¡Proletarios de todos los países, uníos!

¡Movilizar, Organizar y Forjar al Proletariado y las Masas en Función del Poder!

Nada en la inmensidad del Universo nace de la nada. Desde 1848, todos los años, durante los últimos ciento sesenta y dos años, el Marxismo, hoy devenido en Marxismo-Leninismo-Maoísmo, ha sido declarado difunto. No obstante, por razones inexplicables para los que lo declaran muerto, mantiene su obstinada vitalidad, cuya mejor prueba es el hecho de que los ataques contra la ideología científica del proletariado y principalmente contra sus grandes dirigentes -siendo hoy blanco principal el Presidente Gonzalo- no sólo continúan sino que se recrudecen desde fuera y desde dentro, tanto en frecuencia como en acritud. Llegando incluso a proclamar el "fin de la historia", en los años 80 se acentuó la ofensiva ideológica contra el Marxismo-Leninismo-Maoísmo, calificando de “terroristas” a los dirigentes del proletariado, los luchadores populares y todo el que defendiese una idea progresista en general, con el fin de criminalizar toda protesta y lucha contra el imperialismo. Sin embargo, la historia continúa, se vuelve cada vez más conflictiva y cada acción del imperialismo es un clamor por su definitivo entierro.

Si el Marxismo-Leninismo-Maoísmo es tan irrelevante, no tiene perspectiva, no es la única garantía de futuro para la humanidad y está muerto ¿por qué molestarse siquiera en mencionarlo y atacarlo? La realidad es que los detractores del Marxismo-Leninismo-Maoísmo todavía se sienten perseguidos y amenazados por el mismo viejo fantasma. Sienten el malestar propio de todo aquel que es consciente de que el sistema social que defiende acentúa sus grandes dificultades de pervivencia, se halla sumido en un mar contradicciones insuperables y es ya un cadáver insepulto que demanda ser enterrado, de que el fin de la Primera Gran Ola de la Revolución Proletaria Mundial no es el final del asunto, y que, aunque con avances y retrocesos, la Nueva Gran Ola de la Revolución Proletaria Mundial ya irrumpe impetuosa.

Independientemente de si uno acepta o rechaza las ideas del Marxismo, desarrollado hasta devenir en Marxismo-Leninismo-Maoísmo, es imposible negar el impacto colosal que sigue teniendo. Desde la aparición del Manifiesto comunista hasta el día de hoy, el Marxismo ha sido un factor decisivo, no sólo en la palestra política, sino también en el desarrollo del pensamiento humano. No obstante, los que luchan en su contra, se ven obligados a tomarlo como punto de partida. A pesar de la situación actual, es un hecho indiscutible que la Revolución de Octubre, la Revolución China y la Gran Revolución Cultural Proletaria, cambiaron todo el curso de la historia mundial. Por lo tanto, el conocimiento riguroso de los principios del Marxismo-Leninismo-Maoísmo es una condición necesaria para cualquiera que desee comprender el período de profundos cambios históricos que vivimos y su incuestionable perspectiva.

Los avances en el desarrollo de la Dictadura del Proletariado y la construcción socialista, han sido sustituidos por mayores monstruosidades aún. La definitiva liquidación de los logros alcanzados en 36 años de dictadura del proletariado y construcción socialista y la implantación abierta del neoliberalismo en la ex Unión Soviética, ha generado un colapso espantoso de las fuerzas productivas, la ciencia y la cultura, a una escala que tan sólo se puede comparar con la de una derrota bélica catastrófica. De igual forma, la cruenta liquidación de 27 años de construcción socialista y la restauración capitalista en China, nos muestra que el desarrollo económico de que es capaz el imperialismo únicamente se puede sustentar en la más férrea dictadura represiva de corte fascista, el creciente empobrecimiento de las amplias masas obreras y campesinas, la criminalización de toda protesta, la negación de todo derecho y conquista y la más brutal explotación de las masas obreras y campesinas. Que nadie se llame a engaño, el progreso de la China de hoy únicamente beneficia a unos pocos y se sustenta en la mayor explotación del hombre por el hombre, el sueño despiadado que buscan hacer realidad desde el más simple explotador hasta las grandes multinacionales en este Mundo globalizado.

