¡Que los comunistas de los países imperialistas

unan sus fuerzas en pro del renacimiento

del  movimiento comunista!

 

¡Proletarios de todo el mundo, uníos! Este llamamiento fue hecho hace poco más de 150 años en el Manifiesto del partido comunista por Marx y Engels, fundadores del movimiento comunista como movimiento consciente y organizado. A pesar de todos los cambios habidos desde entonces hasta hoy, el llamamiento sigue estando plenamente vigente como condición de la victoria de la clase obrera y de las masas populares sobre la burguesía imperialista. Lenin, dirigente de la primera revolución proletaria victoriosa, señaló en su obra ¿Qué hacer?, hace exactamente 100 años, las características generales de los partidos comunistas que la clase obrera necesitaba para dar comienzo a la época socialista. Basándonos en estos precedentes, la Comisión Preparatoria (CP) del congreso fundacional del (nuevo) Partido Comunista italiano se dirige a los partidos y organizaciones comunistas, a los comunistas todavía no organizados y a las organizaciones que luchan por implantar el socialismo (es decir, a todas las Fuerzas Subjetivas de la Revolución Socialista - FSRS) de los países imperialistas para movilizarnos todos juntos a fin de que la clase obrera y las masas populares de cada uno de los países imperialistas se doten lo más pronto posible de un partido comunista que tenga en cuenta plenamente la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y esté a la altura de la tarea que el desarrollo de la segunda crisis general del capitalismo y la consiguiente situación revolucionaria en desarrollo plantean a los comunistas. Con este fin expone y explica sumariamente sus propias  concepciones y propósitos con respecto a esta tarea internacionalista. El objetivo para el que la CP se ha constituido y que se empeña en lograr es la convocatoria del congreso fundacional del (nuevo) Partido Comunista italiano. Precisamente la labor que se está realizando con vistas a este objetivo muestra a cada paso, cada  vez más claramente, que el renacimiento del movimiento comunista en nuestro país está unido por miles de hilos al renacimiento del movimiento comunista mundial: en particular a su renacimiento en otros países imperialistas y de modo especial al renacimiento del movimiento comunista en los países imperialistas europeos a los que nuestro país está tan estrechamente ligado. Pensar que el renacimiento del movimiento comunista puede realizarse ilimitada y aisladamente en un solo país aunque no se desarrolle, al menos en cierta medida, en otros países, es, en nuestra opinión, una concepción errónea, nacionalista. No nos  dirigimos a los comunistas de otros países por presunción o falta de respeto y consideración hacia su experiencia y hacia la labor que están realizando, sino para darles a conocer nuestras concepciones y nuestros propósitos y establecer con ellos vínculos basados en la crítica y la autocrítica que nos ayuden a realizar mejor y más rápidamente nuestros objetivos. El avance de cada uno de nosotros está condicionado por el avance de los demás. Esto configura y delimita un campo de trabajo común, que confirma el carácter internacional del objetivo que perseguimos: la victoria de la revolución proletaria, la instauración del socialismo y la marcha hacia el comunismo.

 

La crisis del capitalismo y la resistencia de las masas populares

 

Día tras día se agudizan cada vez más las contradicciones entre la burguesía imperialista y las masas populares de los países oprimidos y de los mismos países imperialistas. Al mismo tiempo se agravan las contradicciones entre los grupos imperialistas y sus Estados. La contradicción entre el carácter colectivo alcanzado por las fuerzas productivas materiales y espirituales de los hombres, por una parte, y la supervivencia de las relaciones de producción capitalistas, por otra, se hace cada vez más antagónica y se manifiesta en campos cada vez más numerosos y de forma cada vez más fuerte (la devastación del medio ambiente y el cuestionamiento de la integridad de la misma especie humana son algunos ejemplos). La supervivencia de las relaciones de producción capitalistas, además de hundir a las masas populares de los países oprimidos y de los ex países socialistas en un abismo sin fondo, provoca cada vez más víctimas entre las masas populares de los propios países imperialistas. A principios de los años 70 del siglo pasado, acabado el período de reanudación de la acumulación de capital y desarrollo de la actividad económica que sucedió a la Segunda Guerra Mundial, dio inició la segunda crisis general del capitalismo. La crisis provocada en el movimiento comunista por el predominio del revisionismo moderno ha llegado hasta el derrumbamiento del campo socialista, a la liquidación de gran parte de los partidos creados en el marco de la primera Internacional Comunista y a la desaparición de gran parte de las instituciones (Estados, partidos, organizaciones de masas) creadas por la primera oleada de la revolución proletaria mundial. La crisis del viejo movimiento comunista ha permitido al capitalismo mostrar abiertamente de nuevo con toda libertad, a todos los niveles y en todos los rincones del mundo, su verdadera naturaleza. Se ha vuelto a poner en un primer plano el carácter reaccionario, antipopular y destructivo del capitalismo en su fase imperialista. El resultado es que desde principios de los años 90 la crisis general del capitalismo se desarrolla más rápidamente a gran escala y a  nivel mundial, confirmando que el capitalismo ha sido  superado históricamente.

La crisis impulsa a la burguesía imperialista a intensificar la guerra de exterminio que lleva a cabo de hecho contra las masas populares de los países imperialistas y de los países oprimidos para crear condiciones de explotación adecuadas a la valorización de la masa de capital acumulada. Al mismo tiempo los grupos y Estados imperialistas se ven empujados por las necesidades de valorización del capital a una nueva guerra interimperialista. En particular, los grupos imperialistas europeos sólo pueden defender sus intereses económicos y políticos contra la rapiña y arrogancia de los grupos imperialistas yanquis constituyéndose como potencia política y militar enfrentada a los EE.UU. Para cada uno de los grupos imperialistas ajustar las cuentas entre ellos se convierte en  una cuestión de vida o muerte cada vez más apremiante: en el capitalismo no existe otra forma de imponerse. Sólo encaminándose por esta vía, la UE puede sobrevivir y desarrollarse. Éste es el camino que la burguesía imperialista sigue ineluctable y espontáneamente. Y para seguirlo debe inducir por las buenas o por las malas a las masas populares y también a la clase obrera a marchar con ella.

El desarrollo de la revolución socialista en los países imperialistas consiste en transformar la guerra de exterminio que sufren hoy las masas populares, en una guerra en la que combatan de forma organizada, tomando la iniciativa en sus manos y adoptando una estrategia y tácticas adecuadas para llevarla a la victoria. Sólo el desarrollo de la revolución socialista en los países imperialistas puede impedir una nueva guerra interimperialista, previniéndola, o bien transformarla en guerra revolucionaria. El renacimiento del movimiento comunista es por tanto una necesidad.

La resistencia que las masas populares oponen desde hace años a la progresiva agravación de la crisis general del capitalismo se desarrolla no sólo en los países oprimidos y en los países ex socialistas, sino también en los países imperialistas. Pero hasta ahora esta resistencia, sobre todo en los países imperialistas, no actúa más que marginalmente como escuela de comunismo ya que no está orientada ni dirigida por la clase obrera mediante sus partidos comunistas. Por el contrario se desarrolla de una forma espontánea y en orden disperso.

Por una parte, obreros y otros elementos de las masas populares "combaten aisladamente a la burguesía". Su resistencia desemboca y se malgasta en actos de rebeldía individual, en embrutecimiento individual, en intentos de salvarse y abrirse camino individualmente, en comportamientos generalmente antisociales de individuos y pequeños grupos, en agresiones y actos vandálicos sin distinción de clase, en delincuencia que imita el comportamiento individualista de los capitalistas, en actividades subversivas de individuos y pequeños grupos desligados entre sí.

Por otra parte, trabajadores "de una misma categoría en un determinado lugar luchan contra el burgués que los explota directamente", su resistencia queda relegada a las luchas sindicales y reivindicativas, plagada de ilusiones reformistas y de desviaciones espontaneístas y aventureristas; en muchos casos la resistencia se desarrolla bajo la dirección de organizaciones dependientes de la burguesía imperialista, de los sindicatos oficialistas y de las organizaciones residuales de masas del viejo movimiento socialista y comunista dependientes de la burguesía o manejadas por ella.

