¡Proletarios de todos los países, uníos!

La Unión Europea y el Camino del Proletariado.

El debate que hoy se desenvuelve en torno a la Unión Europea y la vieja aspiración de los Estados Unidos de Europa, no es algo nuevo. Desde la desaparición del Imperio Romano fue una aspiración que permaneció viva y sujeta a discusión durante el feudalismo en el seno de la Iglesia Católica bajo la aspiración de extender los límites del “Sacro Imperio Romano”. La ambición de reconstruir el viejo imperio, bajo la guía de la iglesia, se vino abajo durante un tiempo a consecuencia del impulso y surgimiento de la burguesía y las guerras subsiguientes que asolaron Europa en busca de un nuevo reordenamiento de los estados y que, como consecuencia, trajeron una nueva división religiosa al viejo continente y un nuevo reordenamiento de los estados. Con el asentamiento definitivo de las burguesías nacionales, la aspiración de reunificar Europa en un único estado, toma cuerpo con la proposición de los Estados Unidos de Europa, tras pasar por dos guerras mundiales por el reparto del mundo que asolaron este viejo continente. Pese a que la hoy Unión Europea pueda en apariencia asemejarse a dicha idea en debate, continuar incidiendo en la reivindicación, en una u otra forma de esta vieja idea, sin plantearse el derrocamiento de las diferentes formas de las dictaduras burguesas por el camino del proletariado, es absurdo y falso y en esencia busca desviar al proletariado de su camino revolucionario y su misión histórica.

Desde el punto de vista y la posición del proletariado, es absolutamente erróneo defender las aspiraciones de la oligarquía financiera europea, pues en absoluto se corresponde con sus aspiraciones y le desvía de sus objetivos de clase. Así, defender  y plantear otra consigna que debilite y aparte a la clase de sus objetivos, plantear una u otra consigna que no ataque la raíz de la lucha de clases y trate de crear ilusiones en que otra Europa es posible bajo la hegemonía de la oligarquía financiera, es renunciar a las aspiraciones del proletariado y ponerse al carro de la gran burguesía, renunciando a los objetivos y aspiraciones del proletariado a la consecución y ejercicio de su dictadura en la construcción del socialismo.

A nadie se le escapa hoy que la historia del proletariado ha dado un brusco viraje, que vivimos un repliegue político general de la revolución proletaria mundial y que los comunistas necesitamos de un período más o menos largo para hacer balance, habituarnos a la nueva situación, saldar todas nuestras cuentas y limpiar nuestras filas de todos los oportunistas y revisionistas. En la actual circunstancia, nuestras consignas han de estar de acuerdo a las peculiaridades de las concretas y determinadas situaciones políticas.

Al analizar las diferentes formas de la dictadura burguesa dominante en Europa y desde el punto de vista de las condiciones económicas del imperialismo, es decir, de la exportación de capitales y del reparto del mundo por las potencias imperialistas "avanzadas" y "civilizadas", la defensa de Estados Unidos de Europa, bajo el capitalismo es imposible.

En el mundo “globalizado” de hoy, el capital se ha hecho internacional y monopolista, siendo la oligarquía financiera la que se ha puesto al mando de la dictadura burguesa. El planeta está ya repartido entre un puñado de grandes potencias, con la superpotencia USA como hegemónica al frente, que prosperan a costa del gran saqueo, rapiña, opresión y explotación de las naciones y pueblos oprimidos y el único reordenamiento posible sólo puede venir de un nuevo reparto del mundo a través de un nuevo enfrentamiento bélico entre las diferentes potencias imperialistas.

Los estados sirven a los grades comités multinacionales de millonarios a través de sus gobiernos de turno, provistos de ejércitos que utilizan para repartirse, mantener  y dominar los mercados en las colonias y semicolonias, para saquearlas hasta la extenuación, utilizando a los gobiernos nacionales de turno como sus mejores virreyes, sus más avezados cónsules corruptos rodeados de fuerzas militares nacionales genocidas de sus propios pueblos, de curas y demás sanguijuelas oportunistas a su servicio por las migajas que les sobran a las multinacionales.

Así se organiza, en la época del más alto desarrollo del capitalismo: el imperialismo, el saqueo de cerca de cinco millones de habitantes de la Tierra por un puñado de grandes potencias. Cualquier otra organización que se plantee bajo el capitalismo, será ilusoria e imposible y únicamente servirá para apagar las llamas de la emancipación de las clases sociales y la liberación de los pueblos.

¿Pueden renunciar los imperialistas al control de mundo, a sus zonas de influencia, a la exportación de capitales, a la opresión, rapiña y explotación? Como Lenin nos enseña: “Pensar en ello significa reducirse al nivel de un curita que predica cada domingo a los ricos la grandeza del cristianismo y les aconseja regalar a los pobres. . ., bueno, si no unos cuantos miles de millones, unos cuantos centenares de rublos al año.

La Unión Europea, bajo el imperialismo, sólo equivale a un acuerdo puntual sobre el reparto de los mercados y las ganancias proporcionales a su capital, teniendo en cuenta, además, que el capital más grande ha de recibir más de lo que le corresponde, a un frente común de los capitalistas europeos para contender con otras potencias imperialistas por un reparto más acorde a sus insaciables apetitos.

Las grandes multinacionales, las oligarquías financieras entrelazadas del mundo, no pueden repartir con nadie su renta. Plantear, como lo hacen los oportunistas y revisionistas, que hemos de luchar por la “Europa social no es mas que una estúpida ilusión que trata de desviar al proletariado de sus auténticos objetivos: la revolución socialista sustentada en la dictadura del proletariado, como paso al comunismo.

El imperialismo es la sociedad sustentada en la propiedad privada de los medios de producción y la anarquía de la producción. Hablar y predicar una distribución "justa" de la riqueza sobre la base de dicha sociedad es necedad de pequeño burgués y de oportunista descarado. En toda sociedad de clases, el único reparto posible es aquél que se logra que en proporción a la fuerza empleada para lograrlo. Los estados imperialistas, pugnan, logran y sustentan sus mercados, por medio de la guerra reaccionaria, no hay ni pueden tener otro medio que la guerra para alcanzar sus metas los imperialistas. La guerra no entra en contradicción con las bases sobre las que se sustenta la propiedad privada, muy al contrario, es el desarrollo directo e inevitable de tal concepción del mundo.

Bajo el imperialismo, el desarrollo desigual es ley inherente a dicho sistema, no es posible el crecimiento parejo de cada empresa, de cada multinacional, de cada Estado. En la sociedad capitalista y su fase superior y última: el imperialismo, para regenerarse, no se cuenta con otro medio que la ruina de unos y el mayor enriquecimiento de otros, esto proceso no encuentra con otro medio posible mas que las crisis en las economía y las guerras en la política.

