¡Que los
comunistas de los países imperialistas
unan sus
fuerzas en pro del renacimiento
del
movimiento comunista!
¡Proletarios
de todo el mundo, uníos! Este llamamiento fue hecho hace poco más de 150 años
en el Manifiesto del partido comunista por Marx y Engels, fundadores del
movimiento comunista como movimiento consciente y organizado. A pesar de todos
los cambios habidos desde entonces hasta hoy, el llamamiento sigue estando
plenamente vigente como condición de la victoria de la clase obrera y de las
masas populares sobre la burguesía imperialista. Lenin, dirigente de la primera
revolución proletaria victoriosa, señaló en su obra ¿Qué hacer?, hace
exactamente 100 años, las características generales de los partidos comunistas
que la clase obrera necesitaba para dar comienzo a la época socialista.
Basándonos en estos precedentes, la Comisión Preparatoria (CP) del congreso
fundacional del (nuevo) Partido Comunista italiano se dirige a los partidos y
organizaciones comunistas, a los comunistas todavía no organizados y a las
organizaciones que luchan por implantar el socialismo (es decir, a todas las
Fuerzas Subjetivas de la Revolución Socialista - FSRS) de los países
imperialistas para movilizarnos todos juntos a fin de que la clase obrera y las
masas populares de cada uno de los países imperialistas se doten lo más pronto
posible de un partido comunista que tenga en cuenta plenamente la experiencia
de la primera oleada de la revolución proletaria y esté a la altura de la tarea
que el desarrollo de la segunda crisis general del capitalismo y la
consiguiente situación revolucionaria en desarrollo plantean a los comunistas.
Con este fin expone y explica sumariamente sus propias concepciones y
propósitos con respecto a esta tarea internacionalista. El objetivo para el que
la CP se ha constituido y que se empeña en lograr es la convocatoria del
congreso fundacional del (nuevo) Partido Comunista italiano. Precisamente la
labor que se está realizando con vistas a este objetivo muestra a cada paso,
cada vez más claramente, que el renacimiento del movimiento comunista en
nuestro país está unido por miles de hilos al renacimiento del movimiento
comunista mundial: en particular a su renacimiento en otros países imperialistas
y de modo especial al renacimiento del movimiento comunista en los países
imperialistas europeos a los que nuestro país está tan estrechamente ligado.
Pensar que el renacimiento del movimiento comunista puede realizarse ilimitada
y aisladamente en un solo país aunque no se desarrolle, al menos en cierta
medida, en otros países, es, en nuestra opinión, una concepción errónea,
nacionalista. No nos dirigimos a los comunistas de otros países por
presunción o falta de respeto y consideración hacia su experiencia y hacia la
labor que están realizando, sino para darles a conocer nuestras concepciones y
nuestros propósitos y establecer con ellos vínculos basados en la crítica y la
autocrítica que nos ayuden a realizar mejor y más rápidamente nuestros objetivos.
El avance de cada uno de nosotros está condicionado por el avance de los demás.
Esto configura y delimita un campo de trabajo común, que confirma el carácter
internacional del objetivo que perseguimos: la victoria de la revolución
proletaria, la instauración del socialismo y la marcha hacia el comunismo.
La crisis del
capitalismo y la resistencia de las masas populares
Día
tras día se agudizan cada vez más las contradicciones entre la burguesía
imperialista y las masas populares de los países oprimidos y de los mismos
países imperialistas. Al mismo tiempo se agravan las contradicciones entre los
grupos imperialistas y sus Estados. La contradicción entre el carácter
colectivo alcanzado por las fuerzas productivas materiales y espirituales de
los hombres, por una parte, y la supervivencia de las relaciones de producción
capitalistas, por otra, se hace cada vez más antagónica y se manifiesta en
campos cada vez más numerosos y de forma cada vez más fuerte (la devastación
del medio ambiente y el cuestionamiento de la integridad de la misma especie
humana son algunos ejemplos). La supervivencia de las relaciones de producción
capitalistas, además de hundir a las masas populares de los países oprimidos y
de los ex países socialistas en un abismo sin fondo, provoca cada vez más
víctimas entre las masas populares de los propios países imperialistas. A
principios de los años 70 del siglo pasado, acabado el período de reanudación
de la acumulación de capital y desarrollo de la actividad económica que sucedió
a la Segunda Guerra Mundial, dio inició la segunda crisis general del
capitalismo. La crisis provocada en el movimiento comunista por el predominio
del revisionismo moderno ha llegado hasta el derrumbamiento del campo
socialista, a la liquidación de gran parte de los partidos creados en el marco
de la primera Internacional Comunista y a la desaparición de gran parte de las
instituciones (Estados, partidos, organizaciones de masas) creadas por la
primera oleada de la revolución proletaria mundial. La crisis del viejo
movimiento comunista ha permitido al capitalismo mostrar abiertamente de nuevo
con toda libertad, a todos los niveles y en todos los rincones del mundo, su
verdadera naturaleza. Se ha vuelto a poner en un primer plano el carácter
reaccionario, antipopular y destructivo del capitalismo en su fase
imperialista. El resultado es que desde principios de los años 90 la crisis
general del capitalismo se desarrolla más rápidamente a gran escala y a
nivel mundial, confirmando que el capitalismo ha sido superado
históricamente.
La
crisis impulsa a la burguesía imperialista a intensificar la guerra de
exterminio que lleva a cabo de hecho contra las masas populares de los países
imperialistas y de los países oprimidos para crear condiciones de explotación
adecuadas a la valorización de la masa de capital acumulada. Al mismo tiempo
los grupos y Estados imperialistas se ven empujados por las necesidades de
valorización del capital a una nueva guerra interimperialista. En particular,
los grupos imperialistas europeos sólo pueden defender sus intereses económicos
y políticos contra la rapiña y arrogancia de los grupos imperialistas yanquis
constituyéndose como potencia política y militar enfrentada a los EE.UU. Para
cada uno de los grupos imperialistas ajustar las cuentas entre ellos se
convierte en una cuestión de vida o muerte cada vez más apremiante: en el
capitalismo no existe otra forma de imponerse. Sólo encaminándose por esta vía,
la UE puede sobrevivir y desarrollarse. Éste es el camino que la burguesía
imperialista sigue ineluctable y espontáneamente. Y para seguirlo debe inducir
por las buenas o por las malas a las masas populares y también a la clase
obrera a marchar con ella.
El
desarrollo de la revolución socialista en los países imperialistas consiste en
transformar la guerra de exterminio que sufren hoy las masas populares, en una
guerra en la que combatan de forma organizada, tomando la iniciativa en sus
manos y adoptando una estrategia y tácticas adecuadas para llevarla a la
victoria. Sólo el desarrollo de la revolución socialista en los países
imperialistas puede impedir una nueva guerra interimperialista, previniéndola,
o bien transformarla en guerra revolucionaria. El renacimiento del movimiento
comunista es por tanto una necesidad.
La
resistencia que las masas populares oponen desde hace años a la progresiva
agravación de la crisis general del capitalismo se desarrolla no sólo en los
países oprimidos y en los países ex socialistas, sino también en los países
imperialistas. Pero hasta ahora esta resistencia, sobre todo en los países
imperialistas, no actúa más que marginalmente como escuela de comunismo ya que
no está orientada ni dirigida por la clase obrera mediante sus partidos
comunistas. Por el contrario se desarrolla de una forma espontánea y en orden
disperso.
Por
una parte, obreros y otros elementos de las masas populares "combaten
aisladamente a la burguesía". Su resistencia desemboca y se malgasta en
actos de rebeldía individual, en embrutecimiento individual, en intentos de
salvarse y abrirse camino individualmente, en comportamientos generalmente
antisociales de individuos y pequeños grupos, en agresiones y actos vandálicos
sin distinción de clase, en delincuencia que imita el comportamiento
individualista de los capitalistas, en actividades subversivas de individuos y
pequeños grupos desligados entre sí.
Por
otra parte, trabajadores "de una misma categoría en un determinado lugar
luchan contra el burgués que los explota directamente", su resistencia
queda relegada a las luchas sindicales y reivindicativas, plagada de
ilusiones reformistas y de desviaciones espontaneístas y aventureristas; en
muchos casos la resistencia se desarrolla bajo la dirección de organizaciones
dependientes de la burguesía imperialista, de los sindicatos oficialistas y de
las organizaciones residuales de masas del viejo movimiento socialista y
comunista dependientes de la burguesía o manejadas por ella.