En otros casos los trabajadores, en vez de luchar contra las relaciones burguesas de producción y la clase que impone su conservación a la fuerza, luchan contra otros trabajadores. De hecho sucede que la burguesía imperialista transforma la contradicción entre ella y las masas populares en mil contradicciones entre unos y otros sectores de las masas populares, al tiempo que la resistencia de las masas populares contra la agravación de la crisis capitalista se desarrolla abiertamente bajo la dirección de fuerzas reaccionarias, fascistas y racistas.

Todas estas manifestaciones de la resistencia no son cosas nuevas: los fundadores del movimiento comunista ya las han descrito en el Manifiesto del partido comunista de 1848 (cap. 1), porque son típicas de los períodos en los que el movimiento comunista, como movimiento consciente y organizado, es débil. Con la diferencia de que hoy se presentan a un nivel más alto y bajo un nuevo aspecto que hace que muchos de nosotros no las reconozcamos. Movilización revolucionaria y movilización reaccionaria se confunden y en la confusión se impone la burguesía imperialista que tiene el poder, la experiencia, la organización y experimentadas instituciones y prácticas de contrarrevolución preventiva.

Es justo y necesario que los comunistas, en particular los comunistas de los países imperialistas, nos preguntemos porqué en los países imperialistas el renacimiento del movimiento comunista, que se considera libre del tumor del revisionismo moderno, avanza tan lentamente; porqué el movimiento comunista tiene todavía una influencia tan limitada sobre la clase obrera y las masas populares, aunque la resistencia de las masas populares a la progresiva agravación de la crisis general del capitalismo se desarrolle a gran escala. En muchos países imperialistas ni siquiera existen todavía partidos comunistas. Incluso en aquéllos en los que desde hace años existen partidos que se proclaman marxista-leninistas y hasta marxistas-leninistas-maoístas, los progresos realizados en la acumulación de las fuerzas revolucionarias son escasos o casi nulos. Hasta el punto de que algunos compañeros, sobre todo de partidos de países oprimidos pero también de partidos de países imperialistas, llegan a sustentar que es hoy imposible acumular fuerzas revolucionarias en los países imperialistas, que la revolución proletaria debe desarrollarse antes a gran escala en los países oprimidos, que los comunistas de los países imperialistas no pueden hacer otra cosa que resistir como pequeños grupos a la espera de que el desarrollo de la revolución en los países oprimidos y la agravación de las contradicciones entre los grupos y Estados imperialistas  y entre éstos y las masas populares, cree antes o después condiciones más favorables. Pero se trata de concepciones erróneas: de una concepción que traspasa la responsabilidad al movimiento provocado en las masas populares por los acontecimientos y de una sobreestimación del papel de sus movimientos espontáneos (en definitiva, se trata de un error de espontaneísmo); de una justificación del atraso del movimiento comunista de los países imperialistas cuyas verdaderas causas no se reconocen y de la resignación ante ese atraso. La experiencia no sólo nos enseña que el socialismo solamente puede consolidarse a nivel mundial si triunfa la revolución socialista también en los países imperialistas más importantes, aunque en el contexto de una situación revolucionaria mundial la revolución socialista pueda empezar por cualquier país. También nos enseña que sin un fuerte movimiento comunista en los países imperialistas, y, por lo tanto, sin la existencia en ellos de fuertes partidos comunistas, el movimiento comunista no avanza a nivel mundial más allá de ciertos límites. Ni siquiera la Revolución Cultural Proletaria lanzada, en 1966, por el Partido Comunista Chino bajo la dirección de Mao Tse-tung consiguió invertir el declive del movimiento comunista. Tampoco lo lograron las notables victorias alcanzadas todavía por la revolución proletaria en los años 70 en algunos países oprimidos (Vietnam, Laos, Camboya, Yemen del Sur, Nicaragua, Angola, Mozambique, Etiopía). En los países oprimidos en los que la resistencia de las masas populares al imperialismo es más amplia y fuerte, la lucha es dirigida cada vez más por fuerzas reaccionarias, replanteándose de nuevo como en el pasado, cuando la influencia  del movimiento comunista mundial como movimiento consciente y organizado era  más débil, el singular contraste entre el heroísmo con el que las masas populares combaten y el carácter reaccionario de las fuerzas políticas que las dirigen. La debilidad del movimiento comunista en los países imperialistas frena y también limita el desarrollo del movimiento comunista en los países oprimidos por el imperialismo. Ella se debe a causas internas al movimiento comunista de los mismos países imperialistas y no será superada  automáticamente ni por la agudización de las contradicciones y ni siquiera por un eventual mayor desarrollo del movimiento comunista en los países oprimidos. Este ciertamente está haciendo una contribución importante al renacimiento del movimiento comunista en los países imperialistas, basta considerar el papel desarrollado por el Partido Comunista del Perú en un pasado reciente, pero no es la fuerza decisiva. Corresponde a los comunistas de los países imperialistas eliminar las causas que nos impiden estar en ellos a la cabeza de la resistencia de las masas populares al desarrollo de la crisis del capitalismo.

¿De dónde proceden las dificultades que los comunistas de los países imperialistas encontramos en la acumulación de las fuerzas revolucionarias?

 

Errores de dialéctica

 

Algunos responden que estas dificultades provienen de la fuerza económica, política y cultural de la burguesía imperialista y de la ferocidad y falta de escrúpulos de los sistemas de contrarrevolución preventiva que ha elaborado y perfeccionado antes, durante y después de la primera oleada de la revolución proletaria (1900-1950). Pero es evidente que estos factores existen y seguirán existiendo en tanto no se impongan las fuerzas revolucionarias. Por consiguiente, dichos factores no son el obstáculo que impide el desarrollo de las fuerzas revolucionarias, sino el blanco que las fuerzas revolucionarias tienen que abatir. ¿Cuándo y dónde los comunistas han logrado acumular fuerzas revolucionarias porque la clase dominante les haya cedido fácilmente el terreno? ¿Cuál sería la tarea de los comunistas si la clase dominante no opusiera la más encarnizada, descarada y feroz resistencia al avance del socialismo? El fundador del movimiento comunista nos ha enseñado por el contrario que la revolución se abre paso engendrando una contrarrevolución cerrada y potente que sólo en lucha contra la cual el partido de la subversión alcanza la madurez de un verdadero partido revolucionario (K. Marx, Las luchas de clase en Francia desde 1848 a 1850). Algunas décadas después Stalin indicará que la experiencia confirma la enseñanza de Marx: la lucha de clases se hace cada vez más aguda a medida que la revolución proletaria avanza. La fuerza, el cinismo y la ferocidad de la contrarrevolución son una muestra de que la burguesía imperialista tiene cada vez más dificultad para mantener su poder, siendo por tanto una señal que confirma las grandes potencialidades de desarrollo y éxito del movimiento comunista.

Otros responden que las dificultades que el movimiento comunista encuentra actualmente en los países  imperialistas provienen de la difusión del oportunismo. El oportunismo es resignación ante el dominio de la burguesía, conciliación con la burguesía y sometimiento a ella para que satisfaga las necesidades inmediatas individuales o de pequeños grupos o de algunas categorías, llegar a arreglos con la burguesía para preservar su poder, nutrir ilusiones en la burguesía, vacilar y titubear en la lucha contra ella. Pero nosotros sólo podremos eliminar el oportunismo en el curso del desarrollo de la revolución, no como premisa de la revolución. En efecto el oportunismo se alimenta  principalmente de dos fuentes. Una fuente es la influencia (la influencia ideológica, los chantajes y la corrupción) que la burguesía imperialista ejerce en las filas revolucionarias: una influencia que podemos contener pero no eliminar completamente hasta que no hayamos eliminado a la misma burguesía. La otra es la influencia que la burguesía tiene estructuralmente, como antigua clase dominante, sobre las masas populares que todavía no se han movilizado o sólo se han movilizado en pequeña medida para la lucha revolucionaria: influencia que eliminamos a medida que el movimiento comunista implica en la lucha a las masas populares. Es por tanto evidente que la difusión del oportunismo no es la fuente de nuestras dificultades, sino la manifestación de nuestras dificultades, un aspecto de ellas.