¿Son posibles acuerdos temporales entre los capitalistas y entre las potencias?. En este sentido, ¿son también posibles los Estados Unidos de Europa, como un acuerdo de los capitalistas europeos? Ciertamente, si son capaces de superar sus egoístas diferencias particulares, son posibles. Pero dichos acuerdos sólo estarán fundamentados sobre el modo de aplastar en común el socialismo en Europa, de defender juntos sus intereses imperialistas y tratar de lograr un nuevo reparto del mundo frente al imperialismo yanqui y otras potencias imperialistas con las que compiten por áreas de influencia.

El imperialismo yanqui, durante los últimos cien años se han fortalecido de un modo inconmensurablemente más rápido, mientras que Rusia ha quedado debilitada en lo económico y Europa se ha ido debilitando, atrasando y continúa pudriéndose de vieja. En comparación con USA, Europa, en conjunto, representa un estancamiento económico. Sobre la actual base económica, es decir, con el capitalismo, los Estados Unidos de Europa significan la organización de la reacción para detener el desarrollo más rápido de Norteamérica. Al mismo tiempo, en Extremo Oriente, Japón se ha ido recuperando económicamente y en lo político ha eliminado de su constitución las imposiciones que le impedían reorganizar sus ejércitos e intervenir militarmente fuera de sus fronteras y ha surgido China como nueva potencia imperialista que desarrolla una gran modernización y crecimiento económico, se rearma, crea bases militares fuera de sus fronteras y aspira por un nuevo reparto de mercados y del Mundo. Esta situación impulsa y obliga a los Estados Europeos a buscar fórmulas de unidad para competir por el reparto del Mundo. Los tiempos en que la causa de la democracia y del socialismo estaba ligada sólo a Europa, han pasado para no volver.

En lo referente a la tarea de saldar cuentas y limpiar nuestras filas de oportunistas y revisionistas, la tarea del proletariado en Europa ha de centrarse en una profunda crítica del revisionismo y del oportunismo. Si no saldamos definitivamente las viejas cuentas y limpiamos las filas del proletariado, de ninguna manera podremos avanzar por el correcto camino, ya definido, de la futura revolución europea, la revolución socialista.

Criticado a los revisionistas de la II Internacional, Lenin señaló: “... el oportunismo no es un fenómeno casual, ni un pecado, un paso en falso o la traición de algunos individuos aislados, sino el producto social de toda una época histórica.

Durante la Segunda Guerra Mundial, al mismo tiempo que alcanzaba una gran expansión, el movimiento comunista internacional iba generando en su seno su opuesto, su contrario reflejo de las ideas burguesas al seno del proletariado, una corriente opuesta al avance de la revolución proletaria de revisionismo contrarrevolucionario. El aspecto esencial de esta contracorriente era su rechazo a la violencia revolucionaria y la defensa del camino parlamentario, que supuso inmensas pérdidas al movimiento comunista internacional. Típicos fueron los reveses de las revoluciones española, francesa e italiana. Al respecto, en un mundo como el de hoy donde tiene gran importancia los medios audiovisuales, recomendamos a nuestros militantes que vean la película “Novechento” y analicen cómo se expone el proceso del desarrollo del proletariado en Italia.

Durante el período de la guerra antifascista y a pesar de quiénes ostentaban la dirección, el Partido Comunista de Francia organizó fuerzas armadas de masas compuestas por más de medio millón de obreros, campesinos y emigrantes, liberaron París antes de que entrasen las fuerzas aliadas, a cuya cabeza se encontraban los restos del ejército republicano español exiliado. Desde el inicio de la gesta liberadora encabezada por la clase, para Thorez, secretario General del Partido Comunista de Francia, las fuerzas armadas revolucionarias fueron un monstruo aterrador. En noviembre de 1944, este cobarde, que se había escondido durante largo tiempo en el exterior, volvió a Francia y entregó a la gran burguesía las fuerzas armadas revolucionarias en bandeja de plata a cambio del puesto oficial de Vice-Primer Ministro. En noviembre de 1945, el Partido Comunista de Francia participó en las elecciones de la primera Asamblea Nacional auspiciadas por el gobierno de  De Gaulle; pese a que se constituyó una “mayoría de izquierda” en la Asamblea Nacional, la gran burguesía francesa revisó fácilmente la ley electoral, trayendo como resultado de que, en las elecciones de la Asamblea Nacional de 1958, el número de escaños ganados por el Partido Comunista de Francia cayó a escasos 10. Como señaló un militante consciente del Partido Comunista de Francia, la gran burguesía francesa trató al Partido Comunista de Francia como a un limón, al que se exprime hasta sacar su última gota y luego se echa a la basura.

De la misma manera sucedió en Italia. La lucha armada impulsada por la clase y bajo la dirección del Partido Comunista de Italia, principalmente, había alcanzado en Italia un vigoroso desarrollo. A finales de la Segunda Guerra Mundial, las masas contaban con una fuerza armada de más 256.000 guerrilleros y obreros insurgentes. Liberaron Milán, Venecia y más de otras 200 ciudades grandes y pequeñas, capturaron al fascista Mussolini y lo ejecutaron.

Palmiro Togliatti, el entonces Secretario General del Partido Comunista de Italia, quién había regresado Italia después de 18 años en el extranjero ejerciendo como delegado de la Internacional Comunista, al igual que hizo en el Estado Español durante la guerra civil del 36-39, formuló una línea capitulacionista diciendo que haría realidad el socialismo, no recurriendo a la fuerza ni a las insurrecciones” sino a la reforma del Estado democrático por vía parlamentaria. Haciendo uso de su autoridad, obligó a los destacamentos guerrilleros del norte de Italia a aceptar el comando unido del reaccionario gobierno de Badoglio y de los ejércitos aliados” y desarmó a las guerrillas y las fuerzas de seguridad patriotas. Togliatti vendió los intereses fundamentales del proletariado a cambio de la cartera de ministro y de Vice-Primer Ministro, reduciendo a nada los frutos  de la victoria conquistados por la clase y las masas italianos en su lucha armada antifascista.

Lo mismo se hizo en el Estado Español, donde el Partido bajo la dirección de J. Díaz, entregó el V Regimiento al Gobierno burgués a cambio de unas carteras en el Gobierno y propagó la idea de que defendiendo la república burguesa y desarrollando el camino parlamentario se alcanzaría la revolución socialista. Cosas similares han sucedido en otros países por el mundo, donde la sangre de incontables mártires revolucionarios se han convertido en vino en las copas de los enemigos del proletariado, las masas y las naciones y pueblos oprimidos por el imperialismo.