En
otros casos los trabajadores, en vez de luchar contra las relaciones burguesas
de producción y la clase que impone su conservación a la fuerza, luchan contra
otros trabajadores. De hecho sucede que la burguesía imperialista transforma la
contradicción entre ella y las masas populares en mil contradicciones entre
unos y otros sectores de las masas populares, al tiempo que la resistencia de
las masas populares contra la agravación de la crisis capitalista se desarrolla
abiertamente bajo la dirección de fuerzas reaccionarias, fascistas y racistas.
Todas
estas manifestaciones de la resistencia no son cosas nuevas: los fundadores del
movimiento comunista ya las han descrito en el Manifiesto del partido
comunista de 1848 (cap. 1), porque son típicas de los períodos en los que
el movimiento comunista, como movimiento consciente y organizado, es débil. Con
la diferencia de que hoy se presentan a un nivel más alto y bajo un nuevo
aspecto que hace que muchos de nosotros no las reconozcamos. Movilización
revolucionaria y movilización reaccionaria se confunden y en la confusión se
impone la burguesía imperialista que tiene el poder, la experiencia, la
organización y experimentadas instituciones y prácticas de contrarrevolución
preventiva.
Es
justo y necesario que los comunistas, en particular los comunistas de los
países imperialistas, nos preguntemos porqué en los países imperialistas el
renacimiento del movimiento comunista, que se considera libre del tumor del
revisionismo moderno, avanza tan lentamente; porqué el movimiento comunista
tiene todavía una influencia tan limitada sobre la clase obrera y las masas
populares, aunque la resistencia de las masas populares a la progresiva
agravación de la crisis general del capitalismo se desarrolle a gran escala. En
muchos países imperialistas ni siquiera existen todavía partidos comunistas.
Incluso en aquéllos en los que desde hace años existen partidos que se
proclaman marxista-leninistas y hasta marxistas-leninistas-maoístas, los
progresos realizados en la acumulación de las fuerzas revolucionarias son
escasos o casi nulos. Hasta el punto de que algunos compañeros, sobre todo de
partidos de países oprimidos pero también de partidos de países imperialistas,
llegan a sustentar que es hoy imposible acumular fuerzas revolucionarias en los
países imperialistas, que la revolución proletaria debe desarrollarse antes a
gran escala en los países oprimidos, que los comunistas de los países
imperialistas no pueden hacer otra cosa que resistir como pequeños grupos a la
espera de que el desarrollo de la revolución en los países oprimidos y la
agravación de las contradicciones entre los grupos y Estados
imperialistas y entre éstos y las masas populares, cree antes o después
condiciones más favorables. Pero se trata de concepciones erróneas: de una
concepción que traspasa la responsabilidad al movimiento provocado en las masas
populares por los acontecimientos y de una sobreestimación del papel de sus
movimientos espontáneos (en definitiva, se trata de un error de espontaneísmo);
de una justificación del atraso del movimiento comunista de los países
imperialistas cuyas verdaderas causas no se reconocen y de la resignación ante
ese atraso. La experiencia no sólo nos enseña que el socialismo solamente puede
consolidarse a nivel mundial si triunfa la revolución socialista también en los
países imperialistas más importantes, aunque en el contexto de una situación
revolucionaria mundial la revolución socialista pueda empezar por cualquier
país. También nos enseña que sin un fuerte movimiento comunista en los países
imperialistas, y, por lo tanto, sin la existencia en ellos de fuertes partidos
comunistas, el movimiento comunista no avanza a nivel mundial más allá de
ciertos límites. Ni siquiera la Revolución Cultural Proletaria lanzada, en
1966, por el Partido Comunista Chino bajo la dirección de Mao Tse-tung
consiguió invertir el declive del movimiento comunista. Tampoco lo lograron las
notables victorias alcanzadas todavía por la revolución proletaria en los años
70 en algunos países oprimidos (Vietnam, Laos, Camboya, Yemen del Sur,
Nicaragua, Angola, Mozambique, Etiopía). En los países oprimidos en los que la resistencia
de las masas populares al imperialismo es más amplia y fuerte, la lucha es
dirigida cada vez más por fuerzas reaccionarias, replanteándose de nuevo como
en el pasado, cuando la influencia del movimiento comunista mundial como
movimiento consciente y organizado era más débil, el singular contraste
entre el heroísmo con el que las masas populares combaten y el carácter
reaccionario de las fuerzas políticas que las dirigen. La debilidad del
movimiento comunista en los países imperialistas frena y también limita el
desarrollo del movimiento comunista en los países oprimidos por el
imperialismo. Ella se debe a causas internas al movimiento comunista de los
mismos países imperialistas y no será superada automáticamente ni por la
agudización de las contradicciones y ni siquiera por un eventual mayor
desarrollo del movimiento comunista en los países oprimidos. Este ciertamente
está haciendo una contribución importante al renacimiento del movimiento
comunista en los países imperialistas, basta considerar el papel desarrollado
por el Partido Comunista del Perú en un pasado reciente, pero no es la fuerza
decisiva. Corresponde a los comunistas de los países imperialistas eliminar las
causas que nos impiden estar en ellos a la cabeza de la resistencia de las
masas populares al desarrollo de la crisis del capitalismo.
¿De
dónde proceden las dificultades que los comunistas de los países imperialistas
encontramos en la acumulación de las fuerzas revolucionarias?
Errores de
dialéctica
Algunos
responden que estas dificultades provienen de la fuerza económica, política y
cultural de la burguesía imperialista y de la ferocidad y falta de escrúpulos
de los sistemas de contrarrevolución preventiva que ha elaborado y
perfeccionado antes, durante y después de la primera oleada de la revolución
proletaria (1900-1950). Pero es evidente que estos factores existen y seguirán
existiendo en tanto no se impongan las fuerzas revolucionarias. Por
consiguiente, dichos factores no son el obstáculo que impide el desarrollo de las
fuerzas revolucionarias, sino el blanco que las fuerzas revolucionarias tienen
que abatir. ¿Cuándo y dónde los comunistas han logrado acumular fuerzas
revolucionarias porque la clase dominante les haya cedido fácilmente el
terreno? ¿Cuál sería la tarea de los comunistas si la clase dominante no
opusiera la más encarnizada, descarada y feroz resistencia al avance del
socialismo? El fundador del movimiento comunista nos ha enseñado por el
contrario que la revolución se abre paso engendrando una contrarrevolución
cerrada y potente que sólo en lucha contra la cual el partido de la subversión
alcanza la madurez de un verdadero partido revolucionario (K. Marx, Las
luchas de clase en Francia desde 1848 a 1850). Algunas décadas después
Stalin indicará que la experiencia confirma la enseñanza de Marx: la lucha de
clases se hace cada vez más aguda a medida que la revolución proletaria avanza.
La fuerza, el cinismo y la ferocidad de la contrarrevolución son una muestra de
que la burguesía imperialista tiene cada vez más dificultad para mantener su
poder, siendo por tanto una señal que confirma las grandes potencialidades de
desarrollo y éxito del movimiento comunista.
Otros
responden que las dificultades que el movimiento comunista encuentra
actualmente en los países imperialistas provienen de la difusión del
oportunismo. El oportunismo es resignación ante el dominio de la burguesía,
conciliación con la burguesía y sometimiento a ella para que satisfaga las
necesidades inmediatas individuales o de pequeños grupos o de algunas
categorías, llegar a arreglos con la burguesía para preservar su poder, nutrir
ilusiones en la burguesía, vacilar y titubear en la lucha contra ella. Pero
nosotros sólo podremos eliminar el oportunismo en el curso del desarrollo de la
revolución, no como premisa de la revolución. En efecto el oportunismo se
alimenta principalmente de dos fuentes. Una fuente es la influencia (la
influencia ideológica, los chantajes y la corrupción) que la burguesía
imperialista ejerce en las filas revolucionarias: una influencia que podemos
contener pero no eliminar completamente hasta que no hayamos eliminado a la
misma burguesía. La otra es la influencia que la burguesía tiene
estructuralmente, como antigua clase dominante, sobre las masas populares que
todavía no se han movilizado o sólo se han movilizado en pequeña medida para la
lucha revolucionaria: influencia que eliminamos a medida que el movimiento
comunista implica en la lucha a las masas populares. Es por tanto evidente que
la difusión del oportunismo no es la fuente de nuestras dificultades, sino la
manifestación de nuestras dificultades, un aspecto de ellas.