El obstáculo principal del renacimiento del movimiento comunista en los países imperialistas es interno al mismo, estando, por tanto, su eliminación completamente en manos de los comunistas de los países imperialistas. El obstáculo principal es el dogmatismo de los que se declaran comunistas y que sinceramente tratan de actuar como tales, es la concepción poco dialéctica que les guía y el método poco dialéctico con el que conocen el mundo y tratan de transformarlo. El dogmatismo obstaculiza no sólo la construcción de los partidos comunistas sino también su reforzamiento. Los comunistas no nos atenemos suficientemente a las leyes propias del movimiento práctico que transforma el estado presente de las cosas, es decir, a las leyes del comunismo, como ya lo definían Marx y Engels en La ideología alemana (1846). Por eso no logramos dirigirlo. Algunos niegan hasta que exista un movimiento práctico que transforma el estado presente de las cosas y lo reducen a lo que ellos determinan, es decir, reducen el movimiento práctico al movimiento consciente y organizado. Es una posición idealista según la cual el movimiento consciente y organizado crea el movimiento práctico. Desarrollada con coherencia lleva a la conclusión ya no hay un movimiento práctico que debamos conocer para ser comunistas y esto corrobora la indiferencia hacia la investigación y la elaboración de la experiencia, cosa que efectivamente afecta a muchos comunistas. En realidad existe un movimiento práctico que transforma el estado presente de las cosas: nuestra tarea como comunistas es comprender sus leyes para dirigirlo. ¿Acaso es espontaneísmo atenerse a las leyes propias del movimiento práctico que transforma el mundo? ¡No! Espontaneísmo es ir a remolque de las masas populares todavía influenciadas por la burguesía, es decir, sufrir indirectamente la influencia de la burguesía. El movimiento práctico transforma la sociedad actual, la empuja hacia el comunismo. Los comunistas tenemos que comprender las leyes de esta transformación, ser conscientes de la necesidad insita en las cosas y convertirnos en promotores activos y conscientes de la transformación. La transformación de la sociedad capitalista en sociedad comunista supone por su naturaleza el tránsito de un movimiento que los hombres realizan necesariamente, sin ser conscientes de ello, a un movimiento consciente y planificado. Ya Marx y Engels nos enseñan en el Manifiesto del partido comunista de 1848 que el papel de los comunistas con respecto al resto de la  masa trabajadora consiste en tener una visión clara de las condiciones, de la marcha y de los resultados generales del movimiento proletario y en ser la parte más resuelta del proletariado, la que empuja siempre hacia adelante (cap. 2). La transformación de la sociedad capitalista en sociedad comunista es un movimiento objetivo y necesario que sólo puede alcanzarse transformándose en movimiento subjetivo y consciente. Sin conciencia y dirección el movimiento de transformación se dispersa en mil direcciones, se estanca e incluso algunas veces y por cierto tiempo se transforma en su contrario. Sin teoría revolucionaria el movimiento revolucionario no puede desarrollarse más allá de un nivel elemental y espontáneo, estando expuesto de mil formas a las maniobras de la experimentada clase dominante que lo influencia, lo infiltra, lo desvía, lo aparta de su camino, lo envuelve en contradicciones inextricables, lo extenúa, lo fragmenta, lo dispersa y contrapone una parte del movimiento práctico a otra. La burguesía imperialista en particular transforma sistemáticamente, incluso de forma espontánea además de conscientemente, las contradicciones entre ella misma y las masas populares en contradicciones entre una parte y otra de las masas populares. De este modo prolonga su existencia, condena a la miseria a las masas populares y las embrutece moral e intelectualmente. Así la movilización de las masas populares contra el desarrollo de la crisis general del capitalismo no se convierte en movilización revolucionaria, sino en movilización reaccionaria, dirigida por grupos de la burguesía imperialista.

El obstáculo principal para el renacimiento del movimiento comunista estriba en el hecho que los comunistas sinceramente entregados a la causa de la revolución tienen una concepción del mundo y un método de trabajo que no tienen en cuenta suficientemente ni las transformaciones que se han producido en la sociedad burguesa ni la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria. Cuando la mayor parte de los partidos y grupos comunistas de los países imperialistas analizan en sus programas el movimiento económico, político y cultural de la sociedad actual, es como si la primera oleada de la revolución proletaria, que ha puesto patas arriba al mundo entero, hubiese pasado sin dejar rastro, sólo por el hecho de que se han venido abajo los Estados, partidos y organizaciones de masas que ella creó. ¡También en estos programas el comunismo está verdaderamente muerto y ha desaparecido de la historia, nunca ha existido! En esto se manifiesta todavía  la influencia ideológica de la burguesía, de sus ilusiones y conjuros. La realidad es bien distinta.

Romper con el dogmatismo que esteriliza nuestros esfuerzos, elaborar una teoría revolucionaria que refleje la realidad de la transformación hacia el comunismo que tenemos que dirigir y aportar en base a ella soluciones revolucionarias a las tareas de la revolución proletaria: todo esto se resume en la tesis de que los nuevos partidos comunistas tienen que estar basados en el marxismo-leninismo-maoísmo. Esta tesis nuestra la ilustramos más detalladamente en los siete puntos siguientes.

 

1. Las formaciones económico-sociales imperialistas

 

* En cuanto al movimiento económico y político de las sociedades imperialistas, la concepción que hoy tienen del mismo gran parte de los comunistas es una combinación 1. de fórmulas del marxismo-leninismo repetidas sin el enriquecimiento y sin la especificación que los desarrollos de la realidad requieren, transformadas, por tanto, en fórmulas vacías y 2. de análisis hechos por los revisionistas soviéticos que, enfeudados a la burguesía imperialista en el campo de la política, de la gestión de la sociedad y la cultura, han dejado sobrevivir por largo tiempo un sector momificado de la ideología que ha repetido y adaptado de modo oportunista el marxismo-leninismo y que le ha servido tan bien de cobertura: los más veteranos se acordarán bien de Suslov y de sus vacuos discursos. Para convencerse que esta afirmación es cierta basta estudiar los programas actuales de los partidos comunistas de los países imperialistas o bien estudiar la concepción del mundo que se desprende de sus análisis políticos.

 

* Las sociedades imperialistas presentan importantes características como consecuencia 1. de la acentuación del carácter colectivo de las fuerzas productivas, 2. de la creación por parte de la misma burguesía imperialista de una serie de Formas Antitéticas de la Unidad Social (FAUS), 3. de la primera oleada de la revolución proletaria (en la que se han combinado revoluciones socialistas y revoluciones de nueva democracia), es decir, de la constitución de los primeros países socialistas y de la formación en todo el mundo de un fuerte movimiento comunista, entendido como movimiento consciente y organizado.

En la sociedad burguesa se han creado una serie de FAUS: ordenamientos, procedimientos e instituciones con las que la burguesía trata de hacer frente al carácter colectivo asumido por las fuerzas productivas, manteniéndose sin embargo en el marco de relaciones de producción y sociales capitalistas que lo niegan. A las FAUS pertenece la moneda fiduciaria en la que se materializa gran parte del "poder social" de cada individuo y de la que el movimiento económico se sirve desde hace más de 50 años a nivel mundial. A las FAUS pertenecen también las políticas económicas públicas, la contratación colectiva del salario y de las condiciones de trabajo a nivel de categoría, de cada país y mundial, los sistemas de seguridad social y los servicios públicos, las políticas demográficas y de formación de la fuerza-trabajo, las redes de comunicación unificadas a nivel mundial, la política de viviendas protegidas, las políticas ambientales y de creación de infraestructurasA esto se añaden también  los demás ordenamientos que se engloban bajo la expresión de "Estado social", que están encaminados, por utilizar una expresión de la publicística burguesa, a promover o mantener la "cohesión social" y a evitar la parálisis y el caos a las que rápidamente conducirían "el libre mercado y la desmedida búsqueda de ganancia", es decir, el modo de producción capitalista. En suma, todos los ordenamientos, procedimientos e instituciones con los que la burguesía trata incluso de dirigir el movimiento económico de la sociedad y toda la vida social manteniendo las relaciones de producción capitalistas. Ciertamente la burguesía no consigue con las FAUS dirigir el movimiento económico ni dirigirlo según un plan y hacia objetivos preestablecidos. Las relaciones entre los grupos capitalistas y las relaciones entre la burguesía y la clase obrera y el resto de las masas populares siguen siendo fundamentalmente antagónicas y excluyen que el movimiento económico de la sociedad sea gobernable. Dado que la burguesía imperialista no dirige el movimiento económico, tampoco puede dirigir el movimiento político y cultural de la sociedad, "las cosas se le escapan de las manos". Pero las formas en que se desarrolla el movimiento económico, político y cultural tampoco se pueden comprender sin tener en cuenta dichas transformaciones.