Pero, la historia, esa justa e insobornable jueza, ha ridiculizado implacablemente a los “devotos del parlamento”, Thorez, Togliatti, J. Díaz y sus semejantes herederos que surgen parejos al calor del avance de la revolución proletaria. Estas trágicas lecciones de la historia han de abrir los ojos a los marxistas-leninistas-maoístas de todo el mundo. En la propia experiencia de su lucha, la clase obrera y las masas revolucionarias de todos países han ganado la comprensión cada vez más profunda de que, “Salvo el poder todo es ilusión” y que los fusiles en las manos del pueblo son la vida misma de la revolución. El camino de la lucha armada es el único camino correcto para que el proletariado tome el Poder. Todo aquel que niegue la revolución violenta traiciona la base misma de la ideología del proletariado, del marxismo-leninismo-maoísmo y la causa incuestionable de la necesidad de la revolución proletaria. Todos los que estén obsesionados con la “vía parlamentaria”, inevitablemente encontrarán el fin ignominioso que han tenido entre las filas del proletariado J. Díaz, Dolores Ibárruri, S. Carrillo, Thorez, Togliatti y sus semejantes por el Mundo.

Como nos señala el camarada Stalin: “Quien crea que semejante revolución puede llevarse a cabo pacíficamente, sin salirse del marco de la democracia burguesa, adaptada a la dominación de la democracia burguesa, adaptada a la dominación de la burguesía, ha perdido la cabeza y toda posición del sentido común, o reniega cínica y abiertamente de la revolución proletaria.

Los nuevos y los viejos  revisionistas y su manoseada teoría de la vía parlamentaria”, de la vía pacífica al socialismo, son simplemente como gotas de agua expuestas al tórrido sol del desierto, en cuanto son puestos a prueba por la historia, se evaporan. Sin embargo, a pesar de nuestros fracasos, la teoría marxista-leninista-maoísta de la revolución violenta se yergue a la luz del sol, perenne como los robustos olivos y robles, dando su fruto en cada estación de recolección.

¿En qué han devenido teorías como las de “Eurocomunismo y Estado” propagadas por los herederos de J. Díaz, Thorez y Togliatti? En lo que hoy defienden organizaciones frentistas como IU, El Olivo y tantas otras que se desenvuelven por la vieja Europa y cuya esencia es servir de bomberos en el movimiento obrero propagando la capitulación, la desorganización, el pacifismo, el cretinismo parlamentario, etc.

Los oportunistas de la autodenominada Izquierda Unida dicen: “Es importante reconocer que la consolidación del proceso de integración europea ha conseguido afirmar la paz en el suelo europeo. ¿Qué entienden estos por “paz”? Para estos oportunistas “paz” quiere decir que el Estado pueda garantizar el trabajo asalariado, que las empresas y multinacionales puedan seguir apropiándose del fruto de ese mismo trabajo asalariado, sin sobresaltos, a consta de la explotación de los obreros. Pero, habría que preguntarles: ¿han sido eliminadas las clases y la lucha de clases en Europa y, en consecuencia, la subsiguiente guerra social? Los diferentes grados de guerra social alcanzados a causa de la lucha de clases ¿no han generado violencia? Sin embargo, ¿de dónde surge su satisfacción por lo que denominan “paz en el suelo europeo”? Si analizamos su papel en la desmembración de las organizaciones obreras clasistas obtendremos la respuesta.

Bien es cierto que desde que finalizara la II Guerra Mundial no han habido grandes enfrentamientos bélicos entre los diferentes contendientes europeos por el reparto del mundo, como los que hubo en las dos guerras mundiales, pero no ha sido, como tratan de argumentar con sus loas, a causa del denominado “proceso integración europea, sino debido a la pérdida de la hegemonía mundial en detrimento del imperialismo yanqui tras la II Guerra Mundial, hegemonía que hoy tratan de recuperar, precisamente, con la integración europea para hacer frente al imperialismo yanqui y contender en bloque por un nuevo reparto del Mundo.

Pero ¿pueden explicarnos, entonces, porqué Europa sigue siendo una de las zonas del planeta más militarizadas a través del mantenimiento de las fuerzas permanentes de la OTAN?. Estos oportunistas, al igual que todos los carniceros de la historia, cuanto más hablan de paz más afilan y preparan sus armas para la guerra. La denominada “Guerra Fría ¿no fue una contienda bélica entre la denominada Europa Occidental contra la Europa Oriental? ¿Acaso, parara estos ignorantes oportunistas, lo que fuera Yugoslavia y la guerra desatada por la UE para su desmembración, se encuentra fuera de Europa? ¿Ha finalizado la ocupación militar de las colonias que mantienen los muy europeístas estados europeos, a causa de la violencia generada para sacudirse dicha opresión colonial en la misma Europa?

Y aún siguen diciendo: “Después de siglos de destrucción y muerte la consolidación del proceso de integración europea ha ofrecido a sus ciudadanos el mayor tiempo de paz de la historia reciente. ¿Es esto cierto? La Unión Europea fraguó, impulsó e intervino con tropas en la desmembración del Estado Yugoslavo; ha intervenido en la invasión de Afganistán y permanece sometiendo a dicho pueblo con tropas en la ocupación; Gran Bretaña y el Estado Español, principalmente, en colusión con el imperialismo yanqui, apoyaron y desataron la invasión y rapiña de Irak. Si bien el Estado Español ha retirado sus tropas de ocupación, dos han sido las causas fundamentales que llevaron al gobierno de turno a tomar esa decisión:

    1. las escasas perspectivas ofrecidas por los carroñeros yanquis e ingleses en el reparto de botín;
    2. ahogar las movilizaciones de la clase y las masas y así evitar males mayores en su patio interno.

Mostrando una vez más su carácter imperialista, el Estado, a través de sus nuevos administradores, ofrece su disposición a enviar tropas a Haití, apoya la resolución de las ONU por la que se abre el envío de más tropas a Irak y los demás países de la UE siguen presionando al imperialismo yanqui para que les haga más concesiones carroñeras, mientras que hay otros países de la UE que siguen manteniendo sus tropas de ocupación.

¿Dónde está “el mayor tiempo de paz, del que nos hablan estos charlatanes del imperialismo? Según los informes de Amnistía Internacional, en los países de la Unión Europea se sigue utilizando la tortura, existe una escasa atención por parte de los Estados miembros a la violencia contra la mujer, se siguen violando los derechos humanos, principalmente con los millones de emigrantes, se fomenta el racismo y la xenofobia desde las instituciones estatales y las denominadas leyes contra el terrorismo que son auténticas aberraciones que niegan el denominado Estado de Derecho.

