obrera, en el curso de su desarrollo, colocará en el lugar de la vieja sociedad burguesa una asociación que excluya las clases y sus antagonismos; no habrá ya poder político propiamente dicho...”

Por si quedara alguna duda al respecto, Engels, reafirmando lo señalado por Marx, en su gran ensayo “Origen de la familia, de la propiedad privada y del Estado”, nos dice: “Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado ni del Poder estatal. Al llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, el Estado se hizo... necesario.” “Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstá áculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá inevitablemente el Estado. La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce”.

Al mismo tiempo, de suyo se comprende que para llevar los asuntos comunes, además de los Consejos locales, en los que han de concentrarse los diferentes datos, la sociedad comunista necesitará de un Consejo central de estadística, que habrá de reunir los datos sobre las necesidades de toda la sociedad y someter a discusión, en consonancia con ello, las diferentes tareas entre los trabajadores.

Serán también necesarias conferencias y, en particular, congresos, cuyas decisiones han de ser de absoluto cumplimiento hasta el congreso siguiente para aquellos que queden en minoría.

Es evidente que para que el trabajo sea libre y camaraderil, ha de conllevar una satisfacción igualmente camaraderil y completa, de todas las necesidades en la futura sociedad. Esto significa que a cada miembro de la sociedad se le habrá de exigir tanto trabajo como aquél pueda dar y ésta a su vez conceder a cada uno tanto como necesite. ¡De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades! Esta será la base sobre la cual ha de ser creada la futura sociedad comunista.

Se comprende también que, tras la destrucción de la vieja sociedad y el viejo estado; la nueva sociedad se iniciará con la pervivencia de aspectos de lo viejo en aquellos elementos que aún no están habituados al trabajo, que las fuerzas productivas no estarán en muchas partes suficientemente desarrolladas y que persistirá durante un tiempo una aguda lucha entre lo viejo y lo nuevo, entre la restauración y la contrarrestauración, por lo que la aplicación del principio comunista deberá pasar por diferentes etapas intermedias que permitan cambiar la concepción del mundo y desarrollar lo suficiente las fuerzas productivas. Así mismo, hemos de tener en cuenta el desarrollo desigual de la revolución proletaria mundial y que al comunismo entraremos todos o ninguno. Pero es evidente también que, cuando la futura sociedad entre en su cauce, cuando las supervivencias del capitalismo hayan sido extirpadas de raíz, el único principio de la sociedad será el principio comunista.

Al respecto Marx, en su obra “Crítica del programa de Gotha”, nos señala: “en la fase superior de la sociedad comunista (es decir, socialista), cuando desaparezca la subordinación esclavizadora del individuo bajo la división del trabajo, y desaparezca, a la par de esto, el contraste entre el trabajo intelectual y manual; cuando el trabajo no sea ya solamente un medio de vida, sino que se convierta en una necesidad primordial de vida; cuando juntamente con el desarrollo de los individuos en todos los aspectos crezcan también las fuerzas productivas, ...... sólo entonces se podrá superar por completo el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá inscribir en su bandera: “De cada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades”.

Este es, en líneas generales, el esquema de la futura sociedad comunista. Todo esto está muy bien, nos dirán todos aquellos influenciados y dominados por el escepticismo burgués, tan difundido en los últimos tiempos y, fundamentalmente, a causa de la restauración capitalista en los otrora países socialistas.

Pero, ¿es concebible la realización del socialismo y del comunismo? ¿Puede el hombre extirpar de sí sus “bárbaras costumbres”?. Si cada uno ha de recibir según sus necesidades, ¿se puede suponer que el desarrollo de las fuerzas productivas será el suficiente para ello?

La futura sociedad comunista presupone unas fuerzas productivas lo suficientemente desarrolladas y un cambio profundo y radical en la concepción del mundo de la humanidad. Para lograr este profundo y radical cambio, el Presidente Mao y la experiencia de la construcción del socialismo, nos han dotado de las armas fundamentales, de la Gran Revolución Cultural Proletaria, donde los objetivos tácticos fundamentales son, conjurar la restauración capitalista y el desarrollo de la producción, manteniendo, desarrollando y elevando la dictadura del proletariado; pero, y esto es lo sumamente importante, su objetivo estratégico es la transformación de la concepción del mundo.

A medida que avanzamos, irremediablemente, hacía el hundimiento definitivo del capitalismo, no podemos dejar de que el desarrollo de las modernas fuerzas productivas y de los pueblos y naciones, se hayan obstaculizados por la propiedad capitalista, pero si se tiene en cuenta que en la futura sociedad no existirá dicha propiedad, resulta claro de por sí, que las fuerzas productivas de multiplicarán. ¿Acaso se puede dudar de esto tras las experiencias de la construcción socialista antes de la restauración capitalista en la otrora URSS y China? No hay que olvidar tampoco la circunstancia de que, en la futura sociedad, millones de parados y de parásitos hallarán ocupación y engrosarán las filas de los trabajadores, lo que impulsará el desarrollo de las fuerzas productivas.

En lo referente a los “bárbaros sentimientos” dominantes hoy en la humanidad, no son eternos. ¿Acaso no hubo un tiempo en que no formaba parte de los sentimientos de los hombres, no era reconocida, la propiedad privada?; posteriormente ¿no llegó la época de la propiedad individualista, en que la propiedad privada se adueñó de la humanidad y no ha llegado otra época en que aparece la producción socialista? ¿Qué tendrá de extraño que en los sentimientos de la humanidad penetren las ideas y concepción comunistas? ¿Acaso no es el ser el que determina la conciencia de los hombres?

Mas, se preguntarán, ¿dónde están las pruebas de la inevitabilidad de la implantación del comunismo, si hemos visto cómo ha fracaso esta construcción en los países socialistas? ¿Es inevitable que, tras el desarrollo del capitalismo contemporáneo, sigan el socialismo y el comunismo? ¿Quién no nos dice que el comunismo no sea un mas que sueño irrealizable? ¿Dónde están las pruebas, no sólo de fe de los desheredados de la tierra, sino científicas de ello?

Sintéticamente y para quienes sean capaces de reconocer hechos científicos, quienes logren desprenderse de su ignorancia y estupidez interesadas, les diremos que la historia está sujeta a leyes, que dichas leyes nos demuestran que la forma de propiedad se halla en dependencia directa de la forma de producción; como consecuencia de esto, al cambio de la forma de producción le sigue el cambio inevitable, tarde o temprano, de la forma de propiedad. ¡Nadie puede negar científicamente las leyes que rigen la historia!

Existió una época en que la propiedad tenía un carácter comunista, en que los bosques y campos por los que vagaban los hombres primitivos, pertenecían a todos, y no a personas aisladas. ¿Por qué existía entonces la propiedad comunista? Porque la producción era comunista, el trabajo era común y no podían prescindir unos hombres de otros. Llegó otra época, en que la propiedad tomó un carácter individualista – privado -, en que todo lo que era necesario al hombre (naturalmente, excepto el aire, el sol, etc.) estaba reconocido como propiedad privada. ¿Por qué razón se produjo este cambio? Porque la producción paso a ser individualista, cada cual comenzó a trabajar para sí, aislándose en su propio rincón. Por último, llegó otra época, la época de la gran producción capitalista, en que centenares y miles de obreros se reúnen bajo un mismo techo, en una misma fábrica, y están ocupados en un trabajo en común. ¿A qué no se ve hoy el viejo trabajo individual, en el que cada uno trabaja para sí? El trabajo asalariado ha roto con el viejo trabajo individual. A pesar de que la tendencia actual en las relaciones laborales traten de individualizar cada vez más al obrero y le hagan sentirse un trabajador individual, autónomo, cada obrero y todos los obreros de una fábrica, se hayan ligados por el trabajo, y no solamente con los propios compañeros de trabajo, sino también con los obreros de otros talleres que componen el conjunto de la fábrica. Basta con que se paralice un taller, para que los obreros de toda la fábrica se vean afectados y se queden sin faena, basta con que se paralice un sector concreto para que el resto de los trabajadores y toda la sociedad se vean afectados.

Como se ve y los hechos cotidianos demuestran, en proceso de la producción el trabajo ya ha tomado un carácter social, ha adquirido un matiz socialista. Esto, reiteramos, no ocurre sólo con las diferentes fábricas sino además con diferentes fábricas y ramas entre sí. Podemos comprobar cómo por el cierre o reestructuración de fábricas, en los últimos años, se han visto afectados todos los sectores de una comarca y provincias enteras del Estado, más en un país como el nuestro en que el sector de los servicios es fundamental. Podemos ver que basta con que se paralice por una huelga una fábrica, para que el resto de los obreros de otros sectores se vean afectados. ¿Acaso si se paralizasen los transportes no se verían afectados todos los sectores de la producción? En el propio seno de las denominadas democracias, de los países más adelantados, se han llegado a militarizar, en los últimos años, los aeropuertos a causa de la huelga de pilotos, controladores o del personal del aeropuerto.