El
obstáculo principal del renacimiento del movimiento comunista en los países
imperialistas es interno al mismo, estando, por tanto, su eliminación
completamente en manos de los comunistas de los países imperialistas. El
obstáculo principal es el dogmatismo de los que se declaran comunistas y que
sinceramente tratan de actuar como tales, es la concepción poco dialéctica que
les guía y el método poco dialéctico con el que conocen el mundo y tratan de
transformarlo. El dogmatismo obstaculiza no sólo la construcción de los
partidos comunistas sino también su reforzamiento. Los comunistas no nos
atenemos suficientemente a las leyes propias del movimiento práctico que
transforma el estado presente de las cosas, es decir, a las leyes del
comunismo, como ya lo definían Marx y Engels en La ideología alemana
(1846). Por eso no logramos dirigirlo. Algunos niegan hasta que exista un
movimiento práctico que transforma el estado presente de las cosas y lo reducen
a lo que ellos determinan, es decir, reducen el movimiento práctico al
movimiento consciente y organizado. Es una posición idealista según la cual el
movimiento consciente y organizado crea el movimiento práctico. Desarrollada
con coherencia lleva a la conclusión ya no hay un movimiento práctico que
debamos conocer para ser comunistas y esto corrobora la indiferencia hacia la
investigación y la elaboración de la experiencia, cosa que efectivamente afecta
a muchos comunistas. En realidad existe un movimiento práctico que transforma
el estado presente de las cosas: nuestra tarea como comunistas es comprender
sus leyes para dirigirlo. ¿Acaso es espontaneísmo atenerse a las leyes propias
del movimiento práctico que transforma el mundo? ¡No! Espontaneísmo es ir a
remolque de las masas populares todavía influenciadas por la burguesía, es
decir, sufrir indirectamente la influencia de la burguesía. El movimiento
práctico transforma la sociedad actual, la empuja hacia el comunismo. Los
comunistas tenemos que comprender las leyes de esta transformación, ser
conscientes de la necesidad insita en las cosas y convertirnos en promotores
activos y conscientes de la transformación. La transformación de la sociedad
capitalista en sociedad comunista supone por su naturaleza el tránsito de un
movimiento que los hombres realizan necesariamente, sin ser conscientes de
ello, a un movimiento consciente y planificado. Ya Marx y Engels nos enseñan en
el Manifiesto del partido comunista de 1848 que el papel de los
comunistas con respecto al resto de la masa trabajadora consiste en tener
una visión clara de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales
del movimiento proletario y en ser la parte más resuelta del proletariado, la
que empuja siempre hacia adelante (cap. 2). La transformación de la sociedad
capitalista en sociedad comunista es un movimiento objetivo y necesario que
sólo puede alcanzarse transformándose en movimiento subjetivo y consciente. Sin
conciencia y dirección el movimiento de transformación se dispersa en mil
direcciones, se estanca e incluso algunas veces y por cierto tiempo se
transforma en su contrario. Sin teoría revolucionaria el movimiento
revolucionario no puede desarrollarse más allá de un nivel elemental y
espontáneo, estando expuesto de mil formas a las maniobras de la experimentada
clase dominante que lo influencia, lo infiltra, lo desvía, lo aparta de su
camino, lo envuelve en contradicciones inextricables, lo extenúa, lo fragmenta,
lo dispersa y contrapone una parte del movimiento práctico a otra. La burguesía
imperialista en particular transforma sistemáticamente, incluso de forma
espontánea además de conscientemente, las contradicciones entre ella misma y
las masas populares en contradicciones entre una parte y otra de las masas
populares. De este modo prolonga su existencia, condena a la miseria a las
masas populares y las embrutece moral e intelectualmente. Así la movilización
de las masas populares contra el desarrollo de la crisis general del
capitalismo no se convierte en movilización revolucionaria, sino en
movilización reaccionaria, dirigida por grupos de la burguesía imperialista.
El
obstáculo principal para el renacimiento del movimiento comunista estriba en el
hecho que los comunistas sinceramente entregados a la causa de la revolución
tienen una concepción del mundo y un método de trabajo que no tienen en cuenta
suficientemente ni las transformaciones que se han producido en la sociedad
burguesa ni la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria.
Cuando la mayor parte de los partidos y grupos comunistas de los países
imperialistas analizan en sus programas el movimiento económico, político y
cultural de la sociedad actual, es como si la primera oleada de la revolución
proletaria, que ha puesto patas arriba al mundo entero, hubiese pasado sin
dejar rastro, sólo por el hecho de que se han venido abajo los Estados,
partidos y organizaciones de masas que ella creó. ¡También en estos programas
el comunismo está verdaderamente muerto y ha desaparecido de la historia, nunca
ha existido! En esto se manifiesta todavía la influencia ideológica de la
burguesía, de sus ilusiones y conjuros. La realidad es bien distinta.
Romper
con el dogmatismo que esteriliza nuestros esfuerzos, elaborar una teoría
revolucionaria que refleje la realidad de la transformación hacia el comunismo
que tenemos que dirigir y aportar en base a ella soluciones revolucionarias a
las tareas de la revolución proletaria: todo esto se resume en la tesis de que los
nuevos partidos comunistas tienen que estar basados en el
marxismo-leninismo-maoísmo. Esta tesis nuestra la ilustramos más detalladamente
en los siete puntos siguientes.
1. Las
formaciones económico-sociales imperialistas
*
En cuanto al movimiento económico y político de las sociedades imperialistas,
la concepción que hoy tienen del mismo gran parte de los comunistas es una
combinación 1. de fórmulas del marxismo-leninismo repetidas sin el
enriquecimiento y sin la especificación que los desarrollos de la realidad
requieren, transformadas, por tanto, en fórmulas vacías y 2. de análisis hechos
por los revisionistas soviéticos que, enfeudados a la burguesía imperialista en
el campo de la política, de la gestión de la sociedad y la cultura, han dejado sobrevivir
por largo tiempo un sector momificado de la ideología que ha repetido y
adaptado de modo oportunista el marxismo-leninismo y que le ha servido tan bien
de cobertura: los más veteranos se acordarán bien de Suslov y de sus vacuos
discursos. Para convencerse que esta afirmación es cierta basta estudiar los
programas actuales de los partidos comunistas de los países imperialistas o
bien estudiar la concepción del mundo que se desprende de sus análisis
políticos.
*
Las sociedades imperialistas presentan importantes características como
consecuencia 1. de la acentuación del carácter colectivo de las fuerzas
productivas, 2. de la creación por parte de la misma burguesía imperialista de
una serie de Formas Antitéticas de la Unidad Social (FAUS), 3. de la primera
oleada de la revolución proletaria (en la que se han combinado revoluciones
socialistas y revoluciones de nueva democracia), es decir, de la constitución
de los primeros países socialistas y de la formación en todo el mundo de un
fuerte movimiento comunista, entendido como movimiento consciente y organizado.
En
la sociedad burguesa se han creado una serie de FAUS: ordenamientos,
procedimientos e instituciones con las que la burguesía trata de hacer frente
al carácter colectivo asumido por las fuerzas productivas, manteniéndose sin
embargo en el marco de relaciones de producción y sociales capitalistas que lo
niegan. A las FAUS pertenece la moneda fiduciaria en la que se materializa gran
parte del "poder social" de cada individuo y de la que el movimiento
económico se sirve desde hace más de 50 años a nivel mundial. A las FAUS
pertenecen también las políticas económicas públicas, la contratación colectiva
del salario y de las condiciones de trabajo a nivel de categoría, de cada país
y mundial, los sistemas de seguridad social y los servicios públicos, las
políticas demográficas y de formación de la fuerza-trabajo, las redes de
comunicación unificadas a nivel mundial, la política de viviendas protegidas,
las políticas ambientales y de creación de infraestructuras. A
esto se añaden también los demás ordenamientos que se engloban bajo la
expresión de "Estado social", que están encaminados, por utilizar una
expresión de la publicística burguesa, a promover o mantener la "cohesión
social" y a evitar la parálisis y el caos a las que rápidamente
conducirían "el libre mercado y la desmedida búsqueda de ganancia",
es decir, el modo de producción capitalista. En suma, todos los ordenamientos,
procedimientos e instituciones con los que la burguesía trata incluso de
dirigir el movimiento económico de la sociedad y toda la vida social
manteniendo las relaciones de producción capitalistas. Ciertamente la burguesía
no consigue con las FAUS dirigir el movimiento económico ni dirigirlo según un
plan y hacia objetivos preestablecidos. Las relaciones entre los grupos
capitalistas y las relaciones entre la burguesía y la clase obrera y el resto
de las masas populares siguen siendo fundamentalmente antagónicas y excluyen
que el movimiento económico de la sociedad sea gobernable. Dado que la
burguesía imperialista no dirige el movimiento económico, tampoco puede dirigir
el movimiento político y cultural de la sociedad, "las cosas se le escapan
de las manos". Pero las formas en que se desarrolla el movimiento económico,
político y cultural tampoco se pueden comprender sin tener en cuenta dichas
transformaciones.