Pero tienen razón, señores oportunistas. Si lo que quieren fundamentar es que los estados capitalistas europeos, integrados en la UE, han dejado de organizar guerras entre ellos para repartirse las riquezas, las áreas de influencia para ejercer su opresión, explotación y rapiña. ¡Hemos de darles la razón!. Pero, no eso no quiere decir que los capitalistas hayan renegado de su naturaleza, no quiere decir que los logros alcanzados por la clase obrera en Europa, hoy en proceso de negación palpable, hayan sido un regalo de los capitalistas, muy al contrario, sangre, luchas y sacrificios ha costado lo que hoy comienzan a negar en aplicación de su política neoliberal, es porque su debilidad frente al resto de los países imperialistas les obliga a buscar colusión, a encontrar acuerdos que les permitan contender con el resto de la potencias por el reparto del mundo.

Por si esto no es suficiente y si analizamos el caso específico del Estado Español ¿no existen más de 700 presos políticos a los que se somete a torturas y niega todo derecho procesar y carcelario en base a las leyes contra el “terrorismo?; ¿no hay más de cuatro mil refugiados vascos repartidos por el mundo a causa de sus ideas políticas?; ¿acaso no se ilegalizan organizaciones políticas en base a la aberrante ley de partidos aprobada?; ¿no mantiene el Estado Español tropas en más de 40 países del planeta?, ¿no están dispuestos a enviar tropas a Haití? Pero claro, al igual que hoy argumentan los amos de estos oportunistas, lo que en los hechos son tropas de ocupación y rapiña, hoy se denominan “cuerpos de paz para combatir el “terrorismo.

Pero, ¿qué entienden estos lacayos del imperialismo por “terrorismo?. Al igual que comenzaron a hacer sus amos imperialistas, en 1980, estos oportunistas enarbolan los mismos argumentos que sus amos cuando los países imperialistas -abanderados por el imperialismo yanqui, en colusión y pugna con reaccionarios y oportunistas y amparándose en la defensa de su sistema de opresión y explotación y que denominan pomposamente “democracia- iniciaron su ofensiva contrarrevolucionaria general contra el proletariado y los pueblos del mundo, acuñando el término “terrorismo. Dicho término tiene como fin único negar el carácter político de las luchas contra la opresión y explotación, justificar, combatir y someter a los pueblos y naciones oprimidas, estigmatizar a los revolucionarios como si fueran delincuentes comunes, combatir lo que llaman “Imperio del Mal y que no es mas que la denominación empleada para negar y condenar todas las causas progresistas, genuinamente democráticas y de avance social. Dicho término ha demostrado ser el medio utilizado a fin de dotarse de una falsa exculpación para desatar la más sangrienta represión y rapiña contra la lucha política y social de las clase oprimidas y los pueblos del mundo.

Refiriéndose al desarrollo del modelo económico y aplicación de la política neoliberal en la UE, nos dicen: “hoy no podemos dejar de observar la diferencia entre este modelo y las políticas neoliberales. Veamos esto. Los procesos de reestructuración económica, el paro, el trabajo precario, la sobreexplotación, la huida y traslado de capitales a zonas dónde puedan alcanzar una mayor rentabilidad, la exportación de capitales, negación de los derechos sociales, de los servicios públicos, el peligro de la negación de las pensiones y el derecho a la salud pública, etc., ¿no son consecuencias de la aplicación del neoliberalismo?, ¿en qué se diferencia el neoliberalismo que se aplica por el resto del mundo del de aquí? En nada, señores oportunistas. Al igual que en resto del mundo sufrimos los mismos males, la economía capitalista que se aplica en la UE sufre el mismo estancamiento, la misma recesión económica como consecuencia de la globalización” y la aplicación del neoliberalismo.

Estos oportunistas, a pesar de su cháchara sobre la “paz”, el “estado social”, “reparto de la riqueza”, etc., no son mas que la otra cara de la moneda del imperialismo, mientras los representantes del los estados imperialistas son el palo, ellos asumen el papel de la zanahoria para defender la misma política imperialista de saqueo, rapiña, opresión y explotación.

Incidiendo y apoyando la explotación imperialista de los países de la UE, plantean que Europa ha de mostrar una cara benigna que se contraponga a la agresividad de USA, cuando señalan: Necesitamos Europa .... porque el nuevo escenario ofrece nuevas posibilidades para contraponer al modelo de unilateralismo belicoso y simplificador de la administración extremista de Bush, un modelo basado en la cooperación, en el uso de procedimientos diplomáticos para dirimir conflictos y en el respeto al derecho y a Naciones Unidas." Para estos oportunistas, si la explotación y saqueo están avalados por la ONU, si se ajustan a términos  no tan descarados y belicosos como los que emplea USA, no les supone ningún problema en apoyar dicha opresión, saqueo y explotación de los países dependientes, pues ellos aspiran a que Europa asuma un papel de “liderazgo internacional basado en la no violencia y en la consolidación de una alternativa no militarizada”.

Su descaro y mentiras no tienen límite cuando afirman que “A pesar de dos décadas de políticas neoliberales y de intentos pasados y presentes de desmantelamiento, el estado del bienestar europeo sigue siendo socialmente más equitativo e integrador que los modelos anglosajones.” Esto no se lo creen ni ellos mismos, sino que le pregunten a todos los trabajadores que han sufrido los procesos de reconversión, que le pregunten a los obreros de IZAR, a los obreros que están viendo cómo las empresas se trasladan a otros paraísos de explotación para aumentar sus ganancias.

Reconocen que el mundo capitalista se encuentra sumido en una crisis, pero para ellos la alternativa está únicamente quesu recuperación debe incorporar una nueva reestructuración de los poderes locales, regionales, estatales y supranacionales y no en la total destrucción del sistema y su sustitución por una sociedad socialista, pues su empeño está claramente comprometido únicamente en buscar las formas de preservar la dictadura de la oligarquía financiera europea y las grandes multinacionales donde no cave ninguna transformación social.

La única alternativa posible es la destrucción del mundo imperialista en la que los Estados Unidos del mundo constituyan la forma estatal de unificación y libertad de las naciones, forma que nosotros relacionamos con el socialismo, mientras la victoria completa del comunismo no conduzca a la desaparición definitiva de todo Estado, incluido el Estado democrático, pues únicamente la eliminación de las clases y la lucha de clases puede garantizar la auténtica democracia social.