La esencia del modo de producción capitalista, puesta a la luz por Marx y que se mantiene a lo largo de toda la época capitalista, nunca ha existido en estado puro, sino solamente en formaciones económico-sociales concretas que han cambiado intensamente en el curso de la época capitalista, justamente porque la sociedad capitalista tiene que desembocar en la sociedad comunista. Esta no surge de golpe y de improviso, sino que se forma por descomposición de la sociedad capitalista y se mantiene constreñida en su envoltura hasta que la rompe. La esencia  del capitalismo se expresa de forma distinta según el grado de capitalización de la sociedad, según el nivel al que han llegado la  absorción formal y la absorción real de las actividades humanas por el capitalismo, según la supervivencia en cada país concreto de formas e instituciones de la sociedad precapitalista precedente con las que el modo de producción capitalista se ha combinado, transformándolas, según las formas e instituciones en las que se ha expresado el movimiento comunista en cada país concreto, según las FAUS que concretamente la clase dirigente ha creado. Las formaciones económico-sociales de la época imperialista, y en particular las de la época imperialista posterior a la primera oleada de la revolución proletaria, tienen características específicas que tenemos que tener en cuenta para dirigir su transformación.

En los últimos decenios el capitalismo ha ampliado el radio de acción de su dominio, ha asumido  actividades que no había absorbido en el siglo XIX: actividades que cada individuo o grupo familiar ha desarrollado como actividades "naturales", espontáneas, que todo el mundo hacía por sí mismo, transformándolas en actividades mercantiles: la preparación de la comida, la confección y manutención de la vestimenta, el cuidado del propio cuerpo y de la mente, las relaciones sexuales, la procreación, la educación y la custodia de los niños, la instrucción, la cura de enfermedades, la asistencia a los ancianos, la sepultura de los muertos, las actividades recreativas, etc.

En segundo lugar, el capitalismo ha absorbido éstas y otras actividades, reestructurándolas en función de su  propia naturaleza y ha dividido viejas actividades en distintas actividades de producción de mercancías, erigiendo cada una de ellas en nuevos sectores productivos. Ha separado claramente de la ejecución el conocimiento, la proyección, la previsión, la organización y la dirección, haciendo de hecho de cada una de estas actividades un sector distinto de la producción de mercancías, transformándolas y enriqueciéndolas claramente.

En tercer lugar, el desarrollo del urbanismo, de las relaciones sociales y de la civilización ha comportado nuevas actividades. El mismo funcionamiento del capitalismo con sus actividades financieras, comerciales, de seguros y publicitarias ha engendrado actividades de producción de mercancías y sectores productivos separados de los otros.

Estas tres transformaciones han hecho surgir una numerosa clase obrera, pero con características a las que no están acostumbrados los dogmáticos, cuyos análisis de clase han pasado al baúl de los recuerdos. Marx nos ha mostrado claramente desde las primeras páginas de El Capital que una mercancía puede ser un bien cedido o un servicio prestado, que la naturaleza de su valor de uso es secundaria, aunque en su exposición Marx se haya referido como ejemplos sobre todo a mercancías-bienes, de acuerdo con las características de la sociedad de su tiempo, de hace 150 años. Pero los dogmáticos se mantienen aferrados a los ejemplos históricos ya superados y cierran los ojos ante el hecho, sin embargo evidente, de que hoy la mayoría de las mercancías producidas por los capitalistas, cuya producción es vehículo y soporte del proceso de valorización del capital (sobre todo en las sociedades imperialistas) están constituidas por servicios y así será cada vez más. De esa forma ignoran a gran parte de la clase obrera real de nuestros respectivos países. Exactamente lo que  han enseñado los revisionistas soviéticos que todavía a finales de los años 80 contabilizaban como producción solamente la  "producción de bienes materiales".

 

* Sólo estudiando y comprendiendo suficientemente los mecanismos de las formaciones económico-sociales imperialistas tal y como son hoy, lograremos abrirnos camino hacia la revolución socialista. Se ha realizado una combinación entre movimiento económico y movimiento político de la sociedad que es, por una parte, como dijo Lenin, la antecámara del socialismo y, por otra, imprime tanto al movimiento económico como al movimiento político, y en general al movimiento de la sociedad en cada campo específico, características que los comunistas debemos tener en cuenta so pena de fracasar en nuestro empeño de acumular fuerzas revolucionarias, movilizar a la clase obrera para tomar la dirección de la sociedad eliminando la dirección de la burguesía imperialista y conducir a la sociedad lo más consciente y directamente posible hacia el comunismo. Si consideramos los escritos programáticos de la mayor parte de los partidos y grupos comunistas de los países imperialistas, vemos que los comunistas oscilan entre 1. la caricatura del marxismo que pretende hacer depender directamente del interés económico inmediato e individual de sus promotores cualquier iniciativa política y cultural y 2. el abandono de hecho del marxismo que se manifiesta en una descripción estereotipada y, por lo tanto, irreal del movimiento económico y en una descripción del movimiento político y cultural en la que pesa la influencia de las categorías de moda de la cultura burguesa.

 

2. Las crisis generales del capitalismo

 

* Las crisis que han perturbado y perturban la sociedad capitalista en la fase imperialista son de diferente naturaleza de las crisis descritas por Marx con respecto a Europa durante la primera mitad del siglo XIX. En la fase imperialista las crisis cíclicas descritas por Marx, que caracterizaron la fase preimperialista, se atenúan y acortan debido a las medidas anticíclicas entre las que se incluyen las FAUS, se reducen a ciclos de expansión-recesión relativamente breves y a oscilaciones pequeñas con relación a las graves perturbaciones efectivas de las sociedades actuales.  Las viejas crisis cíclicas mantienen las características descritas por Marx solamente en los manuales de economía política cocinados por los revisionistas soviéticos hasta finales de los años 80 y por sus seguidores dogmáticos. Los revisionistas soviéticos han seguido basando la descripción del movimiento económico de las sociedades imperialistas en las crisis cíclicas. Los partidos comunistas dependientes todavía  ideológicamente de los revisionistas soviéticos oscilan entre dos tesis. Por una parte, está la tesis de que la sociedad burguesa ha logrado librarse de las crisis: hoy esta tesis derechista es sustentada abiertamente por muy pocos, pero en un pasado reciente alimentó muchas concepciones subjetivistas del movimiento revolucionario y es hoy el fundamento lógico, aunque no declarado, de las concepciones que excluyen que sea posible acumular fuerzas revolucionarias en los países imperialistas, así como de las que sustentan sus esperanzas en el desarrollo del movimiento revolucionario en los países oprimidos y, en general, en la "agravación de las contradicciones" provocada por la "crisis histórica del capitalismo". Esta tesis se convierte  en  una espera mesiánica, en un "deus ex machina" para la solución de las contradicciones lógicas a las que los dogmáticos se aferran. Por otra parte, se exageran los efectos económicos y políticos de los ciclos de expansión-recesión que se suceden uno tras otro a breve distancia (tesis de izquierda). A semejanza de sus maestros, los revisionistas soviéticos, los dogmáticos tranquilizan su conciencia hablando de una "crisis histórica del capitalismo" que se mantendría omnipresente, inmutable, igual a sí misma, a lo largo de toda la fase imperialista, que explica todo y es inmune a todas las contratendencias. Dicha crisis englobaría en sí misma todas las manifestaciones de las sociedades capitalistas. De esa forma no distinguen y aún menos explican el origen, el proceso y el fin de los períodos reales de crisis por los que la sociedad ha atravesado desde el comienzo de la fase imperialista, los períodos de recuperación y desarrollo que los han interrumpido y su sucesión. Ni siquiera se preocupan de explicar porqué esta crisis perenne que se habría iniciado hace más de cien años no ha llegado todavía a la culminación de su obra: en definitiva, no explican porqué nos encontramos todavía en la fase imperialista.