La
esencia del modo de producción capitalista, puesta a la luz por Marx y que se
mantiene a lo largo de toda la época capitalista, nunca ha existido en estado
puro, sino solamente en formaciones económico-sociales concretas que han
cambiado intensamente en el curso de la época capitalista, justamente porque la
sociedad capitalista tiene que desembocar en la sociedad comunista. Esta no
surge de golpe y de improviso, sino que se forma por descomposición de la
sociedad capitalista y se mantiene constreñida en su envoltura hasta que la
rompe. La esencia del capitalismo se expresa de forma distinta según el
grado de capitalización de la sociedad, según el nivel al que han llegado
la absorción formal y la absorción real de las actividades humanas por el
capitalismo, según la supervivencia en cada país concreto de formas e
instituciones de la sociedad precapitalista precedente con las que el modo de
producción capitalista se ha combinado, transformándolas, según las formas e
instituciones en las que se ha expresado el movimiento comunista en cada país
concreto, según las FAUS que concretamente la clase dirigente ha creado. Las
formaciones económico-sociales de la época imperialista, y en particular las de
la época imperialista posterior a la primera oleada de la revolución
proletaria, tienen características específicas que tenemos que tener en cuenta
para dirigir su transformación.
En
los últimos decenios el capitalismo ha ampliado el radio de acción de su
dominio, ha asumido actividades que no había absorbido en el siglo XIX:
actividades que cada individuo o grupo familiar ha desarrollado como
actividades "naturales", espontáneas, que todo el mundo hacía por sí
mismo, transformándolas en actividades mercantiles: la preparación de la
comida, la confección y manutención de la vestimenta, el cuidado del propio
cuerpo y de la mente, las relaciones sexuales, la procreación, la educación y
la custodia de los niños, la instrucción, la cura de enfermedades, la
asistencia a los ancianos, la sepultura de los muertos, las actividades
recreativas, etc.
En
segundo lugar, el capitalismo ha absorbido éstas y otras actividades,
reestructurándolas en función de su propia naturaleza y ha dividido
viejas actividades en distintas actividades de producción de mercancías,
erigiendo cada una de ellas en nuevos sectores productivos. Ha separado
claramente de la ejecución el conocimiento, la proyección, la previsión, la
organización y la dirección, haciendo de hecho de cada una de estas actividades
un sector distinto de la producción de mercancías, transformándolas y
enriqueciéndolas claramente.
En
tercer lugar, el desarrollo del urbanismo, de las relaciones sociales y de la
civilización ha comportado nuevas actividades. El mismo funcionamiento del
capitalismo con sus actividades financieras, comerciales, de seguros y
publicitarias ha engendrado actividades de producción de mercancías y sectores
productivos separados de los otros.
Estas
tres transformaciones han hecho surgir una numerosa clase obrera, pero con
características a las que no están acostumbrados los dogmáticos, cuyos análisis
de clase han pasado al baúl de los recuerdos. Marx nos ha mostrado claramente
desde las primeras páginas de El Capital que una mercancía puede ser un
bien cedido o un servicio prestado, que la naturaleza de su valor de uso es
secundaria, aunque en su exposición Marx se haya referido como ejemplos sobre
todo a mercancías-bienes, de acuerdo con las características de la sociedad de
su tiempo, de hace 150 años. Pero los dogmáticos se mantienen aferrados a los
ejemplos históricos ya superados y cierran los ojos ante el hecho, sin embargo
evidente, de que hoy la mayoría de las mercancías producidas por los
capitalistas, cuya producción es vehículo y soporte del proceso de valorización
del capital (sobre todo en las sociedades imperialistas) están constituidas por
servicios y así será cada vez más. De esa forma ignoran a gran parte de la
clase obrera real de nuestros respectivos países. Exactamente lo que han
enseñado los revisionistas soviéticos que todavía a finales de los años 80
contabilizaban como producción solamente la "producción de bienes
materiales".
*
Sólo estudiando y comprendiendo suficientemente los mecanismos de las
formaciones económico-sociales imperialistas tal y como son hoy, lograremos
abrirnos camino hacia la revolución socialista. Se ha realizado una combinación
entre movimiento económico y movimiento político de la sociedad que es, por una
parte, como dijo Lenin, la antecámara del socialismo y, por otra, imprime tanto
al movimiento económico como al movimiento político, y en general al movimiento
de la sociedad en cada campo específico, características que los comunistas
debemos tener en cuenta so pena de fracasar en nuestro empeño de acumular
fuerzas revolucionarias, movilizar a la clase obrera para tomar la dirección de
la sociedad eliminando la dirección de la burguesía imperialista y conducir a
la sociedad lo más consciente y directamente posible hacia el comunismo. Si
consideramos los escritos programáticos de la mayor parte de los partidos y
grupos comunistas de los países imperialistas, vemos que los comunistas oscilan
entre 1. la caricatura del marxismo que pretende hacer depender directamente del
interés económico inmediato e individual de sus promotores cualquier iniciativa
política y cultural y 2. el abandono de hecho del marxismo que se manifiesta en
una descripción estereotipada y, por lo tanto, irreal del movimiento económico
y en una descripción del movimiento político y cultural en la que pesa la
influencia de las categorías de moda de la cultura burguesa.
2. Las crisis
generales del capitalismo
*
Las crisis que han perturbado y perturban la sociedad capitalista en la fase
imperialista son de diferente naturaleza de las crisis descritas por Marx con
respecto a Europa durante la primera mitad del siglo XIX. En la fase
imperialista las crisis cíclicas descritas por Marx, que caracterizaron la fase
preimperialista, se atenúan y acortan debido a las medidas anticíclicas entre
las que se incluyen las FAUS, se reducen a ciclos de expansión-recesión
relativamente breves y a oscilaciones pequeñas con relación a las graves
perturbaciones efectivas de las sociedades actuales. Las viejas crisis cíclicas
mantienen las características descritas por Marx solamente en los manuales de
economía política cocinados por los revisionistas soviéticos hasta
finales de los años 80 y por sus seguidores dogmáticos. Los revisionistas
soviéticos han seguido basando la descripción del movimiento económico de las
sociedades imperialistas en las crisis cíclicas. Los partidos comunistas
dependientes todavía ideológicamente de los revisionistas soviéticos
oscilan entre dos tesis. Por una parte, está la tesis de que la sociedad
burguesa ha logrado librarse de las crisis: hoy esta tesis derechista es
sustentada abiertamente por muy pocos, pero en un pasado reciente alimentó
muchas concepciones subjetivistas del movimiento revolucionario y es hoy el
fundamento lógico, aunque no declarado, de las concepciones que excluyen que
sea posible acumular fuerzas revolucionarias en los países imperialistas, así
como de las que sustentan sus esperanzas en el desarrollo del movimiento
revolucionario en los países oprimidos y, en general, en la "agravación de
las contradicciones" provocada por la "crisis histórica del
capitalismo". Esta tesis se convierte en una espera mesiánica,
en un "deus ex machina" para la solución de las contradicciones lógicas
a las que los dogmáticos se aferran. Por otra parte, se exageran los efectos
económicos y políticos de los ciclos de expansión-recesión que se suceden uno
tras otro a breve distancia (tesis de izquierda). A semejanza de sus maestros,
los revisionistas soviéticos, los dogmáticos tranquilizan su conciencia
hablando de una "crisis histórica del capitalismo" que se mantendría
omnipresente, inmutable, igual a sí misma, a lo largo de toda la fase
imperialista, que explica todo y es inmune a todas las contratendencias. Dicha
crisis englobaría en sí misma todas las manifestaciones de las sociedades
capitalistas. De esa forma no distinguen y aún menos explican el origen, el
proceso y el fin de los períodos reales de crisis por los que la sociedad ha
atravesado desde el comienzo de la fase imperialista, los períodos de
recuperación y desarrollo que los han interrumpido y su sucesión. Ni siquiera
se preocupan de explicar porqué esta crisis perenne que se habría iniciado hace
más de cien años no ha llegado todavía a la culminación de su obra: en definitiva,
no explican porqué nos encontramos todavía en la fase imperialista.