El desarrollo desigual económico y político, es una ley absoluta del capitalismo. Como la historia ha demostrado y en la perspectiva de la Futura Nueva Gran Ola de la Revolución Proletaria Mundial, es posible el triunfo de la revolución proletaria, del socialismo, en un solo país capitalista, o incluso en un solo país dependiente del imperialismo, sea colonia o semicolonia.

Esto significa que el proletariado triunfante de dicho país, después de expropiar a los capitalistas y de organizar dentro de él la producción socialista, se alzará contra el resto del mundo capitalista, debiendo atraerse a su lado a las clases oprimidas de los demás países, coadyuvando al desarrollo de las tareas fundamentales de los comunistas en el Movimiento Comunista Internacional y que hoy se concretan en la entronización del Maoísmo como tercera y principal etapa de nuestra ideología y la construcción de Partidos Comunistas sustentados en el marxismo-leninismo-maoísmo, Partidos que asuman las tareas de la revolución proletaria cabalmente, constituyéndose en faro, en base de apoyo del proletariado internacional.

La forma política de la sociedad en que triunfe la revolución proletaria -bien sea a través de revolución socialista o de nueva democracia, derrocando a la burguesía, será la república popular o socialista, que centralizará cada vez más las fuerzas del proletariado y las masas de dicha nación o de dichas naciones en la lucha contra los Estados en los que aún no haya desarrollado la revolución proletaria. Es imposible suprimir las clases sin una dictadura de las clases oprimidas: el proletariado y las masas, sin una dictadura del proletariado o dictadura del proletariado y las masas contra la burguesía. Así mismo, la libre unión de las naciones en el socialismo es imposible sin una lucha tenaz, más o menos prolongada, de las repúblicas socialistas contra los Estados atrasados.

Los revisionistas que hoy de forma oportunista enarbolan la consigna de “Otro mundo es posible y necesario”, en realidad están tratando de enmascarar sus posiciones, pues para ellos se traduce esta consigna como “otra Constitución es posible” excluyendo necesidad de la revolución proletaria y en realidad niegan la necesidad de la revolución socialista.

El fin de la Primera Gran Ola de la Revolución Proletaria Mundial y el Repliegue Político General que estamos viviendo, está llevado a revisionistas y oportunistas agentes del imperialismo y defensores del camino capitalista dentro de las filas del proletariado entre el tribunal de la historia. Así mismo, aquellos que hoy defienden veleidades y trasnochadas opciones frentistas que tratar de diluir al Partido y la clase, serán desenmascarados y sometidos al tribunal de la historia para que ésta les relegue al cubo de la basura.

¿Alguien puede dudar hoy de que los revisionistas se han arrancado definitivamente sus aureolas de revolucionarios veteranos con las que trataron de aplastar a la línea roja durante más de cuarenta años? La clase puede ver en ellos, sin mayor dificultad, la marca de fábrica del viejo revisionismo de Bernstein, Kautsky, Jruschov, Deng Xiaoping y sus semejantes. Con su política de reconciliación de clases estos oportunistas comenzaron a mostrar claramente su fisonomía perversa de contrarrevolucionarios veteranos al formular su teoría de “una nueva etapa de paz y democracia.

En los años cincuenta del siglo pasado, tras la derrota del 36-39, la clase obrera comenzó a enfrentar el franquismo de nuevo y asumir la batalla decisiva entre dos destinos y dos futuros diferentes, es decir: ¿construir un estado socialista bajo la dirección del proletariado y su Partido Comunista o plegarse a los planes de la oligarquía financiera de construir un país imperialista, exportador de capitales y saqueador de los recursos y riquezas de los países dependientes, bajo la dictadura de la gran burguesía? En esta cuestión fundamental concerniente a la revolución proletaria en el Estado Español y a la revolución mundial existían dos líneas diametralmente opuestas en el Partido Comunista de España.

La línea revolucionaria proletaria representada por la línea roja al seno del Partido era la de movilizar audazmente a la clase, fortalecer sus fuerzas y librar una lucha de golpe por golpe contra el franquismo reaccionario, para impulsar la revolución socialista y construir un estado de dictadura del proletariado. La línea capitulacionista de derecha representada por Dolores Ibárruri y Santiago Carrillo, al igual que otros tantos oportunistas por el mundo, entonaron la manida cantinela sobre la “teoría de las condiciones para la lucha armada”, “la principal forma de lucha de la revolución ha cambiado de lucha armada a ala lucha sin armas, de masas y parlamentaria” y que “la lucha armada en general ha llegado a su término”. Como fieles seguidores del camino capitalista dentro del Partido se oponía a la revolución socialista, negaban la necesidad de la lucha armada, propugnaban el retroceso ante la contraofensiva del franquismo y abogaban por “la reconciliación nacional” con el franquismo mediante el “camino parlamentario”. Esto era el típico capitulacionismo de clase. ¿Cómo podía el Partido Comunista de España, que representaba los intereses del proletariado y de las masas trabajadoras, participar en una “reconciliación nacional” con los que representaban los intereses de la gran burguesía que trataban de levantar su cabeza al nivel de los otros países imperialistas? La no resolución adecuada de esta lucha llevó al fraccionamiento del Partido y permitió que los revisionistas siguiesen usufructuando y usurpando el Partido hasta mediados de la década de los 80.

La teoría que comenzaron a propagar los revisionistas de esos años, de “una nueva etapa de paz y democracia”, es la misma que hoy argumentan y defienden hoy sus seguidores y es un programa político totalmente revisionista, un programa reaccionario de total de capitulación de clase. Cuando estos revisionistas nos dicen hoy de que “es importante reconocer que la consolidación del proceso de integración europea ha conseguido afirmar la paz en el suelo europeo, en realidad, nos están argumentando lo mismo que sostenía Jruschov, cuando decía que el mundo entero es un mundo de paz, democracia y unidad”, “ha llegado la etapa de la construcción pacífica en todo el mundo. No habrá guerra, sino paz, verdaderamente, una paz duradera”. Sostienen que el imperialismo no sólo ha cambiado su naturaleza agresiva y belicosa sino que también está dispuesto a simpatizar con las revoluciones los pueblos y naciones dependientes del imperialismo y que es posible ayudarlos para paliar su hambre, opresión y explotación.