Es evidente que el proceso de producción ha tomado un carácter social, colectivo. De aquí se deduce que, al carácter social de la producción no le corresponde el carácter privado de la apropiación, que el trabajo colectivo debe, inevitablemente, llevar a la propiedad colectiva, resulta claro de por sí, que el régimen socialista seguirá al capitalista y que al socialismo le seguirá el comunismo, con la misma inevitabilidad con que al día sigue la noche y a la tempestad la calma.

Así nos fundamentan las leyes de la historia la inevitabilidad de la destrucción del capitalismo, la construcción del socialismo y, tras sucesivas revoluciones culturales proletarias, la meta final e ineludible del comunismo, al que entraremos todos o ninguno. Todo ello en un proceso de zigzagues, de avances y retrocesos, de victorias y derrotas, exigiéndonos también su cuota de sangre y sacrificios, como todo proceso histórico así lo ha demandado.

La historia nos dice también que, la clase o grupo social que desempeña el papel principal en la producción social y que tiene en sus manos las principales funciones de la producción, con el tiempo debe, inevitablemente, convertirse en dueño de esta producción.

En el tiempo en que dominó la época del matriarcado, las mujeres eran consideradas dueñas de la producción, en la agricultura primitiva las mujeres jugaban el papel principal en la producción, ellas cumplían las principales funciones, mientras que los hombres erraban por los bosques y praderas, dedicados a la caza. Llegó un tiempo, la época del patriarcado, en que en la producción pasó a ser dominante el hombre. ¿Qué es lo que produjo tal cambio? Fue la economía ganadera, en que los instrumentos de producción eran la lanza, el lazo, el arco y la flecha, y en esto era principal el papel del hombre.

Con el tiempo, nos acercamos a otro momento, la época de la gran producción capitalista, en que los obreros, independientemente del sexo, juegan el papel principal en la producción, en que todas las funciones de la producción pasan a sus manos, en que sin su intercesión la producción no puede existir, en que los capitalistas no son necesarios para la producción, sino que al contrario, hoy impiden el desarrollo de la producción. ¿Cuál es el significado de esto? Que o bien ha de ser destruida toda la vida social, o bien el proletariado, tarde o temprano, inevitablemente, debe hacerse dueño de los medios de producción, en su único propietario, en su propietario socialista y que la división de sexos, el machismo imperante actualmente han de ser barridos. Las crisis capitalistas, cada día más cortas en tiempo, son el instrumento de la regeneración de dicha economía; pero lo más importante es, al mismo tiempo, el canto agónico de dicha economía y plantea a la sociedad, sin lugar a dudas, la disyuntiva entre los dos caminos que hoy se manifiestan: el camino capitalista, o el camino hacía el socialismo. Estas crisis hacen del todo evidente esta conclusión, ponen al descubierto el parasitismo del capitalismo, su incapacidad para resolver los problemas que hemos de enfrentar para la perspectiva de la humanidad y la inevitabilidad del triunfo del proletariado.

El socialismo científico se fundamenta y edifica, no sobre fundamentos de “justicia” abstracta, o amor al proletariado, se fundamenta sobre las sólidas raíces científicas, anteriormente señaladas. Engels nos dice: “Si tuviésemos más garantía en cuanto a la revolución que se avecina y que ha de transformar el régimen actual de distribución de los productos del trabajo... que la conciencia de que este régimen de distribución es injusto y de que, tarde o temprano, la justicia acabará por triunfar, ya podíamos sentarnos a esperar tranquilamente...”. Lo más importante en esta cuestión reside en que “el surgimiento del modo de producción capitalista contemporáneo, de las fuerzas productivas y del sistema de distribución de bienes materiales creados por él, entraron en flagrante contradicción con este mismo modo de producción, además, en tal grado, que hace necesario una revolución en el modo de producción y distribución. En este hecho material tangible...y no en las ideas de este o aquel pensador de gabinete, sobre lo justo o lo injusto, descansa la seguridad en la victoria del socialismo contemporáneo”. Esto no significa, que una vez que el capitalismo se descomponga, el comunismo pueda implantarse en cualquier momento, cuando lo queramos. De esta forma sólo piensan los anarquistas y otros ideólogos pequeño burgueses.

El ideal comunista no lo es de todas las clases. Es únicamente el ideal del proletariado, y en su realización no están interesadas todas las clases, sino tan sólo el proletariado. Lo que implica que el proletariado ha de ser la única clase dirigente, guiada por su vanguardia organizada, en la realización del comunismo. La destrucción de la vieja forma de producción, la concentración de la producción y la proletarización de la sociedad. Estas son las condiciones necesarias para la realización del socialismo y, en su desarrollo, el comunismo. Pero esto por sí solo no es aún suficiente. La mayoría de la sociedad puede estar ya proletarizada, pero el socialismo, no obstante, puede no ser realizado aún. Para que esto sea posible, el proletariado ha de forjar su conciencia de clase, su unidad, tomar el Poder con la guerra popular, pues sólo desde el poder y con el control de la sociedad por el Partido de la clase y la dictadura del proletariado, será posible desarrollar la revolución de nueva democracia en los países coloniales o semi-coloniales, iniciar la revolución socialista en los países capitalistas y, a través de revoluciones culturales proletarias, desarrollar la construcción del socialismo hasta el comunismo.

Por estas razones, el programa de los marxistas-leninistas-maoístas en las condiciones actuales se divide en dos partes: para las revoluciones de nueva democracia, programa mínimo, que tiene como fin el desarrollar la revolución de nueva democracia para abrir el camino al socialismo y programa máximo que se propone como fin el desarrollo del socialismo hasta el comunismo. Para los países capitalistas, programa máximo, que tiene como fin el desarrollo del socialismo hasta el comunismo.

Pero, ¿cómo debe actuar el proletariado, qué camino debe seguir para realizar conscientemente su programa, derrocar al capitalismo y construir el socialismo hasta el comunismo?

La respuesta a estas cuestiones es clara: el proletariado no podrá lograr el socialismo y el comunismo, mediante la conciliación con la burguesía. Irremediablemente ha de tomar el camino de la lucha, y esta lucha ha de ser lucha de clases, guerra de todo el proletariado y sus aliados naturales contra la burguesía. Pero la lucha de clases tiene formas muy diversas. Lucha de clases es por ejemplo, la huelga, sea ésta parcial o general. Lucha de clases es, indudablemente, el sabotaje y el boicot. Lucha de clases son, también las manifestaciones, las demostraciones, la participación en las elecciones - donde se den las condiciones como medio, no como fin. Todas estas son formas distintas de la lucha de clases. No vamos a esclarecer aquí cuál de las distintas formas de lucha tienen mayor importancia para el proletariado en su lucha de clases; anotemos tan sólo que, en su debido tiempo y lugar, cada una de ellas es absolutamente necesaria para la clase obrera como medio indispensable para el necesario desarrollo de su conciencia y de su organización. Y la conciencia y la organización, son tan imprescindibles para el proletariado como el aire para los seres vivos. Pero hemos de señalar que, todas estas distintas formas de lucha son únicamente, medios preparatorios, ninguna de estas distintas formas de lucha por separado representa un medio decisivo para que el proletariado pueda demoler el capitalismo. Es inconcebible que el proletariado pueda derrotar al capitalismo solamente con su participación en las elecciones - si se dan las condiciones para que se utilice este medio; el parlamento puede suponer, en un momento dado, la preparación de algunas condiciones para el derrocamiento del capitalismo.

¿Cuál es pues el medio decisivo con el cual el proletariado derrocará el régimen capitalista? Este medio es la revolución socialista, el levantamiento armado de las fuerzas revolucionarias del proletariado contra el poder reaccionario del capitalismo, con su Partido constituido en heroico combatiente e iniciador de la grandiosa gesta emancipadora de clase: la Guerra Popular.

Las huelgas, el boicot, el parlamentarismo, la manifestación, la demostración, la agitación, la propaganda, la organización, etc., todas estas formas de lucha son buenas como medios que preparan y organizan a la clase obrera y el resto de las masas populares. Pero ni uno sólo de estos medios es decisivo para destruir las causas originarias de la desigualdad existente. Es necesario que todos esos medios se concentren en un medio principal y decisivo, la clase obrera necesita ponerse en pie y librar el ataque decisivo contra la burguesía, para destruir el capitalismo hasta sus cimientos. Precisamente este medio principal y decisivo, la forma más alta de la lucha de clases, es la guerra popular. Guerra popular a librar en revoluciones de nueva democracia, socialistas y revoluciones culturales proletarias, hasta alcanzar la paz perdurable en el comunismo.