*
En realidad en la época imperialista la sociedad es perturbada por crisis
generales que son crisis de larga duración que se inician como crisis
económicas causadas por la superproducción absoluta de capital explicada
teóricamente por Marx en el capítulo 15 del tercer libro de El Capital.
Superproducción de capital quiere decir que el capital acumulado no puede ser
empleado totalmente en extraer plusvalía ampliando el proceso de producción
capitalista propiamente dicho hasta emplear en él a todo el proletariado
disponible, porque si la burguesía actuase así se produciría una masa de
plusvalía decreciente. En las condiciones creadas por la primera oleada de la
revolución proletaria y de las FAUS ya desarrolladas, si los capitalistas, por
ejemplo, hubieran seguido ampliando a partir de los años 70 el proceso de
producción específicamente capitalista en la medida permitida por el capital
acumulado, habrían extraído una plusvalía igual o menor que la que extraen
empleando en el proceso productivo solamente una parte del capital acumulado y
del proletariado disponible.
Ahí
se encuentra la causa del renovado empeño con el que los grupos imperialistas
se han lanzado como lobos famélicos a apoderarse a fondo del mundo entero, de
la fiebre de innovaciones productivas, tecnológicas y financieras y de la
creación de nuevos sectores productivos y áreas de inversión, de las grandes
burbujas financieras y del rastrillaje y destrucción consiguientes de capitales
y ahorros, de las migraciones a gran escala y de muchos otros fenómenos de los
últimos 30 años, de las convulsiones políticas y culturales en curso desde hace
algunas décadas ante las que el imperialismo sigue sobreviviendo. Esto es lo
que empuja a los grupos y Estados imperialistas a la guerra entre ellos y a la
guerra de exterminio que de hecho la burguesía imperialista lleva a cabo contra
las masas populares en innumerables frentes. Es muy importante comprender la
combinación de estos dos tipos de guerras porque sólo transformando la segunda
en revolución socialista los comunistas podrán no sólo prevenir la guerra
interimperialista, sino también encauzar la resistencia de las masas populares
por el camino del socialismo.
Las
crisis generales de la época imperialista comienzan como crisis económicas,
pero se transforman en su desarrollo en crisis políticas y culturales, pues
sólo pueden encontrar solución en el plano político y cultural: o con las
revoluciones socialistas o con un nuevo orden impuesto por los grupos
imperialistas más fuertes que sólo mediante la guerra interimperialista podrán
imponer su supremacía. Una primera crisis de este tipo que tuvo lugar en el
último tercio del siglo XIX se solucionó con el reparto del mundo entre las potencias
imperialistas y la entrada del capitalismo en la fase imperialista. Pero la
primera crisis general real y propiamente dicha tuvo lugar en la primera mitad
del siglo XX y se concluyó con la formación del campo socialista y la
imposición de la hegemonía de los grupos imperialistas de EEUU sobre el resto
del mundo capitalista que sobrevivió a la primera oleada de la revolución
proletaria. Después de 30 años de recuperación de la acumulación capitalista,
se inició en los años 70 la segunda crisis general del capitalismo hoy en
curso. Es en este contexto general en el que se insertan y se hacen
comprensibles los grandes éxitos conseguidos por el movimiento comunista en la
primera parte del siglo XX y su consiguiente derrota para salir de la cual estamos
luchando actualmente.
*
F. Engels siguió estudiando hasta al final de su vida (1895) la evolución de la
sociedad capitalista en los países imperialistas y se dio cuenta de la creación
de las FAUS (ya apuntadas teóricamente por Marx en los Grundrisse)
por parte de la burguesía para enfrentarse en cierta medida a los efectos más
desestabilizadores resultantes de la anarquía en la producción capitalista
cuando ésta ha subsumido a gran escala las actividades económicas. Engels
señaló repetidamente que en cierta medida la burguesía había encontrado remedio
a la anarquía de su modo de producción. También se dio igualmente cuenta de la
aparición de un nuevo tipo de crisis, refiriéndose a ello explícitamente en el
prefacio de 1886 a la edición inglesa del libro primero de El Capital.
Lenin con sus trabajos sobre el imperialismo ha hecho grandes contribuciones a
la comprensión de la más avanzada superestructura que el capitalismo se
construyó. Para dirigir el movimiento de transformación de las sociedades
imperialistas es indispensable que los comunistas nos basemos en estas
aportaciones, las desarrollemos y superemos los límites que el desarrollo del
movimiento comunista ha sacado a la luz durante la primera oleada de la
revolución proletaria hasta que tengamos una visión suficientemente clara del
movimiento de la sociedad actual que nos permita dirigirlo.
3. El balance
del movimiento comunista.
El
mundo ha avanzado y avanza hacia el comunismo en el sentido preciso de que está
elaborando, encontrando, descubriendo y poniendo a prueba relaciones y
ordenamientos sociales adecuados al carácter colectivo asumido por las fuerzas
productivas materiales y espirituales, al dominio conquistado por los hombres
sobre la naturaleza y su propia vida. El movimiento práctico de transformación
del estado presente de las cosas no se detiene porque no lo comprendamos. Pero
existen dos vías para ir hacia el comunismo. Una, la consciente, la más directa
y la menos tormentosa, que pasa por la instauración, al menos en los mayores
países imperialistas, del poder de la clase obrera que se lo arrebata a la
burguesía imperialista mediante la revolución, se guía a sí misma y a las otras
clases de las masas populares para tomar masivamente conciencia de sus
posibilidades y tareas y adecuar las relaciones entre los individuos, grupos
sociales, naciones y países al carácter colectivo de la actividad
económica y al conjunto de las actividades sociales aprendiendo a gobernarse a
sí mismos y dirigir sus actividades. La otra, la más tortuosa y tormentosa, se
abre paso mediante crisis generales, períodos de recuperación, guerras
interimperialistas, oleadas sucesivas de la revolución proletaria, construcción
de partidos comunistas, organizaciones de masas y Estados socialistas y su
consiguiente corrupción y demolición, desarrollo de FAUS cada vez más avanzadas
y su destrucción. Así hasta que a nivel mundial las condiciones subjetivas sean
más avanzadas y surjan por fin países socialistas que marchen
ininterrumpidamente hacia el comunismo abriendo también el camino a los demás.
Durante
la primera oleada de la revolución proletaria (1900-1950) el movimiento
comunista ha conquistado grandes éxitos como ningún otro movimiento conquistó
hasta entonces históricamente y menos aún en cien años de vida: un gran campo
socialista que englobó entonces a un tercio de la humanidad, influyentes
partidos comunistas prácticamente en cada país, el hundimiento del viejo
sistema colonial. Las masas populares conquistaron condiciones de vida y de
trabajo nunca antes imaginadas, la burguesía imperialista tuvo que crear las
FAUS que han impulsado la transformación de la sociedad a gran escala. Pero en
la segunda mitad del siglo pasado el movimiento comunista, como movimiento
consciente y organizado, se derrumbó en gran parte y perdió en cierta medida
numerosas conquistas. ¿Por qué este gran revés? Los ejércitos victoriosos son
los que aprenden de sus derrotas. La derrota es madre de la victoria para
quien, en lugar de dejarse desmoralizar, extrae de ella sus enseñanzas. ¿Cuál
ha sido la causa de nuestra derrota? Algunos comunistas pasan por alto esta
cuestión. Para ellos la derrota es una casualidad, fruto de causas misteriosas
e imponderables y adoptan la línea de intentarlo una y otra vez hasta
lograrlo. Otros atribuyen la derrota a la traición de algunos dirigentes o bien
a la maldad de la burguesía. Pero estas respuestas son inconsistentes en cuanto
las examinamos críticamente. Si fueran verdad estaríamos condenados a que las
derrotas se repitan. En efecto, ¿acaso podemos asegurar que no habrá más
dirigentes traidores? ¿Quién se puede procurar una burguesía bonachona y dócil?
