Se declara cese al fuego: Vueltas y revueltas de la guerra popular en Nepal

Servicio de Noticias: Un Mundo Que Ganar, 3 de febrero de 2003.

El gobierno de Nepal anunció un cese al fuego el 29 de enero... por segunda vez desde 2001. En reconocimiento de la declaración del gobierno de su intención de buscar resolver el problema mediante las negociaciones, el Partido Comunista de Nepal (Maoísta), que lleva siete años dirigiendo la guerra popular, también lanzó una declaración que llama a un cese al fuego y al pueblo nepalés a movilizarse políticamente y a luchar por una discusión de mesa redonda que incorpore a todos los partidos e instituciones políticas, por la formación de un gobierno interino y por la elección de una asamblea constituyente. El gobierno de Nepal aceptó retirar la etiqueta de "terrorista" que le había adjudicado formalmente a los maoístas, y canceló las órdenes de detención internacionales de la Interpol y las recompensas ofrecidas por la entrega de los líderes maoístas. Y aceptó públicamente aclarar la situación de los presos políticos y de los revolucionarios quienes han desaparecido o han muerto anónimamente.

El gobierno hizo su declaración del cese al fuego poco después de la aniquilación el 26 de enero del Inspector General de la Policía en la capital. Krishnamohan Shrestha, el funcionario del gobierno de más alto rango muerto en la guerra hasta ahora, era el jefe de la policía militarizada que por mucho tiempo era la fuerza principal que combatía a los guerrilleros maoístas y que hoy combate al lado del Ejército Real de Nepal. Como tal, era responsable de matanzas indiscriminadas, torturas, violaciones e innumerables otros crímenes. Su muerte constituyó un durísimo revés para el Estado y provocó gran consternación entre los reaccionarios. La embajada estadounidense lanzó una declaración en que lamenta la muerte de un "amigo".

Con la declaración de un cese al fuego de ambos bandos, muchas personas, sobre todo de la clase media urbana, creen que se ha abierto una puerta a una solución política, y que el proceso debe continuar a su conclusión lógica. Muchas de las mismas personas han expresado deseos de ver un fin al oscuro capítulo del milenario sistema reaccionario. El secretario general de la ONU, Kofi Annan, y China y Japón, elogiaron el cese al fuego.

Tras estos sucesos, ambos bandos trabajan duro y se aferran a su propia estrategia y tácticas. Es una situación sumamente seria para el pueblo nepalés, que ha estado luchando por derrocar el sistema reaccionario, y para el movimiento revolucionario mundial. Las negociaciones representan una forma particularmente intensa de la batalla y muchísimo está en juego para la guerra popular.

El Estado reaccionario de Nepal trató de engañar al pueblo revolucionario en la última ronda de negociaciones en 2001 participando en las negociaciones sin plantear, a propósito, ningún punto en la agenda. Así, bloqueó la demanda de los maoístas de que las charlas se centraran en el establecimiento de una república tras la abolición del sistema monárquico institucional, y la formación de un gobierno interino y la elección popular de una asamblea constituyente para elaborar una constitución nueva. El rey y el parlamento maquinaron intrigas y conspiraciones contra la revolución mientras reforzaban y reequipaban su ejército y preparaban una gran ofensiva contra las bases de apoyo revolucionarias. El PCN (Maoísta) puso fin a la situación suspendiendo el cese al fuego y lanzando un ataque en que el Ejército Popular de Liberación destruyó las barracas del Ejército Real de Nepal en Dang, al occidente del país, y el cuartel administrativo distrital, en el centro y oriente del país.

El gobierno no declaró el cese al fuego de buena gana. Más bien, tuvo que dar este paso por varios factores.

Primero y principalmente, está la fuerza de la revolución, que quiere decir la fuerza del poder político rojo, del gobierno del pueblo en el campo, y la dirección del proceso por el Ejército Popular de Liberación y por el PCN (M). El PCN (Maoísta) ha analizado que la guerra popular ha llegado a la etapa de desarrollo que se llama el equilibrio estratégico, en que las clases dominantes internas y sus fuerzas armadas no pueden derrotar la guerra revolucionaria, y los revolucionarios se preparan a tomar la ofensiva estratégica y tomar el poder político nacional.