¿Se ha desarrollado la historia y se desarrolla realmente como decía Jruschov y hoy reiteran estos oportunistas? Sólo hay que dar una mirada retrospectiva a la historia posterior a la década de los años 40 para desenmascarar todas estas mentiras. Como nos señaló acertadamente el Presidente Mao con su penetrante análisis de la situación mundial: “esto no quiero decir que no habrá más luchas después de la derrota de los países agresores fascistas, el fin de la Segunda Guerra Mundial y el establecimiento de la paz internacional. Las fuerzas remanentes del fascismo, ampliamente diseminadas, continuarán sin duda provocando disturbios, mientras dentro del campo que lucha ahora contra la agresión fascista hay fuerzas que se oponen a la democracia y oprimen a otras naciones, y continuarán oprimiendo a los pueblos de diversos países, a las colonias y semicolonias. Por lo tanto, después de establecida la paz internacional, habrá aún numerosas luchas en la mayor parte del mundo, entre las masas antifascistas y los remanentes del fascismo, entre la democracia y la antidemocracia, entre la liberación nacional y la opresión nacional.

La historia de los últimos cien años nos ha demostrado que mientras el imperialismo no sea aplastado y desterrado de la historia, la paz será únicamente la continuación de su política de tiempo de guerra. El imperialismo mantiene la paz saqueando a las colonias y semicolonias en guerras sucesivas. ¿Acaso no sigue demostrando esta naturaleza innata del imperialismo la invasión y saqueo de Irak?

La historia ha demostrado también que el único camino con que cuentan los pueblos para obtener una auténtica paz verdadera, es el de emplear la justa guerra revolucionaria para oponerse a la guerra injusta contrarrevolucionaria. Mientras exista el imperialismo, las guerras contrarrevolucionarias serán una constante y las guerras revolucionarias serán la necesidad de los pueblos y naciones para librarse de la opresión y explotación imperialistas. Cuando los revisionistas y oportunistas nos hablan de su teoría de una “paz duradera, lo que realmente están sosteniendo que los imperialistas han abandonado sus cuchillos de carnicero y se han convertido en buenos samaritanos. Cuando estos oportunistas defienden dichas teorías, quieren decir que los pueblos de las colonias y las semicolonias no deberían iniciar guerras de liberación nacional y que el proletariado de los países capitalistas no deben emprender guerras civiles revolucionarias por el socialismo. La teoría de una “paz duradera es una teoría totalmente reaccionaria para liquidar la revolución. Su objetivo es no sólo engañar al proletariado, sino también servir a la doble política contrarrevolucionaria del imperialismo. Cuando los revisionistas nos hablan de “paz”, hemos de entender que están actuando como portavoces de los países imperialistas, declarando que éstos necesitan paz y que ayudan al desarrollo del movimiento democrático en el Mundo. ¿Qué paz, democracia y ayuda? Echemos una mirada a la ocupación iraquí por el imperialismo y obtendremos la respuesta.

Siempre se habla de que el pueblo necesita paz”. Sí, sin duda que el pueblo necesita paz. Pero la clase de paz que el pueblo quiere es, en esencia, diferente de la paz que pregonan los imperialistas. La clase obrera ha comprendido muy bien que la paz auténtica sólo puede lograrse mediante la lucha y no mendigando. Persistir en derrotar la contrarrevolución armada por la revolución armada era el único camino correcto para todo Partido Comunista y para todos los pueblos oprimidos a fin de conquistar la victoria de la revolución proletaria.

El marxismo-leninismo-maoísmo nos dice que la revolución violenta es una ley universal en la revolución proletaria. Reconocer esto no ha sido siempre una línea divisoria entre los revolucionarios proletarios y todos los renegados al proletariado. Con el Presidente Mao se desarrolló genial y creadoramente la teoría marxista-leninista-maoísta sobre la revolución violenta, dotándonos de la más alta estrategia militar del proletariado que jamás ha sido derrotada en su correcta aplicación. Sin la correcta aplicación de nuestra estrategia militar a las condiciones concretas de cada revolución no habrá lugar para el proletariado, ni para las masas, ni los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo, ni para el Partido Comunista, y las revoluciones de nueva democracia, socialistas o revoluciones culturales proletarias en el socialismo, no podrán triunfar. Ningún comunista debe olvidar jamás esta experiencia, esta gran verdad que el proletariado y los pueblos y naciones del mundo han pagado con sangre. Los revisionistas nos dicen que la época de las revoluciones violentas ha  “llegado a su término”. Lo que en otras palabras, no significa otra cosa que abandonar los principios del proletariado, declarar anticuado el principio fundamental marxista-leninista-maoísta sobre la revolución proletaria mundial. Abandonar por completo la violencia revolucionaria se convierte en uno de los mayores regalos de los renegados de la revolución proletaria mundial a sus nuevos amos imperialistas.

No es un descubrimiento marxista el significado real de lo que los revisionistas, siguiendo los dictados de sus amos imperialistas, denominan “democracia y libertad”. Estos, que tanto llenan sus bocas de democracia y libertad en general, deberían aprender un poco de Kant, al que ni por asomo podemos catalogar de marxista, cuando señala: La democracia constituye necesariamente un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. Siendo posible que todos decidan contra uno cuya opinión pueda diferir, la voluntad de todos no es por tanto la de todos, lo cual es contradictorio y opuesto a la libertad.

El marxismo nos dice que la democracia tiene siempre un carácter de clase. ¿Pueden la burguesía compartir una “democracia general” con el proletariado y el pueblo trabajador? ¡No! La llamada democracia de la gran burguesía significa la opresión y dictadura sobre el proletariado, las masas y los pueblos y naciones oprimidos por el imperialismo. Donde el punto de vista marxista-leninista-maoísta, el parlamento no es sino un adorno, un biombo tras el que se enmascara la dictadura de la burguesía, un instrumento de la burguesía para dictar las normas en cómo se ha de ejercer la dictadura burguesa sobre el proletariado. La llamada “vía parlamentaria” es una propuesta política reaccionaria hecha por traidores al proletariado para satisfacer las necesidades de la burguesía. Como nos señala Lenin: “Limitar la lucha de clases a la lucha parlamentaria, a considerar ésta como la forma suprema y decisiva de lucha, a la que deben supeditarse todas las demás, significa de hecho pasarse al campo de la burguesía contra el proletariado.

En el 76, durante la transición, los que fungían de ser nuestros defensores lograron puestos relevantes entre los que discutieron la nueva Constitución burguesa del Estado ¿influyó un ápice esta presencia en el logro de derechos y conquistas que nos acercasen a la revolución proletaria y la construcción del socialismo? , ¿remeció un ápice esa presencia en los objetivos que se había marcado la gran burguesía para reestructurar su Estado, su dictadura? En las Cortes constituyentes había una importante presencia de quienes fungían de comunistas, ¿lograron algún beneficio para la clase?. Nuestros padres nos pueden recordar hoy como todos los beneficios logrados durante los años setenta del siglo pasado demandaron de grandes luchas y movilizaciones de la clase obrera para arrancar mínimas mejoras, mientras los oportunistas se dedicaban a minimizar las conquistas alcanzadas en la lucha. La propia burguesía, a través de su Parlamento, se ocupa de desdecir a estos oportunistas que, además, en cuestiones que afectan al futuro y desarrollo de la lucha de la clase obrera, han contado con su total apoyo como han sido las leyes antiterroristas, la ley de partidos, etc.