Pero, no se puede esperar la revolución, la guerra popular, como un golpe inesperado, decisivo y de poca duración, sino una lucha prolongada de las masas proletarias, que asestan derrotas a la burguesía, asumen sus inevitables propios fracasos y le arrebatan sus posiciones al viejo orden. Y como la victoria del proletariado será al mismo tiempo el dominio sobre la burguesía vencida, como durante el choque de las clases antagónicas la derrota de una clase significa el dominio de la otra, la fase inicial de la revolución socialista será el dominio político del proletariado sobre la burguesía: La dictadura del proletariado, la conquista del Poder por el proletariado, ejercida a través de sus consejos de obreros, con su Partido al frente. He aquí por dónde ha de comenzar la revolución socialista. Esto quiere decir que mientras la burguesía no esté completamente vencida, el proletariado debe ineludiblemente tener a su disposición una fuerza militar, debe indefectiblemente disponer de su propia “Guardia Roja Proletaria” y milicia armada, con ayuda de la cual rechace los ataques contrarrevolucionarios de la burguesía agonizante.

La dictadura omnímoda del proletariado sobre la burguesía es imprescindible, pues, para que con su ayuda el proletariado pueda expropiar a la burguesía la tierra, los bosques, las fábricas, las máquinas, los ferrocarriles, el capital, etc. Tal es el medio principal y decisivo con cuya ayuda el proletariado derrocará el régimen capitalista. De este principio general se derivan, precisamente, todas las demás concepciones tácticas. Las huelgas, el boicot, las manifestaciones, etc., tienen importancia tan sólo en tanto en cuanto contribuyen a la organización del proletariado, al fortalecimiento y ampliación de su organización para llevar a cabo la revolución. Tienen importancia, en cuanto sirven al desarrollo de la forma principal de lucha y de organización: la guerra popular. Así pues, para la realización del socialismo en nuestro país y en función de las condiciones objetivas de la lucha de clases aquí, es necesaria la revolución socialista por el camino de la guerra popular, y la revolución socialista ha de comenzar por la dictadura del proletariado, es decir, el proletariado debe tomar en sus manos el Poder, para con su ayuda expropiar a la burguesía. Pero para todo esto son necesarias la organización del proletariado, la cohesión del proletariado, su unificación, la creación de fuertes organizaciones de masas y su crecimiento incesante; pero lo principal hoy es la reconstitución del Partido, pues el elemento imprescindible que genera y encauza lo anterior.

¿Qué formas han de adoptar las organizaciones del proletariado? Las organizaciones más extendidas y de masas son los sindicatos. El objetivo de los sindicatos es la lucha, principalmente contra el capital, por el mejoramiento y mantenimiento de la situación de los obreros en el marco del capitalismo. Los sindicatos son necesarios de forma indiscutible para el proletariado como medios que organizan a las masas proletarias. Naturalmente los marxistas-leninistas-maoístas hemos de asirnos a estas formas de organización, consolidarlas y fortalecerlas en tanto y cuanto lo permitan las condiciones políticas.

Pero los sindicatos por sí solos no pueden satisfacer las necesidades de organización del proletariado en lucha. Esto es debido a que los sindicatos no pueden rebasar los marcos del capitalismo, pues su objetivo es el mejoramiento de la situación de los obreros, en el marco del capitalismo, por cuanto los obreros anhelan liberarse por completo de la esclavitud capitalista, anhelan romper esos mismos marcos, y no sólo moverse en los marcos del capitalismo. En consecuencia, hace falta además una organización que reúna en su torno a los elementos conscientes de los obreros de todas las profesiones, convierta al proletariado en una clase consciente y se proponga como su principal objetivo derrocar el orden capitalista, preparar e iniciar la guerra popular y conjurar los intentos de restauración capitalista. Tal organización es el Partido Comunista. Este Partido ha de ser un partido de clase, totalmente independiente de los demás partidos, dotado con concepción propia, con doctrina propia, con objetivos propios, con meta común a la del proletariado internacional; hasta en su composición orgánica ha de ser mayoría proletaria, pues no puede ocurrir, como pasaba en la URSS, en 1950, que la mayoría del Partido eran funcionarios y la clase representaba tan sólo una minoría. Este Partido ha de ser un partido revolucionario, saber cómo tomar el Poder y mantenerlo, y eso porque la emancipación de la clase obrera sólo es posible por la vía revolucionaria, por la violencia revolucionaria; todo esto desarrollado en dura lucha de dos líneas. Este partido ha de ser un partido ante todo internacionalista, no puede quedar restringido a los estrechos marcos nacionales, y eso porque la emancipación de los obreros no es un problema nacional, sino un problema social, que tiene idéntica importancia para el proletariado de todos los pueblos y naciones. De ahí resulta que, cuanto más estrechamente están unidos los proletarios de las diversas naciones y pueblos, cuanto más radicalmente sean demolidas las barreras nacionales levantadas entre ellos, tanto más fuerte ha de ser el partido proletario, tanto más fácil será la organización del proletariado en una única clase indivisible.

Las puertas del Partido proletario han de estar abiertas a cada proletario consciente que demuestre su condición comunista en teoría y en práctica. Es necesario que este partido aplique en sus organizaciones el centralismo democrático como principio de organización en oposición al fraccionamiento federalista. El Partido ha de tomar como ejemplo de organización al ejército, con disciplina propia, con una única voluntad y flexibilidad. Así, el Partido, como forma de organización genuina del proletariado, es la forma más alta que puede tomar la organización proletaria, el ejército ha de ser su forma principal de organización y el frente como su tercer instrumento para la toma del Poder por medio de la violencia revolucionaria.

La nueva época, y más la futura nueva gran ola de la revolución proletaria mundial, plantea que las organizaciones sean clandestinas, puesto que, el paso a las acciones revolucionarias significará la disolución de las organizaciones legales por los aparatos represivos del Estado burgués. Es necesario que para la construcción de dichas organizaciones clandestinas, el proletariado se deshaga, pase por encima de los líderes oportunistas y liquidadores, que hoy dominan en las organizaciones de clase, aislando y, finalmente, destruyendo sus organizaciones revisionistas instrumentos de la burguesía en nuestras filas. No olvidar jamas este principio, que su negación nos delatará hoy al revisionismo: ¡El Partido ha de ser construido en torno al fusil, y desarrollar interrelacionadamente los tres instrumentos de la revolución: Partido, ejército y frente!. Así pues, el Partido proletario ha de ser un partido militarizado y la construcción concéntrica de los tres instrumentos, se debe afrontar desde el inicio de la reconstitución, en lucha contra el revisionismo. La militarización de los partidos comunistas, es base política que tiene contenido estratégico; es el conjunto de transformaciones, cambios y reajustes, que necesita para iniciar y dirigir la guerra popular como forma principal de lucha y organización, que genere el nuevo Estado. Esta militarización es clave para desarrollar la revolución de nueva democracia, la socialista y las culturales proletarias necesarias.

Como síntesis de lo expuesto (más ampliamente desarrollado en Bandera Roja nº 12) deducimos que, el Partido proletario ha de construirse sobre la base ideológica del marxismo-leninismo-maoísmo, construir simultáneamente lo organizativo en el fragor de la lucha de clases, la lucha de dos líneas y el batallar sin tregua contra el revisionismo, con una dirección única y una jefatura, todo ello enmarcado en función de la lucha armada para la conquista del Poder.

¿Cuáles han de ser las relaciones mutuas entre el Partido, por un lado y las organizaciones de masas por otro? ¿Deben ser independientes unas de otras, no estar ligadas al Partido? Las organizaciones económicas y reivindicativas, si no están en estrecha relación, ligadas y adheridas al Partido, reducen sus objetivos, olvidan los intereses generales de la clase obrera e infieren un gran daño al proletariado, además niegan la necesidad incuestionable del Partido, su carácter de clase y la dirección del sector más resuelto de la clase. Por estas razones, es necesario que las organizaciones económicas y de masas estén sujetas al Partido, asuman su plena dirección ideológica y política. Sólo bajo estas condiciones, las organizaciones de masas se convertirán en auténticos instrumentos al servicio de la clase, en escuelas populares de la clase que organicen, en una lucha consciente y consecuente, al proletariado.

Estos son, en líneas generales, los rasgos característicos del socialismo científico. ¿Cómo consideran los anarquistas el socialismo científico? Ante todo es necesario saber que el socialismo científico no es hoy simplemente una doctrina filosófica, es la doctrina que las masas proletarias y populares, han hecho suya en lucha, su bandera. Las masas proletarias y populares de los pueblos oprimidos del mundo y la clase obrera, la veneran. Por lo tanto, Marx, Engels, Lenin, Stalin, el Presidente Mao, el Presidente Gonzalo y el Pte. Víctor en nuestro país, no son simplemente los fundadores y sustentadores de una “escuela” filosófica cualquiera, son los jefes reconocidos vivos del movimiento obrero vivo que crece y se fortalece depurándose de sus lacras cada día. Quien luche contra esta doctrina, quien quiera “echarla por tierra”, debe tener en cuesta esto para no estrellarse estérilmente en una guerra desigual. Esto lo saben bien los anarquistas. Por eso en la lucha contra el marxismo-leninismo-maísmo recurren a su arma acostumbrada. Este procedimiento consiste en acusarnos de “plagio literario”.