El
revisionismo moderno ha tomado la dirección del viejo movimiento comunista y lo
ha llevado a la ruina. Aunque para llegar a tal resultado los revisionistas
modernos tuvieron que erosionarlo, corroerlo y corromperlo durante algunas
décadas. Tan grande era, en general, su fuerza. El revisionismo moderno es el
producto de la influencia de la burguesía imperialista en el movimiento
comunista y no podemos en absoluto impedir esta influencia en tanto exista la
burguesía: la burguesía nos influencia (el revisionismo) y nosotros
influenciamos a la burguesía (las FAUS son un ejemplo). Pero el revisionismo ha
logrado imponerse en el movimiento comunista, tomar la dirección del mismo,
consolidar su dirección y erosionarlo y corromperlo como un cáncer hasta
liquidarlo porque la izquierda estaba convencida de que las conquistas del
movimiento comunista eran irreversibles, porque la izquierda no dio respuestas revolucionarias
a los problemas nuevos planteados por los éxitos alcanzados por el movimiento
comunista, es decir, porque la izquierda cometió errores dogmáticos, de falta
de dialéctica: no vio lo nuevo, no comprendió de forma justa las leyes de las
formaciones económico-sociales socialistas que creó ni las de las formaciones
económico-sociales imperialistas en las que debía dirigir la revolución. Son
los límites del viejo movimiento comunista los que han permitido el éxito del
revisionismo moderno. Este se impuso porque, a falta de respuestas
revolucionarias, dio viejas respuestas burguesas a las dificultades del nuevo
mundo. Estas llevaron al viejo movimiento comunista, paso a paso, de regresión
en regresión, en el curso de algunos decenios, a la liquidación.
Sólo
identificando y superando los límites del viejo movimiento comunista sentaremos
las bases para que el renacimiento del movimiento comunista pueda lograr
nuevos y más duraderos éxitos. Los límites del viejo movimiento comunista
concernían tanto a la revolución socialista en los países imperialistas que el
viejo movimiento comunista no supo llevar a buen puerto, como al desarrollo de
los nuevos países socialistas en los que el viejo movimiento comunista instauró
el socialismo, pero que no supo mantener ni hacer avanzar. Es a estos dos
campos a los que el nuevo movimiento comunista tiene que aportar soluciones,
elaborando la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y
comprendiendo las leyes de las formaciones económico-sociales actuales.
4. La lucha
entre las dos líneas en el partido
El
primer límite del viejo movimiento comunista concierne justamente a los mismos
partidos comunistas, sujetos y promotores indispensables de la revolución y de
la transformación de la sociedad. El partido comunista es el partido de la
clase obrera revolucionaria, pero recibe también tanto la influencia directa de
la burguesía imperialista, como su influencia indirecta, a través de otras
clases sociales. De los partidos comunistas depende el curso de la guerra entre
la clase obrera y la burguesía imperialista. No sólo la experiencia nos enseña
que la clase obrera para lograr vencer a la burguesía imperialista tiene que
tener un partido comunista adecuado a su papel histórico, sino que también enseña
que la burguesía imperialista logra vencer a la clase obrera solamente cuando
consigue corromper al partido comunista. Debido al papel central que
desempeñan los partidos comunistas (que sólo los espontaneístas niegan),
es inevitable que en cada partido comunista se produzca la lucha entre la
influencia de las dos clases para determinar la línea del partido. No podemos
evitar que la burguesía ejerza su influencia en nuestras filas, pero sí
impedir que esa influencia sea predominante y decida nuestra línea. En segundo
lugar, el mundo cambia y nuestros conocimientos deben ser conformes a esos
cambios: la lucha entre las nuevas ideas y experiencias y las viejas ideas y
experiencias es inevitable para el desarrollo de cada partido. En tercer lugar,
la realidad no se refleja de inmediato en nuestra conciencia, la esencia de las
cosas no se revela directa e inmediatamente: la lucha entre lo verdadero y lo
falso es un proceso indispensable en cada partido para que se imponga la línea
justa. En conclusión, la experiencia de la primera oleada de la revolución
proletaria nos enseña que la lucha entre las dos líneas en el partido comunista
es permanente y que es la base del progreso del partido. Sin lucha no hay vida.
Centralismo democrático y lucha entre las dos líneas no son incompatibles. La
experiencia de los dos partidos comunistas que han dirigido las más grandes
revoluciones del siglo pasado, el Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y el
Partido Comunista chino, aportan numerosos ejemplos en condiciones diversas de
aplicación ya sea del centralismo democrático ya sea de la lucha entre dos
líneas. Ambos partidos no tenían todavía una conciencia clara de ello,
pero para marchar hasta la victoria y llegar a buen puerto las dos
grandes revoluciones que han dirigido, han tenido que aplicar el principio
organizativo del centralismo democrático y llevar a cabo repetidas veces la
lucha ideológica entre las dos líneas. La Historia del Partido Comunista
(bolchevique) de la URSS (1938) muestra algunas de las luchas protagonizadas
por el primero. La Resolución sobre algunas cuestiones de la historia de
nuestro Partido (1945) ilustra algunas de las luchas llevadas a cabo por el
segundo. Negar que en el partido comunista existe la lucha entre las dos
líneas, no hace que esta lucha como hecho objetivo desaparezca: eso quiere
decir solamente que la izquierda luchará a ciegas contra el oportunismo y que
hará más que probable su derrota. El dogmatismo ha sido el instrumento que ha
facilitado que la izquierda de los viejos partidos comunistas dejase el campo
libre a los revisionistas modernos para que éstos se apoderaran de ellos y los
llevaran a su destrucción.
5. El balance
de los países socialistas.
Los
primeros países socialistas acumularon un valioso patrimonio de experiencias
tanto durante el período de su afirmación como durante el período de su
decadencia bajo la dirección de los revisionistas modernos hasta su hundimiento
a finales de los años 80. Las enseñanzas que podemos sacar de ello son enormes,
pero no han sido todavía extraídas en gran parte por los nuevos partidos
comunistas.
Dichas
enseñanzas muestran que las relaciones de producción presentan tres aspectos
distintos: 1. la propiedad de los medios y de las condiciones de la producción,
2. las divisiones entre los hombres en la actividad productiva (división entre
trabajo manual y trabajo intelectual, división entre dirigentes y dirigidos,
división entre hombres y mujeres, división entre la ciudad y el campo, división
entre zonas y sectores avanzados y zonas y sectores atrasados, etc.), 3. las
relaciones de distribución del producto. Sólo
si consideramos estos tres aspectos es posible saber con seguridad dónde se
encontraba la burguesía en los países socialistas. Esta estaba constituida por
los dirigentes del partido, del Estado y de las demás instituciones sociales
que defendían soluciones burguesas a los problemas del desarrollo de la
nueva sociedad socialista. Si no se tienen en cuenta
estos tres aspectos de las relaciones de producción es imposible comprender
claramente en qué consiste la transición del capitalismo al comunismo, la
eliminación gradual y por saltos de las restantes relaciones capitalistas y el
desarrollo gradual y por saltos de las relaciones comunistas como tarea
histórica de la fase socialista. Si no se tienen en cuenta estos tres aspectos
de las relaciones de producción es imposible comprender claramente la lucha
entre 1. las relaciones capitalistas que siguen existiendo inevitablemente tras
la conquista del poder y la instauración de la dictadura del proletariado y 2.
los gérmenes de comunismo a los que la revolución socialista ha dado
vigor y que gradualmente se desarrollan buscando sus formas adecuadas. Si no se
consideran estos tres aspectos de las relaciones de producción es imposible
hacer un análisis de clase de las sociedades socialistas. Por consiguiente, se
hace imposible dirigir la lucha de las clases oprimidas en el contexto de las
nuevas condiciones políticas y culturales específicas de la sociedad
socialista. La Revolución Cultural Proletaria fue una manifestación práctica de
la fuerza que la lucha de clases podía aportar en favor del comunismo en la
sociedad socialista.