No ponemos en duda que, en su amanecer, el imperialismo revolucionó las fuerzas productivas, pero más cierto es que abrió al mismo tiempo el mayor periodo de crímenes bárbaros contra la humanidad que marcan el final desarrollo de la sociedad burguesa y establecen las bases para la nueva aurora de la sociedad socialista. La Primera Guerra Mundial y la Revolución de Octubre sellaron un cambio decisivo en el papel histórico del imperialismo. Cumplido el papel de ser un medio de desarrollo de las fuerzas productivas, se ha convertido en su contrario, en el freno gigantesco del desarrollo económico y social. Aquellos que ayer hablaban llenos de confianza sobre la inevitabilidad de la evolución y el progreso humanos con la globalización, ahora sólo ven oscuridad e incertidumbre. El pasado siglo XX, ha sido testigo de dos guerras mundiales terribles, del colapso económico y de la pesadilla de la mayor reaccionarización de la sociedad. Esto es una seria advertencia de que la fase progresista de la sociedad burguesa, su fase superior y última, únicamente podía mantenerse solo subsistir y de que se abría un periodo y mar de guerras en que el imperialismo será barrido de la faz de la tierra.

Hoy, los estrategas del Mundo globalizado están saturados de pesimismo. Son ya conscientes de ser los representantes de un sistema históricamente condenado, pero no pueden reconciliarse con esa situación. La crisis del imperialismo impregna ya todos los niveles de la vida. No es simplemente un fenómeno económico. Se refleja en la especulación y el aumento de la corrupción a todos los niveles de la sociedad, la drogadicción, la violencia, el egoísmo generalizado, el racismo, la xenofobia y la indiferencia al sufrimiento de otros, la desintegración de la familia burguesa, la filosofía, la crisis de la moralidad, la cultura y arte burgueses. Su única respuesta es la intensificación de la represión estatal: más policía, más cárceles con castigos más brutales, negación de la presunción de inocencia, del derecho de defensa e, incluso, la investigación genética de supuestos "tipos criminales".

Marx nos señaló que las ideas dominantes de una sociedad son las ideas de la clase dominante. Como síntesis de la situación que vive el imperialismo, de que ya es un sistema social en crisis, un sistema social en estado de declive irreversible, vemos su decadencia cultural, extendiendo un ambiente general de ansiedad y pesimismo de cara al futuro, especialmente entre la intelectualidad al servicio del imperialismo, habiendo científicos que están dispuestos a poner sus servicios a disposición de la religión en su forma más cruda y oscurantista, al intentar convertir el creacionismo en una "ciencia". Así, una parte de los intelectuales de hoy pretende que la ignorancia sustituya al conocimiento, rescatando y adecuando a nuestros días las supersticiones y los fantasmas heredados desde los tiempos prehistóricos; fomentan de nuevo la religión entre las masas, la creencia en la existencia de un ser supremo, en otra vida después de la muerte, para tratar de perpetuar sus privilegios. La espantosa epidemia de fundamentalismo religioso -cristiano, judío, islámico, hindú, etc.- es una manifestación gráfica de la falta de alternativas de la clase dominante. Entrando en la primera década del nuevo siglo somos testigos de los más horripilantes retrocesos a la barbarie generados por el imperialismo. Como Lenin nos enseña, un hombre al borde del precipicio pierde toda capacidad de razonar y el Presidente Mao ya nos advirtió sobre la inevitabilidad de las crisis económicas en la sociedad imperialista. Así, nos dijo: “El poderío económico del imperialismo norteamericano, que creció durante la Segunda Guerra Mundial, tropieza con mercados interiores y exteriores inestables y cada vez más reducidos. La ulterior reducción de dichos mercados provocará crisis económicas”. (La situación actual y nuestras tareas).

El período de auge en Occidente entre 1948 y 1973 parecía prometer un nuevo amanecer para la sociedad burguesa dominante. Pero de este auge sólo se beneficiaron un puñado de países capitalistas desarrollados al sustentarse en el mayor saqueo y explotación de la historia humana de los países dependientes del imperialismo. Para los más de dos tercios de la humanidad, que viven en el Tercer Mundo, el panorama ha sido un cuadro de saqueo de sus recursos y riquezas, de desempleo masivo, pobreza, guerras y explotación en una escala sin precedentes. Este período del imperialismo finalizó con la llamada "crisis del petróleo". Desde entonces, a pesar del aumento de la explotación y empobrecimiento de los países dependientes, no han conseguido volver al nivel de crecimiento y empleo que habían logrado en el período de posguerra y la constante son las crisis económicas periódicas que sacuden el Mundo globalizado.