Pero, antes de continuar deberíamos preguntarnos ¿poseen los anarquistas un nuevo estudio de la producción capitalista? ¿Han refutado El Capital? ¡No, de ninguna manera! O quizás, armados de “nuevos hechos” y de un método “inductivo”, ¿ refutan “científicamente” el “evangelio” del comunismo: el “Manifiesto Comunista”? ¡No!

Acusan a Marx y Engels de haber plagiado el Manifiesto Comunista. Resulta, según los anarquistas, que Marx y Engels, por ejemplo, no tienen nada de su propia cosecha, que el socialismo científico es una invención, y todo esto porque dicen que el Manifiesto Comunista ha sido “usurpado” desde el comienzo hasta el fin, del “Manifiesto de Víctor Considérant”. Esto resultará muy cómico para quien haya tenido la precaución, antes de ponerse eructar tonterías de este tipo, de leer e informarse un poco.

Han reiterado tanto, estos “Basilios”, esta cantinela de “comadres”, que merece la pena analizarla y aclararla de una vez por todas. Los más considerados anarquistas, de los que se dedican a esparcir estiércol por doquier, dicen: “Toda la parte teórica del Manifiesto Comunista, a saber, los capítulos primero y segundo... están tomados de V. Considérant. Por consiguiente, el Manifiesto de Marx y Engels [esta biblia de la democracia revolucionaria legal] no representa más que una torpe perífrasis del Manifiesto de V. Considérant. Marx y Engels no sólo se apropiaron del contenido del Manifiesto de Considérant, sino que... tomaron hasta algunos títulos”. “Se puede afirmar resueltamente que su [de Marx y Engels] principal obra [el Manifiesto Comunista] es un simple robo [plagio], un robo desvergonzado, pero lo copiaron no, palabra, por palabra como hacen los ladrones corrientes, sino que robaron sólo las ideas y las teorías...”.

Así, resulta que el socialismo científico con sus fundamentos “ha sido robado” del Manifiesto de Considérant. ¿Existen fundamentos para tal afirmación? ¿Quién es V. Considérant? ¿Quién es C. Marx? V. Considéran, falleció en 1893, era un discípulo del utopista Fourier y continuó siéndolo de forma incorregible, que consideraba que la salvación de Francia estaba en la conciliación de todas las clases sociales. Carlos Marx, falleció en 1883, era materialista, enemigo de los utopistas, y veía la garantía de la emancipación de la humanidad en el desarrollo de las fuerzas productivas y en la lucha de clases.

¿Qué hay de común entre ambos? La base del socialismo científico es la teoría materialista de Marx y Engels. Partiendo de este punto de vista, el desarrollo de la vida social es determinado plenamente por el desarrollo de las fuerzas productivas. Si el régimen burgués siguió al feudalismo, la causa de esto fue el desarrollo de las fuerzas productivas que hizo inevitable el surguimiento, ascenso y triunfo de la burguesía. Si al régimen burgués ha de seguir de manera inevitable el socialismo, es debido al desarrollo de las fuerzas productivas. De ahí emana la necesidad histórica de la destrucción del capitalismo y de la instauración del comunismo. De ahí emana también la tesis marxista que dice que debemos buscar nuestros ideales en la historia del desarrollo de las fuerzas productivas y no en las cabezas de los hombres. Esta es la base teórica del Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

¿Dice algo semejante el “Manifiesto democrá ático” de Considérant? ¿Sostiene Considéran un punto de vista materialista? Ningún anarquista puede afirmar (salvo que pretenda mentir como un vil bellaco) que el “Manifiesto democrático” y el propio Considérant, confirmen una condición materialista. Muy al contrario, Considérant es conocido en la historia del socialismo como un idealista utópico. Estos peregrinos críticos anarquistas, se dedican a decir vaciedades, a expandir su propia porquería con una manguera para tratar de enlodarlo todo, y ni tan siquiera son capaces de distinguir entre idealismo y materialismo. La base del materialismo científico es la doctrina sobre la lucha inconciliable de clases. La lucha de clases del proletariado es el arma por medio de la cual éste conquistará el poder y destruirá a la burguesía para instaurar el comunismo. Tal es la base táctica del socialismo científico expuesta por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. ¿Se dice algo semejante en el “Manifiesto democrático” de Considérant?

¿Reconoce Considérant la lucha de clases como la mejor arma en manos del proletariado? En el “Manifiesto democrático” de Considérant no se dice ninguna palabra sobre esto, él se refiere solamente a la lucha de clases como un hecho lamentable. Es más, a este respecto el “Manifiesto democrático” de Considérant, dice: “El capital, el trabajo y los talentos: he aquí los tres elementos fundamentales de la producción, las tres fuentes de la riqueza, las tres ruedas del mecanismo industrial... Las tres clases que los representan, tienen “intereses comunes”; su misión consiste en “obligar a las máquinas a trabajar para los capitalistas y para el pueblo...” Ante ellos... se alza el grandioso objetivo de unir a todas las clases mediante la unidad de la nación..”.

¡Todas las clases, uníos! He aquí el principio básico y consigna que proclama V. Considérant en su “Manifiesto democrático”. ¿Qué hay de común entre esta táctica de conciliación de clases y la táctica de lucha inconciliable de clases de Marx y Engels? ¿En qué se parece el llamamiento resuelto ¡Proletarios de todos los países, uníos contra todas las clases antiproletarias!? Naturalmente, no hay nada en común. Es más, el “Manifiesto democrático” de Considéran ¿no nos suena al más crudo y puro fascismo?

Por si los anteriores argumentos no les sirven a estos calumniadores, hay otra circunstancia a tener en cuentas. V. Considérant vivió hasta 1893; en 1843 publicó su “Manifiesto democrático”. Marx y Engels escribieron, a fines de 1847, el Manifiesto Comunista. Desde entonces el Manifiesto Comunista se ha reeditado, y continúa haciéndose repetidas veces en todas las lenguas. Es sabido que Marx y Engels hicieron época con el Manifiesto Comunista. A pesar de eso, ni Considérant ni sus amigos, declararon nunca que Marx y Engels habían robado el “socialismo” del “Manifiesto” de Considérant. ¿Qué induce entonces a estos arribistas, perdón, a estos sabios anarquistas, a decir tantas tonterías? ¿Por casualidad conocen mejor que nadie el Manifiesto de Considérant? O tal vez  ¿Presuponen que Considérant y sus partidarios no leyeron el Manifiesto Comunista?

Pero digamos ¡Basta! ¡Basta! Porque nos encontramos ante el colmo de la estupidez en su grado más superlativo. Pasemos al fondo de la crítica, a su esencia. Los anarquistas, de siempre han sido atacados de un mal, una enfermedad incurable: adolecen de criticar a los partidos de sus adversarios, pero ni tan siquiera se molestan en conocer las posiciones de estos partidos. Hemos visto como, los anarquistas, han procedido así al “criticar” el materialismo dialéctico. Así actúan también cuando critican el socialismo científico.

Veamos el siguiente hecho. Es sabido que entre los marxistas-leninistas-maoístas y los revisionistas y socialdemócratas existen divergencias de principio. ¿Quién no conoce que los segundos niegan el marxismo, la teoría materialista
dialéctica, su método dialéctico, su programa, la lucha de clases, etc., mientras que los auténticos comunistas se basan enteramente en el marxismo? Para quienes hayan oído, aunque sea vagamente, de la polémica entre ambos, es obvio la existencia de diferencias de principio. Pues bien, para los anarquistas, estas diferencias no existen, meten en un mismo saco a revisionistas, socialdemócratas y comunistas, dicen que todos son marxistas.

Es un hecho incuestionable, que los anarquistas siempre se han prodigado en sus ataques a los grandes jefes reconocidos por millones de obreros y masas del mundo. Arreciando y siendo a veces sus críticas más encarnizadas que las de los propios reaccionarios e imperialistas, dicen de Lenin que con él se frustró el poder de los soviets. Arremeten contra Pte. Mao, señalando que era un nacionalista. Calumnian al Pte. Gonzalo con las mismas armas que están utilizando el imperialismo y el revisionismo. A esto se reduce el conocimiento que estos adoradores del idealismo y la metafísica, tienen de los principios del comunismo y de los grandes jefes del proletariado combatiente.