Los programas de los nuevos partidos comunistas
identifican a la burguesía en los países socialistas en unos casos con las
viejas clases explotadoras que aún sobrevivían, en otros con los
intelectuales, con el lumpen, con la burocracia, con los empleados
del sector cooperativo. Ninguno de estos análisis se resiste a la crítica, hace
comprensible el conjunto de la historia de los países socialistas, da armas a
los comunistas de los países socialistas para prevenir la restauración
capitalista ni aporta a los comunistas de los países ex-socialistas una
orientación justa para ponerse a la cabeza de la lucha de clases que se está
desarrollando en ellos.
Una
consecuencia de ello es la interpretación corriente que hacen algunos partidos
comunistas con respecto a la naturaleza de las sociedades de los países
socialistas dirigidas por los revisionistas: las consideran como sociedades de
"capitalismo monopolista de Estado" bien sea de "nuevo
tipo" o de "capitalismo burocrático". En particular está
ampliamente difundida la idea de que la sociedad soviética dirigida por los
revisionistas modernos (es decir, durante el período 1956-1991) era una
sociedad social-imperialista. También en este terreno, si bien esta vez en un
sentido negativo, el Partido Comunista del Perú ocupa una posición destacada.
Si está claro que la fase socialista es una fase de transición, en la que
gradualmente y por saltos se liquidan las relaciones sociales capitalistas y se
desarrollan los gérmenes de comunismo, es claro también que, una vez que la
dirección del partido y del Estado fue tomada por los revisionistas modernos,
representantes y portavoces de la burguesía típica y específica de la sociedad
socialista, la naturaleza de la Unión Soviética no podía cambiar de golpe. En
realidad, se produjo una inversión de la dirección de la marcha. En cada campo,
paso a paso, fueron ahogadas gradualmente las relaciones comunistas ya
construidas, reforzadas gradualmente las relaciones capitalistas que todavía
subsistían y reintroducidas las relaciones capitalistas donde existían
condiciones para ello. Una cosa era acusar a los revisionistas soviéticos de
ser socialimperialistas en el sentido de que en sus relaciones con los partidos
comunistas, bajo el manto del socialismo, seguían una línea de injerencias,
chantajes y presiones. Otra cosa muy distinta era sustentar que la Unión
Soviética se volvió repentinamente en un país imperialista. Los
comunistas que defienden que la Unión Soviética fue un país socialimperialista
no han explicado nunca en qué ha consistido en su opinión el salto de
1989-1991, cuáles han sido sus causas y qué es lo que está sucediendo
actualmente en los países que constituyeron la Unión Soviética. ¿Por qué no lo
intentan? Los comunistas de los que fueron países socialistas podrán comprender
la lucha de clases que está teniendo lugar en ellos y cuáles son sus tareas si
parten de una concepción materialista y dialéctica de lo que han sido los
países socialistas antes y después de la llegada de los revisionistas al poder,
durante varios decenios.
6. La
revolución socialista en los países imperialistas
La
revolución proletaria mundial es la combinación de las revoluciones socialistas
en los países donde el capitalismo es el modo de producción predominante y de
las revoluciones de nueva democracia en los países en que los restos feudales
(las relaciones de dependencia personal y la cuestión agraria) y la sumisión
nacional a los países imperialistas desarrollan el papel predominante. La
distinción de los dos tipos de revolución es sobre todo hoy, en vista de la
próxima oleada de la revolución proletaria, una condición indispensable para su
justa combinación. Los movimientos revolucionarios de los países oprimidos se
pueden comprender en su desarrollo real, al igual que las leyes que lo
determinan, sólo si se tiene en cuenta que en ellos está en curso una
revolución democrática que sólo podrá culminar y triunfar si la dirige la clase
obrera mediante su partido comunista y, por consiguiente, como
revolución de nueva democracia. Esto hace todavía más claro cuán ilusorio es
esperar a que el desarrollo del movimiento revolucionario en los países
oprimidos pueda ser la causa principal del renacimiento del movimiento
comunista en los países imperialistas.
En
cuanto a las revoluciones socialistas en los países imperialistas, ya Engels
puso en claro (en la introducción de 1895 a Las luchas de clases en Francia
desde 1848 a 1850 de Marx) que era imposible instaurar el socialismo
mediante la conquista del poder por parte de los comunistas en el curso de una
insurrección popular en la que el partido comunista había participado como uno
más entre los diversos partidos populares. El curso de las revoluciones de 1918
y 1919 en Europa central y oriental confirmó plenamente esta tesis que Engels
había sacado del balance de la experiencia de la Comuna de 1871. La revolución
socialista sólo podía vencer pasando por un proceso de acumulación de las
fuerzas revolucionarias que también en los países imperialistas debía
realizarse, debido a su propia naturaleza, mientras en ellos dominase
todavía la burguesía.
Los
intentos hechos por los partidos de la primera Internacional Comunista para
desarrollar la revolución socialista en los países imperialistas han enseñado y
confirmado que no es posible que dicha acumulación se lleve a cabo única y
principalmente mediante la participación del movimiento comunista consciente y
organizado (el partido comunista y sus organizaciones de masas) en la lucha que
llevan a cabo en la sociedad burguesa los partidos y organizaciones para
hacerse con la dirección política (aunque dicha participación sea
indispensable).
El
balance de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y el
análisis de los regímenes de contrarrevolución preventiva (en la que la
seguridad del régimen pasa por encima del respeto a los derechos democráticos,
políticos y civiles) establecidos por la burguesía imperialista llevan a la
conclusión de que, en líneas generales, el período de acumulación de las
fuerzas revolucionarias en los países imperialistas se corresponde con la fase
de "defensiva estratégica" de la guerra popular revolucionaria de
carácter prolongado de la que habla Mao Tse-tung. La guerra popular
revolucionaria de carácter prolongado es también la forma de la revolución
proletaria en los países imperialistas. La teoría de la guerra popular
revolucionaria de carácter prolongado que Mao elaboró en líneas generales
también refleja el desarrollo del proceso revolucionario de los países
imperialistas. La revolución socialista en cada uno de los países imperialistas
consistirá con toda probabilidad en la transformación de la guerra de
exterminio (que la burguesía imperialista, empujada por la segunda crisis
general del capitalismo, está ya de hecho llevando a cabo contra las masas
populares de los países imperialistas), en una guerra que las masas populares
llevarán a cabo, poco a poco, de forma más sistemática y organizada, tomando en
sus manos la iniciativa y guiadas por la clase obrera bajo la dirección de su
partido comunista. La revolución socialista supondrá el choque entre la
movilización revolucionaria de las masas promovida por el partido comunista y
la movilización reaccionaria de las masas que la burguesía tiene que promover
para enfrentar la crisis política y cultural y la guerra interimperialista. En
el curso de ella se realizará la transformación de la movilización reaccionaria
de las masas en movilización revolucionaria.
La
dirección de esta labor sólo puede ser asumida y desarrollada por partidos
comunistas que aseguren su existencia y la continuidad de su trabajo
cualesquiera que sean los intentos de la burguesía imperialista de acabar con
ellos, es decir, por partidos comunistas clandestinos como lo fue el partido de
Lenin y como lo fueron ya los partidos comunistas de los países imperialistas,
pero sólo en los períodos en los que la burguesía imperialista prohibió a los
comunistas desplegar una actividad política abierta.