 

* En realidad en la época imperialista la sociedad es perturbada por crisis generales que son crisis de larga duración que se inician como crisis económicas causadas por la superproducción absoluta de capital explicada teóricamente por Marx en el capítulo 15 del tercer libro de El Capital. Superproducción de capital quiere decir que el capital acumulado no puede ser empleado totalmente en extraer plusvalía ampliando el proceso de producción capitalista propiamente dicho hasta emplear en él a todo el proletariado disponible, porque si la burguesía actuase así se produciría una masa de plusvalía decreciente. En las condiciones creadas por la primera oleada de la revolución proletaria y de las FAUS ya desarrolladas, si los capitalistas, por ejemplo,  hubieran seguido ampliando a partir de los años 70 el proceso de producción específicamente capitalista en la medida permitida por el capital acumulado, habrían extraído una plusvalía igual o menor que la que extraen empleando en el proceso productivo solamente una parte del capital acumulado y del proletariado disponible.

Ahí se encuentra la causa del renovado empeño con el que los grupos imperialistas se han lanzado como lobos famélicos a apoderarse a fondo del mundo entero, de la fiebre de innovaciones productivas, tecnológicas y financieras y de la creación de nuevos sectores productivos y áreas de inversión, de las grandes burbujas financieras y del rastrillaje y destrucción consiguientes de capitales y ahorros, de las migraciones a gran escala y de muchos otros fenómenos de los últimos 30 años, de las convulsiones políticas y culturales en curso desde hace algunas décadas ante las que el imperialismo sigue sobreviviendo. Esto es lo que empuja a los grupos y Estados imperialistas a la guerra entre ellos y a la guerra de exterminio que de hecho la burguesía imperialista lleva a cabo contra las masas populares en innumerables frentes. Es muy importante comprender la combinación de estos dos tipos de guerras porque sólo transformando la segunda en revolución socialista los comunistas podrán no sólo prevenir la guerra interimperialista, sino también encauzar la resistencia de las masas populares por el camino del  socialismo.

Las crisis generales de la época imperialista comienzan como crisis económicas, pero se transforman en su desarrollo en crisis políticas y culturales, pues sólo pueden encontrar solución en el plano político y cultural: o con las revoluciones socialistas o con un nuevo orden impuesto por los grupos imperialistas más fuertes que sólo mediante la guerra interimperialista podrán imponer su supremacía. Una primera crisis de este tipo que tuvo lugar en el último tercio del siglo XIX se solucionó con el reparto del mundo entre las potencias imperialistas y la entrada del capitalismo en la fase imperialista. Pero la primera crisis general real y propiamente dicha tuvo lugar en la primera mitad del siglo XX y se concluyó con la formación del campo socialista y la imposición de la hegemonía de los grupos imperialistas de EEUU sobre el resto del  mundo capitalista que sobrevivió a la primera oleada de la revolución proletaria. Después de 30 años de recuperación de la acumulación capitalista, se inició en los años 70 la segunda crisis general del capitalismo hoy en curso. Es en este contexto general en el que se insertan y se hacen comprensibles los grandes éxitos conseguidos por el movimiento comunista en la primera parte del siglo XX y su consiguiente derrota para salir de la cual estamos luchando actualmente.

 

* F. Engels siguió estudiando hasta al final de su vida (1895) la evolución de la sociedad capitalista en los países imperialistas y se dio cuenta de la creación de las FAUS (ya apuntadas  teóricamente por Marx en los Grundrisse) por parte de la burguesía para enfrentarse en cierta medida a los efectos más desestabilizadores resultantes de la anarquía en la producción capitalista cuando ésta ha subsumido a gran escala las actividades económicas. Engels señaló repetidamente que en cierta medida la burguesía había encontrado remedio a la anarquía de su modo de producción. También se dio igualmente cuenta de la aparición de un nuevo tipo de crisis, refiriéndose a ello explícitamente en el prefacio de 1886 a la edición inglesa del libro primero de El Capital. Lenin con sus trabajos sobre el imperialismo ha hecho grandes contribuciones a la comprensión de la más avanzada superestructura que el capitalismo se construyó. Para dirigir el movimiento de transformación de las sociedades imperialistas es indispensable que los comunistas nos basemos en estas aportaciones, las desarrollemos y superemos los límites que el desarrollo del movimiento comunista ha sacado a la luz durante la primera oleada de la revolución proletaria hasta que tengamos una visión suficientemente clara del movimiento de la sociedad actual que nos permita dirigirlo.

 

3. El balance del movimiento comunista.

 

El mundo ha avanzado y avanza hacia el comunismo en el sentido preciso de que está elaborando, encontrando, descubriendo y poniendo a prueba relaciones y ordenamientos sociales adecuados al carácter colectivo asumido por las fuerzas productivas materiales y espirituales, al dominio conquistado por los hombres sobre la naturaleza y su propia vida. El movimiento práctico de transformación del estado presente de las cosas no se detiene porque no lo comprendamos. Pero existen dos vías para ir hacia el comunismo. Una, la consciente, la más directa y la menos tormentosa, que pasa por la instauración, al menos en los mayores países imperialistas, del poder de la clase obrera que se lo arrebata a la burguesía imperialista mediante la revolución, se guía a sí misma y a las otras clases de las masas populares para tomar masivamente conciencia de sus posibilidades y tareas y adecuar las relaciones entre los individuos, grupos sociales,  naciones y países al carácter colectivo de la actividad económica y al conjunto de las actividades sociales aprendiendo a gobernarse a sí mismos y dirigir sus actividades. La otra, la más tortuosa y tormentosa, se abre paso mediante crisis generales, períodos de recuperación, guerras interimperialistas, oleadas sucesivas de la revolución proletaria, construcción de partidos comunistas, organizaciones de masas y Estados socialistas y su consiguiente corrupción y demolición, desarrollo de FAUS cada vez más avanzadas y su destrucción. Así hasta que a nivel mundial las condiciones subjetivas sean más avanzadas y surjan por fin países socialistas que marchen ininterrumpidamente hacia el comunismo abriendo también el camino a los demás.

Durante la primera oleada de la revolución proletaria (1900-1950) el movimiento comunista ha conquistado grandes éxitos como ningún otro movimiento conquistó hasta entonces históricamente y menos aún en cien años de vida: un gran campo socialista que englobó entonces a un tercio de la humanidad, influyentes partidos comunistas prácticamente en cada país, el hundimiento del viejo sistema colonial. Las masas populares conquistaron condiciones de vida y de trabajo nunca antes imaginadas, la burguesía imperialista tuvo que crear las FAUS que han impulsado la transformación de la sociedad a gran escala. Pero en la segunda mitad del siglo pasado el movimiento comunista, como movimiento consciente y organizado, se derrumbó en gran parte y perdió en cierta medida numerosas conquistas. ¿Por qué este gran revés? Los ejércitos victoriosos son los que aprenden de sus derrotas. La derrota es madre de la victoria para quien, en lugar de dejarse desmoralizar, extrae de ella sus enseñanzas. ¿Cuál ha sido la causa de nuestra derrota? Algunos comunistas pasan por alto esta cuestión. Para ellos la derrota es una casualidad, fruto de causas misteriosas e imponderables y adoptan la línea de intentarlo una y otra vez hasta  lograrlo. Otros atribuyen la derrota a la traición de algunos dirigentes o bien a la maldad de la burguesía. Pero estas respuestas son inconsistentes en cuanto las examinamos críticamente. Si fueran verdad estaríamos condenados a que las derrotas se repitan. En efecto, ¿acaso podemos asegurar que no habrá más dirigentes traidores? ¿Quién se puede procurar una burguesía bonachona y dócil?