Lenin ya condenó estos payasos oportunistas hace mucho señalando: “Sólo los canallas o los tontos pueden pensar que el proletariado tiene que empezar por conquistar la mayoría en elecciones llevadas a cabo bajo el yugo de la burguesía, bajo el yugo de la esclavitud asalariada, para pasar luego a la conquista del Poder. Este es el colmo de la estupidez o de la hipocresía, la suplantación de la lucha de clases y la revolución por una votación efectuada bajo el viejo régimen, bajo el viejo Poder.

Desde que comenzaron a hacerse con el control de nuestro Partido, en 1922, su empeño fue en convertirlo en partido electoral y parlamentario, una herramienta para defender la dominación de la burguesía, abandonando así la revolución el Estado Español a mitad de camino, contribuyendo así a que España permaneciese en el oscuro abismo bajo la dictadura de la gran burguesía, contribuyendo a los baños de sangre obrera sobre los que la orgía burguesa ha construido su poderío e impidiendo que España se convierta en la brillante y nueva España que ilumine a los pueblos del mundo bajo la dictadura del proletariado y la construcción del socialismo. Hace ya tiempo que la historia sacó las conclusiones correctas sobre las reiteradas traiciones de estos oportunistas.

Si en el Partido su accionar ha quedado claramente demostrado, su acción no ha sido menos nociva en las organizaciones obreras y de masas. Traicionando los intereses fundamentales del proletariado y vendiendo el movimiento obrero, estos viejos y nuevos revisionistas, siempre han adoptado la táctica contrarrevolucionaria de pregonar el economismo contrarrevolucionario y el sindicalismo y bajo el argumento de preservar la “independencia de clase”, han abogado por la teoría de “sindicatos independientes” y la de la “espontaneidad” en el movimiento obrero. De esta forma han utilizado estas teorías” revisionistas contrarrevolucionarias para oponerse a la dirección ejercida por el partido del proletariado y el marxismo-leninismo-maoísmo, sobre el movimiento obrero, y para sabotear la revolución proletaria. Su línea revisionista contrarrevolucionaria ha tenido como esencia el economismo y el sindicalismo. Tergiversando la necesidad de que la clase obrera ha de defender sus derechos y conquistas y lograr nuevos, han situado la lucha económica legal en primer plano para mendigar unos mínimos “beneficios” inmediatos de la gran burguesía, abandonando la necesidad de desarrollar la lucha económica en función de las necesidades políticas y del poder, para aplastar por completo el régimen reaccionario y tomar en sus manos el Poder. Este ha sido, precisamente, el punto focal de la lucha entre los marxistas, por un lado, y los revisionistas y reformistas, por el otro. Los marxistas sostenemos que la cuestión fundamental de la lucha de la clase ha de desenvolverse en función de la revolución, del Poder, que las luchas inmediatas jamás han de olvidar los objetivos finales y que han de desarrollarse siempre en función de éstos. El Presidente Mao nos enseña: “Todas las luchas revolucionarias del mundo tienen por objetivo tomar el Poder y consolidarlo. “La tarea central y la forma más alta de toda revolución es la toma del Poder por medio de la fuerza armada, es decir, la solución del problema por medio de la guerra. “Todas las demás formas, como la organización de las masas populares y la lucha de las mismas, son también muy importantes y absolutamente indispensables, y de ningún modo deben ser dejadas de lado, pero el objetivo de todas ellas es servir a la guerra... se coordinan en forma directa o indirecta con la guerra.

Estas grandes enseñanzas del Presidente Mao nos señalan que la orientación y las tareas generales del movimiento obrero son organizar y levantar a la clase obrera, organizarla en función de sus objetivos políticos hasta iniciar el asalto al Poder, trabajar directa o indirectamente en coordinación con la guerra revolucionaria dirigida por el Partido y luchar para aplicar la estrategia militar del proletariado a las condiciones de una revolución socialista como la nuestra y, finalmente, tomar el Poder por medio de la guerra popular.

En los momentos cruciales de la lucha de la clase obrera, siempre han salido, una y otra vez, a predicar su economicismo y la lucha económica, oponiéndose siempre a la lucha política, a la organización y coordinación del movimiento obrero en función de la toma del Poder, de la lucha armada y a la toma del Poder, desarrollando ésta de la periferia al centro. Constantemente plantean la prédica revisionista de que el desarrollo de la lucha económica significa el desarrollo del movimiento obrero y se oponen a levantar consignas políticas conjuntamente con las exigencias económicas. Plantean que los sindicatos son únicamente organizaciones económicas, que los sindicatos deben luchar siempre por defender los intereses económicos de los obreros y que no deben ocuparse de la lucha en torno a cuestiones políticas. Su objetivo es que la clase obrera abandone la aguda lucha política y de clases y se preocupe solamente por los “intereses económicos”. En esencia, su línea reside en que la lucha económica lo es todo y todo para la lucha económica. Al pregonar la “lucha económica”, pretenden en realidad reducir la lucha únicamente por legislaciones que den a los obreros mejores condiciones para vender su fuerza de trabajo, colocando así la lucha dentro de los marcos permitidos, sin atreverse a tocar ni un pelo del poder de la burguesía, de su dictadura.

El marxismo-leninismo-maoísmo, jamás niega la necesidad de la lucha económica, pero sostiene que la lucha económica debe combinarse con la lucha política, elevarse al nivel de lucha política, servir a la guerra revolucionaria y coordinarse con la toma del Poder mediante la fuerza de las armas. Si el movimiento obrero está divorciado de la lucha política y de la toma del Poder por la fuerza de las armas y se limita a la lucha económica y legal, es imposible derribar la dominación del imperialismo, que pesa sobre la clase obrera como una grande montaña y poner fin a la situación en que la clase obrera es objeto de la dominación y la esclavitud, y también resulta imposible resolver las “demandas económicas”. La línea revisionista “la lucha económica lo es todo y todo para la lucha económica”, es economismo contrarrevolucionario de punta  a cabo, es la teoría de pedir limosnas, es mendigar favores. Responde plenamente a las necesidades del imperialismo y sus lacayos y sirve para mantener su dominación reaccionaria.