7. El método de
la línea de masas
Los
partidos comunistas, aunque sean clandestinos, pueden promover y dirigir una
amplia movilización de las masas si adoptan como método principal de dirección
la línea de masas en el sentido ilustrado por Mao Tse-tung. Este método
consiste en delimitar en cualquier agregado social, en cualquier circunstancia
y a todos los niveles, la izquierda, la derecha y el centro, en movilizar y
organizar la izquierda para unir a ella el centro y aislar a la derecha. La
izquierda se corresponde en cada agregado social y en cada circunstancia con
aquella parte del mismo cuyas aspiraciones y objetivos, si se realizan,
favorecen la causa de la revolución proletaria y llevan a cada agregado social,
desarrollándose de fase en fase, a confluir, de acuerdo con su naturaleza, en
el torrente de la revolución proletaria. Visto desde otro punto de vista, este
método consiste en recoger las ideas y sentimientos que existen en las masas de
forma dispersa y confusa, elaborarlos y sacar de ellos líneas, métodos y
medidas, llevarlos a las masas de modo que los hagan suyos y los lleven a la
práctica. Recoger las nuevas ideas y sentimientos surgidos entre las masas en
base a la nueva práctica desarrollada por ellas, elaborarlos para sacar de
ellos nuevas líneas, métodos y medidas y llevarlos a su vez a las masas y así
sucesivamente. Los partidos comunistas que dirigieron exitosamente las
revoluciones del siglo pasado, aunque no tuvieron una conciencia clara de ello,
adoptaron la línea de masas como método principal de trabajo y dirección. Bajo
su dirección las masas populares han derrotado a la burguesía imperialista, han
rechazado todos los intentos de revancha y restauración y las agresiones de la
burguesía imperialista y han construido países socialistas invencibles (en el
sentido de que nunca ninguna agresión ha logrado salir victoriosa) y capaces de
realizar grandes progresos, cuya influencia se irradiaba a todo el mundo e
infundía fuerza, confianza y empuje a las masas populares de cada país: la
burguesía imperialista recurrió a todos los medios para defenderse de su
influencia sobre las masas populares. Los países socialistas se volvieron
inestables, tuvieron que protegerse con todo tipo de barreras y policía de la
influencia de la burguesía y se invirtieron las relaciones, sólo después de que
los revisionistas modernos se impusieron en los partidos comunistas con sus
soluciones burguesas a los problemas de la sociedad socialista y cuando los
partidos comunistas pretendieron dirigir las sociedades socialistas no ya como
los verdaderos comunistas las habían dirigido (partido comunista,
organizaciones de masas, línea de masas), sino como los burgueses dirigen a los
trabajadores que dependen de ellos (las relaciones industriales), a las
masas populares (mediante las políticas macroeconómicas y la política
general) y a sí mismos (mediante la democracia burguesa y las guerras
interimperialistas).
La
línea de masas es la relación adecuada y necesaria del movimiento comunista
entendido como movimiento consciente y organizado con el movimiento comunista
entendido como movimiento práctico que transforma el estado presente de las
cosas, del que el primero es una parte y un aspecto del mismo.
Conclusión
Estas
son, en nuestra opinión, las siete principales cuestiones de carácter universal
que los nuevos partidos comunistas deben afrontar para elaborar un programa que
los lleve a superar la actual fase de estancamiento y a acumular fuerzas
revolucionarias. Nosotros estamos convencidos que los comunistas que traten de
encontrar una respuesta a estos siete problemas, si no capitulan hasta
encontrar respuestas satisfactorias, llegaran a nuestra misma conclusión: el
maoísmo es la tercera etapa superior del pensamiento comunista después del
marxismo y el leninismo, en el mismo sentido en que el leninismo fue la segunda
etapa superior después del marxismo, como Stalin puso de manifiesto en Principios
del leninismo (1924). Los nuevos partidos deben basarse en el
marxismo-leninismo-maoísmo.
El
renacimiento del movimiento comunista es una necesidad histórica y se producirá
inevitablemente. Nosotros solamente somos sus portavoces y promotores.
Cumpliremos mucho mejor y más rápidamente nuestra labor si nos desprendemos de
los hábitos dogmáticos y unimos nuestras fuerzas para definir los rasgos
generales, universales, de la concepción y del método adecuados a las tareas
que tenemos ante nosotros; si sacamos experiencias del trabajo que los
comunistas realizan en distintos países y las elaboramos para definir el
programa y el método generales; si hacemos de este trabajo el campo en el que
experimentar la justeza (la verdad) de ambos mediante su aplicación concreta y
el descubrimiento de la verdad particular en la que se reflejan las
características específicas de cada país que tienen hasta hoy día un papel
imprescindible en la movilización y acción de las masas populares.
Es
de cara a este objetivo por lo que todos los partidos comunistas, las
organizaciones comunistas, los comunistas todavía no organizados y las FSRS,
pero en particular los de los países imperialistas, deben unir sus fuerzas
creando algún tipo de relación basada en tres factores: 1. el conocimiento
recíproco y el intercambio de experiencias, 2. el debate franco, basado en la
crítica y la autocrítica, en torno al análisis de la situación, al balance del
movimiento comunista, al programa, a los métodos y a las líneas políticas
generales, 3. la solidaridad frente a la contrarrevolución preventiva (política
de seguridad nacional) que caracteriza la actividad política de la burguesía
imperialista. Son tres aspectos totalmente indispensables, que deben
desarrollarse al mismo tiempo y que se refuerzan recíprocamente. La unidad
organizativa sólo puede reforzarse a medida que se fortalece la unidad
ideológica y política. La unidad ideológica y política, siempre relativa, sólo
puede fortalecerse mediante la lucha ideológica. Sin debate franco y abierto
sobre las divergencias ideológicas y políticas, sin afrontar francamente las
cuestiones controvertidas, incluso el intercambio de experiencias se convierte
en gran parte en una formalidad y es vaciado de gran parte de sus efectos
positivos. Lo que nos une y que ninguna divergencia destruye es la lucha común
contra la burguesía imperialista y por el comunismo y la solidaridad que nos
liga en esta lucha. No tenemos que temer la lucha ideológica ni la utilización
que ciertamente la burguesía imperialista tratará de hacer de nuestras
divergencias. La lucha ideológica es la vía a través de la cual trazaremos una
orientación y una línea más justas que nos permitirán convertirnos en la
parte organizada y de vanguardia de la clase obrera, en dirigentes de las masas
populares de nuestros respectivos países en lucha contra la burguesía
imperialista, en la parte consciente y organizada que el movimiento práctico
que transforma el estado presente de las cosas necesita absolutamente para
culminar su recorrido.
Es
sobre esta base que la Comisión Preparatoria del congreso fundacional del
(nuevo)Partido Comunista italiano tratará de establecer y desarrollar las
relaciones internacionales, valorizando en la medida que nos sea posible
las conferencias, seminarios y reuniones internacionales de partidos y
organizaciones comunistas que ya funcionan regularmente y todas las demás
iniciativas que ya otros organismos comunistas promueven. Es sobre esta base
que nos dirigimos a todos los partidos comunistas, a todas las organizaciones
comunistas, a todos los comunistas todavía no organizados y a todas las FSRS,
pero en particular a los de los países imperialistas europeos, pidiéndoles
reflexionar sobre nuestras posiciones y experiencias y criticarlas a la luz de
sus planteamientos y experiencias, así como a intensificar y mejorar las
relaciones de unidad y lucha entre todos nosotros. Quien es más audaz en la
autocrítica, quien está más dispuesto a aprender de la experiencia de los demás
avanzará mejor y más rápidamente y enseñará al resto. Todos nosotros debemos
transformarnos y convertirnos en la parte más consciente y decidida del gran
ejército de las clases y pueblos oprimidos que marchan hacia la victoria de la
revolución proletaria a nivel mundial.
Para este
llamamiento la CP del Congreso fundacional del (nuevo)Partido Comunista Italiano
ha tenido en cuenta los documentos programáticos de los siguientes partidos y
organizaciones:
1. Partido
Comunista Revolucionario de EEUU (PCR-EEUU) www.rwor.org
2. Partido
Comunista Revolucionario (Comités de Organización) Canadá pcrco_rcpoc@hotmail.com
3. Partido
Marxista Leninista de Alemania (MLPD) www.mlpd.de
4. Partido
del Trabajo de Bélgica (PTB) www.ptb.be
5. Partido
Comunista de España (reconstituido) (PCE(r) www.antorcha.org
6.
Organización Comunista (marxista-leninista) Voie Proletarienne (Francia) vp.partisan@caramail.com
7. Comités
de Apoyo a la Resistencia - por el Comunismo (CARC - Italia) www.carc.it
8.
Organización Comunista Rossoperaio (RO - Italia) ro.red@libero.it
9.
Conferencia
Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (ICML)
10. Movimiento
Revolucionario Internacionalista (MRI) awtw_uk@yahoo.co.uk
La relación no pretende excluir a otros partidos y organizaciones del llamamiento ni indica una afinidad particular con las organizaciones incluidas en ella. Se trata de organizaciones sobre las que hemos podido estudiar sus escritos programáticos y con las que, dado el nivel de nuestros conocimientos, consideramos útil mantener un debate abierto y franco.