Después de todo esto resulta claro, de por sí, hasta qué punto es fundada su “crítica científica” sobre el marxismo. La principal crítica y acusación de los anarquistas consiste en que éstos no reconocen a los comunistas como auténticos “socialistas” y nos dicen: “vosotros no sois socialistas, vosotros sois enemigos del socialismo”. Al respecto escribe Kropotkin: “Nosotros llegamos a otras conclusiones que la mayoría de los economistas... de la escuela socialdemócrata... Nosotros... llegamos hasta el comunismo libertario, mientras que la mayoría de los socialistas llega hasta el capitalismo de Estado y el colectivismo”. Ahora bien, ¿en qué consiste el “capitalismo de Estado” y el “colectivismo” de los socialdemócratas, según lo entiende Kropotkin? Continua diciendo: “Los socialistas alemanes dicen que todas las riquezas acumuladas deben ser concentradas en manos del Estado, que las pondrá a disposición de las asociaciones obreras, organizará la producción y el cambio y velará por la vida y el trabajo de la sociedad”. Continúa más adelante: “En sus proyectos... los colectivistas cometen... un doble error. Quieren destruir el régimen capitalista, y a la vez conservan dos instituciones que constituyen el fundamento de este régimen: el gobierno representativo y el trabajo asalariado... El colectivismo, como es sabido... conserva... el trabajo asalariado. Lo único que ocurre es que... el gobierno representativo... pasa a reemplazar al patrono... se reservan el derecho de utilizar en interés de todos la plusvalía obtenida de la producción. Además, en este sistema se establece diferencia... entre el trabajo del obrero y el trabajo de una persona instruida: el trabajo del peón, a juicio del colectivista, es un trabajo simple, mientras que el artesano, el ingeniero, el hombre de ciencia, etc., se ocupan de lo que Marx llama trabajo complejo, y tienen derecho a un salario superior... Así, pues, los obreros recibirán los productos que les son necesarios, no según sus necesidades, sino según los servicios proporcionalmente prestados a la sociedad”.

Esta es la primera acusación de los anarquistas contra los comunistas. Así, de sus razonamientos se desprende que:

I.                   En opinión de los comunistas, el comunismo es imposible sin gobierno, que en calidad de dueño principal ha de contratar a los obreros y ha de tener indefectiblemente “ministros..., policías, confidentes”.

II.                En el comunismo, en opinión de los comunistas, no será destruida la división en trabajo “bruto” y “fino”, en ella se rechazará el principio: “a cada uno según sus necesidades”, y será reconocido otro principio: “a cada uno, según sus méritos”.

Basándose en estos puntos, levantan su la acusación contra los comunistas. ¿Tiene algún fundamento esta acusación? La visión de los anarquistas no es más que una visión poco meditada y una calumnia hecha con toda la mala fe de que son capaces estos adoradores del idealismo y la metafísica. Es la visión de quienes carecen argumentos para la crítica y hacen la lectura deseada a su imagen de aquello con lo que desean criticar.

Veamos los siguientes hechos. En el año 1846, Marx dice en  “Miseria de la filosofía”: “La clase obrera, en el curso de su desarrollo, colocará en el lugar de la vieja sociedad burguesa una asociación que excluya las clases y su antagonismo; no habrá ya poder político propiamente dicho...”. Un año después expresaban el mismo pensamiento Marx y Engels en el Manifiesto Comunista. En 1877, Engels manifestaba en el  “Anti-Dühring”: “El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará poco a poco superflua en campo tras otro de la vida social y se extinguirá por sí misma...”. Siete años después, en su escrito sobre el “Origen la familia, de la propiedad privada y del Estado” nos dice: “Por tanto, el Estado no ha existido eternamente. Ha habido sociedades que se las arreglaron sin él, que no tuvieron la menor noción del Estado... Al llegar a una determinada fase del desarrollo económico, que estaba ligada necesariamente a la división de la sociedad en clases, esta división hizo que el Estado se convirtiese en una necesidad. Ahora nos acercamos con paso veloz a una fase de desarrollo de la producción en que la existencia de estas clases no sólo deja de ser una necesidad, sino que se convierte en un obstáculo directo para la producción. Las clases desaparecerán de un modo tan inevitable como surgieron en su día. Con la desaparición de las clases desaparecerá á inevitablemente el Estado. La sociedad, organizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de las antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce”.

Como se ve, en la posición de los comunistas, en el comunismo no habrá lugar para el denominado Estado, para el Poder político con sus ministros, policías, ejército, etc. La última fase de la denominada existencia del Estado será el período de la revolución socialista, desde el momento en que el proletariado conquiste el Poder y desarrolle su dictadura omnímoda sobre la burguesía, sobre la base de los consejos obreros, el mar armado de masas concretado en la milicia armada y el desenvolvimiento de cuantas revoluciones culturales proletarias y guerra popular necesarios para la destrucción definitiva de la burguesía y todos sus resquicios. Pero, en cuanto sea destruida la burguesía, cuando sean destruidas las clases, cuando se consolide el socialismo en el mundo, no habrá ninguna traba que impida la entrada de todos o ninguno al comunismo. Entonces no habrá ningún Poder político, y el llamado Estado será relegado a los dominios de la historia. En consecuencia, la acusación de los anarquistas al respecto es una calumnia carente de todo fundamento.

En cuanto a la segunda acusación de los anarquistas, Marx dice claramente lo siguiente: “En la fase superior de la sociedad comunista (es decir, socialista), después de que desaparezca la subordinación del hombre a la división del trabajo, subordinación que esclaviza a aquél; cuando desaparezca, a la par de esto, es contraste entre el trabajo intelectual y manual, cuando el trabajo... se convierta en una necesidad primordial de la vida; cuando, juntamente con el desarrollo de los individuos en todos los aspectos, crezcan también las fuerzas productivas..., sólo entonces se podrá superar por completo el estrecho horizonte del derecho burgués, y la sociedad podrá á inscribir en su bandera: ‘de dada uno, según su capacidad; a cada uno, según sus necesidades’”. Como vemos la exposición de Marx sobre la futura sociedad comunista es clara y categórica. ¿Qué habrán querido ver los anarquistas?  Los comunistas siempre hemos entendido que la fase superior del socialismo (es decir en las puertas del comunismo), es un régimen en el que la división del trabajo “bruto” y “fino”, y la contradicción entre el trabajo intelectual y manual serán eliminadas totalmente, el trabajo será nivelado y en la sociedad reinará completamente el principio comunista: de cada uno según, su capacidad; a cada uno, según sus necesidades; y que en dicha sociedad no habrá lugar para el trabajo asalariado. En cualquier escrito de los grandes maestros y guías del proletariado, se podrá ver con luz clara y precisa, que las acusaciones de los anarquistas son una total falsedad. Pero, ¿por qué hacen tales acusaciones del todo falsas los anarquistas¿ La respuesta a estos interrogantes sólo podemos encontrarla en el hecho de que ni tan siquiera se han leído los principios establecidos por Marx y, únicamente se dedican a criticar como “Basilios”, o bien conocen los principios que nos guían, pero no les queda otra salida que dedicarse a mentir y falsear descaradamente.

La segunda crítica y acusación de los anarquistas, estriba en que niegan el carácter revolucionario de los comunistas. Nos dicen que nosotros no somos revolucionarios, que negamos la revolución violenta, que queremos implantar el socialismo sólo mediante elecciones. ¿Pueden sostenerse tales acusaciones? Basta con ser capaces de dar un vistazo a la historia, en los últimos 80 años, para no soltar una estruendosa carcajada ante tan estúpida acusación.

¿Acaso se conquistó el Poder el Rusia por medios pacíficos y papeletas electorales? ¿Qué nos dicen de China? ¿Qué de los más de diecinueve años de guerra popular en el Perú y la posteriormente iniciada en Nepal? En la etapa superior y última de la ideología del proletariado, y como continuación de lo establecido en el Manifiesto Comunista, el Presidente Mao nos sintetiza estableciendo e principio incuestionable para todo aquel que se precie de ser comunista: “El Poder nace del cañón del fusil”.

¿Qué dicen al respecto los anarquistas? “A los Socialdemócratas (léase comunistas)..., les gusta declarar sobre el tema de la ‘revolución’, de la ‘lucha revolucionaria’, de la ‘lucha con las armas en la mano’... Pero si, llevados de la ingenuidad, les pedís armas, os entregarán solemnemente una papeleta para depositar el voto en la urna electoral... que la única táctica conveniente, adecuada a los revolucionarios, es el parlamentarismo pacífico y legal con el juramento de fidelidad al capitalismo, al Poder establecido y a todo el régimen burgués vigente”.

Nada más lejos de la realidad. La historia y los hechos, han demostrado fehacientemente la falsedad de estas calumnias sobre los comunistas. ¿Dónde han llevado al movimiento obrero la bomba y la acción individual, prédica constante de los anarquistas? A ninguna parte. Los hechos históricos han demostrado que dicha táctica sólo sirve a quiénes tratan de desviar al proletariado del justo y correcto camino de la guerra popular, enfrentando lucha armada contra lucha armada. Los que sólo ven la bomba y la acción individual aislada de la lucha de clases, como única acción revolucionaria, solo buscan el desgaste de la clase y, a la larga, son los que tratan de encaminarnos hacia acciones legales o ilegales sin salida, que el estado imperialista puede asumir como males menores.