El revisionismo moderno ha tomado la dirección del viejo movimiento comunista y lo ha llevado a la ruina. Aunque para llegar a tal resultado los revisionistas modernos tuvieron que erosionarlo, corroerlo y corromperlo durante algunas décadas. Tan grande era, en general, su fuerza. El revisionismo moderno es el producto de la influencia de la burguesía imperialista en el movimiento comunista y no podemos en absoluto impedir esta influencia en tanto exista la burguesía: la burguesía nos influencia (el revisionismo) y nosotros influenciamos a la burguesía (las FAUS son un ejemplo). Pero el revisionismo ha logrado imponerse en el movimiento comunista, tomar la dirección del mismo, consolidar su dirección y erosionarlo y corromperlo como un cáncer hasta liquidarlo porque la izquierda estaba convencida de que las conquistas del movimiento comunista eran irreversibles, porque la izquierda no dio respuestas revolucionarias a los problemas nuevos planteados por los éxitos alcanzados por el movimiento comunista, es decir, porque la izquierda cometió errores dogmáticos, de falta de dialéctica: no vio lo nuevo, no comprendió de forma justa las leyes de las formaciones económico-sociales socialistas que creó ni las de las formaciones económico-sociales imperialistas en las que debía dirigir la revolución. Son los límites del viejo movimiento comunista los que han permitido el éxito del revisionismo moderno. Este se impuso porque, a falta de respuestas revolucionarias, dio viejas respuestas burguesas a las dificultades del nuevo mundo. Estas llevaron al viejo movimiento comunista, paso a paso, de regresión en regresión, en el curso de algunos decenios, a la liquidación.

Sólo identificando y superando los límites del viejo movimiento comunista sentaremos las bases para que el  renacimiento del movimiento comunista pueda lograr nuevos y más duraderos éxitos. Los límites del viejo movimiento comunista concernían tanto a la revolución socialista en los países imperialistas que el viejo movimiento comunista no supo llevar a buen puerto, como al desarrollo de los nuevos países socialistas en los que el viejo movimiento comunista instauró el socialismo, pero que no supo mantener ni hacer avanzar. Es a estos dos campos a los que el nuevo movimiento comunista tiene que aportar soluciones, elaborando la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y comprendiendo las leyes de las formaciones económico-sociales actuales.

 

4. La lucha entre las dos líneas en el partido

 

El primer límite del viejo movimiento comunista concierne justamente a los mismos partidos comunistas, sujetos y promotores indispensables de la revolución y de la transformación de la sociedad. El partido comunista es el partido de la clase obrera revolucionaria, pero recibe también tanto la influencia directa de la burguesía imperialista, como su influencia indirecta, a través de otras clases sociales. De los partidos comunistas depende el curso de la guerra entre la clase obrera y la burguesía imperialista. No sólo la experiencia nos enseña que la clase obrera para lograr vencer a la burguesía imperialista tiene que tener un partido comunista adecuado a su papel histórico, sino que también enseña que la burguesía imperialista logra vencer a la clase obrera solamente cuando consigue corromper al partido comunista. Debido al papel central que desempeñan  los partidos comunistas (que sólo los espontaneístas niegan), es inevitable que en cada partido comunista se produzca la lucha entre la influencia de las dos clases para determinar la línea del partido. No podemos evitar que la burguesía ejerza su influencia en nuestras filas, pero sí  impedir que esa influencia sea predominante y decida nuestra línea. En segundo lugar, el mundo cambia y nuestros conocimientos deben ser conformes a esos cambios: la lucha entre las nuevas ideas y experiencias y las viejas ideas y experiencias es inevitable para el desarrollo de cada partido. En tercer lugar, la realidad no se refleja de inmediato en nuestra conciencia, la esencia de las cosas no se revela directa e inmediatamente: la lucha entre lo verdadero y lo falso es un proceso indispensable en cada partido para que se imponga la línea justa. En conclusión, la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria nos enseña que la lucha entre las dos líneas en el partido comunista es permanente y que es la base del progreso del partido. Sin lucha no hay vida. Centralismo democrático y lucha entre las dos líneas no son incompatibles. La experiencia de los dos partidos comunistas que han dirigido las más grandes revoluciones del siglo pasado, el Partido Comunista (bolchevique) de Rusia y el Partido Comunista chino, aportan numerosos ejemplos en condiciones diversas de aplicación ya sea del centralismo democrático ya sea de la lucha entre dos líneas. Ambos partidos no tenían todavía  una conciencia clara de ello, pero para marchar hasta la victoria y llegar a  buen puerto las dos grandes revoluciones que han dirigido, han tenido que aplicar el principio organizativo del centralismo democrático y llevar a cabo repetidas veces la lucha ideológica entre las dos líneas. La Historia del Partido Comunista (bolchevique) de la URSS (1938) muestra algunas de las luchas protagonizadas por el primero. La Resolución sobre algunas cuestiones de la historia de nuestro Partido (1945) ilustra algunas de las luchas llevadas a cabo por el segundo. Negar que en el partido comunista existe la lucha entre las dos líneas, no hace que esta lucha como hecho objetivo desaparezca: eso quiere decir solamente que la izquierda luchará a ciegas contra el oportunismo y que hará más que probable su derrota. El dogmatismo ha sido el instrumento que ha facilitado que la izquierda de los viejos partidos comunistas dejase el campo libre a los revisionistas modernos para que éstos se apoderaran de ellos y los llevaran a su destrucción.

 

5. El balance de los países socialistas.

 

Los primeros países socialistas acumularon un valioso patrimonio de experiencias tanto durante el período de su afirmación como durante el período de su decadencia bajo la dirección de los revisionistas modernos hasta su hundimiento a finales de los años 80. Las enseñanzas que podemos sacar de ello son enormes, pero no han sido todavía  extraídas en gran parte por los nuevos partidos comunistas.

Dichas enseñanzas muestran que las relaciones de producción presentan tres aspectos distintos: 1. la propiedad de los medios y de las condiciones de la producción, 2. las divisiones entre los hombres en la actividad productiva (división entre trabajo manual y trabajo intelectual, división entre dirigentes y dirigidos, división entre hombres y mujeres, división entre la ciudad y el campo, división entre zonas y sectores avanzados y zonas y sectores atrasados, etc.), 3. las relaciones de distribución del producto. Sólo si consideramos estos tres aspectos es posible saber con seguridad dónde se encontraba la burguesía en los países socialistas. Esta estaba constituida por los dirigentes del partido, del Estado y de las demás instituciones sociales que defendían soluciones burguesas a los problemas del desarrollo de la nueva  sociedad  socialista.  Si no se tienen en cuenta  estos tres aspectos de las relaciones de producción es imposible comprender claramente en qué consiste la transición del capitalismo al comunismo, la eliminación gradual y por saltos de las restantes relaciones capitalistas y el desarrollo gradual y por saltos de las relaciones comunistas como  tarea histórica de la fase socialista. Si no se tienen en cuenta estos tres aspectos de las relaciones de producción es imposible comprender claramente la lucha entre 1. las relaciones capitalistas que siguen existiendo inevitablemente tras la conquista del poder y la instauración de la dictadura del proletariado y 2. los gérmenes de comunismo a los que la revolución socialista  ha dado vigor y que gradualmente se desarrollan buscando sus formas adecuadas. Si no se consideran estos tres aspectos de las relaciones de producción es imposible hacer un análisis de clase de las sociedades socialistas. Por consiguiente, se hace imposible dirigir la lucha de las clases oprimidas en el contexto de las nuevas condiciones políticas y culturales específicas de la sociedad socialista. La Revolución Cultural Proletaria fue una manifestación práctica de la fuerza que la lucha de clases podía aportar en favor del comunismo en la sociedad socialista.