Todo análisis riguroso nos revela una crisis y fracaso del neoliberalismo. Después de cuatro décadas de crecimiento económico sin precedentes, la economía marca al fin de sus límites. Los defensores de las "fuerzas del mercado", las mismas fuerzas irracionales que condenan a millones de personas al desempleo, que tan sólo en los países de la Unión Europea son decenas de millones de seres humanos los reos de una vida de inactividad forzada, derrochando el potencial creativo de generaciones; los profetas de la política económica del monetarismo, definida como la teoría que afirma que los pobres tienen demasiado dinero y los ricos demasiado poco, son los responsables del aumento de lacras que hoy padecemos. La riqueza de la sociedad se concentra en cada vez menos manos, a pesar de toda la demagogia barata sobre una "democracia de propietarios", de trabajadores autónomos. Nos dicen que vivimos en una democracia, no obstante, un puñado de grandes bancos, monopolios y especuladores, son los que deciden el destino de millones. Esta minoría utiliza medios poderosos para manipular a las masas, disponiendo del monopolio de los medios de comunicación -prensa, radio y televisión- y de una policía espiritual -la religión, que durante generaciones ha enseñado a las masas a buscar la salvación en otro mundo. La "moralidad" reinante es la del mercado, es decir, la moralidad de la selva, donde el idealismo y la metafísica son, junto con la criminalización de toda lucha por derechos y conquistas, la policía y las cárceles, las que conforman las armas útiles para mantener a los oprimidos en su lugar.

La actual crisis económica ha puesto fin al largo período de pleno empleo y estabilidad social. La crisis financiera y monetaria es una manifestación más de la profunda crisis ideológica, política y económica del imperialismo; es el resultado lógico de la contienda del imperialismo yanqui por perpetuar su hegemonía imperialista, su expansión externa y su traslado de la crisis a otros países, así como el inevitable resultado de su política de rapiña, saqueo y agresión. Para aliviar la crisis económica y tratar de librarse de ella, la sociedad imperialista ha ido aumentando sus gastos gubernamentales, estimulando a ciegas su producción y creando un falso florecimiento económico en el Mundo globalizado. Han aumentado sus gastos militares, acelerando la exportación de capitales y la contienda y agresión por el control de las materias primas y mercados. El resultado ha sido la inflación galopante, la reducción de mercados internos, el aumento sin precedentes del déficits financieros y el crecimiento desfavorable de la balanza de pagos. Como única alternativa para cubrir los múltiples déficits acumulados ha tomado las medidas de acrecentamiento de la fiscalidad directa e indirecta, la emisión de bonos gubernamentales a un alto interés que sirve al trasvase de la riqueza del estado a manos de los grandes monopolios privados, la excesiva emisión de papel moneda, todas ellas medidas que llevan a la bancarrota las economías estales y los estados, al trasvase de los sectores públicos en favor del privado. Pero el efecto inmediato más importante es el acrecentamiento de las medidas que buscan mantener y perpetuar el más bajo nivel de vida de la clase obrera y las masas, el aumento de su empobrecimiento. Las crisis económicas, financieras y monetarias periódicas, son una enfermedad incurable de los países imperialistas, son la consecuencia inevitable de las crecientes contradicciones entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la propiedad de los medios de producción sobre los que se sustenta el modo de producción imperialista.

Es en este contexto Mundial que los comunistas debemos redoblar esfuerzos por la definitiva entronización del Maoísmo como tercera etapa y principal de nuestra ideología científica, por su aplicación concreta creadora a cada situación específica combatiendo siempre al revisionismo y el imperialismo en sus diversas formas y manifestaciones, a los que hoy fungen de Marxistas-Leninistas-Maoístas, los que desatan sus ataques contra los grandes dirigentes del proletariado y que son el principal escollo en la incuestionable necesidad de reconstitución de Partidos Comunistas y la Internacional Comunista. Entronización y reconstitución que han de plasmarse impulsando las luchas del proletariado y las masas, con la correcta aplicación de los principios de movilizar, organizar y forjar al proletariado y las masas en la lucha ideológica y política contra el imperialismo y en función del Poder.

1º Mayo de 2010

Comité Central

PARTIDO COMUNISTA DE ESPAÑA