Desde luego, nosotros los comunistas, siempre hemos dejado claro, de palabra y obra, que nos forjamos y bregamos por organiza al proletariado en la perspectiva de la guerra popular y el Poder para el Partido y la clase obrera. Este es el único modo en que se puede servir a la clase. Pero parece ser, que la testarudez de los hechos no les basta a los anarquistas.

Al igual que Marx y Engels, seguimos reafirmándonos en los principios por ellos establecidos: “Los comunistas consideran indigno ocultar sus conceptos y propósitos. Proclaman abiertamente que sus objetivos no pueden ser alcanzados sino por el derrumbamiento violento de todo orden social vigente. ¡Qué las clases dirigentes tiemblen ante la Revolución comunista! Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar. ¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAISES, UNIOS!”

En 1850, ante la inminencia de un nuevo alzamiento en Alemania, Marx decía a sus camaradas alemanes: “Las armas y municiones no deben ser entregadas bajo ningún pretexto..., los obreros deben... organizarse en Guardia proletaria independiente, con sus propios jefes y su propio Estado mayor central...”. Esto “...deben tenerlo en cuenta durante la insurrección inminente y después”. En los años 1851-52, decían: “...Una vez comenzada la insurrección, es necesario actuar con la mayor decisión y pasar a la ofensiva. La defensiva es la muerte de toda insurrección armada... Es necesario sorprender desprevenido al adversario mientras sus fuerzas están aún dispersas; es necesario conseguir cada día nuevos éxitos, aunque sean pequeños... es necesario obligar al enemigo a retroceder, antes de que pueda reunir sus fuerzas contra ti; en suma, actúa según las palabras de Danton, el más grande maestro de táctica revolucionaria que conoce la historia: ‘De l´audace, de l´audace, encore de laudace´”

A la vista están los principios que nos guían. Entonces ¿qué tienen que ver las acusaciones que nos hacen con estos? Para los comunistas, no se trata únicamente de solicitar el voto a los obreros, sino todo lo contrario. Pero, lo que si hemos de reconocer es que, en las circunstancias históricas en que los Partidos comunistas han solicitado el voto a los obreros, esto no ha sido un fin en si mismo, sino que los auténticos comunistas siempre han utilizado las elecciones como instrumento para organizar a la clase obrera en la perspectiva de la toma violenta del Poder y la destrucción del Estado burgués; siempre han utilizado el escaño parlamentario como un instrumento más para atacar y destruir el propio Parlamento burgués desde dentro, nunca para hacer política fiscalizadora. Esta, y no otra, ha sido la correcta acción de los comunistas con el voto y las elecciones burguesas.

Para finalizar, recordemos un poco la historia y veamos lo que Marx y decía sobre los acontecimientos de la Comuna de París, cuando ésta renunció, tras el total control de París, a atacar el nido de víboras contrarrevolucionarias de Versalles: “¡Qué flexibilidad, qué iniciativa histórica y qué capacidad de sacrificio tienen estos parisinos! ¡Después de seis meses de hambre.... se sublevan estando bajo la amenaza directa de las bayonetas prusianas! La historia no conoce todavía otro ejemplo de heroísmo semejante. Si son vencidos, la culpa no será más que de su ‘magnanimidad’. Se debía haber emprendido inmediatamente la ofensiva contra Versalles, en cuanto Vinoy y tras él la parte reaccionaria de la Guardia Nacional de París abandonaron el campo. Se dejó pasar el momento oportuno por escrúpulos de conciencia. No quisieron comenzar la guerra civil, ¡cómo si el monstruoso engendro de Thiers no la hubiera iniciado ya con su tentativa de desarmar a París!”

¿Encierran acaso las palabras de Marx algún llamado, en esas circunstancias, a los parisinos a las elecciones y al parlamentarismo? Obviamente, todo lo contrario. Por lo que claramente podemos ver, Marx nunca estuvo conforme con la actitud pasiva de los parisinos y su magnanimidad ante el nido de la contrarrevolución de Versalles. De esta forma es como pensaban y actuaban Marx y Engels. Así es como seguimos pensando y actuando los comunistas hoy. Contrariamente, los anarquistas continúan pregonando, una y otra vez, sus calumnias contra Marx y Engels, cuando dicen: “¡A Marx y Engels y a sus secuaces sólo les interesan las papeletas electorales: no reconocen las acciones revolucionarias violentas!”.

Como estamos viendo, las acusaciones de los anarquistas carecen de total fundamento, y lo que realmente manifiestan es una total ignorancia y una desmesurada pasión por la calumnia, hacia los comunistas. Pero, aún hay quienes nos dirán que el anarquismo de hoy no es el mismo que el del siglo pasado, que han evolucionado y sacado lecciones históricas. A estos les respondemos, trasladándonos en el tiempo, que es totalmente falsa tal evolución, que careciendo de un correcto método de análisis y perspectivas, no han comprendido nada del desarrollo y experiencias del movimiento obrero y continúan constituyendo un freno para el correcto desarrollo del movimiento revolucionario, necesario de la clase obrera.

Veamos, sino, a la luz de los hechos y ante la reciente “Huelga General del 27 de enero”, las posiciones y alternativas de los anarquistas y comparémoslas con las posiciones y alternativas del Partido Comunista de España.

Sumándose a la convocatoria de los oportunistas, quienes una vez más se disponían a cabalgar por encima de los intereses de la clase y utilizarla para sus propios fines, los anarquistas decían: “Los Cenetistas consideramos que hay frenar el actual ataque al que nos somete el capitalismo y su gobierno defensor. Pero sacando experiencias de las anteriores movilizaciones, proponemos a todos los trabajadores y ciudadanos la realización de una Huelga General, esto es, una acción que acabe cuando se consigna hacer retroceder a los explotadores en sus ansias opresoras: el despido libre, el empleo precario, la congelación salarial, el aumento de los productos de primera necesidad

“Contra ello la C.N.T. propone: las 30 h. semanales sin reducción de salario; el pleno empleo para todos; la economía no competitiva; la congelación de los precios; la ocupación por parte de los trabajadores de aquellas empresas que cierren; la retirada de subvenciones a iglesias, partidos y sindicatos; aplicar el salario mínimo a políticos, militares y altos cargos." ... "Es necesario crear un movimiento social radical pero contra aquello que nos empobrecen: los banqueros y las multinacionales. Así pues, la Huelga General SI pero sin servicios mínimos,...”. Digamos ya basta y defendamos nuestra dignidad

¿No eran los anarquistas quienes acusaban a los comunistas de pretender únicamente llegar hasta el capitalismo de estado y el colectivismo, mientras que ellos pretenden alcanzar lo que denominan Comunismo Libertario? Sin ánimo de ser malintencionados, podemos deducir que su Programa recoge la esencia de lo que será la sociedad por la que ellos aspiran. Ante lo cual nos preguntamos: ¿No han acusado permanentemente los anarquistas a los marxistas de renunciar a los objetivos revolucionarios en aras de conservar la esencia del estado burgués? ¿No era Kropotkin quien acusaba a los comunistas de no atacar la esencia de la base económica sobre la que se sustenta la sociedad burguesa: el trabajo asalariado? ¿Dónde ha quedado su oposición revolucionaria al Estado cuando, para nada, recogen en su programa la destrucción de éste? Plantear la aplicación de salario mínimo a “políticos, militares y altos cargos”, sin atacar la esencia del estado, ¿no es entrar a fiscalizar, que no cuestionar, el estado burgués?.  Si estas las máximas de su programa, en lo que respecta al Estado y sus pilares, no hay más que compararlas con las citas, que hemos sacado de los principios establecidos por C. Marx, para ver claramente dónde están los principios revolucionarios de la clase y dónde la palabrería vacía de todo contenido de clase revolucionario. En momentos históricos pasados han hablado de la necesidad de un movimiento revolucionario; hoy, a lo sumo, su propuesta de necesidad para la clase obrera no va más allá de un “movimiento social radical y solidario”. Cuando tenían que enfrentarse, como agentes de la burguesía en las filas de la clase, con el auténtico movimiento revolucionario de la clase obrera impulsado por su Partido Comunista se llenaban la boca de palabras altisonantes sobre la revolución; hoy que el movimiento obrero se encuentra viviendo un momento de repliegue político general les asusta hablar claramente de revolución. En el pasado hablaban de clase obrera, clase trabajadora, hoy dicen que no hay clase obrera y hablan de “movimiento social”, ¿de qué parte de la sociedad? ¿Han dejado de existir las clases y la lucha de clases en la sociedad? Si no es así, ¿por qué no referirse entonces a la clase obrera como clase auténticamente revolucionaria y a su aliado el campesinado? Y, ¿cuál es la receta milagrosa para lograr el programa que plantean hoy los anarquistas? Según ellos vasta con desarrollar una “Huelga General” para así derrotar a la burguesía y a su estado. ¿Es que no ha demostrado hasta la saciedad el desarrollo de las experiencias del movimiento obrero, que la huelga general no es más que un instrumento para la defensa de lo logrado, la concienciación y organización de la clase obrera en la perspectiva de metas más altas? Es más, en el hipotético caso de que la “Huelga General” recogiese en su programa la destrucción del Estado, ¿en qué cabeza podría hoy caber así se lograría esta meta?

