¡Proletarios de todos los países, uníos!

La Única Paz Posible con la Gran Burguesía, es la Paz de los Cementerios

Los medios de comunicación, en tanto que instrumentos de agitación y propaganda al servicio del Estado, arrecian estos días en su actividad propagandística contra el nacionalismo radical. Tomando como eje el último atentado de ETA en la capital del Estado, buscan enmascarar la crisis política e institucional que padece el Estado y para ello tratan movilizar al proletariado y las masas, con el objetivo de afianzar la dictadura burguesa.

Tras la última acción de ETA, que quitó la vida a dos emigrantes, el Gobierno de turno, convirtiendo la política en un producto industrial más, que se guía por las reglas del mercado, dice dar por finalizadas las conversaciones para alcanzar un acuerdo de paz con ETA. La pregunta que el proletariado y las masas hemos de hacernos es: ¿realmente el Gobierno ha tenido el propósito de lograr acuerdo de paz definitivo en Euskadi?

A lo largo de la historia de las relaciones humanas y de clase, cuándo dos contendientes sinceramente inician los pasos y conversaciones que tengan como meta el fin de un enfrentamiento, las primeras medidas que se han tomado son: inicio de conversaciones y declaración de una tregua, para alcanzar, finalmente, el fin a las hostilidades. Así, la declaración de alto el fuego permanente de marzo de la organización nacionalista, no fue si no la continuidad de los encuentros anteriores, que permitieron lograr unos mínimos compromisos y garantías para desenvolver el proceso.

En marzo del 2006, ETA se comprometía a decretar un alto el fuego permanente y a no realizar acciones de abastecimiento de armas ni explosivos. Las únicas aspiraciones que el nacionalismo radical puso encima de la mesa de conversaciones y que el Gobierno aceptó, fueron el reconocimiento de Euskal Herria, el respeto de las decisiones del pueblo vasco y el establecimiento y respeto de conversaciones, sin límites, entre los agentes y partidos vascos, para alcanzar acuerdos políticos que pusiesen fin a la violencia en Euskadi.

El Ejecutivo se comprometía a aceptar sin ninguna limitación el contenido del acuerdo político alcanzado entre las organizaciones vascas, estableciendo que la legislación vigente no sería una limitación a la voluntad de los partidos y agentes vascos, sino garantía de su ejercicio. El Gobierno adquiría también el compromiso de lograr un pacto de Estado basado en esos principios. Asimismo, se comprometía a cumplir una serie de garantías como: disminución de la presencia policial, así como la desaparición de presiones policiales, respeto de la actividad política de las organizaciones nacionalistas radicales en igualdad de condiciones que el resto de formaciones y sin limitaciones de derechos y el fin de las detenciones por parte de los diferentes cuerpos de seguridad del Estado.

Si nos atenemos a los hechos del pasado, vemos como tras las conversaciones de Argel, no solamente no se alcanzó ningún acuerdo, sino que incluso fueron asesinados los emisarios de ETA en Argelia. Analizado objetivamente los hechos, a la par que el nacionalismo radical iba rebajando sus peticiones, vemos cómo cada nueva conversación iniciada, únicamente obtuvo como respuesta, una vez más, la acentuación de la más cruda represión, la tortura y el encarcelamiento, incluso con la utilización del terrorismo de estado, implementada con más crudas medidas políticas, judiciales y policiales, que, objetivamente, siempre han apuntado contra la clase obrera. Esta realidad objetiva nos muestra que, para la burguesía, la única paz que existe es la de la total derrota de quiénes se le enfrenten, es la paz de los cementerios. El incumplimiento de los acuerdos logrados entre los agentes del Estado y el nacionalismo radical, ha traído como consecuencia el estancamiento de las negociaciones, el aumento de la escalada represiva contra el nacionalismo radical de los últimos meses y ha desembocado, una vez más, en una mayor demostración de fuerza por parte de la dirección de ETA.

A pesar de seguir amparándose en su “democracia” y buscar el amparo de la clase obrera y las masas, esta situación únicamente conseguirá profundizar más aún la crisis política del Estado burgués y la no solución de los problemas derivados de la lucha de clases y nacionales y será utilizado como justificación a las exigencias del sector nacional-católico de la gran burguesía, de aumentar más las medidas represivas, amparando y justificando las actuaciones de aquellos sectores que sueñan con revivir la negación de los derechos demo-liberales, en un proceso más de vuelta de tuerca hacía la reaccionarización del Estado burgués y su dictadura, contra el proletariado y sus organizaciones de clase.

La atomización, en su continua secesión, más la anarquía en la cual muere, irremediablemente escindido y disgregado, el espíritu imperialista dominante hoy, es el reflejo de la decadencia de la civilización imperialista, y únicamente preludia y prepara el paso a un orden nuevo. Es la transición de la oscuridad imperialista al alba de la Nueva Gran Ola de la Revolución Proletaria Mundial. Rechazar el camino de la vía electoral y la participación en las instituciones burguesas, como única trinchera de lucha, y sintonizar con el sendero político de la vanguardia organizada del proletariado, del Partido Comunista de España, única organización de clase que asume la marcha de la historia en la contradicción decadencia-revolución, es el único camino que han de tomar la clase obrera y los sectores avanzados de la sociedad.

Enero, 2007

Comité Permanente

Partido Comunista de España