Los programas de los nuevos partidos comunistas identifican a la burguesía en los países socialistas en unos casos con las viejas clases explotadoras que aún sobrevivían,  en otros con los intelectuales, con  el lumpen, con la burocracia, con  los empleados del sector cooperativo. Ninguno de estos análisis se resiste a la crítica, hace comprensible el conjunto de la historia de los países socialistas, da armas a los comunistas de los países socialistas  para prevenir la restauración capitalista ni aporta a los comunistas de los países ex-socialistas una orientación justa para ponerse a la cabeza de la lucha de clases que se está desarrollando en ellos.

Una consecuencia de ello es la interpretación corriente que hacen algunos partidos comunistas con respecto a la naturaleza de las sociedades de los países socialistas dirigidas por los revisionistas: las consideran como sociedades de "capitalismo monopolista de Estado" bien  sea de "nuevo tipo" o de "capitalismo burocrático". En particular está ampliamente difundida la idea de que la sociedad soviética dirigida por los revisionistas modernos (es decir, durante el período 1956-1991) era una sociedad social-imperialista. También en este terreno, si bien esta vez en un sentido negativo, el Partido Comunista del Perú ocupa una posición destacada. Si está claro que la fase socialista es una fase de transición, en la que gradualmente y por saltos se liquidan las relaciones sociales capitalistas y se desarrollan los gérmenes de comunismo, es claro también que, una vez que la dirección del partido y del Estado fue tomada por los revisionistas modernos, representantes y portavoces de la burguesía típica y específica de la sociedad socialista, la naturaleza de la Unión Soviética no podía cambiar de golpe. En realidad, se produjo una inversión de la dirección de la marcha. En cada campo, paso a  paso, fueron ahogadas gradualmente las relaciones comunistas ya construidas, reforzadas gradualmente las relaciones capitalistas que todavía subsistían  y reintroducidas las relaciones capitalistas donde existían condiciones para ello. Una cosa era acusar a los revisionistas soviéticos de ser socialimperialistas en el sentido de que en sus relaciones con los partidos comunistas, bajo el manto del socialismo, seguían una línea de injerencias, chantajes y presiones. Otra cosa muy distinta era sustentar que la Unión Soviética se volvió repentinamente en  un país imperialista. Los comunistas que defienden que la Unión Soviética fue un país socialimperialista no han explicado nunca en qué ha consistido en su opinión el salto de 1989-1991, cuáles han sido sus causas y qué es lo que está sucediendo actualmente en los países que constituyeron la Unión Soviética. ¿Por qué no lo intentan? Los comunistas de los que fueron países socialistas podrán comprender la lucha de clases que está teniendo lugar en ellos y cuáles son sus tareas si parten de una concepción materialista y dialéctica de lo que han sido los países socialistas antes y después de la llegada de los revisionistas al poder, durante varios decenios.

 

6. La revolución socialista en los países imperialistas

 

La revolución proletaria mundial es la combinación de las revoluciones socialistas en los países donde el capitalismo es el modo de producción predominante y de las revoluciones de nueva democracia en los países en que los restos feudales (las relaciones de dependencia personal y la cuestión agraria) y la sumisión nacional a los países imperialistas desarrollan el papel predominante. La distinción de los dos tipos de revolución es sobre todo hoy, en vista de la próxima oleada de la revolución proletaria, una condición indispensable para su justa combinación. Los movimientos revolucionarios de los países oprimidos se pueden comprender en su desarrollo real, al igual que las leyes que lo determinan, sólo si se tiene en cuenta que en ellos está en curso una revolución democrática que sólo podrá culminar y triunfar si la dirige la clase obrera  mediante  su partido comunista y, por consiguiente, como revolución de nueva democracia. Esto hace todavía más claro cuán ilusorio es esperar a que el desarrollo del movimiento revolucionario en los países oprimidos pueda ser la causa principal del renacimiento del movimiento comunista en los países imperialistas.

En cuanto a las revoluciones socialistas en los países imperialistas, ya Engels puso en claro (en la introducción de 1895 a Las luchas de clases en Francia desde 1848 a 1850 de Marx) que era imposible instaurar el socialismo mediante la conquista del poder por parte de los comunistas en el curso de una insurrección popular en la que el partido comunista había participado como uno más entre los diversos partidos populares. El curso de las revoluciones de 1918 y 1919 en Europa central y oriental confirmó plenamente esta tesis que Engels había sacado del balance de la experiencia de la Comuna de 1871. La revolución socialista sólo podía vencer pasando por un proceso de acumulación de las fuerzas revolucionarias que también en los países imperialistas debía realizarse, debido a su propia naturaleza, mientras en ellos dominase todavía la burguesía.

Los intentos hechos por los partidos de la primera Internacional Comunista para desarrollar la revolución socialista en los países imperialistas han enseñado y confirmado que no es posible que dicha acumulación se lleve a cabo única y principalmente mediante la participación del movimiento comunista consciente y organizado (el partido comunista y sus organizaciones de masas) en la lucha que llevan a cabo en la sociedad burguesa los partidos y organizaciones para hacerse con la dirección política (aunque dicha participación sea indispensable).

El balance de la experiencia de la primera oleada de la revolución proletaria y el análisis de los regímenes de contrarrevolución preventiva (en la que la seguridad del régimen pasa por encima del respeto a los derechos democráticos, políticos y civiles) establecidos por la burguesía imperialista llevan a la conclusión de que, en líneas generales, el período de acumulación de las fuerzas revolucionarias en los países imperialistas se corresponde con la fase de "defensiva estratégica" de la guerra popular revolucionaria de carácter prolongado de la que habla Mao Tse-tung. La guerra popular revolucionaria de carácter prolongado es también la forma de la revolución proletaria en los países imperialistas. La teoría de la guerra popular revolucionaria de carácter prolongado que Mao elaboró en líneas generales también refleja el desarrollo del proceso revolucionario de los países imperialistas. La revolución socialista en cada uno de los países imperialistas consistirá con toda probabilidad en la transformación de la guerra de exterminio (que la burguesía imperialista, empujada por la segunda crisis general del capitalismo, está ya de hecho llevando a cabo contra las masas populares de los países imperialistas), en una guerra que las masas populares llevarán a cabo, poco a poco, de forma más sistemática y organizada, tomando en sus manos la iniciativa y guiadas por la clase obrera bajo la dirección de su partido comunista. La revolución socialista supondrá el choque entre la movilización revolucionaria de las masas promovida por el partido comunista y la movilización reaccionaria de las masas que la burguesía tiene que promover para enfrentar la crisis política y cultural y la guerra interimperialista. En el curso de ella se realizará la transformación de la movilización reaccionaria de las masas en movilización revolucionaria.

La dirección de esta labor sólo puede ser asumida y desarrollada por partidos comunistas que aseguren su existencia y la continuidad de su trabajo cualesquiera que sean los intentos de la burguesía imperialista de acabar con ellos, es decir, por partidos comunistas clandestinos como lo fue el partido de Lenin y como lo fueron ya los partidos comunistas de los países imperialistas, pero sólo en los períodos en los que la burguesía imperialista prohibió a los comunistas desplegar una actividad política abierta.