En el socialismo, los marxistas-leninistas-maoístas no nos oponemos al desarrollo de la producción, sino que estamos por el desarrollo activo de ésta. Siempre sostenemos que el desarrollo de la economía socialista es una de las tareas básicas de la dictadura del proletariado. Sin embargo, el desarrollo de la producción socialista debe poner al mando la política proletaria y tomar la revolución socialista como fuerza motriz, es decir, “empeñarse en la revolución y promover la producción”. Contrariamente, los revisionistas declaran que el propósito del desarrollo de la clase obrera es incrementar su ingreso individual y mejorar la vida personal.

Estas posiciones de forma invariablemente tienen a su servicio las líneas de organización correspondientes en el movimiento obrero a fin de propagar sus ideas revisionistas, de impulsar el economismo y el sindicalismo y de oponerse a la revolución proletaria y a la dictadura del proletariado. Esto se refleja en lo que han devenido hoy los sindicatos y las organizaciones obreras y de masas bajo la dirección de estos oportunistas. De este modo han borrado totalmente la naturaleza de clase de los sindicatos y el hecho de que éstos sean un instrumento de la lucha de clases bajo la dirección del Partido.

Lenin nos señaló: “Nuestro cometido principal y fundamental consiste en coadyuvar al desarrollo político y a la organización política de la clase obrera”. “El sindicato es la organización de la masa de la clase obrera.” “Hay que precaverse de los estafadores políticos y estar en guardia contra la infiltración de agentes especiales reaccionarios en los sindicatos.” Los sindicatos son producto de la lucha de clases e instrumento para ella. Mientras existan clases y lucha de clases en la sociedad, es imposible que los sindicatos estén desligados del Partido.

Otra diferencia fundamental entre los marxistas y los revisionistas en el movimiento obrero radica en la cuestión del Partido de la clase obrera. Inevitablemente, los defensores del economismo son al mismo tiempo sindicalistas y niegan que el Partido es la forma más alta de organización de la clase obrera y se oponen a que el Partido ejerza la dirección sobre los sindicatos, de que el Partido Comunista es la vanguardia del proletariado y la forma más alta de organización de éste u que debe dirigir a todas las demás organizaciones. Los oportunistas sostienen que los sindicatos han de ser organizaciones “independientes” y que “el Partido y todas las organizaciones de masas deben ser colocados en pie de igualdad”.

Igualmente han distorsionado la historia de los sindicatos revolucionarios en el Estado Español, que fueron establecidos bajo la dirección del Partido, han alegado que los sindicatos se formaron aparte del Partido y que el Partido no ha de intervenir en las luchas económicas, con el fin de colocar los sindicatos por encima del Partido y apartar a éste de la clase obrera. De esta forma, al oponerse a la dirección del Partido sobre los sindicatos, en esencia, lo que pretenden es colocar los sindicatos bajo la dirección de la burguesía y valerse de ellos como instrumentos al servicio del capitalismo.

Frente a los revisionistas y oportunistas, nosotros sostenemos que la aceptación de la dirección del Partido en los sindicatos significa la aceptación de la dirección de la cumbre del marxismo-leninismo-maoísmo en nuestra época, el marxismo vivo en su más alta cumbre y quién se opone a ello manifiesta su revisionismo. El marxismo-leninismo-maoísmo es el arma ideológica más poderosa para combatir al imperialismo, así como para combatir al revisionismo y al dogmatismo. El marxismo-leninismo-maoísmo es la garantía fundamental para el victorioso avance del movimiento obrero y para la toma y la consolidación del Poder por la clase obrera.

Lenin puntualizó al respecto que, “sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario”, y que la ideología socialista “sólo puede ser introducida desde fuera” y “la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia sindicalista”. Los partidarios del economismo y los sindicalistas, en el pasado y en el presente, son todos adoradores de la espontaneidad del movimiento obrero y de masas. Sin excepción, se oponen a inculcar a los obreros la ideología del marxismo-leninismo-maoísmo y hacen apología de la espontaneidad defendida por los sindicalistas británicos, los economistas rusos y los revisionistas de viejo cuño como Bernstein. Se oponen a utilizar el marxismo-leninismo-maoísmo, para armar a los obreros, movilizarlos y organizarlos para luchar por el derrocamiento de la dominación reaccionaria del imperialismo. Al igual que el imperialismo, los revisionistas de valen de toda clase de artimañas malignas. Se siguen esforzando al máximo para disminuir, calumniar y atacar el marxismo-leninismo-maoísmo y sabotear, oponerse y prohibir que se inculque a los obreros en su ideología.

El marxismo-leninismo-maoísmo es la verdad universal para la revolución proletaria de aplicación universal y la garantía fundamental para la consolidación de la dictadura del proletariado por parte de la clase obrera que haya tomado el Poder. La tarea fundamental del Movimiento Comunista Internacional, de todo Partido Comunista y del movimiento obrero, es entronizar el maoísmo como tercera etapa y principal de nuestra ideología, es inculcar el marxismo-leninismo-maoísmo a las masas obreras, armarlas con su invencible ideología y convertir las filas obreras en un poderoso ejército antiimperialista, altamente proletario, revolucionario y combativo. Debemos poner en el primer lugar esta gran tarea, reorganizar las organizaciones obreras y de masas y hacer de los sindicatos grandes escuelas rojas del marxismo-leninismo-maoísmo, principalmente maoísmo.

Frente a la Unión Europea y su proyecto de nueva Constitución, hemos de comprender que las transformaciones políticas realizadas en un sentido auténticamente democrático, y tanto más las revoluciones políticas, no pueden nunca, en ningún caso, y sean cuales sean las circunstancias, eclipsar ni debilitar la consigna de la revolución socialista y, por lo tanto, hemos de asumir consignas que contribuyan a acercarnos a la revolución socialista en Europa, consignas que amplíen la base de la revolución socialista e incorporen a la lucha proletaria a las masas semiproletarias., pues las revoluciones políticas son inevitables en el proceso de la revolución socialista, que no debe considerarse como un acto único, sino como una época de violentas conmociones políticas y económicas, de lucha de clases más enconada, de guerra civil, de revoluciones y contrarrevoluciones.

En estos momentos cruciales en que soplan vientos malignos y la niebla cubre las aguas, el Partido Comunista de España, encabezado por el Presidente Víctor, nos insta a rechazar resueltamente la corriente adversa de la capitulación de clase, manteniendo en alto la gran bandera revolucionaria del camino hacia la revolución socialista, rechazar la “Unión Europea” como instrumento de opresión y explotación al servicio de las potencias imperialistas. ¡No se pueden distorsionar los hechos y la historia no puede ser alterada! Todos los que tratan de falsear la historia terminarán inevitablemente como criminales en la historia.

Junio, 2004

Comité Permanente

Partido Comunista de España