Segundo, están las presiones de los amos extranjeros del gobierno, que consideran que el rey está peligrosamente debilitado y aislado. Los Estados Unidos, Europa y la India han empezado a intervenir contra la revolución, de diversas maneras, pero una militarización intervencionista en sí provocaría problemas políticos. El rey Gyanendra ha perdido credibilidad -sobre todo después de imponer el estado de emergencia, disolver el parlamento y destituir al gobierno- no sólo entre las masas sino también entre las potencias extranjeras de las que depende. La situación se ha agravado tanto que el Banco Mundial declaró que el Estado nepalés ha perdido validez, tiene poca legitimidad entre las masas y no puede gobernar en gran parte del país debido a la insurgencia maoísta. Se ha informado que la Unión Europea y la ONU han presionado repetidamente al rey Gyanendra para que busque una solución política.

Independientemente de las riñas en el palacio real acerca de entablar negociaciones o no, el régimen está unido en su deseo de destruir a los maoístas con el armamento moderno y el entrenamiento para el Ejército Real que recibe de Europa y los Estados Unidos. Al mismo tiempo, el régimen ha fracasado de manera contundente en los combates con el Ejército Popular de Liberación y parece que reconoce que no tiene posibilidad de ganar solamente por medios militares. Los guardianes del sistema obsoleto del país no están listos para entregar el poder político al pueblo. Más bien, usan las negociaciones como otro medio para destruir a los maoístas.

En 1990, tras el levantamiento popular nacional contra el sistema de monarquía absoluta, Birendra, el rey de entonces, convocó a un referéndum y luego impuso su voluntad mediante el fraude. Gyanendra fue el autor intelectual de esa trampa.

Después del inicio de la guerra popular, según informes, los elementos feudales duros de las clases dominantes del país estaban listos para matar a 60.000 personas a fin de apagar la insurgencia popular dirigida por los maoístas. El partido, su EPL y el pueblo revolucionario nepalés vencieron esos planes. Cuando a pesar de esa brutalidad, Birendra no pudo derrotar a los maoístas, fue asesinado en la masacre de la familia real en junio de 2001. Gyanendra se declaró rey y abolió todos los derechos imponiendo un estado de emergencia. La policía y el ejército mataron a más de 5.000 personas en un solo año, de un total de 7.000 muertos desde el inicio de la guerra popular.

Una vez más, en el contexto de múltiples presiones, las fuerzas feudales y los burócratas del país han tenido que acudir a la mesa de negociaciones. Independientemente de sus intenciones, se puede predecir con mucho fundamento que el resultado será más tumulto y retrocesos para ellos y más avances para la guerra popular. La pelota está en su cancha, y si ellos meten la pata tal como hicieron en las negociaciones anteriores, quedarán más desenmascarados y aislados y con mayores problemas que nunca.

En la historia, ha habido dos experiencias en las negociaciones. Ha habido experiencias en que las fuerzas insurgentes perdieron en las negociaciones lo que habían ganado antes en el campo de batalla. No captaron -tal como Mao advirtió cuando accedió a celebrar charlas con Chiang Kai-shek (respaldado por los Estados Unidos)- que los imperialistas y los reaccionarios nunca dejarán de lado sus cuchillas de carnicero ni se convertirán jamás en Budas. Como Mao luchó por poner todo el poder político en las manos del pueblo y aplicar la estrategia de la guerra popular, que se basa firmemente en su iniciativa y en su fuerza armada, en la revolución china las negociaciones eran una parte del proceso por el que las masas chinas obtuvieron la victoria nacional.

Como el presidente del PCN (M) Prachanda explicó en una entrevista en 2001, la política del partido acerca de las negociaciones con el enemigo "ha jugado un importante papel aislando al sector duro de las clases dominantes, educando más ampliamente a las masas contra la hipocresía parlamentaria y elevando la guerra popular a otro nivel. Es importante captar que si el partido fuera a llevar a cabo su política y programa para las negociaciones, si la situación así lo requiriera, la guerra popular estaría más cerca de la victoria".

(Traducción del Servicio de Noticias UMQG).