Los hechos y la historia han demostrado que sólo con una teoría revolucionaria se pueden alcanzar metas revolucionarias, y los anarquistas carecen de la necesaria teoría revolucionaria; la experiencia del movimiento obrero a demostrado patentemente que únicamente con las armas se conquistan y defienden los derechos. La “Huelga General”, como método de lucha del proletariado, no es más uno de los múltiples instrumentos para derrocar a la burguesía, a lo sumo podría obligar al Estado a cambiar un Gobierno dejando intactas las instituciones del mismo.

La historia ha demostrado que el proletariado ha de forjarse y organizarse en función de preparar, iniciar o desarrollar la guerra popular, y todo movimiento y lucha que desarrolle ha de servir a esta forma superior de lucha desarrollada por el proletariado en su largo caminar: la violencia revolucionaria, como partera de la historia, concretada en guerra popular bajo la guía y dirección de su Partido Comunista. No basta con decir: “¡A por ellos!”; para que el movimiento obrero sea consciente, tome su destino en sus propias manos y responda al unísono, como un sólo puño de acero, es necesario educarlo y organizarlo, haciéndole comprender la razón de su opresión, explotación y misión histórica, y armando sus mentes y manos, sin espirar a ningún tipo de recompensa. Sólo así estaremos cumpliendo con las necesidades de la clase y sus metas revolucionarias y esto es algo que no tiene objeto hoy para los anarquistas; para los cuales en el movimiento obrero lo fundamental, hoy y mañana, es “hacer retroceder a los explotadores en sus ansias opresoras”. Aquí terminan sus aspiraciones revolucionarias.

Podríamos extendernos más en el análisis y crítica de sus posiciones; pero, ¿acaso su programa no es una sarta de medidas económicas, sin contenidos políticos claves y que únicamente aspiran a mendigar unas reformas a la clase dominante? ¿No es un programa cargado del más desechable economicismo reformista y del viejo y caduco sindicalismo?

Los hechos de aquí nos demuestran que, para estos oportunistas enmascarados, lo fundamental hoy es recuperar su patrimonio sindical expropiado por el Estado tras la guerra civil; como el resto de los sindicatos cabalgan por encima de los intereses de las masas obreras; al igual que el resto de los vendeobreros anteponen sus propios intereses a los de las masas trabajadoras, ¿acaso no encabezaban la mayoría de sus manifestaciones del día 27 con pancartas alusivas a esta cuestión? De palabra dicen estar contra el Estado y sus instituciones, pero en los hechos demuestran que, al igual que el resto de los sindicatos, los sindicatos anarquistas se alimentan de los presupuestos generales del Estado a través de las subvenciones.

Veamos ahora lo que en las mismas fechas decía el Partido: “Una vez más, los revisionistas viejos y nuevos, los adoradores del viejo y caduco sindicalismo, del economicismo..., desde anarquistas a socialdemócratas, organizaciones corporativas, etc., protestan con sus bocas pequeñas ante las medidas de choque económico emprendidas por el gobierno y convocan a nuestra clase a una jornada de huelga general. ¿Puede ser la solución a los males que padece nuestra clase esta ‘huelga general’? No, de ninguna manera. Este no es el camino que ha de emprender la clase obrera en nuestro país, este camino sólo puede llevar a empeorar más aún su situación.”

“Los sindicatos; por más que traten de enmascararse bajo algunas justas y correctas reivindicaciones de nuestra clase, el único anhelo de sindicalistas, revisionistas y demás adoradores del economicismo, no es otro que un nuevo ‘pacto social’. En lo inmediato el ‘pacto’ servirá para negar la lucha de clases, hacer prevalecer el economicismo y el sindicalismo en el seno del movimiento obrero, servir al mantenimiento del poder y la dominación de la gran burguesía y el Estado imperialista, apuntalar el desarrollo del Estado corporativo del gran capital y ayudarle a paliar y salir de la crisis para que al mismo tiempo los vendeobreros puedan mantener sus privilegios”.

“En perspectiva apuntan desarmar a la clase obrera ante la ofensiva contrarrevolucionaria general del imperialismo contra sus intereses y objetivos y sabotear la necesidad de la autoorganización de ésta para la revolución proletaria. ¡Estas son las razones fundamentales de la huelga general convocada y no otras!”

“La esencia y carácter del Estado y de los capituladores, sus fines y objetivos, no cambian. Cómo el lobo, estos oportunistas pueden enmascararse bajo pieles de cordero; pero, siempre sus consignas apuntarán a salvaguardar la mano de quienes les alimentan y, por lo tanto, a aumentar las ganancias de la gran burguesía a costa del empobrecimiento y explotación del proletariado y las demás masas populares

“Para los marxistas-leninistas-maoístas es necesario criticar y repudiar la línea revisionista y contrarrevolucionaria de anarquistas, revisionistas y vendeobreros en general, para asegurar que el movimiento obrero avance victorioso por la senda de la línea revolucionaria proletaria marcada por su Partido

“Los miopes, ignorantes, otros oportunistas y liquidadores de menor monta, nos dirán que estamos anclados en el pasado; mas, en el seno del movimiento obrero siempre ha existido un punto focal en la lucha entre la línea proletaria y la línea revisionista y capituladora. Así, las lecciones históricas nos demuestran que los revisionistas y reformistas en general han sostenido siempre y tratado de encauzar las luchas obreras y populares hacía el objetivo de librar una lucha económica legal, para mendigar un plato de lentejas a la clase dominante y negar la necesidad de exigencias políticas, de esta forma la gran burguesía puede sostener su dictadura y ellos sus privilegios. Como viles oportunistas niegan la lucha de clases y, por lo tanto, la necesidad de la lucha por el Poder.”

“Los marxistas sostenemos que la cuestión fundamental para el proletariado es la revolución y, en consecuencia: el Poder. Desde la aparición de las clases y la lucha de clases en la historia, todas las luchas revolucionarias del mundo tienen como objetivo tomar el Poder y consolidarlo y, por lo tanto, la tarea central y la forma más alta de la lucha proletaria ha de ser la toma del Poder por medio de la lucha armada, de la guerra popular.”

“¡No hay otra solución! Reiterando en las enseñanzas históricas, estas han demostrado feacientemente que: ¡Unicamente con la violencia revolucionaria se conquistan y defienden los derechos!”

“Ciertamente, las demás formas de lucha, como la organización de las masas obreras y la lucha de las mismas, son importantes y absolutamente necesarias, no pudiendo ser dejadas de lado nunca, pero teniendo siempre presente que el objetivo de todas las luchas en defensa de los intereses inmediatos de las masas ha de ser el de servir a la conquista del Poder y los objetivos finales del proletariado. La lucha económica y por los intereses inmediatos de las masas populares, en todo momento y lugar, ha de combinarse y elevarse al nivel de las luchas políticas para servir al inicio de la guerra revolucionaria, coordinarse con la toma del Poder por medio de la fuerza de las armas y servir a su mantenimiento

“Recordemos que también es absolutamente cierto que mientras el movimiento obrero se mantenga alejado y divorciado de la lucha política, ni tan siquiera podrá mantener sus conquistas económicas.”

“Hoy, las tareas pendientes del proletariado en nuestro país no son otras que eliminación de las dos montañas a las que se enfrenta: la dictadura burguesa y el corporativismo creciente de la sociedad capitalista bajo la hegemonía del capital financiero.”

“La actual situación de deterioro y aumento de la explotación y opresión, demandan más que nunca a nuestra clase y su Partido Comunista enarbolar la consigna: ¡La rebelión se justifica!” “En consecuencia, las tareas centrales de los comunistas y del proletariado, han de ser las de culminar la reconstitución del Partido para encaminarnos hacía la toma del Poder por la senda luminosa de la guerra popular. ¡No cabe ni hay elección! Unicamente manteniéndonos firmes en el rumbo marcado por Presidente Gonzalo y Presidente Víctor en la declaración y acuerdos del Partido Comunista del Perú y el Partido Comunista de España, tendremos la garantía de culminar brillantemente nuestras tareas y compromisos al servicio del proletariado. ¿Podemos aspirar atarea más brillante?”

“Camaradas, clase combatiente. ¡Desterremos toda colaboración con el oportunismo y la burguesía! ¡Tomemos en nuestras manos nuestro propio destino de clase! ¡Organicemos cada lucha, cada movilización, en la perspectiva del Poder!”