 

7. El método de la línea de masas

 

Los partidos comunistas, aunque sean clandestinos, pueden promover y dirigir una amplia movilización de las masas si adoptan como método principal de dirección la línea de masas en el sentido ilustrado por Mao Tse-tung. Este método consiste en delimitar en cualquier agregado social, en cualquier circunstancia y a todos los niveles, la izquierda, la derecha y el centro, en movilizar y organizar la izquierda para unir a ella el centro y aislar a la derecha. La izquierda se corresponde en cada agregado social y en cada circunstancia con aquella parte del mismo cuyas aspiraciones y objetivos, si se realizan, favorecen la causa de la revolución proletaria y llevan a cada agregado social, desarrollándose de fase en fase, a confluir, de acuerdo con su naturaleza, en el torrente de la revolución proletaria. Visto desde otro punto de vista, este método consiste en recoger las ideas y sentimientos que existen en las masas de forma dispersa  y confusa, elaborarlos y sacar de ellos líneas, métodos y medidas, llevarlos a las masas de modo que los hagan suyos y los lleven a la práctica. Recoger las nuevas ideas y sentimientos surgidos entre las masas en base a la nueva práctica desarrollada por ellas, elaborarlos para sacar de ellos nuevas líneas, métodos y medidas y llevarlos a su vez a las masas y así sucesivamente. Los partidos comunistas que dirigieron exitosamente las revoluciones del siglo pasado, aunque no tuvieron una conciencia clara de ello, adoptaron la línea de masas como método principal de trabajo y dirección. Bajo su dirección las masas populares han derrotado a la burguesía imperialista, han rechazado todos los intentos de revancha y restauración y las agresiones de la burguesía imperialista y han construido países socialistas invencibles (en el sentido de que nunca ninguna agresión ha logrado salir victoriosa) y capaces de realizar grandes progresos, cuya influencia se irradiaba a todo el mundo e infundía fuerza, confianza y empuje a las masas populares de cada país: la burguesía imperialista recurrió a todos los medios para defenderse de su influencia sobre las masas populares. Los países socialistas se volvieron inestables, tuvieron que protegerse con todo tipo de barreras y policía de la influencia de la burguesía y se invirtieron las relaciones, sólo después de que los revisionistas modernos se impusieron en los partidos comunistas con sus soluciones burguesas a los problemas de la sociedad socialista y cuando los partidos comunistas pretendieron dirigir las sociedades socialistas no ya como los verdaderos comunistas las habían dirigido (partido comunista, organizaciones de masas, línea de masas), sino como los burgueses dirigen a los trabajadores que dependen de ellos (las relaciones industriales), a las masas populares (mediante las políticas macroeconómicas y la política general) y a sí mismos (mediante la democracia burguesa y las guerras interimperialistas).

La línea de masas es la relación adecuada y necesaria del movimiento comunista entendido como movimiento consciente y organizado con el movimiento comunista entendido como movimiento práctico que transforma el estado presente de las cosas, del que el primero es una parte y un aspecto del mismo.

 

Conclusión

 

Estas son, en nuestra opinión, las siete principales cuestiones de carácter universal que los nuevos partidos comunistas deben afrontar para elaborar un programa que los lleve a superar la actual fase de estancamiento y a acumular fuerzas revolucionarias. Nosotros estamos convencidos que los comunistas que traten de encontrar una respuesta a estos siete problemas, si no capitulan hasta encontrar respuestas satisfactorias, llegaran a nuestra misma conclusión: el maoísmo es la tercera etapa superior del pensamiento comunista después del marxismo y el leninismo, en el mismo sentido en que el leninismo fue la segunda etapa superior después del marxismo, como Stalin puso de manifiesto en Principios del leninismo (1924). Los nuevos partidos deben basarse en el marxismo-leninismo-maoísmo.

El renacimiento del movimiento comunista es una necesidad histórica y se producirá inevitablemente. Nosotros solamente somos sus portavoces y promotores. Cumpliremos mucho mejor y más rápidamente nuestra labor si nos desprendemos de los hábitos dogmáticos y unimos nuestras fuerzas para definir los rasgos generales, universales, de la concepción y del método adecuados a las tareas que tenemos ante nosotros; si sacamos experiencias del trabajo que los comunistas realizan en distintos países y las elaboramos para definir el programa y el método generales; si hacemos de este trabajo el campo en el que experimentar la justeza (la verdad) de ambos mediante su aplicación concreta y el descubrimiento de la verdad particular en la que se reflejan las características específicas de cada país que tienen hasta hoy día un papel imprescindible en la movilización y acción de las masas populares.

Es de cara a este objetivo por lo que todos los partidos comunistas, las organizaciones comunistas, los comunistas todavía no organizados y las FSRS, pero en particular los de los países imperialistas, deben unir sus fuerzas creando algún tipo de relación basada en tres factores: 1. el conocimiento recíproco y el intercambio de experiencias, 2. el debate franco, basado en la crítica y la autocrítica, en torno al análisis de la situación, al balance del movimiento comunista, al programa, a los métodos y a las líneas políticas generales, 3. la solidaridad frente a la contrarrevolución preventiva (política de seguridad nacional) que caracteriza la actividad política de la burguesía imperialista. Son tres aspectos totalmente indispensables, que deben desarrollarse al mismo tiempo y que se refuerzan recíprocamente. La unidad organizativa sólo puede reforzarse a medida que se fortalece la unidad ideológica y política. La unidad ideológica y política, siempre relativa, sólo puede fortalecerse mediante la lucha ideológica. Sin debate franco y abierto sobre las divergencias ideológicas y políticas, sin afrontar francamente las cuestiones controvertidas, incluso el intercambio de experiencias se convierte en gran parte en una formalidad y es vaciado de gran parte de sus efectos positivos. Lo que nos une y que ninguna divergencia destruye es la lucha común contra la burguesía imperialista y por el comunismo y la solidaridad que nos liga en esta lucha. No tenemos que temer la lucha ideológica ni la utilización que ciertamente la burguesía imperialista tratará de hacer de nuestras divergencias. La lucha ideológica es la vía a través de la cual trazaremos una orientación y una línea más justas que nos permitirán  convertirnos en la parte organizada y de vanguardia de la clase obrera, en dirigentes de las masas populares de nuestros respectivos países en lucha contra la burguesía imperialista, en la parte consciente y organizada que el movimiento práctico que transforma el estado presente de las cosas necesita absolutamente para culminar su recorrido.

Es sobre esta base que la Comisión Preparatoria del congreso fundacional del (nuevo)Partido Comunista italiano tratará de establecer y desarrollar las relaciones internacionales, valorizando en la medida que nos sea  posible las conferencias, seminarios y reuniones internacionales de partidos y organizaciones comunistas que ya funcionan regularmente y todas las demás iniciativas que ya otros organismos comunistas promueven. Es sobre esta base que nos dirigimos a todos los partidos comunistas, a todas las organizaciones comunistas, a todos los comunistas todavía no organizados y a todas las FSRS, pero en particular a los de los países imperialistas europeos, pidiéndoles reflexionar sobre nuestras posiciones y experiencias y criticarlas a la luz de sus planteamientos y experiencias, así como a intensificar y mejorar las relaciones de unidad y lucha entre todos nosotros. Quien es más audaz en la autocrítica, quien está más dispuesto a aprender de la experiencia de los demás avanzará mejor y más rápidamente y enseñará al resto. Todos nosotros debemos transformarnos y convertirnos en la parte más consciente y decidida del gran ejército de las clases y pueblos oprimidos que marchan hacia la victoria de la revolución proletaria a nivel mundial.

 

 

Para este llamamiento la CP del Congreso fundacional del (nuevo)Partido Comunista Italiano ha tenido en cuenta los documentos programáticos de los siguientes partidos y organizaciones:

 

1.    Partido Comunista Revolucionario de EEUU (PCR-EEUU) www.rwor.org

 

2.    Partido Comunista Revolucionario (Comités de Organización) Canadá pcrco_rcpoc@hotmail.com

 

3.    Partido Marxista Leninista de Alemania (MLPD) www.mlpd.de

 

4.    Partido del Trabajo de Bélgica (PTB) www.ptb.be

 

5.    Partido Comunista de España (reconstituido) (PCE(r) www.antorcha.org

 

6.    Organización Comunista (marxista-leninista) Voie Proletarienne (Francia) vp.partisan@caramail.com

 

7.    Comités de Apoyo a la Resistencia - por el Comunismo (CARC - Italia) www.carc.it

 

8.    Organización Comunista Rossoperaio (RO - Italia)  ro.red@libero.it

 

9.        Conferencia Internacional de Partidos y Organizaciones Marxista-Leninistas (ICML)

        int.co@t-online.de

 

10.   Movimiento Revolucionario Internacionalista (MRI) awtw_uk@yahoo.co.uk

 

La relación no pretende excluir a otros partidos y organizaciones del llamamiento ni indica una afinidad particular con las organizaciones incluidas en ella. Se trata de organizaciones sobre las que hemos podido estudiar sus escritos programáticos y con las que, dado el nivel de nuestros conocimientos, consideramos útil mantener un debate abierto y franco.