Las posiciones planteadas por el Partido son precisas y acertadas, muestran una clara diferencia con las posiciones economicistas y reformistas planteadas por los anarquistas hoy. Una vez más, quedan demostradas las falsas acusaciones de los anarquistas, sus calumnias se quedan al descubierto comparando sus posiciones con las del Partido. Esta es la suerte de su segunda acusación sobre el marxismo y los marxistas.

Las posiciones de unos y otros, a la vista están para quienes quieran verlas. Por si esto fuera poco: los hechos históricos han dejado claras pruebas sobre unos y otros.

La tercera acusación que hacen los anarquistas, se basa en la negación del carácter popular de los comunistas, pretenden presentarnos como burócratas y dicen que nuestra defensa de la dictadura del proletariado, es la muerte de la revolución, y en la medida en que nos manifestamos por esta dictadura omnímoda del proletariado sobre la burguesía, lo hacemos también a favor de una dictadura a secas. De hecho, dicen, estamos por implantar no una dictadura del proletariado, sino una dictadura del Partido sobre el proletariado.

Veamos lo que dice el señor Kropotkin al respecto: “Nosotros los anarquistas, hemos pronunciado el veredicto definitivo sobre la dictadura... Sabemos que toda dictadura, por honestos que sean sus propósitos, conduce a la muerte de la revolución. Sabemos... que la idea de la dictadura no es otra cosa que un producto pernicioso de fetichismo del gobierno, que... siempre ha aspirado a eternizar la esclavitud

No es cuestión de que examinemos aquí el concepto erróneo de Kropotkin, según el cual toda revolución conduce a la muerte de la revolución. Si el señor Kropotkin hubiese vivido lo suficiente para conocer el desarrollo de la revolución y las experiencias de la dictadura del proletariado, hubiese podido deducir su importancia cardinal para la revolución, al ver como los revisionistas soviéticos, la primera medida que tomaron, tras hacerse con el control del Estado, fue la de eliminar dicha dictadura, suprimir tal condición del Estado de los soviéts, convirtiéndolo en un estado burocrático con la tarea de reimplantar el poder de la burguesía y su dictadura sobre el proletariado y las masas populares.

Lo mismo ocurrió en China, Albania y los demás países del Este, tras la restauración capitalista que eliminó la revolución y su desarrollo.

Pero, lo que nos interesa ahora no es analizar las experiencias históricas de la dictadura del proletariado, sino referirnos a los puntos de partida de las diferencias entre marxistas y anarquistas y a la esencia misma de la “acusación” que en este punto, nos hacen los anarquistas.

Carlos Marx y Federico Engels, nos dicen que para la implantación del socialismo el proletariado debe conquistar la dictadura política, con el fin de rechazar, mediante esta dictadura, los ataques contrarrevolucionarios de la burguesía y arrebatarle los medios de producción; que dicha dictadura no ha de ser la dictadura de unas cuantas personas sino la dictadura del proletariado como clase.

El Manifiesto Comunista señala claramente: “El proletariado se valdrá á de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos... del proletariado organizado como clase dominante...”. Es decir, la dictadura del proletariado será la dictadura de toda la clase del proletariado sobre la burguesía y no la dominación de unas cuantas personas sobre el proletariado. ¿Acaso la experiencia histórica no ha demostrado este hecho? ¿No se ha sustentado la dictadura del proletariado en los soviéts en Rusia y en sus denominaciones equivalentes en los demás países socialistas, mientras la dictadura del proletariado se mantuvo? ¿No se sustenta hoy la dictadura del proletariado, especificada a las condiciones concretas de la lucha de clases y del desarrollo del Nuevo Estado en el Perú, en los comités populares? Y, ¿no se sustentará la futura dictadura del proletariado en nuestro país, tras la toma del poder por la clase alzada en armas bajo la dirección de su Partido, en los consejos obreros?

Lo decimos bien claro, para que se entienda y no haya quienes se llamen a engaños futuros. Reconstituimos el Partido para tomar el Poder, para el Partido y la clase, y no para actuar de la misma manera que lo han venido haciendo los revisionitas, cuyo fin no ha sido avanzar en la construcción del socialismo en la perspectiva del comunismo, sino hacer retroceder la dictadura del proletariado y el socialismo, hasta la reinstauración del capitalismo. Pero, quizás las aspiraciones del revisionismo sean un deseo subjetivo de los anarquistas no confesado. Cuantos quieran conocer y comprender lo que es realmente la dictadura del proletariado y su significado, no tienen otra cosa que hacer que analizar mirar a la Comuna de París, Revolución Rusa, la Revolución China y la Gran Revolución Cultural Proletaria, y a la nueva revolución creciente del Perú. Si resulta que la Comuna de París, la Revolución Rusa, la Revolución China y la Gran Revolución Cultural Proletaria, y la Revolución Peruana, fueron realmente y es la dictadura de unas cuantas personas sobre el proletariado, entonces seremos los primeros que digamos: ¡Abajo la dictadura del proletariado! Pero si vemos que la Comuna de París y el resto de las revoluciones llevadas a cabo por el proletariado con su Partido al frente fueron y es la dictadura del proletariado sobre la burguesía y todos aquellos que se oponen al largo camino emprendido hacia el comunismo por las legiones de hierro del proletariado, entonces, desde luego, que nadie lo dude, no nos queda más que reírnos de todos aquellos calumniadores, como los anarquistas, a quienes, en su lucha contra el marxismo-leninismo-maoísmo, no les queda otra salida que inventar calumnias para rebatir nuestra justa y correcta posición.

No se puede hablar alegremente de dictadura a secas puesto que, mientras subsistan las clases sociales, se expresará un tipo de dictadura u otro, dependiendo a qué clase sirva. Por lo tanto, es claro y ciertamente, hay dos clases de dictadura. Existen las dictaduras de una minoría, de un pequeño grupo, dirigida contra el pueblo. Al frente de ese tipo de dictadura figura, generalmente, una camarilla que adopta decisiones secretas y ata a la mayoría del pueblo con una soga por el cuello. Los marxistas-leninistas-maoístas somos los enemigos más encarnizados de tal tipo de dictadura y luchamos con todas nuestras fuerzas contra ella. Muy al contrario de como hacen los anarquistas quienes, para atacar el marxismo, se balen de los mismos argumentos que utilizan el imperialismo, la reacción y el reaccionario fascista y vendepatria de Fujimori, señalando la heroica revolución que dirige el Partido Comunista del Perú como “terrorismo”, llorando los muertos de la reacción –como hacen con los traidores a los intereses del pueblo y soplones ejecutada justamente por el EGP, alegrándose de los efímeros éxitos de los reaccionarios frente a la magnitud tomada por la guerra popular- como hicieron tras la detención de nuestro querido Pte. Gonzalo y vociferando y propagando, al igual que hace la reacción, la falacia de la “rendición” del más grande comunista viviente: El Presidente Gonzalo.

Hay otro tipo de dictadura por la que los comunistas luchamos: la dictadura de la mayoría proletaria, la dictadura de las masas en armas, dirigida contra la burguesía, contra la minoría, la dictadura sustentada en los Consejos Obreros. En tal dictadura las masas se hayan a la cabeza, aquí no hay lugar ni para una camarilla ni para las decisiones secretas, en la dictadura del proletariado todo se hace a la luz del día, en el trabajo, en la calle, etc.; y eso es así porque es la dictadura de las masas, una dictadura dirigida contra toda clase de opresores. Es nuestra dictadura porque ella significa el comienzo de la revolución socialista, que nos permitirá , con cuantas revoluciones Culturales Proletarias sean necesarias, avanzar hacía el comunismo.

Los anarquistas han confundido estos dos tipos de dictadura, que se niegan mutuamente, cayendo en una situación ridícula al luchar contra sus propias fantasías; combaten contra molinos de viento al igual que hiciera el personaje de la obra de Cervantes, Don Quijote. Los anarquistas dicen luchar contra el marxismo y la dictadura del proletariado. Mas, en realidad luchan contra el proletariado y sus propios fantasmas. Enfermos de ignorancia, pretender detener con calumnias la conformación, bajo la guía correcta y dirección del Presidente Víctor, del Partido Comunista en proceso de culminación de su reconstitución, de las futuras legiones de hierro y fuego que aplastarán a la burguesía y a todos los reaccionarios en nuestro país, uniéndose a la gran marea roja que eliminará el viejo y caduco imperialismo e iniciará el rumbo hacía la construcción de la sociedad de la paz perdurable, de la eterna armonía, sin explotados ni explotadores: El Comunismo.

Tal es la suerte de la tercera “acusación” de los anarquistas sobre el marxismo.

 

Comité Permanente del Comité Central

 Partido Comunista de España

 

15 de Abril de 1994

 

 

(Publicado en Bandera Roja, en abril de 1994)